El blog de José Arregi

Envejecer

15.05.17 | 10:08. Archivado en Vida

Nadie quiere morir joven, pero nadie quiere envejecer. No parece que el dilema vaya a tener una fácil solución, a no ser que todas las ciencias y el principal de todos los saberes, que es la sabiduría espiritual o el saber vivir a fondo, se den la mano para enseñarnos el arte de vivir, el arte de envejecer y el arte de morir. Vivir, envejecer y morir humanamente. ¿De qué nos servirán nuestros teneres, poderes y saberes, si no sabemos vivir? ¿Y de qué nos valdrán los beneficios de la juventud si no aprendemos a envejecer y no aceptamos morir?

Pero ¿acaso no sería preferible no tener que envejecer ni morir? ¿Y si fuera posible evitar lo uno y lo otro? La pregunta no es superflua. Hace unos días, a un científico francés experto en el asunto le escuché que ya han nacido quienes van a vivir 200 años. Ya al ritmo actual, antes del 2050, el porcentaje de los habitantes del planeta mayores de 60 años se duplicará. Y es de suponer que las nuevas tecnologías, aún apenas ensayadas o todavía ni siquiera imaginadas, podrán ir retrasando indefinidamente la temida muerte (¿por qué tan temida “nuestra hermana la muerte corporal”, que decía Francisco de Asís y a la que dio la bienvenida a los 44 años?).

No es absurdo pensar que algún día, no demasiado lejano, nuestra especie Sapiens llegará a una cierta a-mortalidad. Me asusto de solo pensarlo. Me asusto porque solo algunos se podrán beneficiar de esa a-mortalidad –los más ricos, como siempre, a costa de los empobrecidos–, y también porque temo que la a-mortalidad traiga consigo más males que bienes para quienes la posean. Hoy por hoy, prefiero morir a prolongar esta vida indefinidamente. Y prefiero envejecer antes de que la hermana muerte funda del todo mi aliento vital con el Aliento Vital. Y quiero elegir ese momento con la mayor libertad y, cuando llegue, ser dueño de mi aliento para darlo por fin enteramente. Para eso quiero envejecer.

¿Pero qué es envejecer? Desde un punto de vista biológico, envejecer significa acumulación de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo. Los órganos se cansan, las piernas se vuelven más torpes, la memoria más floja, la mente más débil. No es esa vejez la que quiero, aunque hoy parece inevitable. Espero que algún día podremos evitar todos esos deterioros, y así lo deseo, siempre y cuando –salvedad crucial– no sea a costa de la igualdad de todos los humanos y de la armonía de todos los vivientes.

No bastará vivir muchos años si no vivimos humanamente. No bastará con evitar la vejez en cuanto deterioro biológico, si no alcanzamos la sabiduría espiritual, la sabiduría de la vida profunda. No bastará con mantenernos jóvenes de cuerpo, si no llegamos a ser sabios de espíritu.

Pues bien, muchas tradiciones han asimilado la vejez en cuanto ancianidad (acompañada de muchas pérdidas) con esa sabiduría de la vida. Quiero reivindicar esa acepción del término vejez, contra el frívolo y unilateral enaltecimiento de la juventud, la glorificación de la salud y de la forma física, la exaltación de las facultades corporales y mentales, la boga del reishi, la búsqueda del elixir de la eterna juventud en farmacias, parafarmacias, herbolarios, droguerías, grandes superficies, páginas web y tiendas online. No solo de juventud vive el ser humano, sino de sabiduría. Cierto que la sabiduría no depende del número de años, pero es más fácil encontrarla en los viejos que en los jóvenes, con perdón de los jóvenes y sin contarme entre los sabios.

La condición de la sabiduría es saber envejecer. Es decir: saber que hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para intentar y un tiempo para desistir, un tiempo para hablar y un tiempo para callar, un tiempo para crecer y un tiempo para decrecer, un tiempo para liderar y un tiempo para dejarse llevar.
Envejecer es descubrir que todo ha valido la pena a pesar de todo, y que aceptarlo todo aceptándose del todo es la única forma de transformarlo todo. Envejecer es reconocer que la bondad es lo único que ha valido y que valdrá la pena. Y llegar por fin a la paz consigo y con todo.

