Gaudeamus igitur
16.03.06 @ 00:32:50. Archivado en Premios San Ildefonso, Caspa patria
Un petit maître altanero, de los que se ganan la sobredosis de antidepresivos en mesas del telerín rajando impunemente de la parroquia, bromeaba ayer mediodía sobre el doctorado honoris causa de la Complutense a Serrat. Decía el fulano que, hombre, él se alegraba y tal por semejante homenaje, pero que le parecía tan curioso como si a Menéndez Pidal le hubieran dado un Gramy. No estuvo mal la cuchufleta, sobre todo salida de semejante persona (en el sentido de la tragedia griega), que para sí anhela y acepta galardones de relumbrón y medallitas mil. Evidentemente Joan Manuel Serrat, que tiene clase, no le va a contestar. Quien no sabemos si lo hará es Don Ramón, que a lo mejor cantaba en la bañera, y puede que lo hiciera tan bien como para haber estado a pique de Gramy, o de la final de esa bazofia,OT, de haberse terciado. Al ilustre largante que digo igual le condecoran en Sigüenza, donde se licenció el cura del lugar de La Mancha. Un día. Sea.
Otra cosa. Ayer todo fue mochila. Se conoce que da fruto la zapa del PP contra el gobierno, en lo tocante a fogueo desestabilizador. Mira que han dado por culo, tú. La jodida mochila dio juego a medio mundo columnista, sobre todo en El Mundo. Coño, hasta Gala, que normalmente opina a contrapelo, hizo su concesión –elegantísima, la duda ofende- al equipaje. Incluso el nebuloso clon del roterodamus pontificó en sus perspicacísimas álgebras y algorítmicas nebrijadas. Leyéndolos, uno se figura que ellos estaban allí, cuando aquellos cabrones manipulaban paquetes envenenados de mutilación, horror y muerte. Pero, afortunadamente, no: ellos, los que ahora tanto escriben sobre los puñeteros macutos de la muerte y sobre el de la sospecha, estaban a otra cosa, como la población en general, que no sospechaba que hace dos onces de marzo unos hijos de mala madre iban a liar la que liaron. Ya pasó. ¿Ya pasó?
Otro con más mochila que espalda, el embajador Vázquez (el del Vaticano, ya saben: el Gea Escolano del socialismo patrio). Ahora va el tío y dice que aprobar el cambio del código civil que abrió la puerta del matrimonio a las personas del mismo sexo fue imprudente e inoportuno, no en el fondo sino en la forma: como meterle el dedo en el ojo al Papa, al poco de su elección y entronización. A éste la mochila le cuelga de donde dijimos: ¿es que debemos tener miedo o respeto humano cuando se trata de luchar por los derechos de ciudadanía? ¿Habrá que pedir permiso a Vázquez, a la corte de Roma y a los bienpensantes todos, a la hora de velar por nuestros derechos y libertades? Ya lo dijo Don Manuel Azaña: enfrentarse a la jerarquía y a su aparato es declararle la guerra a “un poder omnímodo, irresponsable”.
Yo me alegro del doctorado del colega Serrat. Sin peros. Se lo merece, porque con su escritura, su música y su palabra ha expuesto, salmodiado, emocionado y enseñado más realidad que toda la que gusta de analizar la sociología de más de uno, con vocación frustrada de premio Nobel y obispo. Enhorabuena, Serrat, es un honor tenerle como compatriota, cantautor, doctor, o lo que fuere; porque es un privilegio para España tenerle a usted entre sus hijos. Sea, pues, lo que Dios quiera. Iuvenes dum sumus. ¡Salve, Serrat!
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José Mantero



