El Dilema del PP Prisionero
14.01.07 @ 18:17:26. Archivado en Gente Genial
En el post anterior aludía a la formulación de preguntas retóricas que te obligan a devolver una contestación que te perjudica, sea cual fuere tu posición. Este marco aparentemente demagógico se formuló desde un punto de vista matemático en el conocido Dilema del Prisionero, diseñado por A.W. Tucker. En 1950, John Forbes Nash creó la noción de "Equilibrio Nash", que corresponde a una situación en la que dos partes rivales están de acuerdo con determinada situación del juego o negociación (Teoría de Juegos), cuya alteración ofrece desventajas a ambas partes. Como ustedes saben, Nash recibió el Premio Nobel en 1994. Si lo desean, pueden obtener más información sobre este asunto en Eumednet (en 2001 se rodó la película “Una Mente Maravillosa”, protagonizada por Russell Crowe, en el papel de John Forbes Nash)
En Teoría de Juegos se denomina “estrategia dominante” a la mejor elección que puede hacer un jugador con independencia de la elección que haga el otro. En el Dilema del Prisionero de Tucker cada jugador está incentivado individualmente para defraudar al otro, incluso después de haber prometido colaborar (el mecanismo intelectual del Dilema del Prisionero, por cierto, se utilizó a lo largo de las conversaciones SALT II que supusieron el principio del desarme nuclear entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, negociación gracias a la cual, sin lugar a dudas, usted puede leer estas líneas, porque lo que se negoció entonces fue ni más ni menos que el fin del mundo).
En resumidas cuentas: si prestamos atención al nuevo escenario derivado del atentado de la T4, vemos que los interlocutores obligados a elegir entre una situación desventajosa u otra todavía más desventajosa , son el PSOE (más todo el resto de los partidos y grupos sociales que se manifestaron el pasado sábado) y el PP, que no ha tenido la sagacidad, la cintura o, si se prefiere, la visión de participar en la manifestación, confinándose a sí mismo al no del todo brillante papel de tener que responder, no sólo ante sus rivales, sino ante sus propios militantes, a preguntas cuya respuestas corren el riesgo de no resultar lo suficientemente convincentes.
Otrosí: En un conocido experimento sobre el comportamiento de seres vivos sometidos a estrés, se sometió a las cobayas a pequeñas descargas eléctricas aleatorias, cuya aplicación no se correspondía con ningún criterio, ni de tiempo, ni con relación a la administración de comida ni ni ningún otro. Al cabo de cierto tiempo, los experimentadores, horrorizados, pudieron ver que los indefensos y atónitos animalitos se devoraban los unos a los otros.
¿Les suena la escena?
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José Hermida
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