"Mirémonos, padres"
10.05.06 @ 01:26:52. Archivado en ego te absolvo
Como me consta que no tiene tiempo de rezar el breviario, ya que el poco que le queda libre se lo dedica a mí recuerdo –oh, su sempiterna enfermiza obsesión-, a este mi blog y a esta mi humilde persona, para que ese probo curita no peque (más) comparto hoy con su reverencia mi oración de las horas, en la memoria del maestro Ávila. ¡San Bartolomé bendito ruegue por nos, que no nos acaben de despellejar!
¡Aquellos maravillosos años, con esa Montilla a rebosar de seminaristas que visitábamos la casa de San Juan, que pisábamos sobre sus huellas! ¿Volverán? Están aquí, nena, nunca se llegaron a ir del todo.
Audi, filia!
Lo que sigue léaselo vuestra merced por sí misma, que es cuestión de co-santificarse, no de perder las pestañas en ello, voto a tal.“No sé otra cosa más eficaz con que a vuestras mercedes persuada lo que les conviene hacer que con traerles a la memoria la alteza del beneficio que Dios nos ha hecho en llamarnos para la alteza del oficio sacerdotal. Y si elegir sacerdotes entonces era gran beneficio, ¿qué será en el Nuevo Testamento, en el cual los sacerdotes de él somos como sol en comparación de noche y como verdad en comparación de figura?
Mirémonos, padres, de pies a cabeza, ánima y cuerpo, y vernos hemos hecho semejables a la sacratísima Virgen María, que con sus palabras trajo a Dios a su vientre, y semejables al portal de Belén, y pesebre donde fue reclinado, y a la cruz donde murió, y al sepulcro donde fue sepultado. Y todas estas son cosas santas, por haberlas Cristo tocado; y de lejanas tierras van a las ver, y derraman de devoción muchas lágrimas, y mudan sus vidas movidos por la gran santidad de aquellos lugares. ¿Por qué los sacerdotes no son santos, pues es lugar donde Dios viene glorioso, inmortal, inefable, como no vino en los otros lugares? Y el sacerdote le trae con las palabras de la consagración, y no lo trajeron los otros lugares, sacando a la Virgen. Relicarios somos de Dios, casa de Dios y, a modo de decir, criadores de Dios; a los cuales nombres conviene gran santidad” (De una plática de San Juan de Ávila, presbítero).
Celebramos a San Juan de Ávila, espejo de curas y predicadores; santo castizo y emprendedor, y, simplemente, santo. Discípulo del Verbo. A él aclamamos, como en aquellos felices 80:
Apóstol de Andalucía
el Clero español te aclama,
y al resplandor de tu vida
en celo ardiente se abrasa,
y al resplandor de tu vida
en celo ardiente se abrasa.
Tu afán predicar a Cristo,
tu amor la Iglesia y las almas,
de Pablo el fuego divino
prendido va en tu palabra.Fuiste padre de santos sin par,
fuiste de almas seguro mentor,
los caminos de España al cruzar
de tu vida y tu lengua el clamor
sacerdotes logró suscitar
y, templados de Cristo al amor,
a los pueblos hicisteis entrar
al camino que lleva hasta Dios.Acudimos al pie de tu altar,
Aclamándote nuestro Patrón,
Con afán de quererte imitar,
¡Oh, dechado del Clero español!;
Repitiendo tu vida ejemplar,
Lograremos volver por tu honor,
Y las almas podrán encontrar
El sendero de luz y de amor.
Ustedes lo disfruten. Y háganme el favor de santificarse. Bendita sea Dios. ¡Viva San Juan de Ávila!
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José Mantero



