Jesús Arameo

Pensar con el corazón y amar con el hígado

12.08.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

La semana pasada comentamos el pasaje en el que el evangelista Lucas decía “María guarda todas estas cosas, y las interpreta (P-Ḥ-M) en su corazón” (Lucas 2:19). María puede interpretar con el corazón porque el corazón está hecho para meditar. Hay más textos en los Evangelios en los que queda claro que el corazón sirve para pensar. Incluso usando otras raíces verbales que también significan “pensar”. Por ejemplo:

Lucas 5,22: «¿Qué caviláis (Ḥ-SH-B) en vuestros corazones?»

Mateo 13,15: «Y con el corazón entiendan (S-K-L)»

El corazón en arameo se dice lebbâ', correspondiente al árabe lubb y el hebreo lebb o lebâb, con el significado orginal de “núcleo, semilla”, y –en sentido figurado– “el significado oculto, la esencia de una cosa”. Es lo contrario de la cáscara, y de ahí el dicho popular árabe: «¡Escoge el lubb y arroja la cáscara!». En árabe, el verbo labba-yalubbu significa “abrir y sacar el hueso de la fruta”. El corazón es el centro. Lebbâ' es el término que poéticamente usa Jesús cuando dice que va a estar enterrado tres días: «Así estará el Hijo del Hombre en el corazón (lebbâ') de la tierra tres días y tres noches» (Mateo 12:40).

Nosotros -los occidentales- amamos con el corazón; pero para los semitas el corazón no era la sede del amor sino la de la inteligencia. Nuestra inteligencia está en el cerebro, la de los semitas en el corazón. Es importante poner cada palabra en su contexto cultural y cada personaje en su mundo, para poder entenderlo mejor y así poder amarlo mejor.

En un estudio excepcional de la lengua hebrea (El libro de José o sobre el lenguaje arcano) escribía en 1571 Benito Arias Montano: «El hígado es el órgano del amor y de los sentimientos apasionados, como está escrito: “Hasta que una saeta le traspase el hígado” (Prov 7:23). Y “Mi hígado fue derramado en la tierra por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo” (Lam 2:11)».

Por todo ello, no nos sorprende escuchar a Job decir a Dios: «Tú has cerrado su corazón a la razón» (Job 17:4). Es cierto que, tanto entre los hebreos como entre los árabes, encontramos expresiones relativas a lo afectivo que se atribuyen directamente a otros órganos. Por ejemplo, leemos en Proverbios 23:16: «Se regocijarán mis riñones». Pero el órgano por excelencia de los afectos es el hígado. Todavía hoy en Marruecos una madre le dice a su niño como expresión de cariño: “Yâ, kibdi” (“Ay, hígado mío”), o escuchamos en las canciones populares de amor «Tú me has roto el hígado».

Así que Jesús, y María, y los apóstoles, y Moisés, y Muhammad..., todos ellos semitas, amaban con el hígado.


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