El blog de José Arregi

Dios y dioses en La India

17.11.11 | 10:29. Archivado en Religión
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De vuelta de la India, quiero hablaros de sus dioses y de su único Dios. “Mal empiezas –me dirá alguien–. ¿En qué quedas: Dios o dioses, monoteísmo o politeísmo?”. Pues bien, ni lo uno ni lo otro. Sería meter a Dios en nuestra aritmética, y la India nos enseña, entre otras muchas cosas, a creer en el Misterio de Dios más allá del número, las formas y los nombres.

Toynbee, el famoso historiador de las civilizaciones, conversaba en 1963 con su hijo, que de pronto le preguntó: "¿Crees en Dios?". Toynbee contestó: "Creo en Dios si las creencias hindúes o chinas están incluidas en la creencia en Dios. Pero me parece que los cristianos, judíos y musulmanes, en su mayoría, no admitirían esto y dirían que no es una genuina creencia en Dios". A la vuelta de la India, me gustaría decirle a Toynbee, si pudiera: “Cree en paz, hermano. Las creencias hindúes o chinas, cristianas, judías o musulmanas, son lo de menos. Cree, como el Oriente te enseña, en el Misterio sin nombre más allá de todas las creencias, conceptos y cifras. Sumérgete y confía, sabio hermano de tantas civilizaciones”.

En un viejo Upanishad de hace 2.500 años, un discípulo pregunta a su maestro: “¿Cuantos dioses hay, Yajnavalkya?”. “Treinta millones y trescientos treinta y tres mil”, responde el maestro. “Sí –repone el discípulo–, pero ¿cuántos dioses hay verdaderamente, Yajnavalkya?”. “Treinta y tres”. “Sí, ¿pero cuántos dioses hay verdaderamente, Yajnavalkya?”. “Tres”. “Sí, ¿pero cuántos dioses hay verdaderamente, Yajnavalkya?”. “Dos”. “Sí, ¿pero cuántos dioses hay verdaderamente, Yajnavalkya?”. “Uno y medio”. “Sí respondió; ¿pero cuántos dioses verdaderamente, Yajnavalkya?”. “Uno”. “¿Cuál es el dios único?”. “El soplo. Ése es el Brahman”.

El Brahman es la Realidad Absoluta sin nombre de todas las realidades. También los dioses, sean muchos, sean tres o uno, son formas del Brahman. Todos los nombres de los dioses son nombres del Innombrable, más allá del nombre y del número. “Treinta millones” es una cifra, y también lo es “uno”. Pero a “Dios”, el Brahman, no le podemos expresar con una cifra (ni con un nombre, un concepto, una forma). Dios no es contable. Se pueden contar los árboles de un gran bosque, por muchos que sean; se pueden contar las estrellas del cielo, por incontables que parezcan, y aunque algunas se van apagando y otras nuevas se van encendiendo. También los dioses se pueden contar. Pero Dios no es contable, no es ni uno ni muchos. O, si se prefiere, es Todos y Nadie, es Todo y Nada. Es todo el Ser de todos los seres, pero no es nada de cuanto es. Es toda la bondad y toda la belleza que vemos, pero no es nada de lo que vemos.

¿Un galimatías? No, es muy simple, como una gota, como una llama, como una flor. Al hablar de Dios, hay que empezar por negar lo que sabemos y entendemos, o si no callar. Pero no podemos callar. Hablemos de Dios de forma creíble. Hablar de “Dios” es hablar con consuelo de nosotros mismos y de cuanto existe. Hablar de Dios es admirar y amar cuanto existe y seguir confiando a pesar de todo. Decir “Dios” es decir el Misterio en el que somos, más allá de todo y más acá, el infinitamente cercano, tan cercano que no lo podemos ni ver. Él es el que ve, siente, habla y oye.

Es el misterio de todas las místicas. Es el misterio de la India mística. Pocos días antes de viajar a la India, recibí un e-mail de J.M., un amigo jesuita muy conocido, profundamente marcado en su experiencia espiritual y en su teología por su estancia de un año en aquella tierra, toda sagrada. “La India me cambió el chip”, me dijo hace años mientras caminábamos por Arantzazu. Se refería a su manera de vivir y de expresar a “Dios”, el Indecible. Esta vez, en su e-mail me escribía: “Que en la India puedas recibir algo de su Misterio, más allá de la pobreza que veas, que también es Misterio”. Se refería al Misterio del nombre más allá de la palabra, de la revelación en el silencio, de la plenitud en la nada, de la belleza que cautiva, de la ternura que libera, de la compasión que cura. El Misterio de Dios en todos los nombres y en todas las formas.

He vuelto de la India con la impresión de no haberme prestado apenas a que su Misterio me impregnara. He vuelto con el firme propósito de regresar allá para hacer lo esencial en la India y en todas partes: sumergirme, como se sumergen los hindúes en las aguas de la Madre Ganga. Quiero volver a mirar cómo una niña muy pobre y muy pura enciende una lamparita a una diminuta imagen de alguna divinidad, una lamparita de aceite juntos a unos pétalos de flor para su Dios, el Dios de todos/as, el Dios que es todo el Ser y toda la Ternura –la que tenemos y la que nos falta– de todos los seres.