Envejecer es darnos del todo, hasta morir, hasta nacer, hasta ser nuestro ser verdadero en la Plenitud de lo que ES.

José Arregi


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Comentarios
  • Comentario por Ramón Hernández Martín 27.05.17 | 12:57

    Precioso poema el que compartes, Oliva. La muerte tiene mucho que ver con la vejez, como una vecina impertinente que acompaña y ya no abandona. Tras ella nos llega una forma de vida frente a la que no cabe más que una esperanza radical: todo es esperanza y solo esperanza. Puede que haya "otras voces, otros aires, otros cauces", pero puede también que perduren los recuerdos, que no se produzcan dolorosos despojos y que la vida, tan hermosa de suyo, continúe igual, aunque lo haga de otra manera. Oliva, nuestras generaciones han sido diferentes en muchas cosas que tienen que ver con el nivel y la forma de vida, pero no en esta cuestión tan trascendental: la forma de vida que nos espera, sea como sea, será ya plenamente en Dios, en plenitud de contenidos, en realización de sueños y en el éxito total (razón de ser) de nuestra vida actual. Desde luego, lo que llamamos cuerpo y alma forma una unidad indisoluble en cualquier perspectiva en que enfoquemos al hombre.

  • Comentario por Oliva 26.05.17 | 20:11

    El poema se titula "Quiero entrar a la muerte". Es obra de Claribel Alegría, poeta y escritora nicaragüense que ha sido recientemente galardonada con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Dice así:

    Quiero entrar a la muerte con los ojos abiertos
    abiertos los oídos
    sin máscaras
    sin miedo
    sabiendo y no sabiendo
    enfrentarme serena
    a otras voces
    a otros aires
    a otros cauces
    olvidar mis recuerdos
    desprenderme
    nacer de nuevo
    intacta.

    Un abrazo a todos y a todas.

  • Comentario por Oliva 26.05.17 | 19:45

    *Errata: trasluzcan
    Eso solo es posible si nos alejamos de la visión dualista que critican Isabel y Baldo. No obstante, se debe ser precavido y precavida. El sujeto postmoderno y neoliberal es un sujeto "psi", volcado hacia la interioridad: el mindfulness, el auge del yoga, el autodesarrollo... son técnicas de sí contemporáneas que refuerzan el individualismo. No se puede -o no se debería- alentar una mística en nuestro tiempo que no fuese una mística de ojos abiertos, como han señalado ya algunos autores y autoras. Debemos buscar caminos para una mística de la compasión y de la misericordia. Una mística construida en la relación con el otro.

    Voy a buscar un precioso poema que viene perfectamente a propósito del tema que venimos tratando y os la comparto.

    Un abrazo, familia. Nos vemos a las 22:00.

  • Comentario por Oliva 26.05.17 | 19:31

    Estoy de acuerdo contigo, Isabel. Lo que hemos perdido es la visión teleológica de la historia a nivel macro y micro. El progreso que en tu generación y en la de Ramón alimentaba el horizonte vital es para las nuevas generaciones una falacia. Ahora, el horizonte más vivo para muchos hombres y mujeres jóvenes es alcanzar el fin de mes. Hay una frase actual y conocida que dice al respecto: "me sobra mucho mes al final del sueldo".
    Igualmente estoy de acuerdo con Isabel y Baldo cuando ponen en tela de juicio la concepción dualista del ser humano de tradición socrática y platónica. Por eso decía que necesitamos menos profetas y más místicos anclados al mundo. Si hay algo que sobreabunda en nuestra sociedad es la palabra, especialmente la de naturaleza escrita que se ha democratizado con fuerza. No estamos tan falto de voces o palabras que anuncien y denuncien, como de hombres y mujeres inmersos en el misterio o en la presencia y que lo transluzcan. Lenguaje mudo y cuerpos diáfanos.

