Divina amorosa poda
14.05.06 @ 00:54:20. Archivado en Homilía los domingos
J. (V.) B., corresponsal de ABC en Roma, ha echado el resto en un artículo cuyo titular prometía desde el principio: El Papa alerta de la confusión de “uniones de amor débil”. Como es lógico, entrecomilla las palabras de BXVI; ergo las que siguen, que yo a mi vez entrecomillo para el respetable, no fueron pronunciadas por Ratzinger, sino por J. (V.) B: “la Iglesia ha tenido que asumir la tarea de proteger el amor heterosexual como elemento clave de la «ecología humana» y vía de conocimiento de la divinidad”. Ahí es nada, don Jota(uve)Bé. Pues eso, que ahora resulta que va a estar amenazado el amor hetero, acosado por el amor (débil por otra parte, según el divino bávaro) homo. “A revés te lo digo pa que lo entiendas, y si no te lo crees, entra y me atientas”, cantó Pelachingo, un mascón de Valverde, cuando lo despertaron las devotas del rosario de la aurora (ya saben: “los que van al rosario no tienen frío, los que están en sus camas están arrecíos”…). Basta. Bastante.
El evangelio del domingo menciona la divina poda, aquella que realiza el Padre con los sarmientos que empecen el fruto, también con los que cumplen y dan uvas. En el primer caso, la poda es cortar y tirar; en el segundo, limpiar para que dé más fruto:
La deliciosa Vulgata distingue entre el tollit de la primera opción y el purgat de la segunda. En todo caso, se trata de poda: un cierto dolor, un cierto trauma ha de sufrir la vid para dar fruto abundante, según la voluntad del dueño de la viña. De manera análoga, un cierto dolor, un cierto trauma ha de sufrir la vid que es la Iglesia para dar fruto abundante, según la voluntad de su Señor.“Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quitará; y todo aquel que da fruto, lo limpiará, para que dé más fruto” (Jn 15, 2).
La poda de la viña eclesial es hecha por la palabra de Cristo, que constantemente contrasta, purifica, acrisola las actitudes y la fe, esperanza y caridad de la Iglesia para que ofrezca al mundo el fruto de una vida consagrada a la voluntad de Dios.
Esta iglesia necesita ser purificada, cortada, podada para que dé el debido fruto. En primer lugar, una purga mental, pues no hay derecho a que se hable de “ecología humana”, o “bioadulterio” (de esto habló cierto zopilote patrio) y otras finezas en basto, impunemente (por impunemente, me refiero: sin que el personal se descojone, por muy serio que se ponga el que sermonea), pretendiendo que la parroquia global comulgue con ruedas de molino. Ya bastante (je, je) le cuesta a uno transustanciarse de pecador en creyente, como para que vengan ellas con esos pelos enquistados.
Podar, purgar, criticar a la Iglesia porque la amamos hasta el tuétano. Colaboramos con la divina poda porque, como el Padre-Viñador, amamos la cepa madre y creemos que aún puede dar fruto. Quienes no aman a la Iglesia son aquellos que transigen, tragan, callan y otorgan aun sabiendo que no hay derecho a más de cuatro cosas, a más de cuatro palabras que no nacen del Santo Evangelio sino de la soberbia e intolerancia humanas. Como la obsesión de este Papa y de algunos obispos por despreciar e injuriar a las personas homosexuales. Tal vez tiran piedras contra su propio tejado personal y colectivo.
Como para que ahora venga el corresponsal de marras y no se le ocurra otra cosa que lo que se le ha ocurrido: que alguien tiene que defender el amor heterosexual, y que ese alguien ha de ser la jerarquía católica. Perdónale, Señor: no sabe lo que escribe. Es bastante.
La viña del Señor ha de podarse para que produzca uvas de caridad, esperanza y luz; y no los agraces del egoísmo, la intolerancia, el materialismo y la homofobia, el pecado que suele manchar y arrugar el rostro del Pueblo de Dios. De otro modo:
“Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella” (Is 5, 6).
Pero una palabra tuya bastará para sanar…
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José Mantero



