El Preso Onírico
11.05.07 @ 13:30:10. Archivado en Política Exterior, Iberoamérica, España
Nuevo debate sobre Cuba en el pleno del Congreso el pasado 8 de mayo 07. Llegué a un acuerdo con CiU y con PNV perfectamente aceptable para el PSOE, pero esté prefirió votar en contra junto con IU y ERC. La diputada del grupo de Llamazares terminó al grito de ¡viva la revolución cubana! y el diputado de ERC hizo lo propio al grito de ¡larga vida al comandante Castro!Esos son los compañeros de viaje del Gobierno de España... Mientras nosotros seguimos intentando forjar consensos, ahí teneis mi intevención desde la tribuna y un relato al final de la misma que da título a este post.
El señor MORAGAS SÁNCHEZ: Gracias, señora
presidenta.
Señorías, hoy debatimos una moción consecuencia de
interpelación urgente al Gobierno originada por el inaudito viaje que el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación de España realizó a Cuba el pasado 1 de abril. No voy a repetir los acertados argumentos utilizados por mi compañero Gustavo de Arístegui durante la interpelación,pero no quiero dejar de recordar la consecuencia más
sangrante de ese viaje, que quedará tristemente reflejada en los libros de la historia de la diplomacia española. Como dijo el ministro desde La Habana, España ha abierto una nueva etapa de relaciones con Cuba, y yo
desde esta tribuna con tristeza le digo que también el
Gobierno de España ha abierto una profunda herida en el movimiento democrático cubano. Al margen de que el Gobierno del señor Zapatero padezca una insufrible castroenteritis, como decía brillantemente el difunto y genial Guillermo Cabrera Infante, en referencia a aquella
izquierda esnob que adoraba y fascinaba a los tiranos,la herida abierta a los demócratas cubanos es un hecho incontrovertible. De lo que se trata ahora es de intentar paliar el dolor que padecen nuestros hermanos cubanos,los demócratas, y hacer un esfuerzo conjunto para curar esa herida, en defensa del buen nombre del pueblo español y de la amistad sincera que profesa al pueblo cubano. No se trata, por tanto de una mera coyunturapolítica, sino de un deber político ineludible.
Mientras se debatía en Madrid la interpelación hace
dos semanas, yo me encontraba en Berlín, invitado por el ex presidente de la República Checa, Václav Havel…
(Rumores.) Sí, un disidente muy importante, como
ustedes saben, que llevó la libertad a su país, un país que hoy es miembro de la Unión Europea. No se rían los de Izquierda Unida; ya sé que lo de la libertad a ustedes les parece un chiste, pero para nosotros es una necesidad vital. (La señora Navarro Casillas pronuncia palabras que no se perciben.) En esa reunión, en la que participaron
diplomáticos, demócratas cubanos, organizaciones
no gubernamentales, parlamentarios suecos, americanos
y alemanes, incluidos diputados verdes, liberales, socialdemócratas y por supuesto cristianodemócratas, no se ocultó que el ministro español fue blanco de la mayor
incomprensión internacional que yo he presenciado en
mi breve carrera política. Lo que más nos sorprendió a
todos fue cuando al día siguiente pudimos leer los teletipos que relataban lo que había dicho el ministro en esta misma sede. Con una desfachatez muy poco diplomática el ministro dijo que su política había conseguido la unidad de una disidencia que acababa de firmar, a iniciativa de Oswaldo Payá, el documento conocido como
Unidos por la libertad. La indignación por semejante apropiación indebida de méritos ajenos embargó al conjunto de la disidencia, que no dudó en afirmar que se sentía humillada por la actitud del ministro español. Lo que dijo el ministro en esta sede fue tan increíble que solo puede ser tachado de contumaz defecto de inteligencia
o de un ejercicio de cinismo insoportable; escojan
ustedes, yo hace tiempo que ya hice mi elección.
