El blog de José Arregi

La Pascua del desarme

17.04.17 | 09:36. Archivado en Política, Euskadi

Amiga, amigo, hoy es Pascua, que significa paso. Celebramos que todo pasa pero nada se pierde, que todo se mueve y se renueva como la luna y la primavera, que ninguna muerte es definitiva y ninguna vida está condenada, que la bondad y la vida triunfan a pesar, mejor, a través de todos los daños y muertes. Mira el laurel en flor. Escucha el canto del zorzal. Siente el pulso de los pueblos pobres.

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Iglesia de Gipuzkoa y abusos sexuales*

20.02.17 | 16:27. Archivado en Euskadi

He dudado mucho en volver sobre esta cuestión tan incómoda y dolorosa para mí y para muchos, pero la importancia del asunto, la difusión de ciertos malentendidos y la solicitud de mi entorno más próximo me empujan a ello.

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Víctimas y presos

22.01.14 | 17:40. Archivado en Euskadi

Da miedo escribir sobre víctimas o presos, y más aun escribir sobre víctimas y presos, ambos a la vez. La verdad y la justicia exigen distinguirlos. La reparación y la reconciliación exigen atenderlos juntos, a cada uno de acuerdo a lo que necesita para curar su memoria y sus heridas. De modo bien distinto, forman parte de la misma historia, son sujetos del mismo drama: agentes unos y pacientes otros. Pacientes todos.

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Arantxa y Justo

10.01.14 | 11:55. Archivado en Euskadi, Vida

No es un cuento de amor. Es una historia de amor, más bella que los cuentos. Arantxa significa “espina” o espino”, y floreció como el espino blanco en la primavera: llena de inteligencia, resolución y ánimo alegre. A los dos años de edad, se le manifestó la enfermedad de Charcot MarieTooth tipo A4, que le fue atrofiando primero las piernas, luego las manos, los brazos, el sistema respiratorio, el sistema digestivo… A los 10 años la sentaron en una silla de ruedas de la que nunca se levantó.

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Monjas del pasado en Bergara

07.03.13 | 19:14. Archivado en Euskadi

“Busca la paz y corre tras ella”, reza el salmo bíblico. ¿Qué otra cosa busca y desea la vida en nosotros, sino la paz? Pero muy a menudo corremos en dirección errada. Y no es por maldad, ni por una decisión libre y cabal. Sucede más bien que aún no somos libres, que somos radicalmente incapaces todavía de secundar nuestro mejor deseo, de seguir el impulso de nuestro ser más profundo, que la confusión envuelve la luz de nuestro espíritu, apenas todavía emergente. Pero no desistamos. Si caes, que caerás, levántate y camina. Y di cada día, con otro bello salmo: “Alma mía, recobra tu calma”. Busca la paz y corre tras ella.

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Yo estuve en Bilbao

24.01.13 | 10:05. Archivado en Euskadi

Estuve en la manifestación del sábado día 12, bajo el lema Derechos humanos. Solución. Paz. Presos y presas vascos a Euskal Herria. Con todo mi respeto a quienes comparten el lema pero no la manifestación y a todos los que no comparten ni el lema ni la manifestación, quiero exponer con franqueza y sencillez por qué estuve en Bilbao.

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Otra música, la música

16.01.13 | 18:37. Archivado en Euskadi, Vida, Estética

El pasado día 8, acompañado de dos franciscanos, asistí en Bilbao a un concierto en homenaje a Félix Ibarrondo, amigo franciscano músico compositor (no sé en qué orden debo escribirlos), con ocasión de sus 70 cumpleaños. La soprano Donatienne Michel-Dansac y el grupo Krater Ensemble interpretaron tres obras del propio Ibarrondo, así como sendas composiciones de Georges Aperghis y de Beat Furrer, y una obra de estreno de Xabier E. Adrien.

