Tiempo de hombres santos, tiempo de Masiá
29.03.06 @ 00:56:37. Archivado en Iglesia Católica, obispos, Premios San Ildefonso
Hay (un) tiempo para todo bajo el sol. Tiempo para gritar, tiempo para recapacitar. Tiempo para manifestarse, tiempo para callar. Tiempo para triunfar, tiempo para fastidiarse. Tiempo para ser obispo español, tiempo para ser santo; como el jesuita Juan Masiá, recientemente amonestado por esta jerarquía ignorante, antievangélica y garbancera a la que él, en su extrema prudencia, tanto respeta. Es edificante este sacerdote, este cristiano, este hombre, de cuya última entrevista concedida hemos podido disfrutar estos días en el diario La Verdad. ¿Qué es la verdad? Para Pilatos, como para estos obispos prepotentes, la única verdad es su empecinamiento culpable en las posturas autoritarias y descerebradas que suelen. Para los verdaderos discípulos como Masiá, la verdad es tan amplia como el corazón de Cristo. ¿Relativismo? Únicamente el de Jesús. Si lo condena Ratzinger, bienvenido sea el anatema: se está en el camino.
El P. Masiá se refiere a dos tipos de conservadores: los listos, educados y con capacidad para el diálogo; y los tontos, maleducados y agresivos, “tremendamente peligrosos. Y, desgraciadamente, hoy abundan más los de esta segunda clase”. Señores comentaristas, ¡al loro!
Entre los de la segunda clase incluye el profesor al pobre Reig Pla, para desgracia de los murcianos, obispo de su diócesis. Cuando Juan Masiá escuchó no hace mucho a monseñor Reig hablar de “bio-adulterio e incesto-genético”, reconoce: “Sentí una gran vergüenza, porque yo me siento Iglesia y sé que él también comparte conmigo la defensa de la vida al cien por cien. El problema, la lástima, es cómo lo estropea luego diciendo esas tonterías. Yo esa crítica se la hago con cariño y sintiendo dolor por que se hable desde la ignorancia científica con tanta firmeza”. Pues nada, eso. ¿Había o no había cursillos de cultura general para obispillos apresurados?
Sobre quien manda en los obispos españoles, el cardenal Rouco, Juan Masiá percibe en él “que no soporta cualquier peligro de pluralismo, de pluralidad”. Y continúa, con la obsesión de los obispos españoles por el sexo y la homosexualidad: “En Japón, un obispo me dijo no hace mucho: ¿Pero qué pasa en tu país con los obispos, que los he visto en el periódico en una manifestación contra los homosexuales? Yo le precisé, un poco tratando de no dejarles en tan mal lugar, que la manifestación era a favor de la familia. Ya, pero es que eso no puede ser, añadió el obispo. Hay que tener caridad, no se puede discriminar a nadie porque tenga una determinada orientación sexual, no podemos condenar el amor, que es precisamente lo que predica Jesucristo. Pues díselo a tus hermanos obispos españoles, le dije yo”.
Reconoce este santo varón que no todos los prelados españoles son iguales, pero que si rechistan se quedan sin palio o sin birreta púrpura. En fin, al pequeño Cañizares no le queda demasiado bien el roquete que lució cuando fue creado cardenal el otro día.Digo.
Masiá ve “una parte de la Conferencia Episcopal muy beligerante en favor de la ultraderecha política más crispadora. Y eso es un hecho. Y no es imprudente decir esto, lo que es imprudente es callarse, porque eso le está haciendo daño a la Iglesia y al país”. Más claro, ¿el agua? No sé yo.
Qué pena que donde hay un santo, estos insolentes, insulsos e ignorantes sólo alcancen a ver alguien molesto, que les contraria, un hereje. Y por eso le insultan, le censuran, le persiguen. Claro que no es de extrañar: Cristo dijo la verdad, y por eso lo mataron.
Tiempo de Cruz, tiempo de Pascua.
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José Mantero