  • Comentario por Isabel G 21.05.17 | 02:56

    Y deseo señalar, finalmente, que detrás del temor al envejecimiento, se esconde una concepción lineal y absoluta del tiempo, tal como lo imaginara Kant. El tiempo como condición de posibilidad de los fenómenos
    No todas las culturas sostienen ese enfoque. Hay muchas que adhieren a un modelo temporal circular, centrado en el presente y anclado en la unidad irreductible de cuerpo, mente y alma.Cuando las cosas se entienden de esta manera, el temor al envejecimiento se diluye.El hombre está ocupado en vivir tranquilamente el aquí y ahora. Sobre el pasado, no hay posibilidades de modificación y el futuro aún no ha llegado. Eso es lo que enseño Jesús cuando dijo que no había que preocuparse por la vida o por la obtención de los recursos materiales

  • Comentario por Isabel G 21.05.17 | 02:46

    Y el abandono de la praxis política(tan cara al siglo XVIII) y su sustitución por el consumo (a los que alude Oliva)(, es otro giro de tuerca en el ámbito de los valores y se corresponde con los tiempos posmodernos del capitalismo de acumulación flexible, muy bien estudiados por García Canclini.
    Comparto plenamente la explicación de Ramón sobre los valores que se desarrollaron en la posguerra. Como persona de esa generación creo que en nuestro imaginario subyacía la fe en el progreso y la creencia de la posibilidad de llegar a una vejez feliz con trabajo y esfuerzo.Algo que muchas personas de nuestros días no pueden experimentar y ni siquiera imaginar, como bien lo apunta Oliva

  • Comentario por Isabel G 21.05.17 | 02:38

    Estoy totalmente de acuerdo con Baldo cuando señala la artificial escisión entre alma y cuerpo del modelo socrático-platónico:Y me uno a su reclamo de acentuación del ser humano como una totalidad indivisible entre los dos aspectos señalados anteriormente. Pero creo que esos valores del mundo griego, que pasaron a nuestra cultura y fueron incorporados como una verdad absoluta en Occidente,correspondían a una élite dominante. Ese grupo de privilegiados se dio el lujo de apartarse de las necesidades cotidianas y de construir un modelo abstracto. Este modelo sostenía la preeminencia de la razón o logos y el desprecio del cuerpo, asiento de la materialidad. El ideario de Igualdad, Libertad y Fraternidad que señala Oliva corresponden a los valores dominantes de la burguesía, que irrumpió con la Revolución Francesa y se consolidó durante los siglos XIX y Xx

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 19.05.17 | 11:29

    ... La nuestra fue una gran suerte, la de ir siempre a más, la de mejorar un poco cada día, aunque fuera a base de pluriempleos e infinitas horas de trabajo, incluida una fuerte emigración: la bicicleta, el seiscientos, la cocina de gas, la televisión, la lavadora, el pisito de baja calidad, un coche mejor, la casita en el pueblo o en la playa, la televisión en color, y luego la irrupción tremenda de las redes de comunicación. Hoy, el proceso parece inverso, sabiendo además que para atrás se va muy mal. Pasar de uno a diez es gozoso, pero hacerlo de cien a noventa es doloroso. Hay sin embargo una esperanza sólida: somos capaces de analizar crudamente nuestro deterioro presente y muchos clamamos por algo mejor. Algo nuevo se está gestando. Tal vez sea la sociedad de la fraternidad cristiana o que cada valor-contravalor encaje justo en el lugar que le corresponde. Envejecer, de todas formas, es un don, una gracia de la vida, aunque a veces resulte triste.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 19.05.17 | 11:07

    Sería muy osado por mi parte glosar siquiera la densa, bella, conmovedora y atinada disertación de Oliva en un tema tan importante como es el devenir de un tiempo cuya vorágine nos lleva rápido de la infancia a la vejez. Es la suya una denuncia muy seria de la perentoriedad y transitoriedad de la forma de vida presente, tan magistralmente utilizada por Baldo para entender nuestro envejecer actual, dominado por valores biopsíquicos y económicos. Desde luego vivimos tiempos convulsos, tiempos de gestación laboriosa envueltos en no poco confusionismo. Oliva apunta la iluminaria final en el modelo de vida de Jesús, las bienaventuranzas y la fraternidad universal como herramientas para compartir y saber que vivimos juntos, envejecemos juntos y nos salvamos juntos. Mi generación de la inmediata posguerra creció pobre como las ratas pero tuvo los vientos del progreso de cara; las generaciones a que apunta Oliva nacieron ricas, pero en un proceso imparable de depauperación...

