Jesús Mauleón, poeta y cura

Mediodía (Banquete)

03.08.17 | 07:00. Archivado en poesía

(NOTA: Con esta pequeña entrega inicio una pausa estival. Felices vacaciones a quienes puedan disfrutarlas. Y la bendición de Dios para todos).

Fue un banquete feliz: exquisitas verduras.
tras un breve adelanto de frutos
del mar y de la tierra,
creo
que un medallón de carne, supongo que jugosa.
(Es un dato menor, me borra la memoria
la sombra de Platón y su Simposio,
trocada ya la mesa en un festín
de verdad y belleza).

Prontos a dialogar
se alzó el tono regado
con un sencillo
vino del pueblo, seguro y de confianza.
Como postre supongo que elegí
la cima del sabor con los primores
de una naranja reina.

No me preguntes más, sólo recuerdo
que el más alto sabor lo aseguraban
la sonrisa en los rostros, las palabras,
-luz y saber, sabor, sabiduría-
de aquel pequeño círculo amistoso
de luces y de voces
que se sentaban a la misma mesa,
disertando
del aquí y el allá, del universo
aún indescifrado, del tiempo, la esperanza,
el amor y el dolor,
los arcanos del hombre y de la vida.

No es otra la razón de este poema
y de que estos pobres versos, a su modo,
canten aquí un banquete memorable.

(6 de mayo de 2017).


Viajar hacia dentro

20.07.17 | 07:00. Archivado en poesía,

Presento aquí unos versos de viaje. Los países bálticos siguen estando de moda. Yo los visité hace unos años y, entre otros vestigios, me queda este dolido poema. Es una vieja manía de la que nunca me he arrepentido. La fotografía nunca ha sido mi fuerte. Mientras mis compañeros de expedición se volcaban afanosos en tomar imágenes con sus cámaras o sus móviles, yo, pobre de mí, observaba inactivo, pero apuntaba por dentro lo que más me interesaba o conmovía. Así me nacieron poemas vividos en Atenas, Roma, Jerusalén, Auschwitz, Leipzig (en la tumba de J.S. Bach), Nueva York, etc… Éste lo inicié ante las aguas del Dvina, el río que parte en dos la ciudad de Riga, en Letonia. Me vino súbitamente a la memoria la muerte del diplomático y escritor del 98 Ángel Ganivet (1865-1898), autor de Idearium español, Granada la bella, Cartas finlandesas, etc… Nos acompañaba una guía nativa muy culta, que hablaba el español divinamente y conocía a fondo la historia y la literatura española. Naturalmente recordaba las circunstancias del suicidio de Ángel Ganivet en noviembre del 1898. Le pregunté si en Riga se guardaba memoria. Ninguna, me contestó, fuera de unos pocos hispanistas. Y, sin embargo, Ganivet, del que muchos de nuestros estudiantes tienen, en el mejor de los casos, una vaga idea, fue altamente valorado como precursor o miembro de la generación del 98. Nuestra guía me recordó que Ángel Ganivet, bajo una fuerte depresión, se arrojó a las aguas heladas del río y cuando lo sacaron logró desembarazarse de quienes lo salvaban para lanzarse de nuevo a la muerte por ahogamiento o hipotermia.

MORIR TAN JOVEN (Ángel Ganivet)

Morir tan joven fue morir dos veces.
El cielo se cayó contra tu frente
hasta arrasar tus ojos de las aguas del Dvina.
Arrojarte a la indiferencia de la corriente gélida
fue como más morir.
Multiplicando
la muerte por el frío, buscabas desnacerte y redoblabas
tu furiosa querencia del vientre de la nada.
¿Qué cielo se te hundió para que dieras
tu espalda desdeñosa
a los que te sacaron
del agua helada y tu primera muerte?
¿Qué se rompió en tus manos, en tu pluma
que a tus papeles daban
tan pulcra equidistancia entre razón y fuego?
Tanta luz en tus letras, tanta
precisión en la palabra y tanta
tu pasión, tu lucidez de una España
que a la vez escribías y adorabas,
para entregarlo todo a un río extraño
y abandonar tus ojos, en las aguas abiertos
a la final ceguera...

