Todo el mundo sabe que Hipócrates (s. V a.C.) es considerado “el padre de la medicina” y “el médico” por antonomasia. A él se le atribuye, con razón o sin ella, el famoso “juramento hipocrático”: “Por Apolo médico y Esculapio, por Higias, Panacace y todos los dioses y diosas, juro que cuando entre en una casa no llevaré otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”. Muchos estudiantes de medicina, al final del grado, siguen haciendo el mismo juramento en versión actualizada y sin mencionar a los dioses, pues éstos han resultado ser menos inmortales de lo que Hipócrates pensara.
Estoy en Arantzazu. Aquí siguen sus fieles moradores de siempre: la peña, el haya y el espino, y a menudo, como hoy, también la niebla. Y las golondrinas bienvenidas de cada primavera, con sus nidos de barro colgados en los voladizos del santuario: aquí nacieron y aquí han vuelto, y las que ahora están naciendo también volverán. Aquí siguen cantando en el fondo de la niebla el tordo y el mirlo, el zarcero y el pinzón, y el reyezuelo que interpreta a Paganini. Ahí sigue, arriba a la vera del camino viejo, la ermita de Santo Cristo, donde los peregrinos han descansado durante siglos desahogando sus penas ante el Herido, antes de bajar a la iglesia. Aquí está la basílica, un inmenso nido de golondrinas, con su infinita calma, con su penumbra transfigurada.
Nos habían reunido para hablar de sectas en la televisión vasca, y el presentador, tras un breve preámbulo, me preguntó se sopetón: “¿Hay sectas en el País Vasco?”. No había espacio para matices, y yo soy de reflejos tardíos, de modo que respondí apresuradamente: “No”. Y antes de que pudiera añadir o matizar, el presentador ya había lanzado la misma pregunta a un conocido batidor de sectas religiosas por estas tierras, y él, como era de esperar, afirmó lo contrario con igual presura: “Uf, un montón”. Y siguió una discusión acalorada entre los demás intervinientes.
“¿Qué es lo que quieren estos tíos, si no han trabajado en su puta vida?”. “Despejad la plaza, que quiero dar de comer a las palomas”. Se me humedecieron los ojos cuando, el domingo por la tarde, una de las “indignadas” de la plaza Arriaga de Bilbao nos leyó estos comentarios, y otros igualmente terribles, que acababan de aparecer en ciertos blogs integristas. Me pregunté: “¿Es el colmo del cinismo o es la sima de la inconsciencia?”. Y pensé: “Tal vez hoy habrán ido hoy a misa esos que hablan así”.
Los pasados días 19 y 20 de Mayo tuvieron lugar en el Palacio Miramar de Donostia (San Sebastián), unas Jornadas sobre Ciencia y Mística, organizadas por la Asociación GUNE de la que me honro en formar parte. Afuera, el cielo se reflejaba en el mar, el mar se reflejaba en el cielo, la luz de la tarde revelaba el infinito. Dentro, ante un salón repleto y seducido, las palabras expresaban el prodigio de lo conocido y evocaban el misterio de la Realidad indecible.
Domingo, 19 de mayo
José Arregi
Alejandro Palacios Alvarez
Manuel Mandianes
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Josemari Lorenzo Amelibia
Rufo González Pérez
Asoc. Humanismo sin Credos
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni