Reig Pla, ahora biólogo: "bioadulterio" e "incesto genético"
19.02.06 @ 00:45:36. Archivado en Homilía los domingos
¡Por Dios, que alguien tenga la caridad de internar a Reig Pla! Va como una moto. Quiero decir, más acelerado y desatado que antes. ¿No habrá una institución especializada donde den bien de comer, quiero decir, donde den extremadamente bien de comer, para que intenten curar a este señor obispo de su evidente disfunción filosófica? Debe tener las uniones sinápticas que echan bomba, porque lo suyo, una vez más, no es normal. Se le podría disculpar su otra afición, la de los valores invertidos; pero su fijación sexual clama al cielo. Y al sentido común. Hemos de hacer algo, hermanos; por el bien de Don Juan Antonio, por el bien de la Iglesia. Pidamos por él en la Eucaristía de este domingo, pero hagámoslo con mucha fe, pues la solución a lo suyo pinta malamente, Dios haga que me equivoque.
Hombre, con el asunto de la clonación con fines terapéuticos se puede estar o no de acuerdo, evidentemente. No vamos a analizar en el breve espacio homilético de hoy sus pros y contras. Además, todos tenemos derecho a expresar lo que pensamos acerca de tan controvertido tema, también los obispos. Pero, claro, opinemos con seriedad, no podemos permitirnos el lujo de ir por ahí delirando, convirtiendo la clonación humana en algo más sexual y morboso –como se lo plantea Reig- que científico o médico.
Monseñor ha largado que “El proyecto de Ley de Reproducción Asistida hace posible el bioadulterio y el incesto genético”, ahí es nada. Según este futuro premio Nóbel de biología y ética molecular pimentoniana, la clonación dará lugar a “relaciones sexuales incestuosas entre ascendientes y descendientes directos, de consecuencias biológicas y psicológicas impredecibles”. Para que nos entendamos: no consienta usted clonarse, pues le veo dentro de nada beneficiándose a su hermana de usted. ¡Se necesita ser cerradito! Aquí el único busilis ha sido un graduado escolar mal dado.
Pero no acaban ahí las perlas del discurso reigplagiano. Monseñor, además, analiza, desde el prisma de la clonación de células madre, los males zapateriles de la sociedad española, de la democracia española y del lucero del alba español. El sí ha descubierto el escondite de las armas de destrucción masiva, que no estaban en Irak, sino escondidas en el almacén de la clonación humana, que “puede constituirse en una verdadera arma de destrucción masiva de vidas humanas, así como de la integridad psicológica de los que sobrevivan a ella”. ¡Jesús, José y María!
La recién aprobada ley es, según este eminente biólogo-obispo (¿estudiaría con la Obregón, señera bióloga del país?), una norma anti familia que está “sentando las bases de una sociedad sin padres y en especial sin la figura paterna, lo que constituye un gravísimo atentado contra la integridad psicológica de los hijos”. La clonación, por otra parte –advierte esta lumbrera de la Iglesia-, producirá el “aumento de personas con inclinación homosexual y los suicidios”; o sea, que ahora habrá más maricones por polla cuadrada, para que se puedan armarizar y entrar en los seminarios, y hacer las delicias de unos y otros, y para que el actual y futuros Papas puedan anatematizarlos a modo. Pues bendita clonación. Y yo que pensaba que esto iba a menos. De lo que no me entero muy bien es de cómo se hilvana el mariconeo con los suicidios masivos que predice esta nueva profetisa Ana del solar patrio. ¿Clonar a Reig Pla? ¡No quiero ni pensarlo!
El profeta Isaías –lo escuchamos hoy en la primera lectura de la Misa- nos comunica una singular y esperanzada palabra del Señor: “Mirad, voy a hacer algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?”. Tal vez opinara alguno que aquí no brota nada nuevo, únicamente caspa, sinrazón y toneladas de reigplases. Precisamente por eso, por los estertores de la demencia, por sus coletazos en la iglesia católica del presente, sabemos que ya Dios está creando el mundo nuevo. Ahora es más evidente el mal, lo absurdo, la tontería. La aclamación al memorial cobra su pleno sentido tras escuchar al ordinario cartagenero-murciano: ahora se hace más intenso nuestro anhelo de que el Señor Jesucristo consume su reinado. Que así sea. Mientras tanto, demos gracias también a Su Ilustrísima por haber conseguido, una vez más, tirarnos por el suelo. De pura risa. ¡Levantemos el corazón!
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José Mantero