Aquí, Ángel Ganivet, a la orilla del Dvina,
te diré que en Letonia ya nada te recuerda.
Riga vive sin ti. Corren las aguas
de un río ya ignorante de tu nombre.
El tiempo es más cruel en sus olvidos
cuando se aleja de la ajena muerte.

Vive tu muerte en paz, oh maestro olvidado.
Las aguas otras son, nietas de aquellas
en cuyo vientre navegó tu cuerpo,
al cuello dos suicidios
y veinte piedras-muertes más que te lastraron
de locura hasta el fondo.

Morir tan desterrado y en tan ajenas aguas,
tan lejos de la tierra y de los ríos,
carne y venas de una España dolida y requebrada,
fue morir de una furia que te estrelló en los brazos
engañosos del frío, de las brumas,
que te acostó en el pecho
del infinito desamparo.

(Riga, junio de 2005)

(De Apasionado adiós, Madrid, Vitruvio, 2013, p. 121-22).


Procesión del Corpus

15.06.17 | 07:00. Archivado en poesía, Oración,

Vas por mi calle, Jesucristo amigo,
que por amor te hiciste sacramento
y te levantas como monumento
alto y callado de la vid y el trigo.

Entra en mi casa, Jesucristo amigo,
que si ofreces tu cáliz al sediento
y tu pan al cansado y al hambriento,
divinamente cenaré contigo.

Pondré la mesa yo, tú el Pan y el Vino.
La vida pondrás tú que da la vida.
Añadirás tu luz, tu amor, tu gloria.

Unido en ti, por ti, casi divino
gracias a ti y a tu inmortal comida,
será una historia eterna nuestra historia.

(Fiesta del Corpus, 29 de mayo de 2016).


Ante una talla mariana del s. XV

25.05.17 | 07:00. Archivado en poesía, Oración,

En torno a la Ascensión del Señor y en mayo,
no nos parece ajeno ofrecer este homenaje,
humilde y cariñoso, a su Madre.

Pequeñita eres, María,
pero madre y bella.
Se mueve tu Hijo en tu regazo
de derecha a izquierda,
mas está bien segura entre tus brazos
su figura traviesa.
Pero es tu risa la que me enamora
porque es tan suave y no cesa.
Te hizo así el escultor
pequeñita y risueña
según cánones góticos de moda,
de humor y gracia llena.
Te miro y te remiro, tú me vuelves
más pequeñas las penas
mientras sigues riéndote
con tu sonrisa abierta.
De mí puedes reírte. Te proclamo
del humor, del amor, de la sonrisa Reina.

(Septiembre de 2016).


Emaús: Cenar con un resucitado

27.04.17 | 07:00. Archivado en poesía, Oración,

Vaya experiencia. Y hay quien la tiene cada día a su alcance. Uno va de camino de susto en susto, de sobresalto en sobresalto. Yo estuve en Emaús hace ya bastantes años. Es un pueblo a pocos kilómetros de Jerusalén con una iglesia moderna. Nadie nos garantizó que éste fuera con alguna seguridad el lugar al que se refiere el evangelio de Lucas. Pero yo creo haber estado en Emaús más de una vez. Y más veces aún de camino hacia la aldea del milagro. Cuando escribo “de camino”, me refiero a la zozobra, al incierto avanzar de la condición humana. Creo también humildísimamente haber dado al final con el rostro de Jesús. Él se aparece incluso a quienes sin saberlo lo buscan.

¡CÓMO ME GUSTARÍA!

