El blog de José Arregi

Si no lo veo, no lo creo

03.05.17 | 11:45. Archivado en Espiritualidad, Jesucristo

Cuenta el Evangelio de Juan que, tres días después de haber sido crucificado, Jesús se apareció vivo a sus discípulas y discípulos, y les saludó diciendo: “¡Paz a vosotros!”. Ellos se llenaron de alegría. No era para menos, pues significaba que la bondad profética era más fuerte que el imperio y el Sanedrín, y que el sueño de Jesús tenía razón.

Pero en aquella ocasión faltaba Tomás, que llegó luego. Sus compañeros le dijeron: “¡Hemos visto a Jesús vivo!”. Él pensó que se engañaban o que lo engañaban, y les dijo: “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi mano en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré”. Así se convirtió en imagen de quien se niega a creer algo inverosímil sin pruebas suficientes, y hoy todavía decimos: “Yo como Tomás: si no lo veo, no lo creo”.

¿Será por ello el apóstol Tomás imagen de la persona cientificista o positivista, para quien no es real más que lo empíricamente comprobado o comprobable? ¿Será Tomás prototipo de quien cierra los ojos a lo Invisible tan manifiesto en todo lo visible, de quien se resiste al Misterio más grande, por pusilanimidad, ofuscación o autosuficiencia? No, Tomás es más bien modelo de fe, una fe que cuestiona, relativiza y trasciende todas las creencias, sean éstas religiosas o no. No se puede ser creyente sin ser “incrédulo” de las creencias, sin liberarse de ellas. La fe no consiste en profesar creencias –que “Dios existe”, que un muerto se aparece o que el horóscopo determina el destino–. La fe de la que habla el Evangelio de Jesús es esa cualidad humana profunda –religiosa o no, con creencias o sin ellas, poco importa– que se compadece activamente de la vida que sufre y que confía creadoramente en la Vida que resucita.

Hizo bien Tomas en no creer en la aparición de Jesús resucitado hasta que no lo vio con sus propios ojos, de acuerdo al relato del evangelio de Juan. Y haríamos bien en no entender este relato evangélico y todos los demás en un sentido literal, en no pensar que Tomás vio físicamente después de su muerte. El escepticismo de Tomás es hoy, más todavía que entonces, exigencia de una fe madura, que no consiste en creer lo que no vemos o algo de lo que no estamos convencidos por argumentos racionales.

Es verdad que creemos muchas cosas sin haberlas visto: creemos que somos hijos de nuestra madre, aunque no lo hemos comprobado, pero si algún día nos asaltara la duda, ahí está la prueba del ADN que nos sacará de toda duda. Creo que Saturno es un planeta gaseoso o que en el interior del átomo es muchísimo más grande el vacío que la masa, aunque no lo he visto por mí mismo, pero quienes lo enseñan lo han demostrado científicamente, y yo mismo podría comprobarlo si me pusiera a ello. Hay mucha gente que cree cosas mucho más difíciles sin que nadie lo haya visto ni comprobado. Me pasma constatar, por ejemplo, que más de la mitad de nuestra sociedad cree que en la homeopatía hay algo más que efecto placebo, aunque en 150 años de investigaciones científicas nadie haya encontrado todavía más que agua con un poco de glucosa y otro poco de lactosa.

La fe cristiana de muchos –en la concepción virginal de Jesús, el sepulcro milagrosamente vacío o la transubstanciación eucarística…– funciona como la creencia en el horóscopo o en la homeopatía. Tomás nos dice: “No creáis nada porque os lo hayan contado, porque sea dogma, porque os lo diga un papa supuestamente infalible. Sentíos libres para no creer nada que os resulte increíble, y sed respetuosos con la gente que cree, sin dejar de cuestionarla y dejándoos cuestionar siempre”.

