Modales, educación, farruquitos y juzgados.
08.10.06 @ 15:45:01. Archivado en Gente Genial
Hace unos minutos he tenido la oportunidad de ver a una señora joven detenida junto al comienzo de un paso cebra mientras le decía a su hijo de unos cinco o seis años de edad:
- ¿Lo ves? Ahora hay que comprobar que no viene nadie. Después de eso será cuando podamos cruzar.
Muy a mi pesar compartimos un país en el que las normas, las leyes, y por extensión, los modales, la educación, los valores de la convivencia, no merecen la menor confianza.
Un país maduro, seguro de sí mismo, con una sociedad levantada sobre la mutua confianza, sería aquel en el que esa misma señora pudiese decir a su hijo:
- ¿Lo ves? Esto es un paso de cebra. Cruza sin miedo, porque los coches circulan despacio cuando ven la señal, así que se detendrán cuando te vean atravesar la calzada.
Pero puede venir Farruquito. O un compañero ambicioso. O un jefe malévolo. O un profesor obcecado en ser catedrático. O un político sumiso. O un periodista sin escrúpulos, más sumiso todavía que el político.
Cuando cualquiera de esos personajes hace acto de presencia, la confianza se desvanece. Puedes ser arrollado en el paso de cebra, en tu empresa, en tus opiniones, en tu fe, en tus proyectos.
Un país en el que todavía queda gente que bosteza a boca abierta y con exhibición de esófago, donde las más elementales normas de la cortesía son pasadas por alto, es un país al que le queda por delante un largo recorrido.
No es una cuestión de política. Sino de educación, de convivencia.
Quiero un país en el que si llaman a mi timbre de madrugada, el visitante no pueda ser otro que el lechero. No un farruquito. Ni un juzgado.
Y voy a conseguir tener ese país. Entre todos lo vamos a conseguir.
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José Hermida
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