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Antxon, el gran caminante

14.09.12 | 19:28. Archivado en Euskadi

A sus 40 años, había llegado a tanta plenitud, a tanta libertad y paz en el alma, había llegado a tanta vida, que ya no cabía en la estrechez de nuestras dimensiones, y tal vez no le quedaba más que irse. Y se fue. ¿A dónde se fue? A la Libertad, a la Paz, a la Vida.

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¡Silencio!

17.03.12 | 09:52. Archivado en Euskadi, Vida

Hace unos días, a la salida de clase en la Universidad de Deusto-Bilbao, me dirigía a mi despacho por un pasillo de aulas. En una de ellas, una profesora daba clase con megafonía. El aula debía de ser espaciosa y el grupo numeroso. En eso, la voz timbrada y fluida de la profesora se interrumpió un instante. Y gritó (sí, gritó): “¡Silencio!”. Me estremeció. Y me dio mucha tristeza, por la profesora, por sus alumnos… y por mí mismo: pronto me esperaban otras dos horas de clase con un grupo numeroso y difícil.

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José Miguel Barandiarán

08.12.11 | 11:16. Archivado en Iglesia, Euskadi

Sería raro que este nombre evocara algo a los lectores fuera de nuestro pequeño País Vasco. Pero ahí está el nombre, y él decía, en una de sus muchas sentencias lapidarias, que “todo lo que tiene nombre existe”. ¿Será verdad? ¿Existen, pues, Mari, la diosa suprema de los primitivos vascos, y su consorte Sugaar? ¿Existe Urtzi, el Júpiter vasco? ¿Existen las sirenas, ninfas o hadas llamadas aquí lamiak? ¿Existen los fornidos gigantes llamados jentilak o mairuak, constructores de numerosos dólmenes y cromlechs en nuestras pequeños montes? ¿Y todos los seres que pueblan los mitos de todos los pueblos?

Si son nombrados, es que existen de alguna manera, aunque fuera solamente en la imaginación de quien habla. Ningún nombre está vacío en la intención del que lo pronuncia. Primero es la realidad, luego el nombre. Primero es algo, y luego la conciencia, o la palabra que pretende decir algo sobre algo, aunque nunca llega a decirlo del todo.

¿Por qué dice, pues, el evangelio de Juan que “en el principio existía la palabra”? Juan no habla del principio del tiempo, sino del principio y fundamento del ser, que es a la vez realidad y palabra, existencia y relación, invocación y gracia: “DIOS”. La palabra primera es la palabra hecha carne desde siempre, palabra y a la vez: materia, matriz y carne del mundo. Pero nosotros nos sentimos escindidos entre la palabra y la carne, lo que decimos y lo que somos. Somos humildes nombres en busca del ser, humilde carne en busca de la palabra.

Perdóneme el lector este enredado arranque, si ha tenido el ánimo de seguirlo hasta aquí. Venía a propósito de una sentencia llamativa de un hombre discreto que nunca quiso llamar la atención y que sigue siendo desconocido de la gran mayoría: José Miguel de Barandiarán. Un hombre poco común, nacido en un humilde caserío de Ataun, que vivió ciento dos años (de 1889 a 1991) y aún sigue vivo entre nosotros al igual que su nombre. Con ocasión del vigésimo aniversario de su muerte, acaba de celebrarse un ciclo de conferencias en torno a su figura, y quiero sumarme a su memoria y homenaje.

Fue un hombre sabio y, como todos los sabios, humilde, muy humilde. Nunca olvidó lo que una tarde de otoño, ante un manzano con las ramas inclinadas por el peso, le dijo su madre (de ella le vendría el arte de las sentencias): “Cuanto más fruto, más bajo”. Ella murió dos meses después. Él era muy austero, pero feliz, porque, como le he oído estos días a Jesús Altuna –sabio y humilde también él, y el discípulo más aventajado de José Miguel Barandiarán–, “es feliz no el que tiene mucho, sino el que se conforma con lo que tiene, y él se conformaba del todo”.

