IDIOMAS, PALETOS Y ODIOS
12.01.06 @ 21:48:11. Archivado en Gente Genial
Los tally sticks son las herramientas prehistóricas de las islas británicas que se utilizaban para anotar cantidades (de cereal, de ganado) o para, entre otras funciones, la transmisión de mensajes. Cumplían una función similar a los “bastones de mando” de la Edad de Piedra tallados en hueso o las tarjetas de arcilla babilónicas para el recuento del ganado (por cierto, idénticas en tamaño y formato a las actuales tarjetas de crédito). Pues bien, los niños irlandeses de la segunda mitad del siglo XIX llevaban colgados del cuello tally sticks de madera: si alguien les escuchaba hablar en gaélico, hacía una marca en el objeto y cuando el niño llegaba a casa… recibía una paliza. Se trató de la primera normalización lingüística que tuvo lugar en Europa.
Mi madre, monolingüe catalana, aprendió a hablar español en Coruña (que es como en el lenguaje de la calle, los galaicoparlantes nos referimos a esta ciudad, salvo los cursis decimonónicos que dicen "Marineda") por lo que se expresaba en el idioma de Cervantes con acento gallego, pero contaba y rezaba en catalán. Quienes han estudiado un segundo idioma y lo hablan con fluidez, sabrán sin duda a qué me refiero.
Yo hablaba en catalán con ella, pero estudiaba clandestinamente el idioma gallego, dado que los padres de la época nos prohibían el conocimiento de esa lengua por tenerla como propia de gente rústica e incivilizada, una actitud que, después de todo, únicamente mostraba la rusticidad e incivilidad de los padres.
En el colegio, por supuesto, recibíamos clases en español. Así pues, he tenido una educación trilingüe, y tal como ustedes ya habrán advertido, no me expreso del todo bien por lo menos en uno de los tres idiomas a los que acabo de referirme. Añadiré que mi padre hablaba vascuence (participaba en Bilbao en los cursos de este idioma que se impartían en la radio, antes de la guerra civil, mediante el Método Assimil) porque era perito agrícola y tenía entre sus cometidos como funcionario del Gobierno Vasco el instruir a los paisanos de los caseríos acerca de la lucha contra plagas, nuevos cultivos y demás aspectos relacionados con la economía rural. La mayoría de los paisanos, por aquel entonces, no hablaba una sola palabra de español, de modo que era necesario comunicarse con aquellas personas en su propio idioma. Mis amigos vascos me aseguran que a principios del siglo XX, en las ciudades vascas, también se tenía por poca cosa a quienes sólo sabían hablar en éuscaro. Parece ser que hoy en día afortunadamente ya ha desaparecido ese ridículo prejuicio.
Acostumbro a leer las cosas del blog de Regueifa (una delicia en gallego de primerísima calidad que me escuece de envidia a causa de su purismo, modernidad e ironía). Explicaré que una de las acepciones de “Regueifa” es la competición musical de los mozos invitados a una boda para disputarse la parte principal de un pastel de boda (y disculpen la nota culta). Cuando me intercambio mensajes con su redactor (Regueifeiro) por supuesto en gallego, los míos van cargados de barbarismos, y él siempre me contesta de tal forma que se las arregla para corregir mis errores incluyendo en sus mensajes el término adecuado, a fin de no avergonzarme a causa de mi ignorancia.
No descarto que me tomen ustedes por ingenuo,pero lo cierto es que daría gusto que fuésemos capaces de asumir el comportamiento de A Regueifa y que dejásemos de atizar a la infeliz paloma de turno. ¿O es que todavía nadie se ha dado cuenta de que todo este ridículo conflicto consiste en una estúpida, ineficaz, secular e insoportable incapacidad de comunicación?
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José Hermida
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