Cachete
25.12.07 @ 23:02:56. Archivado en Sobre el blog
Cachete
Bofetón, cachete, torta, o muchos otros sinónimos, pero no por utilizar diferentes fonemas, suena igual ¡plas!, y hace la misma función perjudicial para la educación. Aquello de la letra con … entra, no es que se haya quedado pasado de moda, más bien se califica de retrogrado y hasta de maltratador y tirano.
Pero ahora, en tiempos que hasta la paz, claro la que se escribe con minúscula, en tiempos en lo que todo es relativo, nos preocupa enormemente que podamos traumatizar por medio del maltrato que supone un bofetón a nuestro retoño.
El Código Civil se ve modificado donde antes figuraba la idea de que padres o tutores “podrán corregir a los menores razonable y moderadamente”. Es sustituida por la de que estos “ejercerán su cargo de acuerdo con la personalidad de sus pupilos, respetando su integridad física y psicológica”.
Y si bien con este cambio se elimina lo que podíamos llamar el último resquicio que dotaba de legalidad al castigo físico a los niños, lamentablemente no va a ser oro todo lo que reluce.
Nada, nada hay que justifique la violencia, física ni síquica, a los niños, a las personas se las corrige de otra forma razonada y razonable, pero realmente en el ámbito familiar, dentro de una familia con intención educadora, ¿tiene cabida el maltrato?.
¿Es que un padre, una madre en uso de su cabal juicio, puede maltratar a sus hijos?
Corregir no es maltratar, ¿un castigo puede ser considerado como un atentado contra la integridad sicológica de los niños?.
El verdadero problema no es la defensa de los débiles, el evitar un “bofetón”, que insisto siempre deberá de ser evitable; los problemas empiezan cuando el Estado pretende asumir papeles que no le corresponden, y ejercer de padre y hasta de madre, el “estado de bienestar”, supone facultar servicios que la sociedad por si sola no logra, pero no puede entrometerse en la estructura interna de la familia, de la actividad educativa familiar.
La defensa del menor, dentro del ámbito familiar corresponde a la propia familia, a los padres, papa y mama, consensuando con los niños pero hasta el límite de la corrección como base de la educación. Pero sin embrago, los límites al cachete psicológico, que es mucho más cruento, se deja a la libertad no solo de los padres sino de cualquier agente social que puede abofetear sicológicamente a nuestros hijos.
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