El blog de José Arregi

¿Rezar por la unidad de los cristianos?

26.01.12 | 18:14. Archivado en Iglesia, Religión
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Del 18 al 25 de enero, desde hace varias décadas, muchos cristianos –católicos más que nada– celebran la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Fue una iniciativa privada que Roma hizo suya y promovió poco después del Concilio Vaticano II, en el año 1968. Primero se rezaba por los cismáticos, luego por los “hermanos separados”. Muchos rezan hoy simplemente para que todos los cristianos recuperen la unidad perdida.

Conozco de cerca el espíritu de tolerancia y la bondad de corazón con que muchas católicas y católicos rezan por la unidad. Admiro su actitud, pero no comparto su perspectiva. Rezan a Dios como se pide un favor a un amigo o a un jefe, pero en ese “dios” no se puede creer. Y rezan por la unidad de los cristianos, como otros (ilustres obispos inclusive) rezan por la unidad de la Patria, pero en esa unidad tampoco se puede creer.

¿Qué queda entonces? Quedan la buena voluntad y el fervor de la oración, y no es poco. Pero la buena voluntad no basta, y el fervor puede servir también para lo peor, y entonces se llama fanatismo. Debe desaparecer esa imagen de un “dios” soberano a quien nuestra oración tal vez logrará cambiar o conmover. Debe desaparecer esa dejación de la propia responsabilidad en manos de una voluntad divina voluble y arbitraria. Y debe desaparecer, en la cuestión que nos ocupa, esa idea de unidad de los cristianos concebida como unidad de la patria o del partido. Habría que sustituir esta semana por otra: por ejemplo, por una “Semana del pluralismo cristiano y de todas las iglesias”. Por una semana dedicada a conocer, respetar y estimar mejor a las otras iglesias y a tantas y tantos cristianos, cada vez más numerosos, que siguen a Jesús fuera de todo aparato de toda iglesia.

¿O piensa alguien que a Jesús se le pasó por la cabeza alguna vez que debía haber “un solo rebaño y un solo pastor”, por mucho que el evangelista Juan ponga esas palabras en su boca? Jesús nunca se propuso formar ni una ni muchas iglesias. Simplemente quiso anunciar y adelantar un tiempo nuevo, que trastocaba el mundo en todos los órdenes: que los últimos sea los primeros, que los ricos compartan sus bienes, que los pobres dejen de serlo, que todos los afligidos sean consolados. Jesús no quiso más iglesia ni religión que ésa. Todas las creencias y normas, todas las iglesias, vinieron luego, y solo podrán curar y liberar si son tolerantes y plurales.

¿Piensa alguien que entre los primeros cristianos –que al principio ni siquiera se llamaban así– había menos diferencias que las que pueda haber hoy entre las diferentes iglesias o, dentro de la propia iglesia católica, entre el Opus y las comunidades de base? Consta que, en las primeras décadas después de la muerte de Jesús, entendían esta muerte de maneras muy distintas; muchos no la entendían como muerte expiatoria, y nadie les condenaba por ello, aunque es seguro que hoy serían condenados. Y consta que hubo fuertes tensiones entre quienes hacían vida de carismáticos itinerante, al estilo de Jesús, y las comunidades establecidas, más o menos organizadas. Comparad el Evangelio de Juan con el Evangelio de Marcos: si suprimís de esos evangelios los nombres propios “Jesús de Nazaret” o “María de Magdala”, y se los dais a leer a alguien que no los conoce, lo más probable es que no piense que narran la misma historia. Pero no, no suprimáis, por favor, los nombres “Jesús de Nazaret” y “María de Magdala”. Dejadlos como están, con todas sus diferencias.