¡Cómo me gustaría
encontrarme contigo en el camino
sencillamente y como por azar
y, al contarte mis miedos, al abrirte mis dudas,
al darte la razón de mis tristezas,
oír tu voz de caminante amigo,
escucharte explicar las escrituras
(y cómo me ardería el corazón de oírte)
y dar razón de ti,
de tu pasión y muerte,
y de tu amor a muerte,
de tu resurrección de entre los muertos!

Y luego ¡con qué amor y con qué
firme presentimiento
te invitaría al ver caer la tarde
a alojarte en mi casa,
sacaría mi pan, serviría mi vino,
te sentaría junto a mí aguardando
los signos de una cena memorable!

¡Cómo me gustaría
verte tomar el pan y bendecirlo,
partirlo con tus manos y, al tenerlo en las mías,
tocar la gloria y descubrir tu rostro!

¡Como me gustaría
encontrarme contigo, aun sin saberlo,
cuando me topo a un hombre que camina
como viajero de mi mismo viaje,
ahora que sé que todos los caminos
están llenos de ti,
que todos los que van a nuestro lado
o se nos cruzan en la misma vida
pueden sentarse a nuestra misma mesa!

¡Cómo me gustaría
vivir en Emaús a cada instante
y descubrir tu rostro y tu presencia
en el rostro divino de los hijos
de nuestro mismo Padre!

¡Cómo me gustaría!

(“Cien oraciones para respirar, p. 80-81,
Obra poética, p. 392).


Hoy no te digo más

06.04.17 | 07:00. Archivado en poesía, Espiritualidad,

Hoy no te digo más. Me quedo en tu silencio,
ese lenguaje inmenso cuando Tú estás conmigo.
No me hables con tu sol ni con palabras.
Habla con tu presencia cuando calla la noche.
Muy quedamente
abrázame de amor mi vida y mi horizonte.
Cuando amanezca, ya gritarán los montes, ya bramarán los mares
lo que Tú les mandaste para tratar conmigo.
Deslumbrará tu sol cuando pongas el día.
Que ahora suavemente parpadeen
las galaxias lejanas
tu mensaje de amor en esta noche.

Cuando amanezca me hablarán los pájaros,
la hierba humilde, el alboroto
primero de los niños o la luz que guía
los pasos del anciano,
los ruidos, los motores.
Cuando amanezca me hablará la vida.

Pero ahora sólo importa tu silencio
inmenso como Tú. Llenas con él mis ojos, mis oídos,
el cielo de mi casa.

(19 de octubre de 2015).


El poeta cumple sus ochenta años

02.02.17 | 07:00. Archivado en poesía, Espiritualidad

Siéntate, escribe, canta, goza, inventa
un soneto sonoro y entonado
donde estén el presente y el pasado
de tu vida que hoy cumple los ochenta.

Tira de gratitud, mima y asienta
un segundo cuarteto esperanzado
en el que quede a muerte bien grabado
el afán de vivir que te alimenta.

Pasan los años, vuelan en huída,
pasa el tiempo y la edad, y ya en tu vida
casi anochece, el corazón alerta.

Con la esperanza en alto y encendida,
vayan tu fe y tu amor siempre en crecida,
que Dios te espera con su casa abierta.

(21 de diciembre de 2016)


Salmo responsorial del próximo domingo

19.01.17 | 07:00. Archivado en poesía, Oración,

Tiempos recios los que nos toca vivir. Guerras, terrorismo, grandes masas humanas de desplazados y de refugiados sin refugio, graves incertidumbres en la política internacional y algunas muy importantes en nuestra propia casa. Desigualdad y pobreza extrema de muchos cientos de millones de hermanos. Se añade a ello la ola de frío y de descreimiento en este viejo continente nuestro.

El miedo y la incertidumbre son como una ropa pegada a la historia del hombre. Nos da una respuesta de oración el autor del salmo bíblico, que libre y modestamente recreo.

EL SEÑOR ES MI LUZ
(Salmo 26)

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

La enfermedad, el paro,
la apretura económica,
el dolor y la angustia,
hasta la muerte misma
no podrán con nosotros.

