SI CAMILO JOSÉ CELA HUBIESE TENIDO MOTO.
02.03.07 @ 23:29:22. Archivado en Gente Genial
Esta tarde me he puesto los cueros, me he montado en la moto y me he echado a la carretera. Estas son las cosas más importantes que me ocurrieron:
EL GITANO
En la primera gasolinera que reposte en la A3, entablé conversación a pie de surtidor, y boquerel en mano, con un gitano derrochón de simpatía, quién me preguntó muchas cosas relacionadas con mi moto. La primera, qué cuánto había costado, y la segunda, que cuál era la velocidad que podía alcanzar. El resto de sus áreas de interés se centraban en cuándo yo paraba para comer, qué comía y si dormía la siesta tras aparcar la moto cerca de un jugoso prado (sic). No aplicó el menor tono irónico; se mostraba absolutamente sincero e interesado. Me vinieron a la cabeza aquellos tiempos, en Madrid, cuando las personas entablábamos conversación en el Metro como si tal cosa.
Habiendo advertido al gitano de la prisa que yo empezaba a llevar a fin de que consiguiese regresar a Madrid con luz del día, nos despedimos, y al hacerlo, me miró de hito en hito, veloz y alegre, revisando desde el casco, pasando por mi chupa de motero de los cincuenta (Teddy Boy Look) hasta mis botos de cuero negro repujado modalidad chúpame-la-punta, con lo que concluyó:
- Eres muy chulo.
Te dicen eso en una sala de juntas o en el turno de Ruegos y Preguntas de una conferencia y te alarmas, pero dicho por él, fue uno de los más halagadores y afectuosos comentarios que me han dedicado a lo largo de toda mi vida.
Puestas así las cosas, dimos por concluida nuestra despedida, sin intercambio de tarjetas de visita, y me incorporé al tráfico de la autovía.
¿Tráfico? Tráfico a morir. Síndrome de Ansiedad Levantina. Todo Madrid en la carretera. Atasco. Colapso. Ictus asfáltico. Aquello era como si la capital fuese una bomba de fragmentación que acabase de estallar y sus letales y dispersas piezas metálicas, en forma de automóvil cada una de ellas, hubiese bombardeado la autovía.
Serpenteo entre los coches atascados y tomo la primera desviación. No sé hacia dónde me conduce. Voy viendo los indicadores, y a medida que me adentro por carreteras secundarias, la densidad del tráfico disminuye y disminuye. Tomo una penúltima carretera que han asfaltado muchos años atrás, estrechísima; me lleva a un pueblo desolado.
EL ENTIERRO
Podía haber seguido por esa carretera hacia más o menos Guadalajara (avanzaba aproximadamente en sentido norte), pero me aparto por un ramal y me meto en el pueblo. De repente, me veo obligado a detenerme.
No sé si seré capaz de explicarlo de forma competente, pero procuraré hacerlo, ya que, después de todo, asumo la responsabilidad de haber empezado con todo este asunto.
El caso es que yo me encontraba en la mitad de una calle de pueblo y, frente a mí, veo un cortejo fúnebre. Iban, compungidos, los deudos, el cura y, tal como me pareció en aquel instante, todo el pueblo. Me planteé si podría subir la moto a la acera y esperar que pasase la procesión, pero, por el amor de Dios, ¿qué aspecto iba a ofrecer un motorista vestido-de-cuero-negro-macarra con la moto mientras el vehículo mortuorio circulaba ante él? Todo el mundo me miraría A MÍ, ¿comprenden?
Experimenté una congoja más allá de toda previsión: ¿qué sería lo correcto bajo aquellas circunstancias?, ¿sacarse el casco y sostenerlo como Alfredo Landa en Los Santos Inocentes y mirar a todos los allí presentes con cara de circunstancias, fingiendo hipócritamente un inenarrable dolor ante el luctuoso hecho?, ¿dar el pésame a los familiares? ¿acompañarlos a todos hasta el cementerio a bordo de la moto?
¿Se lo imaginan?
Mientras yo pensaba qué era lo que tenía que hacer, el coche de la agencia de pompas fúnebres cada vez se encontraba más cerca de mí. La escena era como Clint Eastwood a punto de desenfundar en la solitaria calle del pueblo del Oeste en Por un Puñado de Dólares, pero todo ambientado en La Alcarria en lugar de en el desierto de Tabernas en Almería. Así que tomé la astuta decisión de dar la vuelta antes de que la comitiva me alcanzase.
