Tan natural: la boda de Alejo y Paco
31.03.06 @ 00:57:33. Archivado en Gays, Premios San Ildefonso
El viernes pasado estuvimos de boda en el Ayuntamiento de Sevilla. Se casaban Alejo Merlo y Francisco Naranjo, dos amigos que se conocieron a esa cercana distancia que tienen las cosas en internet. Alejo vivía en Argentina, Paco en Sevilla; se enamoraron y tenían que verse: el alma les clamaba por decirse en persona, piel con sonrisa, y un beso perfumando su querencia. Dicho y hecho: cuando Paco fue al aeropuerto de Sevilla a recoger al que ahora es su esposo, sintió en su corazón ese estremecimiento antiguo del amor remecido, colmado, rebosante. Lo más natural del mundo, como su matrimonio, que me hizo derramar la lágrima primera, esa de la emoción, al verles entrar en la inmensidad noble del salón Colón: tan dignos, tan de veras, amorosos, precedidos de Don Eduardo Beltrán Pérez, el concejal oficiante, del Partido Popular.
El señor Beltrán no se limitó a cubrir rápida y maquinalmente el expediente, sino que realmente creía en lo que se disponía a hacer, eso se veía. Antes del consentimiento hizo una breve y atinada exhortación, cantando las alabanzas de nuestra Constitución, que, desde el 2 de julio de 2005, no discrimina a nadie. Terminó, seguramente como buen cristiano sevillano, con la lectura del himno a la caridad (1 Cor 13, por si alguno lo hubiera olvidado) y, mirando a los ojos a la asamblea, dijo: “estoy convencido de que Dios bendice este matrimonio”. Me entraron ganas de pronunciar un amén que únicamente mi fe musitó queda. ¡Ole los concejales guapos y cabales! ¡Y del PP! Un tío con una clase, espíritu democrático y categoría cristiana que muchos, de su partido y otros, para sí quisieran.
Paco y Alejo se han casado: lo más natural del mundo. Las leyes españolas ya no hacen acepción de personas: lo más natural del mundo. Se encontraban presentes ambas familias: la de Paco, católica de toda la vida; la de Alejo, argentinos residentes en Barcelona. Tan natural todo, como los invitados, a quienes aquel acto, aun dentro de su emotividad, no les cogía de susto. Como los obreros –Señor, cómo estaba alguno…- del Ayuntamiento, que felicitaban a los cónyuges tras la ceremonia, con tanta naturalidad, la misma con que se comen el bocata o se rascan la entrepierna o gritan ¡guapa! a la Macarena. Como Dios nuestro Señor, que bendijo su amor desde mucho antes de su entrada en los libros del registro civil. Tan natural.Como debe ser. Como es.
¿Cómo puede luego venir un discípulo del Amor, un obispo, diciendo que lo que yo vi el viernes 24 de marzo a las dos de la tarde es contranatural? ¿Cómo puede, Blázquez por ejemplo (y otros episcopales primores), atreverse siquiera a decir que el matrimonio de Paco y Alejo atenta contra el resto de matrimonios? ¿Acaso le han preguntado al hermano mayor de Paco (un hombre muy religioso, cristiano comprometido) si siente que el matrimonio de su hermano pretende aniquilar el suyo? Pamemas. Mentiras. Intereses.Pecado.
Alejo y Paco, ya os lo dijo Don Eduardo Beltrán al casaros: Dios os bendice y bendice vuestro amor conyugal. Esto es lo que importa. Al resto, que les den... Trankimazines. Sed felices, hacednos felices con vuestra felicidad, con vuestro matrimonio, tan natural, bendito y, por fin, legal.

“Porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, ha nacido de Dios, y conoce a Dios”(1 Jn 4, 7).
Comentarios:
un gran abrazo desde tucuman
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José Mantero