Por más que el mundo entero
nos proponga otros dioses,
aunque se vuelva todo del revés
y de pronto aparezca
el mundo cielo abajo y tierra arriba,
aunque la fe nos llene de enemigos
poderosos y a muerte,
o de falsos amigos que nos vengan
a vendernos sus lotes placenteros
como dioses más ciertos y visibles:
lo tomamos con calma.

Si nos maltratan enconadamente
o nos toman por tontos o apocados
y si condescendientemente nos dedican
la conmiseración de una sonrisa,
no nos quitan la paz.

No nos consideramos
más puros que los otros
ni mejores que nadie,
pero sí bien seguros
de tener su verdad
y el valor de su brazo a nuestro alcance.

Aunque un ejército de ateos y descreídos o de falsos creyentes
acampe contra nosotros,
nuestro corazón no tiembla.

Aunque en nuestros días
no esté de moda pronunciar su nombre
y pudorosamente lo silencien
incluso
quienes lo reconocen como dueño,
nosotros lo invocamos
y qué amorosamente lo nombramos.

Una cosa pedimos al Señor
y la buscaremos
en casa y en la calle, día y noche,
siempre y en todas partes,
en los instantes todos y de todas
las maneras posibles:

habitar por siempre en su casa,
habitar en el mundo, que es su casa,
amarlo a todo trance y, ante todo,
en el templo del hombre que Él habita,

gozar de la dulzura del Señor,
de su paz, de su vida en nuestra vida,
de su energía para nuestra lucha,
tenerlo siempre aquí como una fiesta
y como una presencia que no falla.

Él nos protegerá en su tienda del mundo
mientras la vida en el peligro dura.

Él nos esconderá sin que metamos
la cabeza y los ojos bajo el ala
y, sin hurtarnos a la diaria lucha,
sabrá alzarnos seguros
a la roca feliz de su firmeza.

(De Salmos de ayer y hoy, Estella, EVD, 2008).


Rareza de villancicos

22.12.16 | 07:00. Archivado en poesía, Sociedad,

Los villancicos españoles más populares son bastante raros vistos desde otras latitudes y se mueven en una simpática, a veces irreverente bullanga, desconocida en los pueblos de Centroeuropa. Tienen a menudo más fiesta que profundidad, mezclan lo divino y lo humano, la Navidad con la Marimorena, los calzones roídos o robados de San José y los peces en el río bebiendo y bebiendo y volviendo a beber… En el “Dime, niño, de quién eres” se pone, muy teológicamente, en labios de Jesús: “Soy de la Virgen María / y del Espíritu santo”, y enseguida se entra en una grave afirmación sobre la muerte que nos aguarda a todos. Cosas del folklore. En otra pieza muy popular se hace una apelación directa a la borrachera y al exceso navideño. Contrastes llamativos que, sin teoría previa, canto o anoto en los siguientes versillos.

VAYA PUEBLO ESTE QUE CANTA

(Villancico)

Vaya pueblo este que canta
y canta la Navidad:
La Nochebuena se viene,
la Nochebuena se va,
y nosotros nos iremos
y no volveremos más
”.

Ellos piensan en marcharse
cuando Dios más cerca está.

Tampoco sobran razones
a un pueblo que en Navidad
pide la bota a María
y se quiere emborrachar.
¿Para llenar sus cabezas
de vino y oscuridad?

Y todo cuando la noche
más clara que nunca está.

Que nadie piense de oscuro
si oye en la noche sonar
“Gloria a Dios en las alturas
y en la tierra al hombre paz”.


Poemas oración para la pausa del verano

11.08.16 | 07:00. Archivado en poesía, Oración

NOTA: Para la pausa de verano que hoy inicio, ofrezco aquí estos diez poemas. Ojalá ayuden algo a la oración de quienes, en vacaciones o en el trabajo, se asomen a ellos.

