Cuando la injusticia combina la rabia con la tristeza y apretamos los dientes para no rendirnos, muchos españoles catalanes lloramos lagrimas secas. Nos quieren hacer creer que mi tierra catalana es de nuevo el epicentro de España, !oh que miedo! ¡ejercitemos nuestra capacidad para la cábala del pacto que tanto seduce a la España rígida y paleta! parecen incitar los estadistas del establo nacionalista. Es su día grande porque saben que toda España les contempla. Es la noche para erijirse en interprete de la tribu y exhibir la cosmovisión de la parroquia.
Y mientras, toda España disimula su vergüenza y juega al Monopoly integrador de la nación plural. Todos nos apuntamos al debate civilizado de ocultar la verdad, no fuera a parecer que los políticos españoles somos como su pueblo bestia e incapaz de reconocer en la nación grande más colores que los de la paleta básica. Todos hacen ver que el día de Todos los Santos es trascendental para la historia de España. Todos dicen que es así pero algunos intuimos que ya hace algún tiempo que nuestra obra de teatro catalana dejó de inquietar al resto del pueblo español. La capacidad de desafío de Cataluña se ha convertido en un gesto gastado y patético, en un amago infinito. La amenaza repetida del desamor a España acaba por provocar la desidia en el amante más fogoso. España está cansada de Cataluña y nadie lo dice porque con razón el pueblo piensa que nunca es traumático que una nación se canse de si misma. Dicen que nunca pasa nada porque su egoismo les dice que el dolor propio nunca es ajeno. Juegan al separatismo porque en su complejo siempre han pensado que España es demasiado grande, ilusos ellos que creen más en nuestra fortaleza que nosotros mismos!. El mercadeo sentimental produce patologías centenarias. Si España sufre por cataluña, claman excitados los nacionalistas y sus aprendices de última hora, que aprenda a vivir consigo misma. Juegan a la fractura con la violencia y la humillación a lo español porque en el fondo de su parca intuición política confían en nuestro sentido de la historia. Cómo no saben viajar no saben que la ignorancia del corazón ajeno es la antesala civilizada del hastío. . La novedad inquietante del problema Catalán reside en que hoy hay una clase política española que ha terminado por creerse que los catalanes somos personas distintas, algo así como españoles con el aparato reproductor ubicado en el ombligo. Y si no carraspeamos y no vestimos con camisas grises y corbatas lilas es que somos catalanes averiados y enfermos de auto-odio. Pues no. Ese es el síntoma de aquellos españoles que han terminado creyéndose la gran fábula del nacionalismo. Esa es la rendición preventiva que me altera de verdad y me empuja a enfrentarme al esnobismo capitalino que renuncia a su propia libertad. Ceder la españolidad de Catalauña es negar la mayor.Se trata de sentirnos representados los catalanes que adquirimos consciencia política como demócratas españoles después de la transición. No pedimos nada distinto a lo que se hizo con los españoles del Páis Vasco. Ni más ni menos, que defiendan nuestra libertad frontalmente porque creemos que somos iguales. Además, sólo asi el resto de España volverá a creer en la nación de la libertad y la igualdad ¿o No?
Viernes, 22 de agosto
Jorge Moragas
Xoán Xulio Alfaya
ADIÓS AYER
Vicente Torres
Silvia Carreño
Vilagarcía na Rede
Miguel Torres Galera
Manuel Molares do Val
José Javier Solabre Heras
Juan José Coronado
José Sánchez Tortosa