Lo de hoy va a ser una página muy sencilla, una letanía a la Virgen María. Son unas cuantas flores de palabras para responder a aquella conmovedora invitación de ”las flores” en los mayos de nuestra infancia: “Venid y vamos todos / con flores a porfía, / con flores a María, / que Madre nuestra es”. Se trata de una vieja oración que hice hace tiempo y que ahora reproduzco en forma más abreviada. Que no venga ningún sesudo teólogo a pedirme cuentas. En cambio, quienes quieran rezar e invocar ingenuamente a la Virgen María, tienen aquí unos cuantos piropos para la sencilla devoción.
Santa María,
Santa Madre de Dios,
Madre de todos los hombres,
Madre de la Iglesia,
Madre mía (nuestra).
María de Nazaret,
Mujer del carpintero,
Mujer de su casa,
Limpia y trabajadora,
Vecina buena,
Amiga de fiar,
Pariente fiel,
Aldeana humilde,
Mujer con sentido común.
Madre de Jesús niño,
Madre de Jesús joven,
Madre de Jesús adulto,
Madre del Maestro,
Madre del taumaturgo (hacedor de milagros),
Madre del condenado,
Madre del azotado,
Madre del crucificado,
Madre del resucitado,
Madre asombrada,
Madre perpleja,
Madre dolorida,
Madre dichosa.
Mujer prudente,
Amante de la justicia,
Sabia de puro buena,
Mujer valiente,
Mujer de carne y hueso,
Mujer llena de Dios.
Estrella hermosa,
Estrella de la mañana,
Estrella de la tarde,
Estrella de la noche,
Estrella, siempre estrella.
Madre de la vida honrada,
Madre de la buena muerte,
Medicina de cuidados,
Rosa entre rosas,
Perfume delicado,
Agua clara,
Pan tierno,
Buena como el pan.
Mujer la más famosa,
Mujer la más alabada,
Mujer la más invocada.
Dichosa porque creíste,
Feliz porque te fiaste,
Mujer compasiva,
Mujer llena de ternura,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consuelo de los tristes,
Auxilio de los cristianos.
Madre de la fe,
Madre del amor,
Señora de la luz,
Amiga de la vida,
Madre de la vida,
Manantial de dulzura,
Río de consuelo,
Mar de esperanza,
Servidora de la paz,
Hacedora de la paz,
Reina de la paz.
Amén.
Y dale con lo que cuestan las Primeras Comuniones. Que no, que no cuestan nada. Lo escribí el año pasado por estas fechas en este blog de mis pecados. Ahí andan diciendo y escribiendo que, por la crisis, las Primeras Comuniones han reducido costes. Y dan cifras y más cifras y establecen diferencias por Comunidades autónomas o por la situación de los bolsillos. Que no, que las Comuniones son gratis. Lo que cuesta, y a menudo lleva al exceso, es la tontería social.
Yo acabo de estar muy cerca, pero que muy cerca, de la Primera Comunión de un niño. ¿Traje? Un limpio y sencillísimo atuendo de calle. ¿Banquete? Un económico menú en un centro de esparcimiento para un reducido número de comensales que apenas iba más allá de la familia más íntima. En alguna ocasión anterior, y en otros casos que he conocido, la comida familiar se ha organizado en el propio domicilio.
La Primera Comunión es gratis. No se cobra ni el prolongado trabajo de los catequistas, ni los preparativos últimos, ni la celebración en la iglesia. La segunda, la tercera, la cuarta Comunión... también son gratis. Lo son todas las que el niño pueda ir recibiendo, si se mantiene en la fe, a lo largo de su vida. Jesucristo se nos da en su amor gratuitamente. Las parroquias se esfuerzan por vivirlo y hacerlo entender así.
Pero, vista la costumbre social de la Primeras Comuniones, incluso en padres que no tienen ninguna vinculación visible con la Iglesia, no es ya nada raro que, para muchos, la Primera Comunión sea la última.