  • Comentario por Oliva 19.05.17 | 00:17

    El segundo tiempo es indefinido y sostenido por una esperanza activa. Me parece recordar que en algún momento Arregi ha disertado acerca de la esperanza. No se trata de una espera de brazos cruzados, sino de una espera confiada y en acción, orientada hacia un horizonte deseable. La pérdida contemporánea de solidez de los valores otorga inconsistencia al horizonte, pero las cristianas y los cristianos disponemos de un modelo en la vida de Jesús y más concretamente en el programa de las bienaventuranzas. Es en ese campo donde actualmente nos jugamos nuestro discipulado: en el ethos antes que en la ritualidad. No estamos faltos de profetas, sino necesitados de místicos y de místicas. Una mística despojada de una afectividad que aísle y disgregue, porque de la intimidad afectiva y de los conceptos de crecimiento personal y autodesarrollo se alimenta la privacidad inflada y el individualismo postmodernos. Místicas y místicos insertos en el mundo, pero con la mirada puesta en lo profundo.

  • Comentario por Oliva 19.05.17 | 00:16

    ¿Qué queda del arte del buen vivir y del envejecer?, ¿qué es hacer propia la sabiduría? Tal vez la respuesta pase por vivir a dos tiempos: uno inmediato y otro indefinido. El tiempo inmediato conlleva una reformulación de la fraternidad. Si se ha perdido, es irrecuperable. Sin embargo, sus términos se pueden repensar de nuevo. Hay que apostar por una fraternidad que implique un ser con el otro y desde el otro. El destino del semejante me conmueve, me interpela y me impele a actuar porque su suerte es también mi suerte. No es una cuestión de afectos, sino de igualdad y dignidad. Supone, además, ejercer la libertad a través de la resistencia a los condicionantes socioculturales. Si se impone la celeridad, dilatar el tiempo de nuestras actividades; si la productividad aprieta, disponer de una parte del tiempo para tareas que no reporten beneficios propios, etc. No es fácil, pero al final, como sostiene Arregi, veremos que todo ha valido la pena.

  • Comentario por Oliva 19.05.17 | 00:15

    Es la falsa promesa de que las nuevas tecnologías facilitarían la labor en el empleo, cuando su versatilidad ha incrementado las cargas de trabajo de hombres y mujeres y ha provocado la percepción acelerada y frágil del tiempo. Son desempleados y desempleadas de larga duración a quienes bajo la fórmula del autoempleo, el emprendimiento y la motivación se les culpabiliza de su estancada situación, porque las responsabilidades ya no son de las diezmadas estructuras sociales, económicas y políticas o de la desestabilización del estado del bienestar, sino de la falta de autogestión de los individuos. Son hombres y mujeres migrantes y son familias desarraigadas. Son desahuciados y desahuciadas por el impago de la hipoteca a quienes se les reprocha no haber sabido jugar sus cartas. Es, en definitiva, una generación culpable y culpabilizada como consecuencia de un individualismo encumbrado que pretende depurar responsabilidades apelando al logro de sujetos autónomos.

  • Comentario por Oliva 19.05.17 | 00:14

    y ocasionalmente acusado de egoísmo. Se trata de mujeres que desestiman la ocupación laboral para asentar una familia, porque la brecha salarial es más ancha de su lado que del lado de sus compañeros varones. No obstante, son también mujeres que optan de manera exclusiva por un camino o por el otro; y ni una ni la otra hallan aceptación social. Se trata de homosexuales, bisexuales y transgéneros, e igualmente de familias homoparentales y heteroparentales que han recurrido a técnicas de reproducción asistida. Ellas y ellos experimentan el rechazo sistemático de aquellos y de aquellas en quienes la fluidez y la inconsistencia de las verdades heredadas han destapado el miedo a la diferencia, aferrándose como náufragos a dogmas y actitudes a la deriva muy poco evangélicos. Son hombres y mujeres encadenados al reciclaje permanente, porque ahora el conocimiento es transitorio y caduco. Y es, también, la ironía doliente de llamar a ese proceso “aprendizaje a lo largo de la vida”.