Lo que aquí nos ocupa no es la crítica al Gobierno de
Zapatero porque sí, sino porque es necesaria para corregir los errores cometidos y porque el movimiento democrático cubano nos pide un nuevo esfuerzo de consenso para arrancar de esta Cámara un mensaje de apoyo y respaldo político a los demócratas cubanos. Mi grupo lo va a hacer de nuevo, lo va a intentar de nuevo. En diciembre pasado ya lo intentamos, y tras la incomprensible
marcha atrás del ministro Moratinos fracasamos.
Lo que tiene que tener esta Cámara muy claro es
que el Grupo Popular no se va a rendir nunca y si fracasamos hoy lo volveremos a intentar mañana, porque la causa lo justifica. Hoy volvemos a intentarlo, como les digo, y les anuncio que para ello estamos dispuestos a aceptar la enmienda presentada por Convergència i Unió. En primer lugar, nos felicitamos de que el debate parlamentario
promovido por este grupo haya impulsado a
ese otro grupo, a Convergència i Unió, a retomar el
espíritu de la proposición no de ley que presenté yo
mismo en diciembre y que fue finalmente derrotada con
el voto en contra del Grupo Socialista. Entonces Convergència i Unió, el Grupo Vasco y Coalición Canaria se abstuvieron, aunque en sus intervenciones detecté una sensibilidad muy próxima al discurso que habíamos hecho desde esta tribuna. Al Grupo Popular lo único que le mueve en este debate es satisfacer la demanda desesperada de los que sufren la tiranía y que,
en una actitud casi gandhiana, lo único que reclaman es
libertad, democracia y derechos humanos. Por tanto,
estamos dispuestos a renunciar a la paternidad literal del texto que aquí se va a votar, y lo hacemos para acogernos a su espíritu, que en definitiva es de lo que se trata cualquier ejercicio de consenso.
Señores socialistas, les voy a decir una cosa que me
sale del corazón y de la cabeza y que creo que comparten
muchas personas, y cada vez más en España y en Europa.
En Alemania ya ha habido un consenso en esta materia.
En el Bundestag los cristianodemócratas, los socialdemócratas
—sus hermanos políticos—, los verdes y los
liberales aprobaron una resolución en términos muy
similares a esta que vamos a votar ahora. Yo les pido,
por el bien de nuestro país, que imiten a los socialdemócratas alemanes y que hagan un esfuerzo por volver a sintonizar con los latidos del corazón de Europa en lugar de abrazarse a la vesícula del peor totalitarismo caribeño.Hagan ese esfuerzo, por el bien de España, por el bien
de nuestros hermanos, los demócratas cubanos, y por el
bien de Europa.
Yo parto de la premisa de que la población
carcelaria por motivos políticos en Cuba asciende
a 11 millones de cubanos, es decir todos los que viven en la cárcel o prisión que administran con mano de hierro los hermanos Castro. Son tantas las historias que acompañan
a los disidentes que me voy a referir a una sola
que escuché contar a Raúl Rivero, quien a su vez se la
escuchó a Elizardo Sánchez. Lo hago en un intento, quizás desesperado, de suscitar en el Grupo Socialista un atisbo de sensibilidad democrática.
Se trata del caso de Ibrahim, que me permito bautizar aquí como el caso
del preso onírico. Ibrahim soñó una vez que escapaba de la isla y contó confiado y con detalle ese sueño a un compañero de trabajo. Ese compañero de trabajo no dudó en delatar a su compañero a las autoridades, y posteriormente Ibrahim fue detenido y condenado bajo la acusación de intento de salida ilegal del país. Ya ven, señorías, este es un ejemplo que demuestra el dramatismo
de la situación que vive Cuba, donde los sueños
pueden ser delito.
Estos quijotes del Caribe, como calificó
el genial y corajudo Raúl Rivero a los disidentes
democráticos, se merecen un gesto de amistad y de
apoyo de todos los demócratas españoles. Por tanto,
apelo in extremis —lo sé— a su sensibilidad democrática
y espero que no les volvamos a defraudar. Viva Cuba
libre ya. (Aplausos.)
Jorge Moragas
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