Qué bien si a unos sobrios preparativos para la fiesta se añadiera siempre ese punto de fe que calara en el sentido último del acontecimiento.
No es seguramente el mejor poema de mi libro “Este debido llanto”, que escribí de un tirón y en un estado de éxtasis, o de sosegada furia, en los dos meses siguientes a la muerte de mi madre. Son versos escritos algo después, en la primera fiesta de la Ascensión, ligeramente alejada ya de la conmoción en que nacieron la mayoría de los poemas. De ahí quizá alguna leve concesión al oficio y hasta un tono de menor intensidad. Pero supongo que puede ir bien en la fiesta que la Iglesia celebra estos días. Supongo también que, cuando muchos creyentes ven al Señor ascender a los cielos, no pueden menos de recordar en la fe y la esperanza a algún ser querido, “la mitad de mi alma”, que acaban de perder.
DÍA DE LA ASCENSIÓN
Cristo se va. Queda invisible,
mas no hay lugar donde poner los ojos.
Bello es el sol que aún nos alumbra,
siempre por poco tiempo, bella
la vida poderosa que en juventud estalla.
Bello es seguir, amar, respirar cada día,
levantarse y hacer de la mañana
un estreno de luces y de dones.
Pero ¿a dónde va esta huida velocísima?
¿Qué premios busca en su carrera el tiempo?
Cuando te vas al cielo
y te oculta en el aire la envidiosa nube,
rompes mi corazón, lo paralizas
de caída orfandad, oh levantado
por encima del mundo que se acaba.
Mi Dios que subes, si me ves pasmado,
aún mirando a tu altura que se esconde,
no me dejes así, dame tu mano,
siempre, siempre invisible,
para mover lo hermoso de este mundo,
amar y amarte y aguardar
a que tu amor me abra las alas
para ascender a ti.
Hay
cerca de ti, entre tanto,
junto a la muchedumbre de los tuyos,
una anciana mujer que se llevó mi vida
y me dejó temblando en este mundo.
Cuando la oigas cantar: “Amén, la bendición,
la gloria, la sabiduría,
la acción de gracias, el honor, la fuerza
son
de nuestro Dios, por los siglos de los siglos”,
piensa en tu gloria que ese canto es mío.
Y luego abrázala, y abraza
la mitad de mi alma.
(28 de mayo de 2006)
(De Este debido llanto, Madrid, Vitruvio, 2010).
Hay milagros que sólo se explican por sí mismos. Uno de ellas es la madre. Inútil perderse en palabras.
Ofrezco tres miniaturas a quienes tienen madre. O a aquellos a los que se les fue allá arriba y la recuerdan con mucho amor. La última de estas miniaturas consiste en unos sencillísimos versos de oración a la Virgen María, a la que tenemos por "madre de Dios" y "madre de la Iglesia". La invocamos aquí, en la súplica, como madre de las madres.
SI QUIEN MÁS DA, MÁS TIENE
Si quien más da, más tiene,
tú eres
la persona más rica que conozco.
Toda tu vida te recuerdo dando.
A NAVEGAR
Madre, vida, luz, desvelo,
Amor de dar y más dar:
Dios te lleve a navegar,
Remera de su hondo cielo,
Estrella de su alta mar.
VIRGEN MARÍA, MADRE
Virgen María,
“madre admirable”,
madre de Jesús,
de las madres madre:
protege a la mía
de todos los males.
Por lo mucho que ama
dale tu amor. Dale
por lo que ella da
lo que tú dar sabes.
Cólmale la vida
de felicidades.
(De El día de la Madre, Madrid, San Pablo, 2003).

Leo que un párroco de Alicante se niega a dar la Primera Comunión a una niña discapacitada y que el Obispado de Orihuela-Alicante respalda su actuación. Pocas horas después veo una noticia rectificando la anterior. Obispado y párroco no niegan la Comunión a la niña. Simplemente piensan para ella en una preparación adaptada y diferenciada.
