"Resistidle firmes en la fe"
09.05.06 @ 00:43:11. Archivado en ego te absolvo, Gays
Hablando la pasada tarde con Halim (evidentemente, un chico árabe), me decía muy angustiado: “tú nunca podrás saber lo que es ser gay en una familia musulmana”. Halim tiene 19 años y toda la vida por delante, pero la homofobia se encarga de que no lo sepa. Se siente acosado, vigilado, ve ojos censores por todas partes. Pero ayer tarde, el bellísimo y querido angelote magrebí no se quitó de en medio. Bendita sea Dios.
El domingo, antes de celebrar la Eucaristía en casa, estuve tomando café con Muhan, que se desenvuelve perfectamente en español a pesar de tener raíces idiomáticas eslavas. Su familia, evangélica muy estricta, le hizo la vida imposible por ser homosexual; hasta que una mañana decidió desaparecer de su atmósfera vital y cultural, y recaló en Sevilla con mucho frío y demasiada tormenta interior. Muhan maneja la Biblia como si se tratara de una disciplina inglesa: para flagelar su dignidad de hijo de Dios, como le han enseñado. Quiere vivir.
Evidentemente jamás sabré –aunque me lo imagine- lo que significa ser gay o lesbiana o transexual, bisexual incluso, en el seno de una comunidad musulmana cerrada, donde mi amigo Halim tiene que vivir permanentemente con careta puesta, disimulando, negándose a sí mismo y el don de Alá que es su vida sexual y afectiva.
Tampoco llegaré a captar totalmente –aunque me pille más cerca- el infierno que vivía Muhan en su estricto y homófobo medio familiar protestante; siempre sobre aviso, con miedos siempre, viviendo sus amores como un furtivo, constantemente bajo amenaza.
Pero conozco, sé muy bien lo que tiene que sufrir un chico homosexual católico en su ambiente eclesial. Sé muy bien las risas, los codazos, el pan de lágrimas que tantos jóvenes gays tienen que tragarse. Sé muy bien de su decepción cuando han acudido –ahora recuerdo al pobre Pepón- a su párroco, y este, en cuanto se ha enterado de que el chico era homosexual, le ha reconvenido de mala manera y, tras una breve pausa, sin dejar de conducir se ha sacado de la bragueta su asqueroso miembro y ha querido probar la garganta del chico hasta la arcada. Luego, cuando Pepón se ha resistido, el indigno ser humano ha parado el coche y le ha dejado tirado en plena autopista. Sé, conozco.
Y ahora es peor. Ahora, desde la subida de Ratzinger a la silla petrina, todo se ha recrudecido: el fundamentalismo, el dogmatismo (que es distinto del corpus dogmático) y la más feroz homofobia, hoy más que nunca arrecia el odio eclesiástico a las personas homosexuales. ¿Por qué?
El sábado leíamos este versículo en Apocalipsis, durante el oficio de lectura:
¿Tal vez sea esta la razón por la que el diablo recriado en Roma recrudece ahora su fanatismo homófobo? Sea nuestra esperanza esta. Pues con la Santa Muerte del único Santo, se juzgó al príncipe de este mundo, fue en esperanza vencida la bestia (Jn 12, 31); Jesús se entregó en la Cruz “para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Heb 2, 14), esto es, a la actual bestia homófoba, “a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida” (2Tes 2, 8). Esta es nuestra esperanza.“El diablo bajó contra vosotros rebosando furor, pues sabe que le queda poco tiempo” (Ap 12, 12).
Por ello, cuando desde la cúpula de lo que debió ser la Iglesia se nos agrede con nueva virulencia a las personas homosexuales, hemos de seguir más que nunca la palabra de Dios, orar por estos hermanos desviados que no saben lo que hacen; y reir, también reirnos mucho.
Bendita sea Dios, bendito sea su santo nombre.“Sed sobrios y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; resistidle firmes en la fe” (1Pe 5, 8-9).
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José Mantero



