Uno de los peores riesgos que se ciernen sobre la sociedad española actual tiene que ver con su gran dependencia energética del exterior.
España ha querido acometer su modernidad en órdenes más de tabiques que fundamentales.
El crecimiento económico de la nación ha tenido más que ver con la maquinaria de la productividad que con las reformas estructurales.
Y es precisamente ahí donde se logran los verdaderos y duraderos avances o evolución de una sociedad.
Y no sólo de la sociedad. De todo.
Estructuras tales como el incentivo empresarial, la educación, la ecología y la autonomía energética que hablamos antes.
Y aún muchas otras más. Como la protección de los inevitables (por más que quiera la sintética anticultura) sectores primarios, la pesca, la agricultura y ganadería, las materias primas, afianzar la estabilidad de esos sectores fomentando el comercio interior y la protección de sus peculiaridades.
Fomentar la concienciación del ahorro de los recursos. Del agua, por ejemplo, antes que dar lugar a faraónicos proyectos de improbables objetivos. O de la electricidad, antes que comenzar a levantar (por narices) nuevas centrales térmicas o nucleares.
Las estructuras son materiales y conciencias. Acciones y comportamientos.
Y son mucho más necesarias que cualquier avance en el PIB.
O que una gran selección nacional (pese a su enorme mérito y ejemplo para toda nuestra sociedad...)
Vamos, España!!!...
Miércoles, 30 de mayo
Manuel Molares do Val
Francisco Rubiales
Pedro Fernández Barbadillo
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Vicente A. C. M.
Miguel Barrachina
Julio César Izquierdo
José Pómez
Antonio Cabrera