Fue un investigador eminente de la cultura vasca antigua, paleolítica y neolítica. Recorrió a pie toda la geografía vasca, al norte y al sur de los Pirineos, excavando dólmenes y túmulos, explorando cuevas con maravillosos bisontes y caballos pintados, recogiendo mitos y dichos, indagando costumbres, examinando con rigor científico y veneración espiritual cráneos y huesos de gentes que vivieron en esta tierra hace miles de años.

Debió su primer hallazgo a la labor previa de un topo, incomparable excavador, aunque anónimo. Un día, caminando por la sierra de Aralar al paraje donde, según le había asegurado un casero de Ataun, se hallaban enterrados “los últimos paganos” vascos, se sentó a descansar sobre unas piedras y, mientras comía el bocadillo, con su bastón removió un montículo de tierra de una topera, y de pronto vio un molar humano, y fue como una revelación: adivinó que se encontraba sentado sobre un dolmen neolítico que guardaba vivos a sus muertos. Así era, y así empezó. Dice Jesús Altuna que su maestro y amigo Barandiarán “robó muchas cosas a la muerte”: no en vano, más del 90% de lo que sabemos acerca de los antiguos vascos –muertos, pero vivos– se lo debemos a él. ¿No consiste en eso la vida: en robar vida a la muerte del olvido, de la indiferencia, de la inmisericordia?

Esa fue su vocación. Amó la tierra, su tierra, la Madre Tierra de todos. Pasó su larga vida palpando con sus manos desnudas la tierra desnuda, rastreando en la tierra las huellas de la vida, caminando a pie en montes y bosques, pues –como dijo también– “hay que discurrir primero con los pies y después con la cabeza”. ¡Cuánto razón tenía el gran sabio que nunca dejó de ser un casero de Ataun! ¡Cómo lo hemos olvidado en nuestras ciudades, en nuestras universidades y también en nuestros templos! Cada fósil, cada piedra, cada puñado de tierra contiene entera la memoria de todos los seres vivos en este u otros planetas, y la ciencia primera debiera consistir en saber tocar y mirar con inmensa admiración, y que el pensamiento se inspire en los pies, las manos, los ojos, la tierra.

José Miguel de Barandiarán fue sacerdote católico, un sacerdote que hizo de la investigación científica vocación sagrada, como el agustino Gregor Mendel (precursor de la genética), el jesuita Angelo Secchi (fundador de la astrofísica), el sacerdote Georges Lamaître (inspirador de la teoría del Big Bang) o el jesuita Teilhard de Chardin (paleoantropólogo visionario de una nueva teología en clave evolutiva, hoy todavía pendiente), a quien llegó a saludar en París en 1936.

Sacerdote católico: eso es lo que él se sentía ante todo y por encima de todo. Y, sin embargo, de sacerdotes católicos (y de su propio obispo Zacarías Martínez) le llegaron sus mayores sinsabores. Por amar a su tierra y su cultura, o por investigarla, fue acusado de ser nacionalista, e incluso judeo-masón, él que nunca quiso saber nada de política, hasta el punto de no haber votado nunca a ningún partido, según dicen. El rector del Seminario de Vitoria tachó de “mamarrachadas” los anuarios etnográficos que iba componiendo y que llegaron a constituir una grandiosa obra reconocida por los grandes especialistas del mundo. Nunca se le permitió ubicar su museo etnográfico dentro del Seminario. Y en 1936, de noche y por mar, tuvo que huir al exilio, hasta el año 1953.

Digamos también que fue un sacerdote de teología preconciliar, incluso después del concilio. Conservó casi intactas las ideas teológicas que le enseñaron en el Seminario entre 1910 y 1915, época de cerrado antimodernismo católico. Nos hubiera gustado que también su teología hubiera evolucionado como evolucionan la vida y la ciencia. Pero es que a él no le importaba la teología, sino la vida misma, y la ciencia de la vida, la memoria viva de la tierra y de su pueblo.