Desde la distancia no puedo entrar a juzgar el caso concreto. En principio, me parece de sentido común dar a estos niños una catequesis razonable y adaptada: una formación breve, sencilla, con mucho respeto y mucho cariño, que se atenga a lo más esencial.
Tengo una bellísima experiencia, directa y personal, que puede venir a cuento. No hay dos casos iguales, desde luego. Mi historia se refiere a Genarito, un niño con síndrome de Down. Hablé de él y de su Primera Comunión en “Buenos días nos dé Dios” de Radio Nacional hace ya muchos años. Lo publiqué en un librito titulado “Palabras al amanecer”, editado por Verbo Divino. Ahí va la historia.
GENARITO
Tengo un amigo que se llama Genarito Aguinaga. Mi amigo Genarito es un niño con el síndrome de Down.
He dicho que es amigo mío y lo repito. Me quiere a rabiar y, aunque no sea mérito mío sino suyo, estoy muy orgulloso de ello.
Amigo oyente: No creas que me estoy inventando nada. Genarito Aguinaga es de Unzu, un pueblecito que está a diez kilómetros de Pamplona en el que yo sirvo como cura.
Al principio del año actual, en una cadena de emisoras de radio, y en un espacio de las primeras horas de la noche, un conductor del programa inteligente, con voz cálida y empapada de humanidad, pedía a sus oyentes que le contasen su experiencia más feliz del año que se fue. Yo, acostado en la cama, eché una rápida ojeada a los doce meses transcurridos y me acordé de la Primera Comunión de Genarito. Enseguida comprendí que este acontecimiento había sido seguramente el que más feliz me había hecho en todo un año. Estuve a punto de llamar a la emisora para contarlo. Me detuvo lo avanzado del reloj, un cierto retraimiento natural y la consideración de que la centralita debía de estar bloqueada por la masiva respuesta de los oyentes.
Pues sí, Genarito Aguinaga, de doce años de edad, con el síndrome de Down, hizo su Primera Comunión, en la iglesia de Unzu, el 9 de junio de 1991. Y fue una fiesta preciosa.
Yo me encargué de prepararlo. De hablar con él de la Última Cena, de Jesús, que es su amigo y amigo de todos, del pan y el vino, del Cuerpo y la Sangre de Jesús... Le conté muchas escenas del Evangelio que, por cierto, a él le encantaban y se las aprendía enseguida. Porque Genarito Aguinaga entiende todo mucho mejor de lo que creen algunos y tiene una memoria fabulosa. Una vez, cuando yo me disponía a contarle un milagro del Señor, él me dijo: “Jezú, cuéntame el de la camilla”. El de la camilla es el de la curación del paralítico, con boquete en el tejado incluido, que a él le chifla.
En fin, no tenemos tiempo para muchos detalles. El día de la fiesta él estuvo junto a mí en el altar. La homilía la predicamos entre los dos. Yo le hice preguntas y él respondió feliz y sin azararse para nada.
Por si fuera poco, además de los cantos, una amiga de su familia, una chica de quinde años que estudiaba quinto de violín en un conservatorio, nos tocó en el silencio tras la comunión el Ave María de Schubert. Sabido es que las lágrimas no hacen ruido y, por tanto, no se llevan nada mal con la música.
La comida con la familia y los amigos prolongó la felicidad de Genarito y la nuestra.
Porque Genarito Aguinaga es muy feliz. Y muy cariñoso. Yo le suelo decir –exagerando un poco- que es el más cariñoso de la Cuenca de Pamplona. A él le encanta que se lo diga. Pero no se le sube a la cabeza. Lo hace más feliz. Y aún más cariñoso...
(De Palabras al amanecer, Estella, Verbo Divino, 1994, p.99-100).
NOTA: Ahora, en 2013, Genarito es ya mayor, y lo llamamos Genaro. Y sigue siendo muy amigo mío.
