Cristo, príncipe de los excomulgados
07.04.06 @ 02:10:42. Archivado en Iglesia Católica, Con el mazo dando, Gays
Las lecturas bíblicas de estos días van preparando el terreno para que entremos en las próximas celebraciones del Santo Tríduo Pascual con el ánimo confortado por el Dios que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Son palabras que el Padre dirige especialmente a quienes son excluidos por los poderosos, vistan estos chaqueta o sotana. Lo que Dios nos está queriendo decir estos días previos a la Semana Santa es esperanzador: su Hijo Jesucristo fue rechazado primero por quienes pretendían apropiarse de la representación del Señor. Así, en las vísperas de ayer recibíamos este mensaje de consuelo, energía y combatividad cristiana:
Esos príncipes que marginan y excluyen de su iglesia (llamada) católica a los diferentes (teólogos, mujeres, homosexuales, pensadores…), o simplemente a quienes no les bailan el agua porque prefieren obedecer a Cristo antes que a caprichos e intereses de hombres, no tienen modelo, carecen de referencia cristiana. Nosotros sí tenemos: es Jesucristo el Señor, a quien los jerarcas de entonces maldijeron hasta el extremo de asesinarlo extramuros de su vomitiva sociedad bienpensante. Jesucristo, príncipe de los excomulgados. Jesucristo, a quien ellos dijeron no, y a quien el Padre Dios dio su sí rotundo, feliz y santo en la Resurrección. Las personas homosexuales estamos sufriendo, especialmente en los últimos tiempos dentro de la iglesia (llamada) católica los embates del Maligno en forma de decretos, instrucciones, documentos y palabras que nos arrojan fuera de las murallas eclesiales si no aceptamos su condena a las galeras de la sumisión a sus humanas voluntades. Y he aquí que Dios ha escuchado nuestro grito, y ha bajado para liberarnos (Ex 3, 7-8).“Jesús, para consagrar al pueblo con su propia sangre, murió fuera de las murallas. Salgamos, pues, a encontrarlo fuera del campamento, cargados con su oprobio; que aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura. Por su medio, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que profesan su nombre” (Heb 13, 12-15).
¿Qué hemos de hacer, hermanos? (Hech 2, 37)
La palabra de Dios es tan clara, que no admite titubeos: “Salgamos, pues, a encontrarlo fuera del campamento, cargados con su oprobio”. Jesús se encuentra fuera, donde no hay contaminación mundana (“afecciones desordenadas” de San Ignacio de Loyola). Perdieron el norte de Cristo, por afán de monopolizarlo. Así pues, sin sentir vergüenza de nuestra condición, sin pena si hay que abandonar el campamento eclesial en el que nos hemos criado. Salir, como Abraham (Gen 12, 1-4), que ya el Señor nos mostrará la tierra-iglesia que tiene preparada para nosotros. Allí llegaremos, y finalmente podremos proclamar: “Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor” (Sal 122, 1).
"Se hace necesario tomar una decisión, pues nuestras opiniones difieren... Venid, vosotros... los que habéis sido abandonados, los que habéis perdido a la Iglesia, queremos volver a las Santas Escrituras, queremos buscar juntos la Iglesia... Iglesia, ¡permanece siendo Iglesia!¡Sé fiel a tus principios... Sé fiel a tus creencias!”(Dietrich Bonhoeffer, sermón pronunciado el 23 de julio de 1933).
El que nos invita a ir a su casa es el mismo Hijo de Dios por medio de su ángel, el ángel del arco iris (Ap 10, 1-2); el mismo que nos ofrece como un don preciado la Santa Palabra que otros nos han negado en toda su luminosidad. Ellos nos agredieron con verbos de condenación, Jesucristo nos acoge desde su corazón abierto por la lanzada, nunca más vuelto a cerrar, para incluir, no excluir. Qué pena de iglesias si rechazan y marginan, qué pena de discípulos obcecados y negativos. Salgamos –si hay que salir- fuera del campamento, pues. Es algo temporal, hasta que el resto del Señor regrese y funde nuevamente su Pueblo Santo. Dentro quedarán los rebeldes al Viento de Dios(Sal 68, 6-7), en la tierra reseca que expulsó al Espíritu.
Esta es la noticia feliz que recibimos ahora, especialmente en Pascua:
“Acercándoos a él, la piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros, que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1Pe 2, 4-5. 9-10).
Jesucristo, Señor Nuestro, te dice a ti, pueblo gay excluido por los constructores, lo que Dios a Abram antes de constituirlo Abraham, padre de naciones:
Bendito sea el que nos llama. Bendito Él, Jesús, príncipe de los excomulgados.“Te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti” (Gen 17, 6).
Oremos ahora, pues también un blog es lugar de alabanza al Señor; oremos con San Juan de la Cruz:
Oración de alma enamorada:
”Míos son los cielos y mía es la tierra. Mías son las gentes. Los justos son míos, y míos los pecadores. Los ángeles son míos y la Madre de Dios y todas las cosas son mías. Y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Pues, ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti.
No te pongas en menos ni repares en meajas que se caen de la mesa de tu padre. Sal fuera y gloríate en tu gloria. Escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón”.
Amén.
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José Mantero



