En espíritu y en verdad

Sin comunión de fe no hay comunión de eucaristía

03.08.12 | 08:00. Archivado en Teología
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Hace ya más de un año que publiqué un escrito en el Pliego de Vida Nueva (11-17.6.2011) haciendo una valoración crítica del gesto permisivo de la Santa Sede al autorizar a los tradicionalistas seguidores del arzobispo disidente Marcel Lefebvre la posibilidad de utilizar el viejo misal romano tridentino, editado por san Pío V el año 1570. Por otra parte, durante este mes de julio han ido apareciendo numerosas informaciones sobre la respuesta de los lefebvrianos a los requerimientos de la Santa Sede, encaminados especialmente a un retorno de los miembros de la Fraternidad Sacerdotal san Pío X a la comunión con la Iglesia de Roma. Es pues un tema candente, de suma gravedad, que preocupa no poco a los responsables de la Iglesia.

En el escrito mencionado centraba yo mi interés en los pasos progresivos que había ido dando la Santa Sede, desde Juan Pablo II hasta Benedicto XVI, intentando abrir puertas y facilitar el regreso de los disidentes al seno de la Iglesia. Señalaba yo en ese momento la grave decisión tomada por Benedicto XVI al permitir a los grupos tradicionalistas el uso del viejo misal tridentino. No era sólo una cuestión de libros: dejas un misal y coges otro. El tema era muchos más complejo, mucho más grave; implicaba toda una serie de aspectos y condicionantes, que ponían en entredicho la totalidad de la liturgia renovada en el Concilio. Lo que se ponía en juego era mucho más que el simple cambio de un misal por otro.

Ya en aquel momento apuntaba yo a la gravedad de la situación; porque, a la postre, el problema que se debatía iba más allá de las exigencias litúrgicas, para convertirse, en definitiva, en un problema doctrinal. No era un asunto banal, como puede apreciarse. Ahora, en cambio, siguiendo el hilo de esta reflexión, deseo señalar una situación anómala, de flagrante desajuste e incoherencia, que se ha creado al permitir el uso del misal romano, dando por descontada la comunión de eucaristía, y manteniendo al mismo tiempo una situación de conflicto doctrinal y de ruptura de la comunión de fe. Habría, para decirlo con toda claridad, un desajuste, una falta de coherencia, entre la fe celebrada y la fe creída y confesada.

Porque el planteamiento de los lefebvrianos no deja lugar a dudas. En la respuesta a la Santa Sede, sus afirmaciones son claras y contundentes. Hay, por su parte, un claro y rotundo rechazo del Concilio Vaticano II, de sus doctrinas y de sus reformas; hay además un rechazo persistente de la autoridad del Papa y de su magisterio. Por tanto, cuando existe una tan clara evidencia del posicionamiento doctrinal de los grupos tradicionalistas, especialmente de los más estrechamente vinculados a Lefebvre, sobre su rechazo de las enseñanzas del Concilio Vaticano II; cuando aparece de forma patente su rechazo a la colegialidad episcopal, acusando a la Iglesia de «conciliarismo»; cuando se percibe una actitud radicalmente contraria al espíritu ecuménico y se la acusa de «neoprotestantismo»; cuando presenciamos una actitud de desobediencia cabal y de no reconocimiento de la autoridad del romano pontífice y de su magisterio; cuando se critica frontalmente el modo como entiende la Iglesia del Concilio su actividad misionera y su respeto de la libertad religiosa; cuando uno toma en consideración todo el soporte doctrinal que sustenta la actitud reaccionaria de los grupos tradicionalistas y su profundo distanciamiento de los grandes valores y apoyos doctrinales que dan vida a la Iglesia del postconcilio, resulta muy difícil entender una posibilidad de comunión en la fe y de su expresión comunitaria en la liturgia de la Iglesia.

Ahora viene el reproche final. En estas circunstancias uno contempla con una gran perplejidad, hasta con estupor, la actitud tan liberal y condescendiente de la Santa Sede al facilitar a estos grupos tradicionalistas el uso del viejo misal tridentino. Un misal que, como muy bien advierten los documentos pontificios, representa una forma peculiar, una forma extraordinaria, del rito romano. Es decir, la legitimidad de la liturgia romana no se agota con los nuevos libros reformados, emanados del Concilio Vaticano II. Esta advertencia legitimaría sin duda una cierta relativización de los modos concretos de que se sirve la Iglesia para celebrar los misterios.

Uno se pregunta cómo pueden ser admitidos a la gran comunidad celebrativa, a la celebración eclesial de los misterios, grupos que de forma tan descarada se declaran decididamente contrarios a la disciplina y al magisterio de la Iglesia. Grupos que han optado por la disidencia, la marginación y el alejamiento de la gran comunión eclesial. Cómo es posible, en definitiva, aceptar sin rubor el clamoroso escándalo, provocado por grupos que pretenden compartir la celebración de los misterios, en comunión con la Iglesia, manteniendo tercamente, al mismo tiempo, su ruptura con la Iglesia en el reconocimiento de las enseñanzas del magisterio y en la confesión de la misma fe.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Geroteo de Segovia 23.08.12 | 19:21

    ¡Cuánta razón tiene el título de este post!

    Estamos en presencia de dos Iglesias, cada una con su liturgia propia:

    Una, la Iglesia católica de siempre, tiene una Fe inamovible que ha ido elaborando una liturgia que es fiel reflejo suyo, y que en Occidente, se plasma principalmente en la liturgia romana codificada definitivamente por s. Pío V y subsiguientes papas.