Lo oí hace ya muchos años y se me quedó clavado para siempre. Las futuras generaciones hablarán de nosotros como de gentes despiadadas y sin alma. Se preguntarán: ¿cómo fue posible en una época que presumía de una civilización tan avanzada? Podrán decir que sobraba la comida en la mesa del rico banquetero y se tiraba a la basura delante de Lázaro hambriento. Estos días está sonando con insistencia la larga denuncia del hambre de los más pobres. Hay medios más que suficientes para alimentar a la población mundial. La mitad de los alimentos que se producen acaban en la basura o pudriéndose en el campo. Entre 1.200 y 2.000 millones de toneladas se desechan, según un informe del Instituto de Ingenieros Mecánicos (IME) británico. Y aún carecen de lo más esencial más de 870 millones de personas, el 12,5 % de la población del planeta, si atendemos a una información que procede de la FAO. Cuando uno lee el alto porcentaje de alimentos que se pierden en nuestras despensas, no puede menos de pensar que somos una generación de ricos inconscientes con muy escaso corazón. Hay que oír a algunos misioneros de África o de otros continentes cuando escuchan las quejas de crisis y pobreza de nuestro entorno. No digo que no haya aquí apuros que es necesario remediar con urgencia. Pero a ellos nuestra crisis y nuestras pobrezas les parecen bromas de millonarios.
No sé si tenemos perdón de Dios. Si lo tenemos será por pura misericordia. Partiendo de una recreación del salmo 22, el que se pone en labios de Jesús en la agonía del Calvario, podemos rezar por los ejecutados en la cruz del hambre. Y por nosotros y por quien pueda y quiera poner remedio.
A PESAR DE MIS GRITOS MI ORACIÓN NO TE ALCANZA
(Desde el Salmo 22)
Dios, mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;
a pesar de mis gritos mi oración no te alcanza.
¿Por qué me han abandonado
incluso quienes dicen ser tus hijos?
Más que hombre, soy gusano
que pisan sin mirar los poderosos
y una legión anónima de complacientes cómplices.
En ti confiaban nuestros padres,
confiaban y los ponías a salvo.
Se alza hasta ti
como un clamor el hambre de los pobres,
pero sus largos gritos no atraviesan las nubes.
Desde el vientre materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca
y nadie me socorre.
Me acorrala un tropel de novillos,
un cerco de leones que a mi costa
rugen y descuartizan.
Me devora en festín de dentelladas
la fiera indiferencia,
le asaltan a mi carne una jauría
de mastines humanos.
Lejos, al parecer, quedan sus dientes;
a salvo, bien distante
queda su corazón, bien tapiados sus ojos,
sordos como la muerte sus oídos.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
Líbrame de la miseria que degrada,
de la pobreza extrema que aniquila.
Prefieren no mirar, pues si me miran,
se les revolverán en el estómago
las delicias del último banquete.
Cuando llamo a su puerta,
prefieren no mirar, ni ver sus perros
mientras me lamen de piedad las llagas.
Apiádate de mí, que hasta me barren
las migajas que caen de la mesa.
Sálvame, Señor, de las fauces del león,
salva en la noche a este pobre de las astas ciegas
de una feroz manada.
Pues se te rompe el corazón de Padre
por el pobre y hambriento
mucho antes que te grite y pida auxilio.
Te alabaré, Señor, llorando mientras muero.
Te alabaré delante de tus fieles.
Te gritaré, les gritaré llorando
que los hambrientos quedarán saciados.
Socórreme, Señor, en mi agonía.
Socórrelos. Con tus mejores hijos e hijas
cambia, Señor, la cara de esta tierra
para que hablen de ti a la generación futura
y canten tu justicia a un pueblo nuevo
que al fin ha de nacer.
(De “Salmos de ayer y hoy”, p. 57-59).
¿Quieres rezar? Aprovecha y reza con la sencillísima oración que este pobre diablo te ofrece. El mundo aparece a veces ante nuestros ojos como un vertedero. Los medios de comunicación se encargan de que en las noticias que lanzan abunde lo putrefacto.