El Dios de aquella niña de Pune. Era la víspera del regreso y empezaba a atardecer. Yo caminaba por una acera atestada de basura y maloliente, en medio de un tráfico ensordecedor y, para nosotros, absolutamente caótico. Llego junto a un hermoso tronco seco de árbol con las ramas tronchadas, con franjas pintas de azul, rojo y amarillo, justo al borde de la acera, y miro cómo una niña deja su miserable puesto de venta (no sé ni de qué, seguramente de nada), junto a una tiendecita minúscula de lona pegada al árbol y extendida entre la tapia y la acera (sería su casa y la de toda su familia). Se dirigió a un pequeño nicho adosado al árbol; en el nicho, una pequeña lámina de alguna divinidad.

Me acerqué con inmenso pudor, y me quedé mirándola. Ella me miró con la mayor naturalidad, sin rastro de miedo. Sus ojos eran dos lamparitas brillantes que revelaban el Misterio sin nombre de la bondad y de la belleza. Tomó una lamparita del nicho, vertió cuidadosamente un poco de su aceite en otra y encendió ambas. Seguramente era el aceite que aquella noche faltaría en su casita de lona para untar su chapati, una tortita morena de harina de trigo. Pero el aceite era para Dios, y ¡todo era tan simple! “¿Quién es?”, le pregunté yo torpemente, señalando la imagen de la divinidad. ç

Ella no respondió a la pregunta, porque seguramente no tenía sentido y ciertamente no tenía respuesta. En ese momento vi a mi lado a un hombre joven –parecía su padre–, y me dijo: “Es el Protector”, mientras con sus ojos y sus manos señalaban al cielo. Eso dijo, con la misma naturalidad y la misma convicción con que la niña encendía las lámparas del Misterio en la tarde de la pobreza. Y yo preguntando quién era, cómo se llamaba, si era uno de tantos dioses o el único Dios, y qué es Dios…

¿Qué es Dios? Es la mirada limpia de la niña de Pune, es la bondad y la paz en medio de toda la miseria. Existe más allá del nombre y de la cifra. Nos hace existir, más allá de las creencias. Yo querría volver a aquel pequeño santuario en medio de la pobreza, para mirar con los pies descalzos, la mente en silencio y el corazón en paz.

José Arregi

Para orar.

Oración a la Diosa Sarasvati

Reverencio en mi corazón a la Diosa Sarasvati.
Ella es la Suprema Soberana, Manifiesta como nombre y forma.
¡Que Sarasvati me proteja!
La Potencia no-dual de Brahman, ¡que Ella, la divina Sarasvati, me proteja!
La que existe únicamente en la forma de sentido, de oración, palabra y letra,
sin principio ni fin, ¡que Ella, la infinita Sarasvati, me proteja!
¡Que la completamente blanca Sarasvati juegue para siempre en mi mente!
Me inclino ante Ti, Sarada.
¡Concédeme el don del conocimiento correcto! ¡Reside siempre en mi habla!
Sarasvati dijo así: “Siempre soy Verdad, Conocimiento, Bienaventuranza.
El mío es estado de Brahman perpetuo, sin falta ni impedimento.
Soy ser, conocer, amar. Brillo por mí misma, libre de dualidad”.
Por la alegría de la profunda experiencia del Ser,
ganamos la concentración sin aspectos: una llama en un lugar sin brisa.
Aquí existen cinco factores: El ser, el brillar, el amar, la forma y también el nombre.
Los primeros tres pertenecen a Brahman. Los dos otros constituyen el mundo.
Deja de lado los últimos dos factores, y concéntrate en los primeros tres.
Cuando se ve el Supremo Ser,
un alma finita o el Dios Supremo son nociones de la mente, no son reales.
Quien sabe esto es verdaderamente libre. Esta es la sabiduría secreta.
¡Om! Que Ella nos proteja a los dos juntos. Que Ella nos cuide a los dos juntos.
Que trabajemos conjuntamente con gran energía.
Que no nos peleemos entre nosotros, que no odiemos a nadie.
¡Om! ¡Que haya Paz en mí!
¡Que haya Paz en mi ambiente!
¡Que haya Paz en las fuerzas que actúan sobre mí!

(Sarasvati-Rahasya Upanishad)

11 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por martes 29.11.11 | 23:29

    Leyendo esta entrada me he acordado del genial George Harrison y su My Sweet Lord. Que en paz descanse. Un saludo.

