El Catamarán
24.05.07 @ 10:19:44. Archivado en Política Exterior, Iberoamérica
Nos lo cuenta la bella periodista independiente Shelyn Rojas desde la Habana. 21 de mayo de 2007. La Habana.– Luis, en el año 2004, llevaba el record de cuatro intentos de salida del país. El desespero por abandonar la isla no lo dejaba pensar en otra cosa que no fuera cómo conseguirlo.
Era un experto en las corrientes marítimas. La principal causa de sus desventuras era la falta de presupuesto para construir la embarcación. En el mes de julio de ese año, unos amigos le propusieron construir un catamarán.
La ventaja de un catamarán era la gran ligereza para desplazarse y la estabilidad en el mar. Ellos podían hacer uno, no sería tan difícil ni llevaría muchos gastos.
El diseño era único, autentico. Su plataforma, de cinco metros de largo por dos y medios de ancho, forrada de madera. Los laterales, de metro y medio de altura, también de madera, cubiertos con malla de cerca peerless y rellenos con alrededor de tres mil pomos plásticos de dos litros de capacidad, bien tapados, para auxiliar en el flotamiento. Era lo que necesitaban. Las velas ya estaban diseñadas. Cuatro remos y un motor eran suficientes para la travesía de los siete amigos.
Los pomos plásticos fue lo que demoró el terminado de la embarcación. Eran recogidos de los latones de basura ubicados en las esquinas de las cuadras y en las cafeterías. En tres meses, el catamarán estuvo listo.
Un amigo del barrio les prestó el camión para trasladarlo a la playa de Guanabo. En la noche del día previsto hubo un torrencial aguacero, pero no querían esperar más. A las once de la noche salió el catamarán, era el rey del mar. Se deslizaba con la ayuda de la brisa y los remos. No les fue difícil salir mar afuera.
Pero sucedió lo inprevisto. Se rompió el remo derecho trasero y la argolla del remo izquierdo delantero. El catamarán comenzó a bambolear por las olas. Probaron el motor. No arrancó, a pesar de varios intentos
Luis y sus amigos se asustaron. No alcanzaron las corrientes marítimas que les ayudaría llegar a aguas internacionales y a la Florida, como habían calculado. Regresaron y dejaron el catamarán en la orilla de la playa de Guanabo. Eran aproximadamente las dos de la madrugada.
Por el camino de regreso a la casa, se separaron para disminuir las posibilidades de ser detenidos por la policía.
Enriquito se fue con Luis. En la carretera, cuando ya se creían fuera de peligro, un policía les fue al encuentro y les preguntó qué hacían a esa hora en la playa. Luis le respondió que venían de una fiesta.
Cuando el policía les entregaba sus carnés de identificación para que se marcharan, se apareció un carro patrullero que estaba de recorrido buscando a los dueños del catamarán y otra embarcación que también había regresado de alta mar.
Los cabellos y las camisas de Luis y Enriquito ya estaban secos. El patrullero les exprimió los pantalones y sacó agua. Fueron detenidos y revisados. En ese momento, a Luis, los nervios le dieron por decirle a los policías que su amigo lo iba a enseñar a nadar.
Cuando revisaron a Enriquito, le hallaron en uno de los bolsillos una bujía del motor. Fue entonces que el policía le preguntó qué si la bujía era para ponérsela en las nalgas a su amigo para que cogiera velocidad cuando aprendiera a nadar.
Fueron trasladados para el sector de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR). El jefe de los guardafronteras, al ver a Luis, exclamó con asombro: –¡Pero tu, otra vez aquí! –Luis no sabía que decir. Miraba a sus amigos que ya estaban detenidos y aguantaba la risa. Cuando amaneció, fueron liberados.
Luis no pierde las esperanzas de otro intento de escapar. Otro catamarán será fácil de construir. El único trabajo será conseguir tantos pomos otra vez. Y en vez de cuatro remos llevar dos más de repuesto, y que las argollas estén más seguras, para poder llegar a su sueño de libertad.
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¿Cómo pudo pasarme esto a mí, con 40 años viéndo fútbol. Hay días que uno no se debería de levantar... como el PP el lunes. Por cierto yo no voto, teniendo el PP a Ana Palacios y el PSOE a MA Moratinos, se me han quitado las ganas de votar de por vida.Lo juro.
El resto lo suscribo más tenue,descargo mi ira en estos blogs, sorry.
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Jorge Moragas
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