¿Piensa alguien que había menos diferencias teológicas y disciplinares entre Santiago y Pablo, o entre Pablo y Pedro, o entre Juan y Pedro, o entre Pedro y María de Magdala y sus respectivas iglesias (sí, también hubo iglesias de María de Magdala, aunque no las dejaron seguir) que, por ejemplo, entre una iglesia bautista y la Iglesia católica romana de hoy? Algunos cristianos se sentirían confundidos y muchos aliviados, si conocieran cuán distintas y divergentes maneras coexistieron, en los orígenes del cristianismo, de mirar a Jesús, de comprender su “divinidad”, de organizar la comunidad, de celebrar la “eucaristía”, de acoger el perdón. O si supieran que al principio no había sacerdotes, ni sacramentos administrados únicamente por el clero, aunque no por eso dejaban de celebrar la vida. Todo eso es hoy muy conocido, y debieran saberlo todos aquellos que añoran y predican la unidad de un estrecho redil rodeado de muros.

Esa unidad no es posible, y además es indeseable. El Misterio Viviente de la Vida nos ha hecho diferentes. No hay dos pájaros, ni dos árboles, ni dos hojas iguales. Ni dos nubes, ni dos gotas de agua. Ni dos estrellas en el cielo, ni dos granitos de arena en la tierra. Y pienso que ni dos átomos de oxígeno son exactamente idénticos. ¿Cómo quieren encerrar en una forma única el Espíritu que sopla donde quiere y da respiro a todos los vivientes? ¿Acaso no conocen ni admiran la inagotable profusión de la vida siempre nueva, siempre distinta, siempre otra? Cuidemos la santa ecología de la Vida.

El libro del Génesis nos relata de forma genial el mito de Babel. Los hombres quisieron construir una torre tan alta que llegara hasta el cielo, para conquistar a Dios. Y la lengua única era su fuerza de conquista. Pero se equivocaban de Dios, pues Dios no mora en lo alto, sino en lo más bajo, y se derrama como agua, y no necesita ser conquistado. Y acabaron confundidos por su lengua única, por su voluntad de conquista. En los Hechos de los Apóstoles, por el contrario, se nos cuenta el mito del anti-Babel. Todos hablaban lenguas distintas, pero todos se entendían porque nadie quería imponer su lengua a los demás. Eso es Pentecostés.

Todas las religiones, iglesias y corrientes son como lenguas distintas. El Espíritu habla en todas, pero ninguna lo puede atrapar. Y todas se entienden solamente cuando ninguna quiere excluir a las demás. Todas las lenguas quieren decir lo mismo: el mundo, la vida, el misterio. Pero ninguna en particular ni todas juntas lo dicen del todo. Cuantas más lenguas digan el Misterio, mejor lo conoceremos como Indecible. Y, llenos de respeto, nos reconoceremos los unos a los otros como testigos y sacramentos del Inefable. Cuanto más nos empeñemos en sustituir las diversas lenguas por un esperanto o en imponer a todos la lengua del imperio, tanto más confundidos y perdidos acabaremos, como en Babel, como en un salón cerrado de espejos, sin misterio ni amistad.
Cuidemos la ecología del Espíritu, la ecología de las lenguas, de las religiones y de las iglesias en su santa diversidad. No estaremos más unidos cuanto más iguales seamos, sino cuanto más nos respetemos y dialoguemos siendo diferentes. Para estar unidos, los cristianos no necesitamos ser más iguales de lo que ya somos, sino que nos toleremos los unos a los otros y nos preguntemos: ¿cómo podremos practicar mejor hoy, con todas nuestras diferencias, la única religión de Jesús?

José Arregi

Para orar

Una ciudad para todos.
LEVANTAREMOS.
Un gran techo común.
LA CIUDAD.
Una mesa redonda como el mundo.
LEVANTAREMOS.
Un pan de multitud.
Un lenguaje de corazón abierto.
Una esperanza:
 
VEN, SEÑOR JESÚS.
NO RECHAZAREMOS LA PIEDRA ANGULAR.
SOBRE EL CIMIENTO DE TU CUERPO
LEVANTAREMOS LA CIUDAD
 
Suben los pueblos del mundo.
LEVANTAREMOS.
Suben a la ciudad.
LA CIUDAD.
Los que hablaban en lenguas diferentes. LEVANTAREMOS.
Pregonan la unidad.
Nadie grita. ¿Quién eres y de dónde?
Todos se llaman
HIJOS DE LA PAZ

(Tomado de Feadulta.com)

7 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Luis 03.02.12 | 19:07

    En las sectas se persigue a quién se va... no hay libertad. Y dónde no hay libertad ni hay fe ni amor.

