Otras ovejas
20.04.06 @ 00:27:58. Archivado en Iglesia Católica, Gays
Es Pascua. Queremos cultivar, celebrar, hacer crecer nuestra fe. Hay una realidad insoslayable: los cristianos homosexuales no nos resignamos a dejar que nuestra vida espiritual se marchite. Hay otra realidad incuestionable: somos rechazados por unas jerarquías más eclesiásticas que eclesiales, que quieren contarnos entre sus miembros oficiales (evidentemente, por cuestiones ajenas a la fe), pero nos quieren callados, sin hacer ruido, y sin plena participación en la ciudadanía del Pueblo de Dios. Por un lado dicen que todos somos iguales para la Iglesia; por el otro, nos niegan el pan y la sal, nos diseccionan y catalogan como aberración, desorden objetivo. Nosotros sabemos que somos pecadores, pero no por ser homosexuales, ni por practicar la homosexualidad que recibimos de Dios como generoso don; no somos enfermos por ser homosexuales, y sabemos que no hay mayor aberración que renegar –como tantos hacen, laicos y miembros del clero- de la orientación afectiva y sexual que Dios nos ha regalado.
Estos días de Pascua leemos la peripecia espiritual y evangelizadora de Felipe, a quien Dios hace encontrarse con aquel ministro de la reina de Etiopía. El misionero se acerca a la carroza y pregunta al eunuco si entiende el texto de Isaías que va leyendo de camino. “¿Y cómo podré entenderlo –respondió el etíope- si alguno no me lo enseña?” (Hech 8, 31). Todo un reto para la Iglesia, para todas las iglesias.
Todavía muchas personas homosexuales siguen acercándose a la Iglesia, suplicando explicación de la Palabra, enseñanza del mensaje cristiano, aclaración y exposición –catequesis- del Santo Evangelio. “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creido? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Rm 10, 14). La Iglesia no les niega, en teoría, su derecho a ser evangelizados. Pero, en la práctica, el problema radica en que no es cierta la acogida que pregonan Papa y obispos. No es verdad. Porque, ¿se puede insultar (desorden objetivo, aberración, enfermedad…) a los destinatarios del Evangelio y de la palabra eclesial? No, por dos razones: en primer lugar, no es conforme a Jesucristo; en segundo, porque es contraproducente y hace ineficaz todo esfuerzo evangelizador.
Felipe acoge en el seno de la Iglesia a un extranjero, negro y eunuco. ¿Qué nos encontramos hoy en la Iglesia? Un Papa que sonríe cuando nos llama aberración, desorden, pecado… Un Papa y unos obispos que son pretendientes de nuestra obediencia y sumisión, no de nuestra participación –con plenos derechos y plena ciudadanía- en medio del Pueblo de Dios. ¿Cómo pueden insultar y bendecir a la vez? ¿Cómo, al mismo tiempo, un hermano puede excluir y acoger a otros hermanos suyos? Esto es imposible: la Iglesia católica miente cuando dice que nos acoge. En realidad nos está rechazando como apestados, como desdoro, mancha y arruga del Cuerpo de Cristo. Nosotros sabemos que no es así, lo sabemos del mismo modo que este Papa del anatema dice saberlo: por la virtud y la ciencia del Espíritu Santo. La Iglesia católica nos rechaza, pero Cristo nos recibe. ¡Alegraos!
Dios, hermanos gays y lesbianas, sigue siendo nuestro Padre, a pesar de esta Iglesia, a pesar de este Papa, de este clero colaboracionista que reniega del amor inclusivo del Señor. Jesucristo es nuestro Señor y nuestro hermano. María Santísima sigue siendo nuestra Madre, Ella, la Madre del Señor, figura de la Iglesia.
Es aberración contra el Evangelio una Iglesia excluyente; vive en su interior un desorden objetivo quien pone condiciones, color o sexo a la acogida sin condiciones de nuestro Maestro, el Hijo de Dios. Oremos por estos hermanos que rechazan. Oremos, pero no les hagamos caso: están, como mínimo, equivocados. Con la cabeza alta de quienes se saben depositarios de la dignidad y la gloria de los hijos de Dios, sepamos decirles ¡no!
Y hagamos caso a Dios, prestemos oído a su Palabra:
Jer 3, 15: “Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia”.
Jer 23, 4: “Y les pondré pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice el Señor”.
Cristo Jesús, como a Pedro, llama a su Iglesia al amor pastoral. El amor que no rechaza, ni excluye, que sólo acoge, sin poner condiciones a la condición de Dios: amar.
Jn 21, 17: “Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez ¿me amas? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”.
Jn 10, 16: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”.
Otras ovejas, otros pastores...
Comentarios:
me ví a mi mismo en la parte trasera, fuera de una catedral. De arriba cayó una moneda y mi trabajo era ir a recogerla.
Seguí tranquilamente la moneda que cayó en un montón de estier... (prefiero no decir la palabra).
Tome la moneda y comprendí que debía entrar en la Caterdral para entregarla. Entré. Allí ví un grupo de hombres, todos vestidos de rojo con cinturones de sellos de oro y muy bien maquillados. Llevaban la cara de emosión de quién concursa en un reinado. Subían a un esenario donde se daban galardones, cetros y coronas ah...y muchos besos unos a otros.
Cuando desperte comprendí que El Padre Viviente me permitió ver ésto, Cristo me liberó de ello yo solo era el Espiritú Santo.
Att: el recogemonedas!
Primero han de reconocer la semilla verdadera: Cristo. Va a ser dificil que ustedes cambien a los hijos del que "todo lo puede" pues estos se han enseguecido a causa de su ambición. Mejor, no se dejen llevar de sus provocaciones y apartense de ellos cuanto antes. Pongan toda su atención en aquellos que ahora mismo necesitan de ustedes y que son su Fuente de Luz Pura. Recuerden: ser catolico o cristiano son nombres prestados. ser Espiritú Santo, es Ser Verdad. Ustedes son Espiritú Santo!
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José Mantero