Ocho días después, dice el relato, Jesús se les apareció de nuevo y dijo a Tomás: “Mira mis manos heridas, mete tu dedo en mi costado herido”. Tomás se rindió al Crucificado herido y Viviente. Y Jesús le dijo: “Dichosos los que creen sin haber visto”. Tomás es el primer dichoso. Pero no se trató de apariciones y creencias. Con los ojos y la compasión de las entrañas, recordó y miró a fondo la historia compasiva de Jesús y sus llagas, las llagas de todos los seres vivientes. Vio porque a pesar de todo y confió porque vio el fondo en la forma. Vio la Vida en el fondo de la muerte, y se convirtió en Testigo y en Viviente.


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Comentarios
  • Comentario por Jolu 14.05.17 | 21:45

    ¡Alegría!
    En otro blog pedí que no nos fuéramos ninguno. Bueno es encontraros a todas y todos aquí con José Arregi, al que sigo en su blog y en Fe Adulta.
    Dejadme seguir aprendiendo.
    Hasta las 22:00
    Saludos

  • Comentario por Isabel G 14.05.17 | 02:29

    Y evitar las distracciones que provienen de los vericuetos de la mente y de las demandas egoístas del ego.Por eso, para mí es distinto "Creer en Jesús"que "Creer con Jesús"como preguntó un comentarista.Aspiro a lo segundo, pues es la garantía de que mi ser profundo se irá expandiendo poco a poco para permitirle a Dios que realice su obra benéfica desde la parte más genuina de mi persona

  • Comentario por Isabel G 14.05.17 | 02:25

    Después del pedido de Oliva y al leer los comentarios de amigos como ella, Ramón, Baldo y Jolu, me he decidido a escribir.Creo que la fe debe continuamente ser cuestionada por cada uno de nosotros. Y no sólo la fe sino el corpus de creencias en las que se basa el cristianismo. En lo personal y por el hecho de no ser teóloga he emprendido la tarea de realizar una lectura completa de muchos autores como Joés Arregi, Castillo, Pikaza,,Álvarez Valdés, Piñero y otros. Pero también he decidido profundizar mi forma de orar He descubierto la oración contemplativa y la practico junto a un grupo de amigos desde hace 9 años.He comprendido que creer en Jesús puede ser una mera racionalidad y que es necesario incorporar a nuestro Salvador en todo nuestro ser

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 14.05.17 | 01:51

    El autor habla de "la exigencia de una fe madura", cosa que Oliva cifra en "una actitud creadora desde el ejercicio libre y crítico de la razón" mientras Baldo describe el alcance de la receptividad de la fe en la vida del creyente. En última instancia, se trata de alcanzar "madurez humana", la plenitud de la condición humana del hombre. Me parece que no cabe hablar de un mundo sobrenatural sobrepuesto al natural sino de un solo mundo en evolución permanente hacia su plenitud. Entiéndase por "mundo" no el sideral sino el universo humano. La gran cuestión es cómo mejorar la forma de vida colectiva que nos hemos dado los hombres. La fraternidad que nos viene de Jesús es una autovía o una vía de alta velocidad que atraviesa todos los territorios de nuestra dimensión humana. Una mayor fraternidad entre los hombres mejoría la economía mundial, la salud de los pueblos, la educación, el medio ambiente y hasta el sentido del humor, y nos haría "tocar" el cielo

  • Comentario por Oliva 14.05.17 | 01:25

    ¡Baldo, qué alegría! ¡Dichosos los ojos que te leen!, ¡tú por aquí!

    Me alegra que esta entrada se llene de buenos teólogos, grandes cristianos y mejores personas.

    A ver si Isabel se pasa también por aquí. Sería estupendo contar con ella.

    Un abrazo a todas y a todos y nos vemos a las 22.00

    Mañana leo tus comentarios, Baldo.

