Miro a Jesús de Nazaret en medio de esta crisis que no cesa de agravarse. No porque piense que él –y mucho menos la fe cristiana– sea la única alternativa, ni siquiera necesariamente la mejor. Simplemente, cada uno tiene sus raíces, y las mías están en Jesús, a él le quiero y le sigo. Pero las raíces nos conducen a lo más profundo, al agua y el humus que a todos nos nutren, al Fondo sin nombre, a la Misericordia sin fondo, donde somos Uno.
Salam alaikum, “paz con vosotros”, amigos americanos muertos en Libia. Vivid ahora en la Paz, más grande que aquella que quisisteis instaurar en esa tierra de desiertos y de oasis, de dunas de arena que flotan sobre mares de petróleo.
A sus 40 años, había llegado a tanta plenitud, a tanta libertad y paz en el alma, había llegado a tanta vida, que ya no cabía en la estrechez de nuestras dimensiones, y tal vez no le quedaba más que irse. Y se fue. ¿A dónde se fue? A la Libertad, a la Paz, a la Vida.
Belloc, derivado del vasco “Beloke” (= lugar de hierba), es un monasterio benedictino del País Vasco en el Estado francés. Entre lomas cubiertas de bosques y prados verdes, en la ladera de una colina, el edificio –de encantadora sencillez y armonía– se funde en el paisaje y se recoge sigilosamente detrás de un bosquecillo de castaños y olmos y majestuosos robles de variadas especies. Todo es simple y bello. Todo está en calma. Todo vive y respira en silencio. Quien necesita respiro –¡lo necesitamos tanto! – allí lo encuentra.
Miércoles, 19 de junio
José Arregi
Carlos F. Barberá
Guillermo Gazanini Espinoza
Alejandro Córdoba
Juan Fernandez Krohn
César Luis Caro
José Alegre
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo