EL DISCURSO DEL REY
25.12.06 @ 11:57:43. Archivado en Gente Genial
El sábado pasado el diario El Mundo publicó en Crónica un interesante reportaje sobre los discursos del Rey a lo largo de las últimas tres décadas (gestualidad, mise en scène y estructura del discurso). Victor Rodríguez, uno de los autores del trabajo, me convocó como experto junto Antonio del Olmo y Timoteo Álvarez para someter a examen los mensajes reales.
Como es lógico, a lo largo del visionado de los videos, intercambiamos opiniones y se hicieron multitud de comentarios que ocuparían bastante más del ya de por sí extenso reportaje (dos páginas), por lo que hay un comentario que deseo hacer:
En el discurso de 1975 se aprecia que se hicieron bastantes tomas, las cuales finalmente se editaron de forma algo torpe, y cuyo burdo collage se emitió tal cual. Pues bien, en un determinado momento, el príncipe Felipe, quien se encuentra de pie detrás de la Reina, se siente cansado después de tanto tiempo de estar erguido y se agacha; la Reina se da la vuelta y, en lugar de reprender a su hijo, le pasa el hombro por detrás y le sonríe. En ese momento, don Juan Carlos se encuentra tratando un tema de calado (la continuidad de la Corona y el final del Régimen), aunque, por supuesto, en el lenguaje oscuro y polisémico propio de la época. Se percibe claramente en el video que todo esto sucede sin estar preparado, pero lo cierto es que en aquella época en la que la formalidad y el convencionalismo rayaban en la exageración, podían haber repetido la toma para evitar mostrar la informalidad del príncipe. Sin embargo, no lo hicieron. Aunque todo tuvo lugar como resultado de la casualidad, en ese primer discurso del Rey se marca un claro antes y después. Es como una señal del entonces incipiente camino hacia un sistema de libertades que comenzaba en la propia familia, y por lo tanto entre la ciudadanía.
Tal vez a alguna persona este comentario le parezca exagerado; de hecho, no es infrecuente que algunos participantes en mis seminarios muestren renuencia a aceptar la efectividad comunicadora de las señales no verbales, pero lo cierto es que los gestos de don Felipe (un niño en aquel entonces) y de su madre coincidieron con el inicio de la configuración de un paradigma de tolerancia que se consolidó entre la ciudadanía. Fue un trabajo en el que participaron millones de hombres y mujeres en toda España. Eran los signos de los tiempos, es cierto, pero también había una voluntad decidida de avanzar por el camino de la democracia.
No se trata de añorar ese trabajo de la ciudadanía. Se trata de no esconderlo en un bául porque ésa es precisamente nuestra auténtica memoria histórica: la que entre todos hemos construido a partir de aquel entonces. A los españoles de todas las épocas les han impuesto creencias, inoculado odios, infundido temores. Nadie impuso aquí la democracia; la reclamamos en su día y la levantamos aunados y con coraje.
Addenda: Me permito recordar a los más jóvenes que durante la etapa franquista, la televisión emitía incansablemente reportajes sobre la guerra y la República. De esta forma se adoctrinaba a la población. No dejen ustedes que les adoctrinen.
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José Hermida
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