Hay muchas moradas
04.05.06 @ 02:05:17. Archivado en Iglesia Católica, Gays
Leía ayer tarde el evangelio en la Eucaristía del día y se me fueron los ojos un poco más arriba de donde tocaba. Jesús hablando del corazón del Padre, grande como una casa con muchas, muchas moradas. En la casa de Dios cabemos todos, qué más da el color, credo, sexo, orientación política, u otras peculiaridades. La casa de Dios es más grande que el corazón de los obispos que manipulan las casas-sucursales de Dios. Dios no consiente que se maneje el acceso y la acogida a su casa, porque su casa es Él mismo, su propio Sagrado Corazón, en el que confiamos.
El Señor, que nos conoce, sabe también de la turbación de nuestro corazón, nuestra perplejidad cuando, como personas homosexuales, comprobamos de qué manera, una vez tras otra, esta jerarquía que es católica sólo nominalmente nos cierra las puertas de la casa común, y comete el gran pecado de impedir el acceso de tantos al hogar de los hijos de Dios. Peca de soberbia y de exclusión, al vetar, cerrar, excluir, compartimentar. Esto es así, lo hacen así, no nos engañemos. Hemos de orar por estos hermanos gravemente errados.“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, no os lo habría dicho; voy, pues, a prepararos sitio” (Jn 14, 1-2).
Pero nuestro corazón de hijos –los hijos de Dios del arco iris- no debe temer, pues hemos oído de Jesucristo que Él mismo nos prepara sitio en las distintas, multiformes, variadas moradas de la casa del Señor, de la Iglesia mayúscula, que poco tiene que ver con las mentes, las normas, las estrechas iglesias de esos pastores de pacotilla e interés, que únicamente se apacientan a sí mismos. Sólo Jesucristo es nuestro buen Pastor. Sólo Él.
Está claro que por días la jerarquía de la morada llamada católica se muestra más dura, más cerrada, más homófoba y excluyente contra las personas de orientación homosexual. Esto es indudable. Pero “no se turbe vuestro corazón”, pues hay más moradas, y todas ellas son de Dios, ninguna es la verdadera por encima de las otras, ninguna tiene preeminencia en el corazón del Padre y de su Hijo, Jesucristo. En todas ellas encontramos salvación, no sólo en una.
No por morar en moradas diferentes seremos menos hijos de Dios, o tendremos menos derecho a los bienes del Señor. ¿Qué más da llamarse católico, que evangélico, o que cristiano ICM? Absolutamente nada. Lo importante es que el Señor ha dispuesto muchas moradas para que quepamos todos sus hermanos, sus hijos, su familia. “Si no fuera así, no os lo habría dicho”.
Y no me refiero a que haya que edificar una iglesia-gueto específicamente para gays y lesbianas, o para los discriminados por la jerarquía católica actual, no. Eso sería, como hacen ellos, jugar a las muñecas de manera irresponsable. Lo que sí se puede es vivir en otras moradas eclesiales, distintas y separadas (para no contaminarse de su pecado excluyente) de la iglesia católica oficial, y con las mismas bendiciones del Señor de la Iglesia.
¿Vale la pena seguir aguantando un sufrimiento innecesario? ¿Vale la pena continuar permitiendo esta suerte de tortura psicológica, que a tantos hermanos los sume en el más profundo desequilibrio y terror? No. Tal vez hay que irse. Porque existen –ya- otras moradas. Muchas. Por ejemplo, la federación de Iglesias de la Comunidad Metropolitana. Iglesia donde no se excluye, ni se injuria a los diferentes. Comunidades de acogida, donde Cristo sonríe a sus anchas y transmite su amor a nuestros corazones.
Próximamente en España va a nacer un grupo de estas comunidades eclesiales. ¡Alabado sea Jesucristo! “En la casa de mi Padre hay muchas moradas”. ¡Bendita sea Dios!
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José Mantero



