El pogromo de Ratzinger contra los homosexuales
26.11.05 @ 01:27:25. Archivado en Iglesia Católica, Premios Siagrio, Gays
Me lo comenta Jordi, un compañero con el que he concelebrado la Eucaristía en el retiro de Adviento de unos cuantos curas gays: si Dios y su santísima salud se lo permiten, con permiso de la autoridad tendremos a Ratzinger aquí sobre Julio; que le ha invitado Blázquez, en nombre de la Conferencia Episcopal, según apunta la nota de prensa de la LXXXV Asamblea Plenaria de nuestros obispos, que me muestra Jordi antes de comenzar la celebración, y todos los presentes coincidimos en que los prelados han omitido uno de los objetivos de la más que probable visita a España de BXVI: confirmar a los homófobos en su pecado contra la porción gay del Pueblo de Dios y de la civilizada y democrática sociedad española. ¿Perderá Benedetto la oportunidad de escupir no sólo sobre la equiparación de derechos de las personas homosexuales, en lo que atañe al matrimonio, sino incluso sobre el ordenamiento jurídico español, que desde el 2 de Julio pasado hizo el matrimonio igual para todos? ¿Se irá de aquí sin repetir su furibundo discurso, que cierra el orden sacerdotal a los gays, y a poco más nos excluye del paraíso? ¿Será, para nosotros, Maledetto?
De cualquier modo, si finalmente aterriza en la tierra de la Mare de Deu, BXVI perderá una oportunidad de oro, en lo referente a la nueva evangelización, si no se dirige explícitamente a sus hermanos/hijos homosexuales para confirmarlos en la fe, la esperanza y el amor del Dios apasionado por sus criaturas. Tras la Eucaristía, mis colegas han quedado en dirigir un escrito al Vaticano, urgiendo al Papa a hablar a los católicos gays con palabras de aliento e ilusión, y no de veto, prohibición o condena. La otra opción, que todavía no descartan: recoger firmas para pedir al Presidente del Gobierno Español que niegue nuestro suelo patrio a las mulas papales, si persiste en su homofobia. Arrepentidos quiere el Señor, como suele decirse, pero no sé yo si este hombre, tan imbuido de su propia paradivinidad, dará marcha atrás en sus constantes, irreverentes y pecadores insultos contra la población homosexual. Seguramente vendrá, predicará y regresará a Roma, dejando a los gays y lesbianas católicos su predecible mensaje de ambigua esperanza y rotunda condenación a las galeras de la castidad.
El Papa alemán comenzó su implacable pogromo contra los homosexuales en 1986, con la Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre la atención pastoral a personas homosexuales (Octubre, 1986): sobre la orientación homosexual, considerada un problema, “la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada”. Los actos homosexuales, “intrínsecamente desordenados”. Únicamente la orientación heterosexual estaría llamada “a reflejar, en la complementariedad de los sexos, la unidad interna del Creador”. Item más: “Una persona que se comporta de manera homosexual obra inmoralmente”. La orientación homosexual, según este libelo, nos constituiría en irredentos hedonistas y seguidores de Onán, ya que la califica como “una inclinación sexual desordenada en sí misma, caracterizada por la auto-complacencia”. Más: “la actividad homosexual impide la propia realización y felicidad”. A los grupos de gays católicos los pone de chupa de dómine: “estos grupos de presión, para quienes la homosexualidad es, si no totalmente buena, al menos una realidad perfectamente inocua. Aunque la práctica de la homosexualidad amenace seriamente la vida y el bienestar de un gran número de personas, los partidarios de esta tendencia no desisten de sus acciones y se niegan a tomar en consideración las proporciones del riesgo allí implicado”. Peor aún: justifica los comportamientos radicales agresivos contra los gays, pues –dice- cuando “la actividad homosexual se acepta como buena, o también cuando se introduce una legislación civil para proteger un comportamiento al cual nadie puede reivindicar derecho alguno, ni la Iglesia, ni la sociedad en su conjunto debería luego sorprenderse de que también ganen terreno otras opiniones y prácticas desviadas y aumenten los comportamientos irracionales y violentos”. Toda esta baba homófoba, en 1986.
Hay mucho más, mucho daño, demasiado insulto, hipocresía, disimulo culpable. Documento tras documento, Ratzinger se ha encargado de vejar a quienes debería amar, proteger, anunciar la salud. ¿Por qué tanta fobia? ¿Cuáles son los motivos del lobo? ¿El miedo, la vergüenza?
¿Va a cambiar, y notaremos el cambio en su visita a nuestra patria? No. Han pasado cuatro pontífices, entre el sonriente camauro de uno y las camándulas del presente, la depredación de la iglesia, de toda ilusión por el Evangelio y la civilización del amor. Dios nos coja confesados.
Dirán que les perseguimos, que son mártires; seguirán representando el papel de víctimas, pues lo necesitan para seguir remedando, agraviando, engañando. Que depongan la actitud vejatoria. Luego, podremos dialogar.
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José Mantero



