¡Brillad!
27.04.06 @ 00:23:54. Archivado en Gays, Religión
En primavera, acaso por su coincidencia con Pascua, muchas personas homosexuales se plantean “salir del armario”, o sea, decir aquí estoy yo, y soy gay, y soy lesbiana, qué pasa. Buena parte de las personas homosexuales que dan este paso (pascua) hacia la propia visibilidad lo hacen porque ya no aguantaban más disimulo, porque necesitaban vivirse a sí mismos tal cual, sin máscara ni constricciones; otros lo hacen como gesto "político" militante, esto es, sabiendo que la invisibilidad significa perpetuar la homofobia, y visibilidad es reivindicación de derechos, grito, palabra articulada con la vida; otros, por ambos motivos. Salir del armario es salir de la muerte, deber y necesidad.
Pero el evangelio de San Mateo nos lo plantea de una manera muy natural: la luz ha sido prendida para brillar, no para ocultarse:
“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de una vasija, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 14-16).
La luz es el don de Dios, nos ha sido dada para que brille, no tiene sentido –tal vez por miedo a que el viento la extinga- ocultarla o protegerla. No hay nada que proteger, pues el alumbrar de la luz es un riesgo para la luz: puede apagarse, pueden apagarla quienes están habituados a la oscuridad, quienes no soportan que sus ojos vean ni que se les vea a la luz.
Brillar es un riesgo. Como lo es manifestar nuestra homosexualidad, mas ha sido sembrada en nuestro interior por el Creador, para que brillemos. Don de Dios. Lo mismo ocurre con otras orientaciones u opciones sexuales y afectivas. Si no brilla, no tiene sentido su existencia, como tampoco lo tiene la intermitencia, como la de esas luces artificiales de Navidad, que más marean que iluminan. Hay que brillar. Hermanos gays, nosotros también somos luz para nuestro mundo por nuestra manera de amar a quien amamos.
Hay que alumbrar con el don de Dios, con la luz que nos ha sido entregada. Hay que iluminar a todos los que están en casa: que entiendan que somos un color más en el arco iris del amor, criatura del Señor.
Hay que salir del armario, porque fuera está el sentido de nuestra vida, porque es fuera donde podemos brillar, y amar, y ser amados; y colgar luces de los muros de la noche, para que el miedo se transforme en alegría, y la tristeza en ímpetu de vida.
Es Pascua, Cristo ha resucitado, ha salido del armario de la tumba, primicia de todos los que están encerrados en su propia muerte. Salid, salid a la vida, “en medio de la cual resplandecéis como luminarias en el mundo” (Flp 2, 15). ¡Brillad!
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José Mantero