    La otra, la Iglesia conciliar, nace el 8 de Diciembre de 1965, y no es sino una falsificación de la primera, porque ha realizado una verdadera trasmutación de la Fe, moral, disciplina y vida de la primera, auténtica Iglesia de Cristo. Era evidente que ello debía traducirse en una nueva liturgia, la de Pablo VI, para el altar.

    La posición de la FSSPX es incoherente: Pretenden que la iglesia conciliar sigue siendo la Iglesia católica, pero rechazan su liturgia.

    Mucho más coherente es el presente blogger, que rechaza una liturgia, la tradicional, que ya no es la q...

  • Comentario por Gino 15.08.12 | 07:11

    Progres, llevan su ecumenismo a los limites de la apostasía, se dan de manos y abrazos con negadores de Cristo, prefieren adaptar la iglesia al mundo cambiandola que cambiar y llevar el alma de la gente hacia la iglesia, desprecian el celo con que guardan la tradición quienes realmente creen, para vender mediaticamente una imagen de popularidad, prefieren abrazar un Moro que darle la mano a un verdadero cristiano. Gentes de mal, ya metieron su ponzoña con el C. V. II si tanto les molestaba la verdadera iglesia debieran crearse otra, y no seguir liberalizando y protestantizando lo poco que queda, les fue más cómodo tomarla por asalto y hechar a los seguidores de la fe. más de católico verdadero tiene un tradicionalista que 1000 progres.

  • Comentario por Roberto 04.08.12 | 03:13

    Disculpame, pero no es que el Papa les haya permitido usar el "Viejo misal tridentino" como tu erroneamente lo llamas, fue el misal romano muy anterior a Trento el que se hizo extensivo a toda la cristiandad, nunca ha sido derogado, ni puede serlo porque sería una negación de la infalibilidad papal definada por el Concilio Vaticano I.
    Ahora y ya con respecto a los que tu equívoca y malintensionádamente llamas lefevristas. Hasta donde se ni niegan la autoridad del papa, y mucho menos el magisterio de la Iglesia, como si están haciendolo muchos sacerdotes y obispos, entre los que se destacan los austriacos y alemanes, solo tienen una visión critica ante la hermeneutica del Concilio Vaticano II que además, como lo expresaron los propios padres conciliares no definio ninguna verdad de fe.
    Así que guardate tu mala leche, y asume un espiritu más cristiano y ecuménico. Si hay malentendidos que se hablen, ambas partes están haciendo el esfuerzo. mejor ora y no abones a las dificu...

  • Comentario por Roberto 04.08.12 | 03:13

    Disculpame, pero no es que el Papa les haya permitido usar el "Viejo misal tridentino" como tu erroneamente lo llamas, fue el misal romano muy anterior a Trento el que se hizo extensivo a toda la cristiandad, nunca ha sido derogado, ni puede serlo porque sería una negación de la infalibilidad papal definada por el Concilio Vaticano I.
    Ahora y ya con respecto a los que tu equívoca y malintensionádamente llamas lefevristas. Hasta donde se ni niegan la autoridad del papa, y mucho menos el magisterio de la Iglesia, como si están haciendolo muchos sacerdotes y obispos, entre los que se destacan los austriacos y alemanes, solo tienen una visión critica ante la hermeneutica del Concilio Vaticano II que además, como lo expresaron los propios padres conciliares no definio ninguna verdad de fe.
    Así que guardate tu mala leche, y asume un espiritu más cristiano y ecuménico. Si hay malentendidos que se hablen, ambas partes están haciendo el esfuerzo. mejor ora y no abones a las dificu...

  • Comentario por José Carlos 03.08.12 | 15:53

    José Manuel, pienso que es precisamente el espíritu ecuménico del Concilio lo que mueve a Benedicto XVI a hacer lo posible y lo imposible por reintegrar en la plena comunión de la Iglesia a estos hermanos separados.

    Por otra parte, yo conozco a más de uno que "rechaza la autoridad del Papa y su magisterio" y no es precisamente Lefebvrista.

  • Comentario por Alias mote 03.08.12 | 10:37

    Al principio de la historia del cristianismo habían judeo-cristianos que creían en Jesús como el Mesías y querían seguir practicando la Ley. La liturgia, cualquier liturgia, no es esencial para la práctica de la fe, como no lo fué la práctica de la Ley. Cuando una persona decide dedicar un momento a Dios, toma, o ha de tomar, conciencia de dos cosas: de su presencia y de que El ya sabe que necesitas, ante esto toda liturgia es innecesaria, porque se convierte en un ignorar la presencia y el conocimiento de Dios, se impone el silencio, la actitud tan ignorada: con moisés fué la hendidura de la roca para no ver cara a cara a Dios, con Jesús es no ponerse al frente, permanecer tras la columna, con la cabeza baja, conscientes de nuestra indignidad como pecadores, he ahí la justificación, el reconocimiento de que es Dios quien da, es El quien llama. Liturgia no, ya basta, espíritu y verdad, de todo corazón y sobre todas las cosas, amar a Dios, en silencio.

  • Comentario por Helvéticus 03.08.12 | 09:19

    Que el que pueda desarrolle y ejerza su espiritualidad más allá de las religiones, transcendiéndolas. No negándolas sino transcendiéndolas
    Les religiones son etapas que deben transcenderse.
    Decidir quien está en la verdad y quien no es tarea de nunca acabar.
    A la hora de la muerte qué es lo que va a contar? únicamente lo que has amado, el hecho de haber ejercido el amor. Como has realizado (actos) lo que el corazón te iba diciendo.
    Todo lo demás tiene lugar en la cabeza. Necesario pero no esencial. Esencial es lo que está detrás de los necesario
    el "ama et quod vis fac" de San Agustin.
    Esto es mucho más descansado, humano y accesible

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