  • Comentario por BALDO 13.05.17 | 21:33

    Y 3 . La receptividad o fe es más que conocimientos.
    En muchos casos se tiende a reducir la receptividad ante el impacto o seducción de los Dioses al aprendizaje de ciertas verdades o doctrinas. Pero uno es receptivo a los dioses o Dioses y los asimila con toda su vida, no solo con una parte de ella, como es la razón. De ahí que la receptividad, la fe, debe extenderse a la vida entera: a la razón y la voluntad, a los afectos y a los sentimientos, a la relación con las personas y con el resto de los seres, a la actuación, a la manera de afrontar el fracaso, el éxito y la propia muerte. ¿Qué diríamos de un cristiano, por ejemplo, que tuviera un gran conocimiento del Evangelio, de los dogmas de su iglesia, pero que el resto de su vida se desarrollará al margen o en contra del modelo de vida completa de Jesús de Nazaret? Que su receptividad, que su fe, estaba muy limitada e imcompleta.

    Un abrazo desde Ferrara (Italia)

  • Comentario por BALDO 13.05.17 | 21:16

    2. La fe no es más que un caso de la receptividad del ser humano ante el ser como valioso o valor.
    Hay quien abre o cierra su receptividad a las formas geométricas, a la belleza de la noche, al gusto por la juerga o por las lentejas, al amor de mujer o de hombre coma a la música clásica o al fútbol. Pues otro tanto sucede ante la manifestación de los Dioses: existen muchas personas que voluntariamente deciden abrir su receptividad al impacto de dichos Dioses. Eso es, para mí, la fe teologal o religiosa. Y la receptividad a los valores no es, casi nunca, el resultado de una comprobación previa sino de un "fiarse de" (fe). Comerse una lata de mejillones, por ejemplo, supone que uno se fía de cientos de personas que han intervenido en su producción, fabricación y venta. El fiarse de la gente es la actitud más habitual que tenemos los humanos en la multitud de experiencias que vivimos a diario. Si no fuera así, no daríamos un paso en la vida y nos moriríamos.

  • Comentario por BALDO 13.05.17 | 21:08

    1. La receptividad humana.
    El ser humano tiene a su disposición todo el ámbito del ser para alimentarse, pero no lo utiliza, sino que escoge solo una parte de ese ámbito: el de los seres que considera valiosos o valores. ¿De qué depende que no le impacte, que no le atraiga todo el ámbito del ser, sino sólo una parte del mismo? De la seducción que producen esos seres y de la receptividad humana ante ellos. La receptividad es, pues, la apertura o cierre a que nos enriquezcan unos determinados seres, a los que identificamos como valores. Cada clase de valor exige un tipo diferente de receptividad, pues no todos los seres nos afectan del mismo modo. Así, por ejemplo, no es la misma la receptividad que se requiere para gustar un buen jamón de Salamanca, que la que se exige para captar la lógica de un argumento. La suavidad y la aspereza de una toalla me influye a través del sentido del tacto. Es claro que no me puede impactar del mismo modo la justicia, el amor, lo legal o la verdad.

  • Comentario por Oliva 10.05.17 | 02:46

    una actitud creadora desde el ejercicio libre y crítico de la razón. Se puede discrepar de sus argumentos, pero no hay nada deleznable en estos. La apertura al diálogo nos aproxima porque afianza el respeto a las diferencias. Somos comunidad de discípulas y discípulos de Jesús que caminan juntos desde la diversidad.

    Un abrazo a todos y a todas. Nos vemos a las 22.00

  • Comentario por Oliva 10.05.17 | 02:37

    No es comprensible la dicotomía entre razón e imaginación. Somos seres racionales, pero también seres simbólicos: el lenguaje forma parte de nosotras y de nosotros y con él, las representaciones, la fábula y la imaginación. El Espíritu vuela libre y sin ataduras. La hondura del amor fundante que nos habita es una invitación a una vida libre haciendo uso de la razón y el discernimiento y a una disposición a la actitud creadora. Al mismo tiempo, es la certeza de que siempre somos sostenidos por una confianza absoluta, sin fisuras por donde cale la culpa. La vida, así entendida, implica un ethos donde la fe es arte porque creando con el propósito de potenciar una vida digna a nuestros semejantes, imitamos al Espíritu, participamos de él y nos identificamos con él. Volviendo al aguafuerte, sobre este se decía: “la fantasía, unida con ella [con la razón] es madre de las artes”. No he visto que Arregi haya hecho otra cosa en su blog que no sea

