Cristianismo en construcción

En camino a cenas eucarísticas sin sacerdote

28.06.18 | 00:06. Archivado en Acerca del autor

Imaginemos que entra en la humanidad un virus letal que mata a la tercera parte de los seres humanos y, por una razón desconocida, mueren todos los sacerdotes, todos los obispos y el Papa. El desastre eclesial que se produce es mayor. Los cristianos se encuentran completamente desorientados. Una vez que vuelve la calma, sin embargo, surge la necesidad de continuar juntos. He aquí que en distintas partes del planeta en que la iglesia aún está presente, surge la misma pregunta: “¿quién celebrará la eucaristía?”. El sacerdote al consagrar la hostia, alzándola lo más posible, los extasiaba. Ahora en cambio experimentan una carencia que no saben cómo calmar. Les parece que no hay iglesia sin lectura de las Escrituras y sin poder comulgar con Cristo. ¿Qué pueden hacer para recordar la entrega de Jesús, su muerte y su resurrección? Sin rememorar a Jesús y sin compartir su mesa, piensan, el cristianismo se licuará dentro de poco. Seguirá habiendo fe, sí, pero no en el Dios en quien Jesús creyó.

Hace tiempo que vengo escuchando de comunidades que no tienen un sacerdote que celebre en ellas la eucaristía. Me dicen que en Brasil algo así como la mitad de las comunidades carecen de él. Me parece que, puestos los ojos en el futuro, debiera ya ahora ensayarse nuevas modalidades de celebrar fraternalmente la fe.

Sé de una comunidad que se reúne una vez al mes: sus integrantes deciden allí mismo quién puede presidir la celebración eucarística, llevan pan y vino corrientes, cuentan con una plegaria eucarística que se consiguieron creo que en Bélgica, comparten lo que está ocurriendo en sus vidas y, por supuesto, leen y comentan entre todos la Palabra. Llaman a esta reuniones “eucaristías” como si realmente lo fueran. Los motivos para hacer algo así son varios. Pero ellos, por de pronto, no soportan más el modo en que los párrocos y otros curas celebran la eucaristía. Les parece que, conforme cambia la cultura, las maneras de hacerlo traicionan cada vez más la intención del Vaticano II de dar participación a los fieles. La fundamentación teológica para proceder así es esta: en el sacramento del bautismo, aseguran, están contenidos todos los sacramentos de la iglesia. Los bautizados y bautizadas pueden eventualmente extraer de su sacerdocio bautismal el servicio sacerdotal y actualizarlo. En los mismos cristianos, dicen, la iglesia se da en plenitud.

Este caso me ha hecho pensar en la posibilidad de realizar comidas eucarísticas. No en reemplazo de las eucaristías propiamente tales, sino a modo de complemento. Pienso en cenas al atardecer, a la hora del recogimiento, que recuerden que Jesús comía con todo tipo de personas. Los fariseos, que cuando comían hacían grupo aparte, decían de él ser “un comilón y borracho, amigos de publicanos y pecadores”. Estoy pensando en personas que quieren emprender un camino comunitario de seguimiento de Cristo; que no tienen dónde ir a misa porque carecen de una iglesia cercana; que no están dispuestas a que el cura las reprenda en público; que la liturgia de la iglesia se les ha vuelto un rito huero e insoportable; o que sufren con que sus hijos sean hoy alérgicos a la religión y quisieran ellas ofrecerles otra manera de entender la comensalidad cristiana. En estas comidas podría contarse con una pauta elaborada por la misma comunidad: comenzar y terminar con el signo de la cruz, preparar lecturas con anticipación, crear un momento de silencio profundo hacia el final, y comer, tal cual, comer y conversar sobre la vida, sobre lo que ocurre en el país, el mundo y la iglesia igual como se hace en las comidas entre amigos, solo que esta vez con un explícito propósito de dar gracias al Señor. ¿Pudiera resultar?

En Chile estamos lejos de la situación descrita al principio. Ningún virus hace peligrar a los sacerdotes. Pero los eclesiásticos estamos haciendo peligrar a la iglesia. Esto, a la vez, hace pensar que en los próximos cincuenta o setenta años, si se mantiene la tendencia de disminución de vocaciones, habrá poquísimos ministros que puedan celebrar la eucaristía.

Espero que el Papa Francisco pueda ayudar a reflotar el episcopado chileno y los católicos recuperen la confianza en sus autoridades. Igual así, creo conveniente ensayar nuevas modalidades de ser iglesia y de celebrar la fe. Las actuales, con o sin escándalos por los abusos del clero, difícilmente encausan el cristianismo de esta época.


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Comentarios
  • Comentario por Marisa Mauleón 09.07.18 | 13:46

    Continúo; ¿qué impide seguir con esta práctica? ¡Ah, sí! que no hay ministros, pues muy bien, que haya "ministras" No parece poder ser, pues que presida quien tenga carisma en las reuniones y no se ritualice algo tan natural como una comida entre amigos/as. Creo que la necesidad está obligando, pero si la Institución no se piensa rendir ante la evidencia, ya está ocurriendo que en diferentes grupos, al margen de la Institución, ya se celebra el gran Misterio del Amor al que no se le pueden poner fronteras. Se comparte la Palabra, se ora, y se participa de los alimentos. Díganme Uds. si eso no es Eucaristía, si además se contrae un compromiso social; ¿donde está el problema? creo que únicamente en la mente de quienes no quieren ver.

  • Comentario por Marisa Mauleón 09.07.18 | 13:19

    Da la sensación de que sin "Misa" se hunde el cristianismo. No hay "ministros" ¡Qué dilema! es un problema sumamente grave y que al parecer, no encuentra remedio. Pues fíjese Ud. que donde no se encuentra salida, para mí se abren nuevas perspectivas, creo que va a ser positivo para que de una vez por todas se cambie de mentalidad.
    1º ¿Qué es la Eucaristía? vamos al evangelio interpretando su significado, no su género literario: Jesús se reunía a la manera que hoy también lo hacemos cuando queremos celebrar algún acontecimiento o simplemente para compartir nuestra amistad; osea, una cena entre amigos en donde él quiso dejar claro que se iba a jugar el tipo por ser consecuente con sus ideas queriendo que conociésemos un Dios que nada tenía que ver con las prácticas rituales que ellos tenían; - Creo que la historia se repite- Jesús no se hizo carne y sangre para que le comiéramos, más bien nos dio a entender que debíamos dejarnos "comer" darnos siempre ante la necesidad de los dem...

  • Comentario por Marisa 09.07.18 | 12:40

    Totalmente de acuerdo

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