  • Comentario por Oliva 19.05.17 | 00:11

    y la libertad exacerbada ha divinizado a los individuos y quebrado los lazos comunitarios. La segunda característica es la que se refiere a los conceptos de modernidad o sociedad líquida, de Z. Bauman. Para el individuo contemporáneo nada hay estable; todo es provisorio, fluido y cambiante, lo que incrementa la incertidumbre, la angustia, la inestabilidad y acentúa el individualismo. Los sujetos son radicalmente nómadas: cambian de puesto de trabajo, de pareja, de hogar, de amigos y de amigas, de género y cambian también de principios y valores pues ya no hay grandes metarrelatos que explique el mundo. Este panorama es especialmente sensible en la generación nacida entre 1975 y 1984; es decir, entre aquellas personas que se aproximan a la medianía de edad. Se trata de un volumen de hombres y mujeres azuzado por la precariedad laboral. Un grueso de hombres y mujeres arrastrado hacia la renuncia de la maternidad o a de la paternidad ante la inestabilidad profesional

  • Comentario por Oliva 19.05.17 | 00:10

    El sexismo del lenguaje impide que se pueda hablar en igualdad de condiciones de “la caída de la mujer pública”. Si bien el hombre público es aquel varón centrado en las labores sociales reconocidas, la mujer pública, por el contrario, alude directamente a la prostituta. Algunos autores y algunas autoras se refieren a este proceso como la degradación del espacio público en detrimento del auge de lo privado; otros y otras, sin embargo, prefieren apuntar a una transformación o reestructuración de lo público. Un ejemplo es la ciudad, convertida en lugar de tránsito: los espacios comunes y compartidos han ido progresivamente cerrándose y haciéndose objeto de transacciones comerciales. El consumidor, dice González Faus, ha suplantado al ciudadano. También González Faus sostiene que la consigna revolucionaria “libertad, igualdad y fraternidad” ha terminado por convertirse en una libertad contra la igualdad y contra la fraternidad

  • Comentario por Oliva 19.05.17 | 00:09

    Arregi ha planteado una perspectiva similar al dejar a un lado el enfoque biológico para abrir una línea de reflexión social. Por mi parte, quisiera apartar la vejez y centrar la atención en el envejecimiento. En lo que concierne al proceso de envejecer, Arregi lo relaciona con la sabiduría: “la condición de la sabiduría –dice- es saber envejecer”. Sin embargo, al adoptar un enfoque cultural y no biológico –el envejecimiento como deterioro celular y molecular- se hace necesario comprender el significado de “envejecer” o, como señala Ramón, el sentido de “vivir bien y envejecer bien” dentro de nuestras condiciones sociohistóricas. De esa forma, se delimitan también los márgenes dentro de los que se mueve la sabiduría como “arte de saber vivir y envejecer”. De todas las características utilizadas para definir la coyuntura histórica actual subrayo dos. La primera aparece en el clásico de R. Sennet: el declive del hombre público.

  • Comentario por Oliva 19.05.17 | 00:06

    ¡Baldo, Isabel, Ramón, qué alegría teneros por aquí! Voy con mi comentario. Es largo y os pido disculpas, pero no logré reducirlo.

    En “La vejez” (1970) S. de Beauvoir se había distanciado del análisis biológico para centrarse en la reflexión sobre la vejez como constructo simbólico, examinando las producciones culturales generadas históricamente en torno a la idea de vejez. Isabel señala algunas claves: “en el mundo oriental y en los pueblos originarios de América, Asia y África […] los ancianos son considerados los depositarios del saber”. Baldo, apoyándose en E. Chávarri, sostiene que nuestra vejez está mediada por los valores biopsíquicos y económicos predominantes. Del mismo modo que hacen Isabel y Baldo, el libro se Beauvoir se formulaba como respuesta a la cuestión: ¿qué es la vejez en nuestra sociedad contemporánea?; o también, ¿por qué razón es denostada?