¡Horror! La calle era demasiado estrecha como para dar la vuelta en la moto. Me vi obligado a hacer varias maniobras. ¡Brrrrrrrm! (avanzo girando hasta topar con la acera de enfrente). Plac-plac-Plac (pasitos impulsado la moto hacia atrás con mis botas-de-cuero-repujado-chúpame-la-punta)
Y el cortejo que ya lo tengo encima. ¡Brrrrrrrm! - Plac-plac-Plac - ¡Brrrrrrrm! - Plac-plac-Plac, y yo sudando, y el muerto que se me viene encima, y la gente que ya se mosquea y yo que voy viendo que todo aquello acaba con portada en telediario:
MOTORISTA INCOMPETENTE DESCUARTIZADO EN CORTEJO FÚNEBRE
Sí, quiero alcanzar la fama y el reconocimiento público, pero no a ese precio, así que me esfuerzo en el ¡Brrrrrrrm! - Plac-plac-Plac y por fin me pongo a salvo de la persecución a la que me tiene sometido el muerto, hasta que, digamos, ligeramente fuera de control, hago que la máquina se pase de revoluciones y salgo escopeteado haciendo el caballito con la moto con semejante estruendo que yo no sé cómo fue que los dos cilindros de la BMW no salieron disparados y causaron bajas entre el cortejo, reventaron un neumático del coche fúnebre, o destruyeron alguna casa, porque el nivel de decibelios era ensordecedor, creedme.
Huyo entonces, ¡huyo! ¡huyo! ¡Dejo atrás al cura, al de las pompas fúnebres, a todo el pueblo y al muerto! (A quien Dios acoja en su seno y a mí me redime haber sido la causa de tan inapropiado escándalo).
CAMPANAS Y OSTEOPOROSIS
Doy un rodeo, ya más calmo, y desciendo en primera por una cuesta pronunciada. Fue en ese momento cuando escuché las campanas.
Las campanas que sonaban a muerto.
Callejeé por el pueblo mientras buscaba una salida que me permitiese continuar mi camino. Y las campanas seguían con su toque lánguido, definitivo.
No era cierto que todo el pueblo hubiese acompañado al difunto hasta su tumba: dos personas –un hombre y una mujer- ajenas a todo aquel asunto, arreglaban su jardín. Se percibía cierta urgencia en su tarea: eran madrileños, y por lo tanto, tenían que cortar-segar-plantar-limpiar-impresionar-actuar-determinar-imponer- presumir-arreglar-invertir-destacar-apresurarse-etceterear.
Mientras las campanas a muerto abarcaban todo el espacio, ellos tenían tiempo para entierros y yo ahora veía las cosas de una manera bien distinta.
Vuelvo a la calle principal, ahora atrás del cortejo fúnebre, a salvo de la ceremonia, tengo que detenerme ante otro inesperado cortejo: media docena de ancianas, de caderas rotas, osteoporosis, bastones, andadores metálicos; les cedo el paso, recupero la carretera, paso sobre el Tajuña, llego al fin a la A1 y driblo entre miles de automóviles que van a Madrid al teatro, al cine, a cenar, a ligar, a experimentar una apasionante velada de viernes.
EL GITANO QUE ME HIZO PENSAR
A mi encantador gitano de la gasolinera le había fascinado el hecho de que yo “no fuese a ninguna parte”, sino que mi propósito consistiese únicamente en ir y volver hacia y desde un lugar que yo, en aquel preciso momento de nuestro encuentro, ignoraba cuál podría ser.
Fue el que os acabo de contar.
Y creo que valió la pena ir.
Comentarios:
FASCINADA, INCREDULA Y ALEGRE DESPUES DE LEER TU RELATO MOTORISTICO, ESCRIBO ESTAS LINEAS POR PURO MODO DE AGRADECER TU ESCRITURA, FRESCA, COLORISTA Y VIVIDORA.
AGREGARE LA PÁGINA A FAVORITOS Y TE LEERE EN TRANQUILOS MOMENTOS DE INTIMIDAD LITERARIA.
GRACIAS
Me siguen encantando tus historias, ya te imagino con la moto ñiiiiiiiii-ñiiiiiii, jajajjaj, sigue asi de divertido contando y sintiendo historias.
Saludos
hubiese tenido moto
quizá se hubiese llamado
camilo josé maroto
y en vez del viaje a la alcarria
hacerlo sobre sus pies
con cierto desinterés
y sonando una fanfarria
lo hiciera sobre dos ruedas
(contestame cuando puedas)
que mucha prisa no tengo
a madrid yo voy y vengo
y por ahora me despido
me voy por las alamedas.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
José Hermida
autor