  • Comentario por carbonatoble de wikipedia 29.11.11 | 17:35

    EL CAMINO A LA MECA.- Película austriaca del director Georg Misch. Recoge la actividad entre 1920 y 1990 (con epilogo sobre las torres gemelas, zona cero) de Leopold Weiss, judío vienés, estudiante del Talmud, que viajó a Oriente Medio. Al convertirse al Islam adoptó el nombre de Muhammad Asad. Entre las obras de este importante musulmán destaca la traducción al inglés del Coran. Poniendo de relieve las versiones, traducciónes, interpretaciones contradictorias de los textos sagrados para su entendimiento en los nuevos tiempos. Hay que saber mas de Asad.
    Hoy entro en esta RD en el blog de la FCJE, Federación de Comunidades Judías en España, para recomendar esta peli, y veo que no admiten comentarios. Salgo del blog con algo de antisemitismo

  • Comentario por Salomé 24.11.11 | 20:35

    Oye Miscato; al recomendar el catecismo demuestras ser persona de normas que piensa que cumpliéndolas se garantiza la "salvación". Justamente así opinaban los fariseos en tiempo de Jesús. Como no te liberes con la Palabra del Evangelio, en lugar de la del catecismo, tu mente se anquilosará como creo que ya lo está, dado que no entiendes la fe de los demás, tan dignos/as del Amor de Dios manifestado para ellos/as en otras formas y culturas, si no amplías tus horizontes es que te has estudiado el catecismo, pero no conoces a Jesús el del Evangelio.

  • Comentario por María 20.11.11 | 14:55

    Si tienes razón Sr/es muy triste pero...también conozco casos en los que algunos amigos han tenido todo,han estado en la cima y que?pues no han sabido valorar esa amistad hasta que la han perdido,incluso ser perdonados cuando precisamente han pasado por tu lado y te han ignorado,ni te han saludado,te han insultado",es cómo si no te hubiera conocido y encima han tenido la suerte de que siguieran siendo sus amigos-as?que haría en ese extremo?no haría como hace todo el mundo?,pasar del tema y de casi todo es complicado,yo le entiendo muy bien pero dele la vuelta a la tortilla,aunque yo nunca he pensado así,he perdonado incluso haciéndome miles de cosas,no creo que eso sea muy normal en los tiempos que corren que cada uno va a su bola a lo suyo...;yo siempre he valorado muchísimo la amistad mucho!!y creo que nunca se cambia demasiado si no se es de una manera,pero claro!nuestros nombres están en la vida para algo,por eso nos lo pusieron...no los sobrenombres que no es el caso.Piensa vd bie

  • Comentario por catalpa 19.11.11 | 22:47

    María, porque Joxe Arregi ha tenido a Dios entres sus dedos, ha conocido su nombre y ha sido su amigo, Y ahora... nos habla como si estuviera buscándolo, como si el trato que tuvo entonces no hubiera sucedido. Entiendo la belleza de la niña que algo ha descubierto y no sabe qué nombre darle, pero no dar nombre a quien ha sido tu amigo, es triste. Insisto, ¿te imaginas tu mejor amigo que se cruza contigo y no te reconozca o alguien os presente y tú le digas: Sí, yo sé cómo te llamas, yo estuve en tu casa, comimos juntos, y él te diga: ... he tenido tantos encuentros en la vida, que podrías ser cualquiera. Como decía Salinas, qué bonito amarse en los pronombres. Justo lo contrario de lo que dice Arregi.

  • Comentario por María 19.11.11 | 00:34

    Precioso y bellísimo texto y también los comentarios cómo no!! pero xq dices triste catalpa,porque va a ser triste si le has conocido,eso que has conocido y eso que se tiene nadie te lo podrá quitar.Claro el tema de los amigos ya es más complicado...a veces ni siendo amigos íntimos te lo cruzas y igual ni le hubieras mirado a la cara,a veces tb puede ser cortedad...o cómo hizo Pedro negarle eso es más triste aunque luego le diga:Señor tu lo sabes todo,sabes que te quiero...

  • Comentario por catalpa 18.11.11 | 23:55

    Es lindo, pero en boca de un cura es triste. Haber conocido a Dios y ahora tratarlo como a un desconocido es como haber tenido un íntimo amigo y al cabo de los años no mirarle siquiera cuando te lo cruzas por la calle. Triste, muy triste.

  • Comentario por Joaquin 18.11.11 | 17:33

    Bueno,pero los sabios hindues no nos muestran el amor que muestra Jesús dando su vida por todos,ni la conmoción de sus gestos,ni el sentirnos hijos en el pleno sentido de la palabra,que lleva el llamr Padre a Dios.Por lo tanto no es lo mismo decir Brahman,Siva o Krisna que Jesús.

  • Comentario por Joaquin 18.11.11 | 17:33

    Bueno,pero los sabios hindues no nos muestran el amor que muestra Jesús dando su vida por todos,ni la conmoción de sus gestos,ni el sentirnos hijos en el pleno sentido de la palabra,que lleva el llamr Padre a Dios.Por lo tanto no es lo mismo decir Brahman,Siva o Krisna que Jesús.

  • Comentario por Olga 18.11.11 | 10:51

    Sin comentarios...
    solo un fuerte aplauso por ese artículo maravilloso.


    Un fuerte abrazo.

  • Comentario por miscato 17.11.11 | 17:44

    Arregi:si fuiste como ilumineta,regresaste duplicado.Si es desarreglo psicológico,no se te tiene en cuenta.El Catecismo tiene tu remedio.

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