AL EMPRENDER UN VIAJE

En tu nombre, Señor,
queremos parir.
Que no olvidemos nunca
que vamos hacia ti.
Tú eres en nuestras vidas
el camino y el fin.
Danos hoy tu gracia
un viaje feliz.
Amén.

ORACIÓN DE LA MAÑANA

Gracias, Señor, por el día.
Gracias, Señor, por la luz.
Y gracias por la alegría
de que no nos faltas tú.
De nuevo a nuestra tarea
vamos contigo, Señor,
para que contigo sea
el mundo un poco mejor.
Amén.

DUELE LA TIERRA DE HERMOSA

¡Qué bello creaste el mundo,
mesa de ricos sabores!
Mas son las cosas mejores
cuando me saben a Ti.

Te buscaré en cada piedra,
en cada ave, en cada rosa.
Duele la tierra de hermosa
por tanta huella de Ti.

Duele tu cara en la cara
de cada pobre que pasa
sin pan, sin amor, sin casa,
y duele el dolor de ti.

Desde tu amor, cada día,
seguro a mi encuentro sales.
¡Oh, qué asedio de señales!
Todas me llevan a Ti…

SED DE DIOS

(Salmo 63)

Madrugamos por ti, Señor del día,
pues tú eres nuestro Dios, pura mañana.
Desde una tierra de mortal sequía
por ti suspira nuestra sed temprana.

Ansia de ti tenemos, agua pura,
inmenso amor, torrente deseado,
donde sanar la urgente quemadura
que marcaste de ti en nuestro costado.

Desde el amanecer nada anhelamos
como gozar la sombra de tu casa.
Arrebatados a tu encuentro vamos
desde una tierra que por ti se abrasa.

¡Oh Dios, cómo resuena tu latido
en la entraña del mundo, en su corteza!
¡Y cómo en el paisaje florecido
que vistes de verdad y de belleza!

Te alabaremos, Dios, toda la vida,
aquí o allí, velando o en el lecho,
desde el dolor de la amorosa herida
que tú clavaste a fuego en nuestro pecho.

Siempre eres nuestro auxilio. Nos sostienes
en la zozobra de las horas malas.
Seguros y colmados de tus bienes
cantamos a la sombra de tus alas.

DOS BENDICIONES DE LA MESA

1.Jesucristo, Rey de Vida

Jesucristo, Rey de Vida,
Tú que naciste en Belén,
bendícenos la comida
y danos tu gracia. Amén.
En tu mesa abastecida
te das sin mirar a quién.
Tu bondad está servida
y tu justicia también.
Sigue siendo el capitán
de la paz contra la guerra.
Colma de amor y de pan
a los pobres de la tierra.
Amén.

2.Te bendecimos, Señor

Te bendecimos, Señor,
que das el alma y la vida.
Gracias por los alimentos
y la buena compañía.
Siéntate aquí con nosotros,
que está la mesa servida.
Al hambriento dale pan
y al que está triste alegría.
Gracias por ser el mejor
Padre de nuestra familia.
Amén.

ALLÍ ESTÁS TÚ

Si subo a las montañas o si hojeo los libros,
si bajo a mi memoria o me interno en el bosque,
si me baño en el mar o si abro las ventanas
que dan sobre los hombres,
me topo con tu esfera
de tiempo transparente,
multiplico mis manos
al palparte en el día.

Si aliento, si me quejo, si llevo mi palabra
hacia algo dolorido,
allí estás Tú.

Si monto sobre los siete días de la semana,
si se me paran de tedio los lunes,
si se me caen de fatiga los martes,
si me trotan animosos los miércoles,
si se me quedan sin aliento los jueves,
si se me arrasan de lágrimas los viernes,
si se me desbocan de deseos los sábados,
si tal vez me relinchan de gozo los domingos,
allí, allí estás Tú.

