¡Esto es mucho más divertido!
07.01.07 @ 13:47:20. Archivado en Gente Genial
Al día siguiente a Reyes, como casi todos los domingos que puedo hacerlo, fui a entrenar por la mañana al parque de El Retiro. Cuando iba llegando, casi en la puerta de Sáinz de Baranda, vi que una niña salía corriendo de un coche recién aparcado. Ella ni siquiera esperó a que el coche se hubiese detenido del todo; llevaba consigo una bolsa de deporte y un casco. En apenas unos segundos, abrió la bolsa y sacó un par de patines que empezó a calzarse a toda velocidad; me sentí arrollado por el entusiasmo de su estreno, ese impulso que nos llevaba a gastar energía lo antes posible: ni por motivos de salud, ni por la superación de un reto, ni por ninguna otra causa sino por la simple y maravillosa sinrazón del entusiasmo (¿recuerdan?).
Paso de largo y entro en el parque. Me voy cruzando con corredores y corredoras de todas las edades, tallas, zancadas y velocidades. Algunos simplemente caminan y otros van como balas. Sigo corriendo. A veces adelanto a alguien… pero muchos otros me adelantan a mí. Cuando soy yo el que supera a alguien, me siento como uno de esos camiones a los que en la autovía les lleva media hora pasar por delante de otro vehículo, mientras que cuando un corredor me adelanta a mí, tengo la impresión de que se trata de un cohete.
Todo esto va pasando ante mis ojos como si se tratase de una película. En mi Ipod suena la guitarra de Adrian Legg que marca el ritmo de mi zancada en una especie de negociación controlada por mi pulsómetro (lo llevo porque me inquieta la posibilidad de que pueda pasarme de 165 pulsaciones por minuto) y de repente me doy cuenta de que me encuentro rodeado de ondas, vibraciones: lo que hace el aparato es recoger en su pantalla digital la señal eléctrica que producen los latidos de mi corazón. Se me ocurre pensar que tal vez ya he llegado al futuro sin darme cuenta.
Al día siguiente, lunes, volverá el colegio, la oficina, la tienda. Se supone que la magia desaparecerá, y que los regalos y la fantasía que con ellos va implícita no habrán sido más que un paréntesis sin valor. Más de lo mismo.
Pero de repente me viene a la memoria la escena del diálogo entre los duendes Roon y Franjean en la película Willow cuando ambos corren el riesgo de ser capturados por los terribles guerreros de la cruel reina Bavmorda:
Rool: Si nos capturan, nos meterán en jaulas, nos torturarán y por último, nos devorarán.
Franjean: ¿Me estás proponiendo que volvamos a casa?
Rool: ¡Qué va! ¡Esto es mucho más divertido!
No eran los juguetes los que nos procuraban aquellas maravillosas impresiones. Éramos nosotros mismos: nuestra actitud.
Cuando mañana usted esté en su oficina, en su aula, en su taller, en su búsqueda de empleo, en su negociación de un crédito, en su propuesta para una cita, en su lucha por sentirse más a gusto en este mundo, acuérdese del diálogo de los gnomos Rool y Franjean: “¡Esto es mucho más divertido!”
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José Hermida
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