Loyola y Cuba
14.12.06 @ 17:02:16. Archivado en Cataluña
Loyola batalló por la libertad en Cuba desde que fue dirigente de Nuevas Generaciones del PP. Ya en los 80 fue expulsada con agresión incluida de la isla. Era fuerte, vitalista y firme en los principios. Defendió la libertad lejos en Cuba y cerca en su País Vasco. No se me ocurre otro homenaje que dedicarle mi modesta intervención de ayer en el pleno del Congreso de los Diputados. Va por ti directo del diario de sesiones en donde tu palabra quedó tantas veces brillantemente reflejada.
INTERPELACIONES URGENTES:
— DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR
EN EL CONGRESO, SOBRE LA POSICIÓN
POLÍTICA ANTE EL FUTURO DE CUBA.
(Número de expediente 172/000238.)
El señor PRESIDENTE: Punto VI del orden del día
Para formular la interpelación tiene la palabra por un tiempo de doce minutos el señor Moragas. (La señora vicepresidenta,
Chacón i Piqueras, ocupa la Presidencia.)
La señora VICEPRESIDENTA (Chacón i Piqueras):
Cuando quiera, señor Moragas.
El señor MORAGAS SÁNCHEZ: Señora presidenta,
señorías, señor ministro de Asuntos Exteriores y de
Cooperación de España,
Cuba vive momentos de incertidumbre,miedo y al mismo tiempo cierta esperanza.
Esta suerte de vivir sin vivir, esta angustia existencial que padece el pueblo cubano no nos puede ser ajena. El pueblo español aquí representado tiene hoy el deber histórico de reflexionar, de debatir y de instar a su Gobierno a trabajar por el futuro democrático y libre de un pueblo hermano. Señor ministro, créame cuando le digo que esa es la única razón que explica y el único espíritu que inspira la interpelación que en nombre de mi grupo le planteo esta tarde en la sede de la soberanía nacional. Cuba corre el peligro de presenciar cómo una dictadura se sucede a sí misma por vía de consanguinidad. Fidel Castro se encuentra desaparecido, y esa ausencia tan visible es el prólogo —esa es mi opinión—de su extinción definitiva. Coincidirá conmigo, señor ministro, en que desde el punto de vista español y europeo ese modelo de dictadura hereditaria constituya una aberrante perversión política que choca frontalmente
con los valores y principios que comparten la mayoría
de ciudadanos de este país.
La realidad en Cuba es tozuda y dura, la realidad de la isla es cada día más insoportable. La represión continúa, los presos políticos siguen pudriéndose en las cárceles cubanas, persisten los actos de repudio organizados por la policía política, los
periodistas independientes siguen siendo perseguidos,
detenidos y condenados bajo la enervante acusación
—leo textualmente— de peligrosidad social predelictiva.
En definitiva, señorías, Cuba sigue siendo una gran prisión.
Hace pocos días el disidente sociólogo y economista
Héctor Palacios abandonó su reclusión con una
licencia extrapenal por motivos de salud. Lo explicó él
mismo y permítame leer sus propias palabras: Me soltaron
porque no querían que me muriese en el hospital.
Estoy feliz porque estoy en casa, pero también triste
porque dejo hombres desolados tras de mí. Añadió algo
que es muy importante: Todos los días y a todas horas
en cualquier foro hay que pedir la libertad de los presos
políticos porque las cárceles cubanas son, créanme
—decía—, una pesadilla horrible. Hoy el Parlamento
español, por medio de esta iniciativa del Grupo Popular,
se presta a este reclamo desesperado y exige de nuevo
la liberación de todos los presos políticos en Cuba.
Ha transcurrido ya demasiado tiempo desde que se
desató la crisis de este verano, y aunque parezca insólito,
señor ministro, lo único que los españoles y el mundo
entero han escuchado del Gobierno de España son sus
deseos de restablecimiento del dictador. Señor ministro,
esa no puede ser la posición oficial del Gobierno, y
—concédame la licencia— me atrevo a pensar que en el
fondo no lo es. Por eso, hoy mi partido le presenta esta
interpelación que viene a plantear lo siguiente: ¿Cuál es
la posición del Gobierno respecto al futuro de España?
¿Qué piensa hacer? Al mismo tiempo vamos a plantear
los principios que consideramos básicos para poder construir
una posición común, un consenso español. Entendemos
que el Gobierno de España, al que usted pertenece,
mantenga un diálogo crítico y exigente con las nuevas
autoridades cubanas; entendemos que si el objetivo es
llegar a una transición pacífica a la democracia será
necesario tender puentes con los sectores reformistas que
eventualmente puedan aflorar pero que todavía, hastae nosotros sabemos, no han aflorado. Ese diálogo
crítico y ese estímulo permanente a la reforma deben ir
siempre acompañados de la misma entradilla: La liberación
de todos los presos políticos, los únicos pilares sobre
los que es posible tender esos puentes con los que hoy
detentan el poder en Cuba. En segundo lugar, Cuba necesita
un nuevo rumbo de reformas democráticas que conduzcan
al diálogo sin exclusiones entre todos los cubanos
y sobre la base, eso sí, del respeto a la soberanía y a la
independencia de la nación cubana. En tercer lugar, es
necesario pedir, reivindicar, plantear en ese mapa predemocrático
al que debemos caminar el reconocimiento de
partidos políticos, la libertad de asociación por supuesto,
que lleva implícita el reconocimiento de la primera
libertad y la libertad de circulación. Esas son las coordenadas
para situarnos en un mapa predemocrático creíble,
tangible que nos permita trabajar en la dirección correcta.