  • Comentario por Oliva 10.05.17 | 02:32

    Respondo al compañero “credo ut intelligam”. Deduzco que al hacer un uso ligado de los conceptos “fantasía” y “dogma” estás efectuando una crítica de exceso de imaginación y de fabulación rígida. Es decir, acusas la argumentación de ser desapegada de la realidad, ilógica, sin fundamento y, también, irracional. Para hacer una crítica de ese calibre te sitúas en una racionalidad positivista. El sueño de la razón produce monstruos, que decían los aguafuertes de Goya. O como en una de las explicaciones ofrecidas a estos aguafuertes: “la fantasía abandonada de la razón produce monstruos”. Pero es que además, debemos contemplar esa sentencia de forma inversa porque la razón, desprovista de fantasía o de imaginación, genera actitudes tan inflexibles, estáticas y lapidarias como las que pueden generar los dogmas. cuando el miedo a la diferencia se hace fuerte.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 07.05.17 | 22:07

    Aunque algo tarde, atiendo la interpelación que me hace José Ignacio con su formulación de "creer con Jesús" y "creer en Jesús", insinuando que la segunda fórmula conlleva algo trascendente. Si entiendo bien, quiere significar que creer con Jesús sería creer en Dios y creer en Jesús, creer en su divinidad. Me parece que Oliva ya le ha respondido con muchísima más riqueza y precisión de lo que yo pueda hacer ahora. En mi forma de ver las cosas, no cabe tal distinción o, mejor, es lo mismo una fórmula que la otra. Creer con Jesús implica adherirse a su persona, implicarse en su obra de regeneración o humanización, en su misión mesiánica. Creer en Jesús es creer en su obra y en su misión y, por ello, en quien es él mismo como hijo de Dios. Pero, más allá de Jesús, o al mismo tiempo que él, o precisamente por él, también todos los demás somos hijos de Dios. Lo de hijos naturales o adoptivos es una distinción para entretenimiento de teólogos ociosos.

  • Comentario por Oliva 05.05.17 | 10:21

    ¡Bendito sea el Padre Bueno! ¡Jolu, qué alegría!, ¿eres tú? Me apenó no tener la oportunidad de conocerte más a fondo.

    También he estado en las últimas entradas de Mesa Bouzas. Esta tarde estaré por allí, en la nueva entrada.

    Un abrazo. Nos vemos a las 22.00.

  • Comentario por Jolu 05.05.17 | 09:09

    Hace unos días leía Glez. Faus y hablaba de la "pereza del creyente". Lo habitual es el dejarse llevar por los rituales y las imágenes que es lo fomentado y mantenido por los profesionales de la religión, dejando el MENSAJE para después, después que nunca llega, así como la invitación al discernimiento ¡¡¡eso jamás!!! ¿para que?. Como en todas partes hay excepciones pero lo normal es buscar las habichuelas solo, tropezando muchas veces y por supuesto con la ayuda Religión Digital y otros y con mucho cuidado.
    Saludos

  • Comentario por Jolu 05.05.17 | 08:54

    Oliva y Ramón:
    Me alegro de encontraros.
    Estaré a las 22:00.
    Saludos

  • Comentario por Oliva 05.05.17 | 08:09

    "Sin embargo, “creer en Jesús”, a veces se transforma en creer en su figura, en su persona, no en su mensaje"

    *Transforma = se concibe o se interpreta como. No me refería a transformarse como convertirse en algo, en otra cosa.

  • Comentario por Oliva 05.05.17 | 07:32

    Luego continúo.

    Ramón propuso hace unos años una hermosa iniciativa. Que lectores y comentaristas se reunieran virtualmente a las 22:00 (hora española, que cada quien calcule la suya según donde se encuentre) en una sencilla acción de gracias al Padre Bueno. Se trata solo de dar las gracias por la jornada allá donde nos alcance esa hora: comiendo, paseando, en el cine o en la capilla. Al que le apetezca, ¡bienvenido sea!.

