El trono del arco iris
04.04.06 @ 01:47:28. Archivado en gaynas y gaynonas, Religión, Rysands Posten
Seguramente, por ser ustedes quienes son, se habrán parado a pensar alguna vez en lo moderno, incluso posmoderno strictu sensu, item más, en lo drag-priest de estética Almodóvar que resulta el imaginario simbólico del libro del Apocalipsis. Ello, por supuesto, sin que uno pretenda faltarle al respeto debido al que es con toda seguridad, para los azacanes de la evangelización y para los sufridores de todos los tiempos y generaciones, uno de los mensajes más esperanzadores de toda la Sagrada Escritura. Cada Cuaresma lo releo, y comencé antier, domingo por la noche. Sus metáforas me llenan de santa consolación, y me hacen sonreír, es más, reir. ¿Qué más se le podría pedir a la Santa Palabra? Incluso para los amantes y entendidos de ese rollito, tiene un airecillo manga. Cosas de la Biblia, cosas de Dios, que es un salao.
¿Qué les parecen los cuatro famosísimos jinetes del Apocalipsis? Son entre fantásticas y petardas sus cabalgaduras, sobre todo la tan mari de color amarillo: sobre ella pegaba la Duval revestida de lentejuelas de riguroso Folie Berger. Con lo que se lleva el amarillo, en según qué ambientes, claro es. Yo me figuro al cuarto jinete, con ese nombre tan fiero –Muerte-, con su terrible paje –Hades-, pero a lomos de una bestia gualda… y no me da miedo, me descojono y saco pluma, mucha pluma, toda la pluma que exista en el mundo, o casi. Muerta de la Muerte, vaya. Con una Muerte así montada, la muerte es menos muerte, todo más relativo, más humorístico y cristiano: “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?”. Ya digo (para los susceptibles caballeros que pueblan esta marisma, o marasmo): sin faltarle a tan sagrado libro, que alimenta mi fe, mi esperanza y mi amor. Y sustenta a tantísimos cristianos. Pero qué mariconada tan deliciosa, tan con todas las letras, tan de iglesia ensotanada por los pasillos seminarísticos. Que venga Almodóvar y lo vea. O, en su defecto, Billy Wilder: Nobody´s perfect, tía.
¿Y como pinta al Hijo de Dios? Grande, por supuesto; salvador y amoroso, por descontado; terrible en ocasiones, también, porque hay que vencer al pecado del Malo, la Bestia… y tan de estilo manga como ese ser “que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido” (Ap 2, 18)… Lo dicho: tan grande, tan amoroso y salutífero, tan terrible, y tan, tan divertido. Como únicamente el Señor puede y sabe serlo. Amén.
¿Qué fue primero, o la gallina? Primero fue el Apocalipsis, y luego, muy luego, lueguísimo de tarde, fueron Chueca o el Gaixample, o algún estridente local de la Alameda o del Carmen. Pero es natural, lo natural, dado que Dios Nuestro Señor se suelta el pelo de esa manera que suele y quiere, con un trono de esa guisa: tan de todos, sin exclusiones, tan gay y tan lesbiano. “Y había alrededor del trono un arco iris” (Ap 4, 3), evindentísimamente, miren ustedes, como el que puso Yahvé tras el diluvio como señal de su alianza con la humanidad. Pero tan gay como la bandera gay, o ésta tan gay como el trono gay del Señor, según Apocalipsis. ¿A que mola? Pues hay que leer más esta maravilla: emocionante, beligerante, inquietante, ilusionante, relajante, amante, sedante, esperanzadora y maricona. Apocalipsis.
Ustedes, como uno, lo disfruten. ¡Maquíllate, maquíllate!
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José Mantero



