La ciudadana doña Leonor
07.11.05 @ 14:39:41. Archivado en Casa Real
Los socialistas gobernantes decidieron, hace unos meses, eliminar del uso corriente los grandes títulos de excelentísimo, ilustrísimo y parecidos. No parece que la tarea de igualación resulte sencilla ni fácil. El Boletín Oficial no siempre obtiene victorias inmediatas… Por ejemplo, no han tenido demasiado éxito entre sus propios correligionarios, por cuanto sus propios compañeros de partido en Cataluña, Maragall y otros de sus colaboradores del Govern, siguen empleando títulos parecidos: Todos resultan ser, mientras no se demuestre lo contrario, “molt honorables”.
De parecida manera está sucediendo con Doña Leonor, la muy reciente hija de los Príncipes de Asturias. La princesita, sucesora del sucesor, si no se tuercen las voluntades y propósitos de los políticos, carga desde el primer día con ese título de “doña”, al que su propia madre sólo accedió cuando se casó con don Felipe.
Doña Leonor, desde el primer instante de su concepción –sin esperar siquiera a su alumbramiento- ya “tiene quién le escriba”. Seguro que ya hay algún biógrafo de Casa Real que toma notas y guarda recortes de prensa para una futura biografía de la futura Reina. Pero ya no todo es futuro en doña Leonor.
Ya hay descripciones iniciales sobre su carácter y hay, finalmente, fotografías del personaje. Entre esas primeras descripciones, sin duda la de la propia Reina, su abuela doña Sofía, es de las que menos gracia harán, algún día, a la futura Reina. A doña Sofía no se le ocurrió decirnos que era muy llorona, que lloraba todo el día… La propia doña Sofía rectificó en un relato posterior esa impresión tan penosa, la infanta que llora permanentemente.
Ya no es así: ahora resulta ser tranquila, una niña relajada, que come y duerme sin molestar a nadie… Ahora, tras su primera aparición pública largamente esperada, --¡vaya frente amplísima tiene la criatura!- nos la han descrito, en efecto, como una bebé tranquila, rellena y gordita.
Y los futuros biógrafos tomando notas…
El debate secreto
Con dos notables ausencias, las del presidente extremeño y del presidente vasco, Ibarra e Ibarretxe, dio comienzo el pleno del Senado en que se examina el estado de las autonomías, un cuarto de siglo después de su invención en la Constitución vigente.
A uno le parece un debate de extraordinaria oportunidad: en un momento en que el debate autonómico es agudo, en la cámara parlamentaria adecuada y con la presencia de los personajes indicados para determinar, de una vez, los criterios por los que deberá regirse ese estado de las autonomías para las próximas generaciones de españoles.
Pues bien, disponiendo el Estado, como dispone, de medios de comunicación propios abundantes y variados, no pareció a ninguno de ellos que debiera transmitir de manera íntegra y permanente el desarrollo del tal debate. ¿Para qué ocasión servirán tales medios, cuya utilidad también está en debate en la actualidad?
Los dos ausentes
Muy distintas, y en todo caso lamentables, han sido las razones de las dos ausencias en el debate del estado de las autonomías, recuperado tras los ocho años de gobierno del tal Ansar, el amigo del emperador Bushh: Ibarra, el extremoso extremeño, hubo de ser intervenido y le fue incorporado un “stent”, una especie de protector de una arteria que había sufrido algo parecido a un pre-infarto.
Ibarretxe –nada que ver, pese a la similitud de apellidos, entre Ibarra e Ibarretxe- alegó que se le debía una explicación al distinto y discriminatorio trato del Plan Ibarretxe y del Plan Maragall, por llamar de alguna manera a los propósitos de reforma estatutaria de los territorios que ambos “lendakaris” president. Posiblemente tiene razón el jefe vasco, pero mejor nos iría a todos si va a exponer sus quejas precisamente ante quien corresponde: el debate sobre el estado autonómico, del que privó de representación a todos los vascos por causa de su berrinche.
Doña Triple Ese
Nos consta ya la versión abiertamente crítica de algunos colegas y correligionarios de doña Soraya Sáenz de Santamaría, que además de mostrar una clara afición a resolver “sudokus” –como demostración de su alto cociente intelectual- no deja pasar oportunidad para ejercer como altísimo mando y personaje de la máxima confianza del sumo jefe Rajoy.
Incluso, en alguna ocasión –nos consta—llegó a advertir a una correligionaria que había ejercido la dirección de una reunión de trabajo que si en tales reuniones estaba ella presente no había duda alguna de que la presidencia de las sesiones de trabajo le correspondían a ella, y a nadie más y sin ningún género de dudas.
Jo, qué ínfulas trae la Triple Ese, por llegar con la recomendación del señorito don Mariano….
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José Cavero