  • Comentario por BALDO 18.05.17 | 20:13

    2. Entre los valores humanos, unos están en la cúspide y ejercen una influencia tal sobre los demás, que llegan a transformarlos, a conseguir que pierdan su originaria entidad y, finalmente a que adquieran el modo de ser de los que están en la cúspide de la jerarquía. Por ejemplo, la vejez tendrá una entidad o modo de ser diferente si los valores o contravalores de la cúspide son los religiosos, que si son los económicos, los sociales o los estéticos. Esto no suele tenerse en cuenta al afrontar el problema de la vejez hoy (y tampoco con el resto de las experiencias). En el pasado, fueron los valores religiosos los que estaban situados en la cúspide. Hoy han sido desplazados por los valores económicos y biopsíquicos. El enfoque y tratamiento de la vejez es hoy económico y biopsíquico. Es lo primero que ha de tenerse en cuenta al afrontar este tema, para no andar dando tumbos desorientados. Y desde este hecho, hay que elaborar el discurso sobre la vejez. (ESCRITO EN TRENTO, ITALIA)

  • Comentario por BALDO 18.05.17 | 20:05

    1. Rechazó la concepción del ser humano de la doctrina socrático-platónica. Para los socrático-platonicos, el ser humano está constituido por dos partes jerarquizadas e irreductibles entre sí: alma y cuerpo. Hoy son cada vez más los que piensan que la persona es una unidad psicosomática. En esa unidad no hay componentes o ámbitos disgregados, sino en interconexión y mutua dependencia. Todas las acciones del ser humano, tanto las más sublimes como las más abyectas, son siempre, y a la vez, corporales y anímicas (espirituales). En un estado de arrobamiento teologal, por ejemplo, se produce un altísimo consumo de energía corporal. No hay, pues, valores espirituales y otros que no lo son. Propongo que se suprima de una vez este error, tan extendido. En tal unidad relacional se produce una modificación mutua: en el ser humano, lo corporal está espiritualizado, y el espíritu se da corporeizado.

  • Comentario por Isabel G 18.05.17 | 01:28

    Tenemos que aprender mucho de esas sociedades

  • Comentario por Isabel G 18.05.17 | 01:27

    Las desvalorización de las personas mayores es una característica de las sociedades capitalistas modernas, especialmente aquellas que han logrado un alto nivel de desarrollo tecnológico.Esto se relaciona con el carácter efímero, transitorio y provisional de las cosas, lo cual es aplicable perfectamente a las personas.Desde esta cosmovisión mercantilista de la vida y el mundo, todo debe cambiar rápidamente. Por eso, se hace una apología de la juventud y se intenta que perdure eternamente. Pero en el mundo oriental y en los pueblos originarios de América, Asia y África, el panorama es diferente. Los ancianos son considerados los depositarios del saber cultural. Se los valora y respeta .Se los cuida cuando están enfermos y se enseña a sus nietos a amarlos y escucharlos

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 15.05.17 | 20:04

    Subrayo en primer lugar que el tiempo es sumamente relativo, sobre todo con relación a la percepción psicológica que se tiene del mismo: hay días que parecen largos como un año y años que pasan volando como un día. Quiero decir con ello que nada cambia en absoluto el planteamiento del autor, el de utilizar el tiempo para alcanzar la plenitud de nuestro ser, si la media de edad de los seres humanos pasara, pongamos por caso, de 80 a 160 años. Subrayemos, en segundo lugar, que la vejez o ancianidad es de suyo una suerte, una bendición, una gracia, pues son millones los seres humanos que, por unas causas u otras, se quedan en el camino, incluso a edades muy tempranas. Finalmente, pongo de relieve que el declive o deterioro general inevitable debe ser inversamente proporcional al incremento de la "sabiduría" adquirida, aunque no sea más que por la experiencia de la vida, pues la vida es siempre e indefectiblemente "maestra". Digamos que quien vive y envejece bien, muere bien.

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