En enero, en febrero, en la luz del verano,
en las cuatro estaciones, en los mil calendarios,
en los faros marinos, en los mapas sin límites,
tras la última lente de los mil telescopios,
allí estás Tú.

Cuandoquiera que ame, que recuerde, que gima,
comoquiera que grite, me levante o alumbre,
dondequiera que vuele, me desmaye o pregunte,
allí,
allí estás Tú.

COMO UN NIÑO

(Salmo 130)

Señor: soy como un niño en tu presencia.
Desnudo de arrogancia, chico y débil,
me abandono a tus brazos y al calor de tu pecho.
Haz de mí lo que quieras.

¿Podrá dejar de ser cuanto suceda
la ventura mejor
para ti y para mí
y una fiesta de amor tu voluntad divina?

Señor, mi corazón sí es ambicioso.
Pero, elevado el vuelo,
¿en qué riqueza habrá de descansar
mejor que en tu riqueza?

Mis pensamientos son desmesurados,
altaneros mis ojos;
¿mas dónde crecer más, ganar altura,
que refugiado en ti
y haciéndome pequeño?

A ti me acojo, oh Dios,
hacia tu corazón modero y guío
mi tropel de deseos.
Descanso bien seguro en tu presencia
como un niño en los brazos de su madre.

ORACIONES DE LA NOCHE

1.Te damos gracias, Señor

Te damos gracias, Señor.
por el día que se acaba,
por el paso de las horas
y por tu amor que no pasa.
Gracias por nuestro trabajo,
por el pan que no nos falta
y por tanta gente buena
que has puesto en nuestra jornada.
Gracias por ti y por nosotros,
por lo que nos quieres… Gracias
por ser de nuestra familia
y vivir en nuestra casa.
Perdona nuestros pecados.
Ponnos tu paz en el alma.
Ampáranos en el sueño
y guárdanos en tu gracia.

Gracias, Señor. Buenas noches.
Un abrazo. Hasta mañana.

2. Y ahora bendecid al Señor

(Salmo 134)

Y ahora bendecid al Señor,
los siervos del Señor,

las hijas y los hijos fatigados
de los trabajos y el afán del día.

Bendecid al Señor los que pasáis
la noche, el día, vuestra vida entera
en la presencia del Señor.

Levantad vuestras manos hacia Él
en el santuario familiar del mundo,
en vuestra propia casa,
y bendecid sin pausa al Señor.

Trabajando, comiendo o descansando
bendecid al Señor, en la certeza
de que en la vida y en la misma muerte
somos hijos queridos del Señor.

¡Qué paz y qué sueño profundo
mientras la sombra del Señor vigila!

El Señor te bendiga desde Sión,
y desde aquí, desde la cabecera de tu cama.

Tu sueño vele en el amor de Padre.
Rendido de cansancio,
encomienda tu espíritu al Señor
y duerme en paz, bien seguro en sus brazos.


Reza y calla el papa en Auschwitz

04.08.16 | 07:00. Archivado en poesía, Iglesia,

Reza y calla el papa en Auschwitz. No me importa volver a recordarlo aquí con el poema que escribí tras mi visita a aquellos espacios innombrables, malditos.

A veces un viaje puede llevarte a las tinieblas. La historia de la humanidad, aun la más reciente, guarda rincones oscuros donde se casan y cohabitan el hedor y la muerte. Viajar a Polonia y no ver Auschwitz es no haber estado en ese bello país ni haber conocido una de las páginas más negras de su atormentada historia y de la reciente historia del pueblo judío y de Europa. El campo de concentración nazi queda aún en pie con todo el horror de sus recuerdos.

Este pobre poeta se detuvo también y rezó en la celda del mártir Maximiliano Kolbe. Vio allí la placa que recordaba su muerte elegida al intercambiarse en la diezma con un esposo y padre de familia. Más tarde, en Czestochowa, vio se fotografía de presidiario, en taje de rayas, como retablo del altar dedicado a su memoria.

