Alabado sea Jesucristo
03.05.06 @ 00:12:48. Archivado en ego te absolvo, Religión
No suelo referirme habitualmente a los comentarios que aparecen en esta bitácora. Alguna vez lo hice, cayendo en parecido pecado que quienes me insultaban; de lo cual me arrepiento profundamente, porque ni conduce a nada ni es propio de cristianos… ni de sacerdotes, y yo lo soy (cristiano y sacerdote), y quiero serlo cada día más. Por tanto, el post de hoy es rara avis. Con el tiempo –mucho tiempo- he ido aprendiendo, por la misericordia de Dios, a encajar los golpes de las injurias, también de las que parecen manar en este sitio web. Me han ayudado mucho a limpiarme y a reconocer tanto mi propia pobreza como mi pecado; por todo ello les doy las gracias, sí, a ustedes que me insultan; y de todo corazón –ténganlo por seguro- pido al Señor por ustedes, que es pedir por mí, para no odiarles y para que no se agrie mi corazón con la venganza. Al fin y al cabo, sean ustedes como sean, sea yo como sea, somos hermanos, y esta realidad de fe nadie la puede cambiar, ni siquiera ustedes, ni siquiera yo. Alabado sea Jesucristo.
De cualquier modo, me gustaría aclarar algo, a quienes corresponda: ser homosexual es un don de Dios, y no es un desarreglo, ni una desgracia, ni es un desdoro, ni un baldón en el escudo o expediente de nadie, ni es un pecado, ni un desorden objetivo, ni subjetivo. Por lo tanto, no es un insulto que me llamen ustedes homosexual, en cualquiera de las variantes que su miedo (sí, su miedo, que se transforma en algo tan aterradoramente parecido al odio) ahonda en la sentina de su memoria: maricón, mariconazo, etc. Doy gracias a Dios por ser gay, y ustedes me lo recuerdan cada día; de mala manera, es cierto, pero me lo recuerdan. Unos, con su miedo y odio, más que otros. Renglones torcidos de Dios. Alabado sea Jesucristo.
Aquí hay hermanos celosos de su privacidad, otros que se esconden en el anonimato de internet, a la sombra de un seudónimo, acogidos al sagrado del apodo aparentemente impune; hasta ahí, no pasa nada, pero cuando eso se hace para injuriar, es preocupante: dice poco –o acaso mucho- de categorías humanas, cristianas y sacerdotales. Cuando se está aterrado, hay ocultación, y hay ataque desde la relativa barricada del despecho y sobre todo del pánico. De esta manera, mi bitácora se ha convertido en una especie de inusual contenedor de agresiones dirigidas contra mi persona. Me decía no hace mucho José Manuel Vidal que esta era la cruz de internet. ¡Todas las cruces fueran esta! Desde luego, “La casulla de San Ildefonso” va a seguir adelante. Alabado sea Jesucristo.
Ya digo, habitualmente no hago referencia a los comentarios de ustedes; hoy, sí. Especialmente para reflexionar, o al menos intentarlo, con algunos de los hermanos sacerdotes que son constantes no en la oración, sino en la vejación.
Por ejemplo, el párroco de Beas, pueblo cercano al mío. Firma como Gandalf, al menos principalmente como Gandalf. Rafael Benítez Arroyo no es mala persona, solo que está profundamente herido. Dios le ama y le salvará, si él se lo permite. Y si se lo permite el tiempo que pasa creando blogs, contrablogs y recontrablogs. Yo rezo cada día por él, para que sea sacerdote según Su Corazón, y les invito a ustedes también a orar por este hermano. Alabado sea Jesucristo.
Me honra con su presencia algún rector de seminario del norte de España, un hermano con muchos miedos, también a que yo revele su nombre, cosa que no pienso hacer, por supuesto, pues su más o menos intensa vida sexual con chicos no me interesa lo más mínimo. Allá tú, hermano, con tus noches de soledad y silencio, y con la formación que te ha encargado tu Iglesia diocesana. También rezo por ti. Alabado sea Jesuscristo.
Cuatro hermanos curas de la tarraconense, a los que su antiguo arzobispo no hace mucho aconsejara –prudentemente, a mi modo de ver- discreción en su asiduo acudir a los bares, playas nudistas y saunas de ambiente gay. Uno de ellos, hace tres años, me dijo que tras los ejercicios espirituales saldría seguramente del armario. ¿Ya se terminaron, hermano? Alabado sea Jesucristo.
Un trío de Barcelona, muchos andaluces… todo un arco iris.
En fin, digo esto no vayan a pensar que uno se chupa el dedo. Simplemente, callo. Nada más. Y callo no por ellos, sino porque no vale la pena otra postura. Y tal vez otra postura no sea una postura cristiana.
Porque, por encima de todo, lo que me interesa no es salvaguardarme a mí mismo, ni criticar a la Iglesia (la amo todavía) ni a ustedes, sino dar a chicos y chicas cristianos homosexuales un mensaje de esperanza, el que brota de los santos evangelios, de la palabra santa de Dios, de Jesucristo. Por ello, doy todo insulto por bien empleado, y lo sufro a gusto con tal de que el mensaje liberador del Evangelio cunda y se propague entre quienes son relegados a los arrabales de la Iglesia. Alabado sea Jesucristo, que nos llamó a salir de las tinieblas y entrar en su luz admirable.
No obstante, me atrevo a aconsejar discreción a los citados y a otros. Más que nada en razón del escándalo que provocan sus ¿palabras?
"Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que llame necio a su hermano, será culpable ante el consejo; y cualquiera que le diga fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar..." (Mt 5, 22.23).
Dios les bendiga a todos, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
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José Mantero