    Gracias a Arregi por plantear su blog como mesa para compartir y por la dedicación que le presta.

    ¡Nos vemos a las 22:00, familia!.

    Un abrazo en el Espíritu que nos une y nos hace tan distintos (gracias a Dios).

  • Comentario por Oliva 05.05.17 | 07:28

    Ese es el programa de las bienaventuranzas y eso es construir Reino y hacer del Padre Bueno presencia entre los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Y esa es nuestra fe; una fe viva. Es una fe que exige libertad y que aviva y alimenta el razonamiento. Una fe que no constriñe el libre razonamiento ni lo subyuga a las creencias. Esa es la fe de Tomás. La fe nos invita a ser creativos como el Espíritu que nos habita y a ser co-creadores con él de vida buena y de belleza, como hizo Jesús. Sin embargo, “creer en Jesús”, a veces se transforma en creer en su figura, en su persona, no en su mensaje. La fe se compromete entonces con un cúmulo de creencias, algunas aquilatadas con el paso del tiempo, pétreas y de difícil digestión. Creencias y seguimiento o adhesión no son irreconciliables, pero en el fondo la fe, si no es vida compartida, no es fe.

  • Comentario por Oliva 05.05.17 | 07:26

    ¡A la paz de Dios! ¡Dichosos los ojos, Ramón; qué bueno que viniste! Te dije que este era un excelente blog y me alegra que recogieras el guante que te lancé. Empiezo con el compañero José Ignacio (te tuteo, sin no es molestia). Dejas sobre el tapete una cuestión interesante; gracias. No me la había planteado, aunque aprecio su trasfondo. ¿Creer “con Jesús” o “creer en Jesús”? Es idéntica cosa y al mismo tiempo no lo es. Creer con Jesús o creer en él es creer en su mensaje. Es decir, la fe es adhesión y seguimiento. Es vivir como vivió Jesús, amando como amó Jesús, siendo sal en la mesa, luz en la penumbra y viviendo como eucaristía: desgastando días y suelas haciéndose una misma (o mismo) pan y vino o agua derramada que sacia la carestía de dignidad, justicia, compasión, perdón, paz… Dadles vosotros de comer, que dijo Jesús o démonos nosotros, unos a otros, de comer.

  • Comentario por José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete 04.05.17 | 18:13

    Sucede, Ramón, que eso que interpretas y que yo creo que dice Joxe Arregi, es "creer con Jesús", y la tradición cristiana se empeña en decirnos que se trata, también, de "creer en Jesús" y que hay un "porqué" trascendente para "ello". No sé. Creer con Jesús, creer en Jesús, ¿es lo mismo? No lo termino de ver. Lo medito.

  • Comentario por Ramón Hernández Martín 04.05.17 | 11:12

    ¿Relato apologético bien construido? Seguramente. No importa si uno atiende a lo que el bloger pone de relieve: Jesús está vivo. Y, si uno se atiene a las esencias esenciales del cristianismo, así es porque Él vive en cada ser humano y, desde la circunstancias particulares de cada uno, a todos nos reclama compasión, perdón, socorro y amor. La esencia esencial de Jesús, de su mensaje, es que en Él se establece y consolida la "fraternidad" universal. Todo lo demás, incluidos los dogmas y los papas, es sumamente secundario. No es la Iglesia institucional la que Él asienta sobre roca sino la fraternidad universal que nace del amor incondicional y omnímodo del Padre a todos los seres humanos y a toda la creación, incluidos los animales y las cosas. Tengo la impresión de que el bloger ha subrayado todo esto en su atinada y pulcra exposición. Gracias.

  • Comentario por credo ut inteligam 03.05.17 | 16:53

    arregi: siempre ilumineta. Lo que te importa es el dogma de tu fantasía.

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