  • Comentario por miscato 03.02.12 | 09:36

    bien dicho,texto cómico.E ilumineta. Lo inexplicable es que haya vivido como embuste en el convento,hasta la llegada del buen pastor Munilla.Todo cuanto dice podría titularse:"mis fantasías"

  • Comentario por Luis 01.02.12 | 21:15

    Solamente desde la libertad se ama, o se alcanza la fe. Porque el amor o la fe es un encadenarse uno mismo , lo que sólo se alcanza desde la libertad. Jesús nos habla de libertad, y se reían (se siguen riendo) de él...

  • Comentario por Zedaniel 30.01.12 | 17:30

    Como texto cómico admito que no está nada mal.

  • Comentario por Olga 30.01.12 | 11:46

    Holam José,

    Has escrito algo muy hermoso y atrevido aún para algunas mentes atrapadas en el pasado y el fanatísmo en las cárceles del ego humano, que se aprisona enb sus seguridades para no perderlas por miedo a trascender en los nuevos tiempos...

    Debemos estar dispuestos a cambiar a DIOS a cada minuto porqué el anterior lo jemos fabricado equivocadamente a nuestra imagen y semejanza (PEDRO CASALDALIGA)

    FELICIDADES.
    Estamos totalmente de acuerdo.

  • Comentario por Helena 28.01.12 | 23:01

    GRACIAS, XOSE!! GRACIAS con mayúscula por tu artículo tan esclarecedor, tan didáctico, tan de sentido común como el evangelio mismo. Siempre lo he pensado así pero tu has enriquecido mi sentir y mis ideas. Pertenezco a un grupo de dialogo interreligioso de la UNESCO y enviaré este escrito a todos mis compañeros. Muchos ya te conocen porque acostumbro a recibir escritos tuyos que me envian gente cercana a ti y los reenvio a todos mis contactos.
    Una vez más gracias y esta vez te las doy por ser como eres. Creo que evangelizas más con tu estilo de vida..., o, mejor dicho, este estilo que empapa y dicta tus palabras, un estilo tan como seria el de Jesús, dulce y firme, transparende y profundo, agudo en los análisis y tierno en como los expresas, sin rencores ni restos de heridas profundas... Ciertamente eres un caudal de agua limpia y fresca que brota de las rocas bien afincadas de tu vivencia profunda de Jesús que te empapa el ser. Aguas que recibimos agradecid&s porque s...

  • Comentario por saruce 27.01.12 | 12:53

    Hoy estoy de acuerdo en lo que dices, salvo algunas matizaciones que yo haría, pero es tu discurso, y lo respeto en su integridad.
    Para mí no existen muchas iglesias, sino una sola, que puede acoger a todos y cada uno de los habitantes del planeta, con sus particularidades, y sin exclusiones.
    Me has sorprendido, José, lo reconozco.
    Precisamente tú que vives en una zona/región/país con el nacionalismo exacerbado de la población, al igual que sucede en Cataluña, y comienza a florecer en Galicia, y el levante español.
    Yo tampoco considero real la existencia de una iglesia catalana, andaluza, vasca, gallega o francesa.
    Yo creo en la iglesia catalana, andaluza, vasca, gallega y francesa, como una sola iglesia, dirigida por un mismo papa, que no excluye a los no creyentes.
    Oremos por la unión de las personas, por el respeto que nos debemos los unos a los otros, y por el amor entre todos, para que la justicia llegue a este mundo.

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