Alguien clamó no hace mucho en la isla, desde La
Habana, que Cuba se abra al mundo y el mundo se abrirá
a Cuba. Esa voz, créame, sigue viva en la memoria de
muchos cubanos dentro y fuera de la isla. La apertura al
exilio cubano, aquel exilio cubano que esté dispuesto a
trabajar por la libertad, la democracia y la paz de su país
es otro elemento esencial en un programa de reconciliación
y rencuentro cubano. Ya ve, señor ministro, que
nuestro planteamiento es muy básico porque está inspirado
en la idea de construir un consenso español para
ayudar a tejer un consenso cubano.
Lo que le plantea hoy el Grupo Popular al Gobierno
es la posibilidad de armar una posición común española
que permita al Gobierno presentarse ante sus interlocutores
internacionales con el aval de un consenso nacional.
A nadie se le escapa que en la era de la globalización, por
mucho que planteemos todos que la transición pacífica a
la democracia es un asunto de cubanos entre cubanos, los
actores internacionales van a influir en el proceso que se
sustancia. De hecho, Venezuela ya está intentando colocarse
en el asiento del copiloto de la nave cubana. Por su
parte Estados unidos observa con preocupación la evolución
de un régimen del que depende en gran medida que
no se produzca una avalancha masiva de inmigrantes
desesperados a las costas de La Florida. Es evidente que
Washington debe conciliar sus indudables deseos de
libertad para el pueblo cubano con sus necesidades y
criterios estratégicos de seguridad nacional. En todo caso
—es mi opinión— yo estoy convencido de que los norteamericanos
ya están hablando con las autoridades
cubanas. Mientras tanto, ¿cuál es el papel de España y de
la Unión Europea? Por eso, lo que plantea hoy el Grupo
Popular es una posibilidad para que el Gobierno salga al
mundo a enfrentar esta encrucijada y asuma un papel
protagonista con el respaldo del Parlamento español.
Estoy convencido de que en su entrecortado diálogo con
el Gobierno de los Estados Unidos, si el Gobierno de
España se presenta con una posición común, avalada por
la inmensa mayoría de los representantes del pueblo
español, esa interlocución será más fluida, más ágil, más
fácil, y yo le aseguro que nosotros ayudaremos en la
medida de lo posible para que así sea. Lo mismo ocurrirá
en la Unión Europea. España debe liderar a la Unión
Europea presentándose con una posición respaldada por
el Parlamento que le permitirá, sobre el respeto a estos
principios que he dicho, recabar el apoyo de la práctica
unanimidad de la Eurocámara, de la Comisión Europea
y del Consejo. Señor ministro, yo solo veo ventajas para
que el Gobierno de España se preste a aceptar la invitación
del Grupo Popular a consensuar una política sobre
Cuba en un momento en el que deberíamos demostrar
que nuestra vocación política, al margen de nuestras
diferencias que son evidentes, se inspira en la noble tarea
de defender el interés general y apoyar a los pueblos
hermanos de este país. Es momento por tanto de aparcar
las diferencia que hemos arrastrado hasta aquí sobre su
política exterior, especialmente en el tema de Cuba, y
ofrecer al pueblo cubano una muestra inteligente de
consenso. Es momento de confiar, aunque sea difícil, en
el adversario político y entender que nuestra propuesta
no supone ni un corsé ni una atadura para su Gobierno
sino en cierta medida —permítame decirlo— un plus de
legitimidad para acometer una tarea que será larga —esto
es muy importante— y que sin duda ocupará a más de
un Gobierno democrático de España, y seguro que uno
de esos gobiernos será del Partido Popular.
Hace apenas cuarenta y ocho horas murió otro detestable
dictador, y ese acontecimiento ha servido para que
muchos reflexionemos o reflexionen acerca de la naturaleza
misma de las dictaduras y sus efectos inmediatos y
diferidos. Las víctimas, los traumas, el dolor, el sufrimiento
de Chile que hoy recordamos aflorarán sin ningún tipo de
dudas con toda su crudeza en Cuba cuando el dictador
desaparezca de la faz de la tierra. Algunos llorarán su
pérdida, no lo dudo, pero la mayoría mirará al futuro a
partir de entonces con más ilusión y esperanza. Cuentan
hoy en la isla que se reza más que nunca a la Virgen del
Cobre. Algunos lo hacen para que el dictador se recupere
y la mayoría para que se vaya al cielo cuanto antes. Yo
nunca desearía la muerte a nadie, pero nuestro deber, y
creo que el suyo también, es pensar en los vivos; pensar
en el futuro en libertad de los jóvenes cubanos que tienen
todo el derecho a soñar un futuro en libertad y prosperidad,
porque para ellos otro mundo sí que es posible.
Señor ministro, señorías, voy terminando. Por todo ello
les anuncio que el lunes y el martes mi grupo parlamentario
y este diputado estará a su disposición para negociar,
para transaccionar un texto de moción que será registrado
mañana con ese espíritu de acuerdo del que les he hablado
y sobre la base de los principios básicos que les he
expuesto. Señorías, hagamos un esfuerzo y demostremos
al mundo que cuando hay que trabajar por la libertad y la
democracia todavía somos capaces de ponernos de
acuerdo. Demostremos al pueblo hermano de Cuba que
hay una generación de políticos españoles que aprendió
de la transición española la importancia del consenso y el
valor supremo de la libertad y la democracia.
Muchas gracias. (Aplausos.)
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Jorge Moragas
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