Redención, budismo y Clint Eastwood.
24.09.06 @ 21:56:57. Archivado en Gente Genial

El budismo zen deja recaer la responsabilidad de la iluminación sobre el propio practicante; en términos occidentales, esa iluminación o satori vendría a ser algo semejante a una “culminación beatífica” antes de la muerte. El cristianismo, en cambio, requiere que estires la pata si es que quieres alcanzar el Paraíso.
Si dejamos las cosas así, podríamos pensar que para las personas resultaría más beneficioso el budismo zen que el cristianismo, ya que la beatitud la puedes alcanzar en vida, sin necesidad de pasar por el incómodo tránsito del fallecimiento. No obstante, y para decirlo sin ambages, no creo que eso de estar todo el día con las piernas anudadas y pasando hambre pueda ser algo a lo que podamos calificar como “vida” propiamente dicha. De hecho, las cuatro quintas partes de los seres humanos están deseando tener la oportunidad de abandonar ese ascético (y forzado) ayuno.
Recomponiendo la comparación, pienso ahora en una de las grandes y olvidadas aportaciones del cristianismo como es la redención, una idea genial y prácticamente ignorada. La Redención, con mayúscula, nos permite recomponer nuestras vidas tras cada metedura de pata, a continuación de cada una de nuestras tozudas debilidades, a partir, de cada traición, defección o cobardía en la que incurrimos con más frecuencia de la deseada.
La redención es algo equivalente al perdón, pero a lo bestia. Sin embargo, e igual que sucede en la propuesta del budismo zen, la responsabilidad también recae sobre cada uno de nosotros. En Million Dollar Baby, el cura de la parroquia, harto de las dudas místicas de Clint Eastwood, le suelta esta andanada:
- ¿Cómo vas a creer en el perdón de los pecados si no eres capaz de perdonarte a ti mismo?
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José Hermida
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