Alégrate. Vive. Reza. Sé feliz en la Pascua de este más que dudoso 2013. Es un modo de decirte “Felices Pascuas”. Muchas son las resistencias que se nos oponen a la felicidad que nos deseamos estos días. Jesús estrena una vida nueva. Nosotros, desde nuestra comprobada pobreza humana, podemos dar un salto con Él hacia “las cosas de arriba”. Resucitemos con Él. Y ayudemos a resucitar.
SONETO DE RESURRECCIÓN
Sal del sepulcro. El aire te reclama,
señor del fuego, dueño de la vida.
¡Arda la primavera renacida,
hermana de la flor y de la llama!
¡Viva la cruz que en árbol se derrama
por la alta madrugada florecida!
Tanto la gloria en ti crece y anida
que vive en ti y por ti inmortal la rama.
Aleluya. Aleluya. Para verte
se pone en pie de luz la primavera
sobre la tumba oscura del invierno.
Dame la mano, Cristo, a vida o muerte.
Dame la vida a vida duradera
para vivir en ti vivo y eterno.
(Obra poética, p.436).
Próximo el Jueves Santo, con la imagen de Jesús, el “servidor” de todos, lavando los pies de sus discípulos, tratando de lavar sus mentes de alguna costra de ignorancia (Lc 22, 24-27), entran de lleno en la actualidad unas “llamativas” palabras del Papa Francisco.
Hemos oído y leído repetidamente a periodistas o comentaristas que se extrañaban de esta frase del Papa en su primera misa oficial: “El verdadero poder es el servicio”. Asombra que la afirmación les suene a nueva, quizá a revolucionaria.
Señor, haz del papa Francisco un instrumento de tu paz.
Donde haya prepotencia, que él ponga humildad.
Donde haya fasto y lujo, que él ponga pobreza y sencillez.
Donde haya ambición de poder, que él elija y permita elegir a los que prefieran el servicio.
Que sepa amar y defender la naturaleza, la creación y las criaturas, como el regalo de la mano sabia de Dios.
Donde haya complicación, trabadas estructuras de poder, que él ponga la fe, el amor y la ingenuidad franciscana.
Donde haya exceso de solemnidad y arrogancia, que él ponga sentido común y sentido del humor.
Donde haya indiferencia y aspereza, que él ponga ternura.
Donde haya una catarata de documentos distantes, que él ponga corazón y palabra cercana.
Donde haya gestos justicieros, que él ponga misericordia.
Cuando el fantasma de la ruina aparezca en la Iglesia, que él corra con todos a apuntalarla o a reconstruirla.
Cuando le fatigue y le abrume verse rodeado de gentes importantes, que él sepa escaparse y correr a la calle de todos.
Que como Pedro pueda decir “Oro ni plata no tengo. En nombre de Jesús Nazareno: levántate y anda”.
Que cuando le llamen Su Santidad se sienta extraño desde la humildad y el humor “porque sólo Tú eres santo”.
Que cuando alguien se arrodille ante él, le diga rápidamente, como Pedro al centurión Cornelio: “Levántate, que soy un hombre como tú”.
Que, sucesor de Pedro, nunca se sienta cómodo y halagado con los honores de monarca absoluto o de Jefe de Estado.
Que nunca caiga en la idea de pensar que los grandes problemas se resuelven con grandes, largos y sabios documentos, que casi nadie lee, sino con el magisterio del ejemplo propio y el de sus hermanos.
Que olvide todos sus altísimos títulos honoríficos para quedarse sólo con el de “siervo de los siervos de Dios”.
Señor, haz de él un instrumento de la colegialidad y de la colaboración responsable de todos.
Señor, haz de él un buscador incansable de la unidad entre todos los que creen en Jesucristo.
Señor, haz de él un instrumento de tu justicia del amor, de tu misericordia en la Iglesia y en el mundo.
Amén.
* La famosa oración atribuida a san Francisco de Asís no pertenece a él y es de fechas mucho más recientes. Pero todos están de acuerdo en que, dado el espíritu y el tono de su texto, el “Poverello” no habría tenido inconveniente en hacerla suya.
