Por si acaso, Judas
11.04.06 @ 00:28:25. Archivado en Con el mazo dando, Qué cosas, tú, Religión
Está el patio ahora como para que nos venga la peña con novedades. Fíjense en lo del presunto “evangelio de Judas”, con esa mancha de bobos (subgénero enteraos) que le hace la ola poniendo cara de habérseles aparecido la Santísima Virgen, pero no como a los pastorcitos de Fátima, ni siquiera como a la niña Bernadette, no: en chicha mortal, que es más español, nos pone más y largamos al gabacho de Pirineos para afuera. ¡Viva Agustina de Aragón, coño!
No me extrañaría que algún pardillo o pardilla, desencajadas las órbitas y lengua en los balcones del belfo, en esas comunidades que hay por esas iglesias de Dios, sacara esta Vigilia Pascual en procesión el National Geographic con el reportaje en cuestión, en lugar de los santísimos evangelios de toda la vida. Cosas veredes…, desde luego.
Aquí cabemos todos. Figúrense, lo mismo pasó con el agua imantada, las jodidas pulseritas para el dolor de cabeza, los tés chinísimos y reconditísimos que, sin penitenciar, te dejaban figurín... y tantos productos –subproductos- milagro.
Lo del “evangelio de Judas” es sintomático, de todos modos, de una sociedad que no ha recibido la debida pitanza espiritual –por parte de quienes debieran habérsela dispensado-, y va y se busca sus chuches y sucedáneos; o sencillamente es cosa propia de un hatajo de ociosos con ansias de sucesos. Ha pasado en todas las épocas.
A mi, la verdad, el susodicho documento (¿a quién beneficia haber asomado su puntita hace unos meses, y destaparlo casi al completo cuando llega la Semana Santa?) me importa lo mismito que el evangelio de Apeles, que, como saben, también existe, como el portentoso sur. El papelito no va a arrojar ninguna luz nueva, como cuatro membrillos interesados quieren hacernos ver, ni sobre Jesucristo Nuestro Señor, ni sobre la Redención, ni sobre el toro que mató a Caballito (un pobre maletilla de mi pueblo).
Si alguien quiere profundizar en la figura del Iscariote (todos debemos hacerlo, particularmente en la semana que corre), ahí están los evangelios canónicos; para qué más pábulo a nuestra meditación y oración cristianas. En los cuatro –sinópticos y cuarto- encontramos claves y contraclaves espirituales, que son las que nos interesan, de la traición de Judas. ¿Qué luego se rompió la guita del ahorcamiento y Judas se fue de gira por esos desiertos? Qué más da. Como si se casó con Fraga en Miami, y les hizo de madrina una yegua trotona.
Lo que desde luego parece una simpleza total es decir, como se han atrevido a largar, que el papiro sacado ahora a la palestra es providencial para mostrar que Dios es misericordioso, y no cruel. ¡Te quieres ir ya! Anda, hombre. En fin, gilipolleces mil.
Segundamente, quien quisiere continuar profundizando en la figura del discípulo felón, tiene a su disposición (nuevamente reeditada de manera impecable por Ediciones HOAC) del librito de Guillermo Rovirosa: El primer traidor cristiano: Judas de Keriot, el apóstol. En él, su autor dice cosas muy interesantes, que simplemente les transcribo, y que colocan a Judas donde siempre estuvo: en el lugar, tan humano, nuestro y eclesial, de la traición, del que quiso acelerar los planes de Dios. El trágico error de Judas fue su pretensión de ser corredentor, en vez de seguidor del Maestro. Lean, mediten los textos de Rovirosa, que entiende a Judas como medicina, preventivo o depurativo contra la traición, un “por si acaso” de Dios.
“Los medicamentos son siempre dolorosos, o molestos, y uno los evita tanto como puede hasta que no le queda otro camino que tomarlos. Y eso que conocemos de antemano sus efectos salutíferos.
[…]
Los alimentos, además de su función principal, que es, precisamente, la de alimentar, poseen la cualidad de ser (unos más que otros) agradables al paladar, mientras que las medicinas (aun las mejor disfrazadas) son siempre repelentes. Y no cabe duda de que si cada día hay que tomar alimentos para sostener el cuerpo en forma correcta, también de vez en cuando hay que tomar medicamentos para que el cuerpo conserve, o recupere, la salud.
[…]
La turbia figura de Judas es, desde hace tiempo, una medicina para mí. Mientras “la tomo” siento una gran repugnancia (de él, pero sobre todo de mí) y estoy segurote que estos malos ratos me han hecho un gran bien.
Claro está que Judas, por sí mismo, no puede curar nada, ya que la medicina es Cristo en el Sacramento de la Penitencia. Pero, por analogía, quizá puedo aplicarle en mi caso el papel de preventivo, como ciertas curas que se practican en primavera, por si acaso… ¿O quién sabe si, en mi caso, le vendría mejor el considerarlo como depurativo? “
Esto es enjundia teológica y espiritual. El resto, novelerías. Con o sin documento.
NOTA BIBLIOGRÁFICA.-ROVIROSA, GUILLERMO: El primer traidor cristiano: Judas de Keriot, el apóstol. Dentro de Rovirosa, obras completas. Ediciones HOAC,Madrid, 1995.
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José Mantero