Muy al final de su vida, una vez declaró: “Yo desearía que me recordaran como una persona que ha amado. El amor entre las personas es lo más importante”. El amor que es Dios y en el que es el prójimo. El amor primero en el que somos. Pues primero, antes de hablar, hemos sido creados y amados. De boca de un casero oyó una vez Don José Miguel una frase que tantas veces repetía luego y que no tiene fácil traducción: “Ez gara geure baitan”. Algo así como “no somos creadores y dueños de nosotros mismos”. Eso es.

José Arregi

Para orar

Enséñame cómo ir a este país
que está más allá de las palabras y más allá de los nombres.
Enséñame a orar a este lado de la frontera, aquí, donde están estos bosques.
Necesito que me guíes.
Necesito que conmuevas mi corazón.
Necesito que mi alma se purifique por medio de tu oración.
Necesito que fortalezcas mi voluntad.
Necesito que salves y cambies el mundo.
Te necesito para todos los que sufren,
para los encarcelados, para los que están en peligro y en el dolor.
Te necesito para toda la gente enloquecida.
Necesito que tus manos sanadoras actúen constantemente en mi vida.
Necesito que hagas de mí, como hiciste de tu Hijo, un sanador, un consolador, un salvador.
Necesito que des nombre a los muertos.
Necesito que ayudes a los moribundos a cruzar cada cual su río.
Te necesito, tanto vivo como muerto. Amen. (Thomas Merton)

Enséñame cómo ir a este país que está más allá de las palabras y más allá de los nombres.
Enséñane a orar a este lado de la frontera, aquí, donde están estos bosques.
Necesito que me guíes.
Necesito que conmuevas mi corazón.
Necesito que mi alma se purifique por medio de tu oración.
Necesito que fortalezcas mi voluntad.
Necesito que salves y cambies el mundo.
Te necesito para todos los que sufren, para los encarcelados, para los que están en peligro y en el dolor.
Te necesito para toda la gente enloquecida.
Necesito que tus manos sanadoras actúen constantemente en mi vida.
Necesito que hagas de mí, como hiciste de tu Hijo, un sanador, un consolador, un salvador.
Necesito que des nombre a los muertos.
Necesito que ayudes a los moribundos a cruzar cada cual su río.
Te necesito, tanto vivo como muerto. Amen.

(Thomas Merton)


A Arantzazu por la paz

24.11.11 | 10:37. Archivado en Euskadi, Espiritualidad

Eutsi berrituz, un grupo de cristianas y cristianos de Gipuzkoa, convoca un encuentro por la paz en Arantzazu para el próximo sábado 26 de Noviembre. Eutsi berrituz es un buen nombre y lema: “Perseverar renovando”, o “Resistir reformando”. Perseverar y resistir renovando ¿qué? Esta sociedad resignada, este mundo atemorizado, esta Iglesia paralizada en el pasado. Y esta paz insegura que volvemos a soñar. Les felicito por la iniciativa y os animo a sumaros el día 26, por el sitio que es –Arantzazu, lugar de espinas, lugar de perdón, lugar de paz– y por la causa que les lleva –la paz de la memoria, la paz de la justicia, la paz de la bondad–.

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Un día para la paz

27.10.11 | 09:21. Archivado en Euskadi

Hoy ha amanecido como todos los días, un milagro cada vez. ¡Oh mañana, yo te saludo! Sobre el horizonte del Andutz, el cielo ha pasado del oscuro al rosado, al violeta, al azul, un azul muy suave y limpio. En la pradera soleada que baja hasta la estación de Arroa pastan las vacas plácidamente. Las niñas y los niños juegan en el patio de la guardería, como si toda la vida no fuera más que eso, y tal vez no lo es, aunque esa visión aún se nos escapa a los mayores y pronto la perderán también ellos, los niños. El petirrojo que canta en los matorrales del riachuelo Narrondo, justo aquí debajo, no dejará, sin embargo, de cantar mientras queden petirrojos. Y la hoja del chopo seguirá temblando hasta que un día se desprenda y caiga suavemente, buscando la tierra de la que brotó. ¡Oh Dios, oh Misterio de paz en tanta belleza, oh Belleza de la Paz que anhelamos!

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Sábado, 24 de junio

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