Leo en RD la noticia sobre la entrevista de la madre del cardenal de Viena Christoph Schönborn al periódico austriaco Kleine Zeitung. Quizá para cuando esto salga ya haya papa nuevo. Muy posiblemente no será él.
Conmovedor. Lo primero que sorprende es que un cardenal tenga madre. Lo normal es que la inmensa mayoría de ellos, por fuerza de la edad, sean ya “huérfanos”. Echo mis cuentas y veo que cuando yo tenía los años del cardenal, también vivía la mía. Tenía exactamente 92 años, los mismos que la madre de Schönborn (murió dos años y pico después).
Pero lo interesante y llamativo es que la abuela Eleonore Schönborn no quiere de ningún modo que su hijo sea Papa. Uno comprende los motivos. Demasiada carga. Ella ha conocido muy de cerca el peso del Arzobispado de Viena y los trabajos de su hijo para hacer frente a los problemas que se encontró. Curiosamente, la anciana habla de “infamias en el Vaticano” y de “intrigas en Viena”. Bueno, a las madres, y más a las de 92 años, se les puede perdonar que no sean del todo diplomáticas...
Dios proteja, purifique, y bendiga a nuestra madre Iglesia, maravillosa y humana, santa y pecadora, que abarca desde el Papa hasta el último bautizado de hoy. ¡Y vivan las madres!
Los días pasados se daban noticias sobre el Anillo del Pescador que Benedicto XVI dejaría de utilizar como tal y mantendría quizá en su dedo con alguna transformación o desfiguración. Evidentemente el bucólico nombre viene de Pedro, pescador del Tiberíades y luego “pescador de hombres”. Qué bien que los papas, con esa inmensa carga que la historia ha colocado sobre sus hombros y sus espaldas, mantengan la memoria de su humildísimo origen. Pedro y sus coetáneos, puestos de pronto en el Vaticano, tendrían serias dificultades para reconocerse como antecesores. Que el obispo de Roma lleve en su dedo un anillo, símbolo de su servicio a los creyentes, que se llama el “anillo del pescador” es un fino detalle de humildad que evoca, como un vientecillo refrescante, los orígenes de papado. Y eso aunque la carga añadida sea abrumadora.
Rafael Alberti, el gran poeta del 27, ni fue creyente ni se dedicó a darnos lecciones en asuntos de fe y de vida de Iglesia. Pero acertó con unos versos famosos que se recuerdan estos días. Título: “Basílica de San Pedro”. Es un poemilla dirigido a la estatua medieval de san Pedro en bronce, situada y muy venerada en la nave derecha de la basílica. El juego ligeramente irreverente y travieso de sus métrica atina con la intuición de un dato esencial: la suma sencillez de la Iglesia en sus comienzos y el complicado peso con que los siglos la han cargado. Escribe desde la nostalgia del primer papa pescador.
BASÍLICA DE SAN PEDRO
Di, Jesucristo, ¿por qué
me besan tanto los pies?
Soy San Pedro, aquí sentado,
en bronce inmovilizado, no puedo mirar de lado
ni pegar un puntapié,
pues tengo los pies gastados,
como ves.
Haz un milagro, Señor.
déjame bajar al río,
volver a ser pescador,
que es lo mío.
Rafael Alberti
(De Roma, peligro para caminantes, México 1968).
Repetimos: El poema no es precisamente una lección de Teología. Pero nos puede mover a rezar:
Señor: Que nuestra Iglesia, obligada a adaptarse cada día al paso de los tiempos y a desembarazarse de todo elemento ajeno y contrario al Evangelio de Jesús, no pierda nunca de vista ni al Carpintero humillado y crucificado ni a su elegido Pedro, el pescador de aquel casero mar de Galilea. Amén.
Sancte Petre, ora pro nobis.
Viernes, 24 de mayo
Peio Sánchez Rodríguez
Faustino Vilabrille Linares
Juan Fernandez Krohn
Francisco Margallo
JC Rodríguez, A Eisman
Ana Bou
Manuel Mandianes
José Moreno Losada
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia