El "caballero andante de La Biblia"
15.03.06 @ 00:36:40. Archivado en Premios San Ildefonso, otras confesiones cristianas
“España ha dejado de ser protestante”, parece afirmar Don Manuel Azaña en la nota preliminar a su traducción de “La Biblia en España”, cuyo autor, “Don Jorgito el inglés” (George Borrow), se dejó caer por aquí en la primera mitad del siglo XIX imprimiendo y repartiendo ejemplares del Nuevo Testamento por esos pueblos de Dios, a lomos de su caballo, convertido en todo un émulo del ingenioso hidalgo, tal como afirma de él su amigo danés, Hasfeldt: “¿No le ha chocado a usted nunca cuánto se parece usted al buen hidalgo Don Quijote de la Mancha? A mi juicio, podría usted pasar fácilmente por hijo suyo”. Tal pareciera Don George –o Mr. Jorgito-, atravesando España seguido de un burro cargado de páginas venerables por cuenta de su empresa, la Sociedad Bíblica británica, hasta que presiones clericales católicas y la envidia de su colega inglés Graydon (igualmente agente de la Sociedad Bíblica, pero que se extralimitó, repartiendo junto a las Biblias folletos que atacaban al gobierno español y al clero indígena) lograron que, el 25 de mayo de 1837, una Real Orden gubernamental prohibiera tan santa labor de difusión de la palabra divina. España dejaba de ser protestante, sin haberlo sido.
Don George Borrow hubo de imprimir los ejemplares bíblicos en nuestro país, puesto que existía expresa interdicción del Gobierno para distribuir libros estampados fuera de nuestras fronteras. De manera que Borrow, desconocedor de la benemérita traducción de las Santas Escrituras elaborada siglos antes por Casiodoro de Reina y luego revisada por Cipriano de Valera, dio a la imprenta la versión católica de Scio de San Miguel. Y fue aquella con que obsequió a los españoles que quisieron recibirla. Mérito ecuménico tuvo sin interés ecuménico alguno, y mucha santa osadía al editar y ofrecer una versión sin comentarios ni notas. Sola Scriptura.
Como quiera que fuese, con fracaso o con éxito, Borrow regresó a su patria y se dio a escribir uno de los libros decimonónicos de viaje por España más amenos, simpáticos y adictivos: su The Bible in Spain, La Biblia en España, traducida nada menos que por Azaña. Les aconsejo cualquiera de las ediciones actuales –hay varias- que contengan la traducción y nota preliminar del profundo pensador y fracasado político republicano, a quien, de manera apócrifa, se atribuye aquel temible “España ha dejado de ser católica”. Sorprende su personal interpretación de las andanzas de George Don Jorgito, considerado por Don Manuel una especie de vivales que se subió al carro laboral de la Sociedad Bíblica (trabajo que desempeñó, eso sí, con singular entrega y dedicación), un converso del ateísmo práctico que tenía que comer… Claro que también Menéndez y Pelayo, en su Historia de los heterodoxos , puso a Borrow de cuarta y media (aunque, sin quererlo, ofició de gran propagandista suyo, en el mismo plan que Cañizares de Bassi), si bien acuñó para Don Jorgito el precioso título de “caballero andante de la Biblia”. Sea como fuere, Borrow repartió sus Nuevos Testamentos, Azaña vendió su traducción de Borrow, Franco traicionó la República de Azaña, Tarancón le cortó la manga a Franco… Y ahora chapoteamos (¿capoteamos?) en la era Cañizares-Rouco: España, pobre España, dejó de ser cristiana o mora para orillarse del lado del interés, la propaganda religiosa y el poder eclesiástico que malversa el servicio eclesial. España, ahora, por el pecado de una oficialidad eclesiástica más pendiente de su ombligo que de la Santa Cruz, será cristófoba (algo de esto parloteó el primado a propósito de Leo Bassi), pero no contra Cristo, sino contra la imagen que de Él tiene una masa social ya irremediable y definitivamente separada de la jerarquía católica. España ha dejado de ser eclesiástica. ¿Será de nuevo, algún día, tierra de Iglesia? Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.
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José Mantero