El poeta recorrió los barracones y reparó en los restos que se muestran tras las vitrinas. Pero su dolor le crece cuando contempla la serie de fotografías de los prisioneros que cuelgan en una de las paredes. Son fotos de carné, para el registro oficioso de los burócratas del crimen. Son fotos iguales y diferentes en las que cada uno abre los ojos desorbitados y mira como puede a su desolación y a su propia muerte cercana.

AUSCHWITZ

Son pozos y pezuñas del recuerdo, y tantos
que apestan salas lúgubres, barrados barracones,
sótanos del hedor (...).

Al visitante se le irguió el asombro
ante el pelo arrancado a los cautivos,
olió el aire ya parado en el tiempo.
Cómo hubiera besado uno por uno
los cacharros humildes que tocaron sus manos;
hubiera recompuesto, relimpiado
y vuelto transparentes
las arrancadas gafas que los dejaron ciegos.
Tanta presencia aún, tanto dolido bulto
para la vista, el olor y el tacto
hacen vivo el tormento, nueva la llamarada.
Fuera perdura, truena
alzado el paredón, crepita y se remuerde
la conciencia del horno crematorio.

Pero ¿dónde están ellos?,
¿dónde sus limpios huesos?,
¿dónde el olor de holocausto de su carne abrasada?,
¿qué ciega dirección señalaron los vientos
que barrieron gimiendo sus cenizas?

Ellos están aquí. Y no están.
Está el olor. Está el horror... Y están también sus ojos.
Fijos están mirando como entonces
cuando el esbirro los enfrentó a la cámara,
con látigo de flash y fogonazo dijo: “Ábrelos bien, esclavo”.
Y de ahí ahora esta inmóvil colección onírica
de los ojos sin órbitas, abiertos para siempre.

Hay ojos tristes, como ya caídos
hasta el último agujero de la muerte.
Y hay ojos asombrados como soles de espanto.
Ojos abiertos en retadora furia
que acaso sólo pudo estallar un instante
convertido por la fotografía
en adelanto de la furia eterna.
En otros ojos cae la luz en la fatiga
de un astro que va muerto hacia el ocaso.
Pero todos los ojos
ciegan de dignidad a quien los mira
y juntos forman
una constelación acusadora, altiva,
vía de luz para la noche caminante del hombre.
Aún se pregunta el visitante
cómo la obcecación de los verdugos
les pudo perdonar estos ojos
dejar en ellos, en mirada póstuma,
este cielo de soles que en las tinieblas deja
el espacio glacial de quienes pretendieron
exterminar la luz, romper sus huesos, descoyuntar
la ternura del alba.

Queda el horror. Quedan también los ojos.

(Julio 2004)

(Obra poética, p. 550).


¿De qué te quejas si te asiste el aire?

21.07.16 | 07:00. Archivado en poesía, Espiritualidad,

En medio de la vorágine de estos días, con atentados, golpes y contragolpes de estado, Brexit, circo de incertidumbres políticas en el interior, me aparto un instante del mundo y escribo este sencillo poema con Dios al fondo y a la vista.

No me quejo de nada. ¿Qué derecho tengo a ello? Me ha dado Dios muchas, muchas cosas a partir de la vida. Incluida esta obligada y feliz manía de trabajar con las palabras e intentar hacer saltar en ellas un punto de belleza. Se me reveló en la adolescencia y se resiste a morir del todo en la vejez.

¿De qué te quejas si te asiste el aire
y cómo sonreír no has olvidado?
Aún tienes luz y voz, miras, caminas,
es aún tuyo
el don de amanecer
dueño de tus palabras.
De vez en cuando
te apoya aún el bastón de un buen poema
o, al menos,
es bueno para ti, como una medicina
que te anima y entona
este frágil tesoro de tus años.

¿Qué más puedes pedir si Dios está contigo,
poderoso, invisible,
y te regala sin alarde alguno
su amor de cada día, su belleza?


Martes, 19 de junio

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