Extramuros, Iglesia y cristianos
30.03.06 @ 01:35:13. Archivado en Iglesia Católica, Gays
Dios vive y actúa también extramuros; quiero decir, no hay paredes que puedan encerrar su grandeza y su amor, tampoco las tapias –tantas veces convertidas en murallas de separación- de las distintas iglesias oficiales, llámense como se llamen. Lo creo sinceramente, con los datos de mi fe y la fe de muchos, con el aval de nuestra experiencia cristiana y con la aportación clara de la Palabra de Dios. Sin ir más lejos, ayer durante el oficio de lectura leí en la primera lección Núm 11, 26-29: los ancianos Eldad y Medad, que no se encontraban en el interior de la Tienda del Encuentro con los otros sesenta y ocho, también recibieron el Espíritu. Porque Dios lo quiso, con total independencia de los recintos, las circunscripciones, las iglesias de los hombres. La verdadera Iglesia, como Dios, incluye en vez de excluir.
Josué, uno de los jueces de Israel, protestó ante Moisés por este derroche de generosidad de Dios, y pidió a su líder que impidiera a Eldad y Medad hablar en nombre de Dios, pues eran profetas extramuros, no se encontraban en el Tabernáculo cuando se derramó el Espíritu. Pero la respuesta de Moisés es maravillosamente inclusiva: “¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Yahvé fuese profeta”.
Algo muy parecido ocurre en tiempos de Jesús, aquel día en que el discípulo Juan (Mc 9, 38-40) le advirtió acerca de uno que, en nombre de Cristo, “echaba fuera demonios”. Los discípulos quisieron impedírselo, excluyéndolo del obrar cristiano, ya que no pertenecía a su grupo. Sin embargo, el Señor es tajante: “No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda hablar mal de mí. Porque el que no está contra nosotros, está a favor nuestro”.
Por esta razón muchos continuamos celebrando nuestra fe extramuros, viviendo la Sagrada Eucaristía extramuros, orando extramuros, haciendo Iglesia extramuros. Porque al Espíritu Santo no hay quien lo encierre, ni siquiera José Ratzinger vestido de blanco, ni unos príncipes vestidos de púrpura (hace tiempo fueron sacerdotes), ni nadie. La Iglesia tampoco se agota en el recinto amurallado que más separa que aglutina. La Iglesia del Señor es tan grande que rompe toda pared que intente constreñirla. Por eso seguimos construyéndola, a pesar de que nos quieran impedir el ejercicio del sagrado ministerio sacerdotal. Van errados. Van listos.
Hermanos, sed rebeldes, sed santamente rebeldes. No hagáis caso de quienes sólo procuran extirpar de vosotros la fe para sustituirla por la sumisión átona a su voluntad, ese tumor maligno. Que vuestra rebeldía la conozcan todos, que todos sepan identificarla con la obediencia a Dios antes que a hombres, antes que a impostores o farsantes.
Hermanos gays y hermanas lesbianas, no dejéis de creer en Dios ni en la Iglesia porque unos cuantos jerarcas hayan manipulado el cristianismo y os hayan expulsado fuera del campamento, pues ellos no son la Iglesia. Vosotros, relegados; vosotros, excluidos; vosotros, expulsados, insultados, estigmatizados, sois el alma que Jesucristo quiere para su Pueblo Santo. No consintáis renunciar, no les consintáis que se salgan con la suya cuando intentan haceros creer que no sois de Cristo. El que es de Cristo es una criatura nueva...
Al Maestro lo crucificaron extramuros, fuera de la ciudad; y desde la pequeña altura del Calvario santificó la tierra con su muerte y bendijo a la humanidad, con su sangre, en la calavera de Adán. Y resucitó extramuros el Señor. Extramuros Dios os llama a edificar su Iglesia. Vosotros sois Eldad y Medad: habéis recibido el Don del Señor extramuros. Extra Ecclesiam, nulla salus -dicen-, pero ninguna pared puede encerrar a la Iglesia. Abre la muralla.
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José Mantero



