Casuística de la calada
30.12.05 @ 01:47:39. Archivado en Qué cosas, tú, Caspa patria
Echa bomba el teléfono destinado en Sanidad y Consumo a la atención de fumadores, hosteleros y empresarios diversos, ya dispuestos a remojar las barbas propias en esta bacía de ajeno afeitado que la calle denomina Ley Antitabaco, confuso yelmo de Mambrino sin pecado concebido para proteger inquisitorialmente las respiraciones –y estertores, si gustan- del paisanaje. Dicen los papeles que casi quinientas llamadas diarias preguntan sobre los multiformes aspectos que preservarán/torturarán nuestra salud pulmonar/mental; vaya, que a ver dónde y dónde no se puede echar el cigarrillo, sin que al enfermo/agresor fumeta le empapelen y dejen sin blanca, vía multa y/o expediente administrativo. Molan las barras.
¿Se puede fumar en la cabina de un sex shop? Aún aplican abanico a la teleoperadora que hubo de escuchar esta consulta, efectuada por inquieta voz. Para que se me sitúen, un sex shop dicen que es un establecimiento con ánimo de lucro donde pueden sus caridades adquirir desde material audiovisual tendente a producir reacciones psicosomáticas de aquí te espero, hasta ergonómicos diseños de forma oblonga, con o sin producción electrónica de ondas micro o macro vibratorias, tendentes, simile modo ,a originar las antedichas reacciones termoquímicas. En dichos garitos se ubican a veces pequeños habitáculos (de menos de 5 metros) destinados a alojar a individuos/individuas que buscan solitario aunque coadyuvado solaz. Pues bien: no se puede fumar ahí, por culpa de la minoría cincométrica, y además por tratarse de centro cerrado de atención al púbico. Quise decir, evidentemente, público.
¿Se puede fumar en una casa de lenocinio, trátese de centro de coimas o de chaperos? Tampoco. Entiéndanme: no es que les vaya a dar a sus reverencias (los hay muy puteros) un pasmo mientras emboquillan su mitad del cuarto, o son emboquillados a su vez por intrusa parte contratante (de hecho, mi amigo Juan Ángel diz que le proporciona particular delectación empopar a su prójima hallándose, a la sazón, fumando. Cosa perniciosa, le dije, porque un día de estos se queda en un embate: colapso pulmonar y tapicería del coche arruinada por el fuego pitillero), sino que figúrense: se hallan ustedes a punto de comprensible paroxismo, cuando irrumpe en el lupanar un agente de la autoridad con la aviesa intención de multarles, sin reparar en la desnudez, sino en los humos. Pues eso.
¿Y en un confesionario? La máquina penitencial católica por excelencia cumple dos restrictivas condiciones que avalan el no de Sanidad: primeramente, se trata de un lugar cerrado de trabajo, con menos de cinco metros de superficie; segundamente, es sitio de atención a cierto tipo de público. Observen su parecido con la cabina onanística de un sex shop. Con lo cuál, se me van olvidando de la tentación tabáquica, tanto confesor como penitentes, y a lo que están. Pero, ¿y si se trata de esos confesionarios portátiles, con apenas silla y celosía, que pueden enclavarse al aire libre durante romerías, manifestaciones o similares eventos? No me toquen las meninges.
Caso hipotético, o futurible: ¿Se podría fumar en un Cónclave? Demasiado pedo para el mulo de la Ley Antitabaco; no obstante, y rizando el rizo del erizo: ¿habría de ser prohibida la tradicional fumata, negra o blanca, que anuncia gatillazo electoral o habemus Papam respectivamente? Doctores tienen la Santa Madre y el Ministerio de Sanidad, que pondrán parche en los sucesivos granos, sin duda alguna.
La nueva y salutífera ley española, espejo de foráneos y ejemplo para venideros siglos, hará mucho bien. Sin embargo, va a generar una casuística tan minuciosa, reparona y toca pelotas como la del rezar fumando, o fumar rezando, fuzar remando, remar fuzando… Qué dolor. Para que luego digan del problema de la conjunción copulativa en la fórmula de consagración eucarística.
Por último, adelantándome a los desvelos de muchos de ustedes, amables lectores: ¿se podrá fumar en este blog? Yo se lo prohibiría, sólo por dar pábulo al morbo de los reverendos, pero paso. De manera que hagan ustedes de su sotana un sayo, y fumen o absténganse; hagan lo que quieran, siempre que no salpiquen.
Quedan sólo dos días. Lo que es la vida. Sic transit gloria mundi.
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Ángel
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José Mantero



