Jesús Arameo

Un testimonio exige pronombres personales

13.08.17 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Cuando amamos a alguien, no sólo amamos un aspecto de él (cuerpo, mente, corazón...). Sino que lo amamos todo. La forma de expresarse de alguien es parte esencial de su personalidad; parte de lo que amamos de esa persona. Si conseguimos volver al arameo de Jesús, muchos serán los que le amen también por cómo habla. Y todo esto lo digo ahora para explicar que en el modo de expresarse de Jesús aparecen muchísimos pronombres personales. No es sólo por estar hablando en arameo. Es porque, para Jesús, los pronombres personales son trascendentales.

Cuando empleamos pronombres personales y los empleamos con abundancia, no vamos a dejar el menor resquicio de duda de quién habla a quién de qué. Esto sucede, como decimos, muy a menudo en el lenguaje de Jesús. Por ejemplo, ahora estoy leyendo Marcos 10:38. Santiago y Juan le han pedido sentarse a su derecha y a su izquierda en el Reino. Y Jesús les contesta:

ܗܽܘ ܕ݁ܶܝܢ ܐܶܡܰܪ ܠܗܽܘܢ ܠܳܐ ܝܳܕ݂ܥܺܝܢ ܐܢ݈ܬ݁ܽܘܢ ܡܳܢܳܐ ܫܳܐܠܺܝܢ ܐܢ݈ܬ݁ܽܘܢ ܡܶܫܟ݁ܚܺܝܢ ܐܢ݈ܬ݁ܽܘܢ ܕ݁ܬ݂ܶܫܬ݁ܽܘܢ ܟ݁ܳܣܳܐ ܕ݁ܶܐܢܳܐ ܫܳܬ݂ܶܐ ܐ݈ܢܳܐ ܘܡܰܥܡܽܘܕ݂ܺܝܬ݂ܳܐ ܕ݁ܶܐܢܳܐ ܥܳܡܶܕ݂ ܐ݈ܢܳܐ ܬ݁ܶܥܡܕ݂ܽܘܢ

Palabra por palabra, en traducción literal: hû [él] dên [entonces] 'emmar [dijo] lëhûn [a ellos] lâ' [no] yâᶁ°în [sabedores] 'ë(n)ttûn [vosotros] mânâ' [qué] shâ'lîn [pidientes] 'ë(n)ttûn [vosotros] meshkëḥîn [capaces] 'ë(n)ttûn [vosotros] dëṯeshtûn [que bebais] kâsâ' [el vaso, el cáliz] de'nâ' [que yo] shâṯe'-'nâ' [bebedor yo] wëma°mûᶁîṯâ' [el bautismo, la inmersión] de'nâ' [que yo] °âmeᶁ-'nâ' [bautizante yo] te°mëᶁûn [bautizaréis]. En castellano plano: «Él, entonces, dijo a ellos: “No sabéis vosotros qué pedís vosotros. ¿Seréis capaces vosotros de beber el cáliz que yo bebo, yo, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me bautizo, yo?”».

Si se eliminan estos pronombres personales, por resultar pesados para la lectura, el texto pierde parte de su sentido. Por ejemplo, en este texto de Marcos 10:38, Jesús está dando un testimonio de martirio, y pidiendo un testimonio de martirio. En este contexto, la sobreabundancia de pronombres personales no puede simplificarse sin mutilar parte del mensaje. Eliminando los pronombres personales de la traducción la trivializamos. Siempre nos va a suceder esto mismo: perdiendo el tono de las palabras y los giros del lenguaje de Jesús, hay algo de él que no estamos pudiendo amar.


¿Qué es el testimonio?

06.08.17 | 12:00. Archivado en Esencial para entender a Jesús

A raíz de la lectura del Evangelio que dio lugar al post de la semana pasada, en el que el polvo del camino era convocado al Juicio Final como testigo, he ido al pasaje de Juan 19:35 en el que se dice:

ܘܡܰܢ ܕ݁ܰܚܙܳܐ ܐܰܣܗܶܕ݂ ܘܫܰܪܺܝܪܳܐ ܗ݈ܝ ܣܳܗܕ݁ܽܘܬ݂ܶܗ

Palabra por palabra: wëman daḥçâ' [Y quien vió] 'as·heḏ [testificó] wësharrîrâ' [y la Verdad] (hy) [ella = es] sâhdûṯeh [su testimonio]... Y he pensado que todavía no he explicado qué es el testimonio para un arameo-parlante.

En arameo, la raíz verbal “testificar, testimoniar” es S-H-D, y, por ello, todo lo que tenga relación con dar testimonio o ser testigos de algo, sea lo que sea, se dirá empleando esta raíz. La sâhdûṯâ' (el testimonio) es la consecuencia de la presencia. Se da testimonio porque se ha presenciado algo. Por eso, puesto que es cuestión de presencia, la sâhdûṯâ' puede ser realizada por un ser humano o por Dios mismo. Nosotros pensamos que sólo los seres humanos dan testimonio, de esto o de lo otro. Pero no es así: también Dios puede y debe hacerlo y de hecho lo hace. Dice Jesús: «El Padre que me ha enviado es el que hace sâhdûṯâ' de mí» (Juan 5:37).

Porque la sâhdûṯâ' está relacionada con la construcción del mundo; con la cimentación de la realidad por medio de la palabra. En un universo creado por la palabra y en unas sociedades basadas en la tradición oral, la palabra tiene un valor que a nuestros conciudadanos se les escapa por completo. Una sâhdûṯâ' sirve para que «resucite toda palabra (tёqûm kul mel·lâ')» (Mateo 18:16) y tiene una capacidad inconcebible de destruir, construir o transformar la realidad.

En el Evangelio, no sólo se hace sâhdûṯâ' de la autenticidad del mensaje de Jesús (ya citado Juan 5:37, o también Juan 1:7, Juan 15:26). Se puede hacer sâhdûṯâ' de cualquier cosa que sea verdad y cuyo general conocimiento sirva para que las relaciones sociales sean más auténticas. Por ejemplo, Jesús hace sâhdûṯâ' de que uno de los discípulos va a traicionarlo (Juan 13:21), de que ningún profeta es aceptado en su tierra (Juan 4:44), o de que las esclavitudes del mundo son dañinas (Juan 7:7). El sólo hecho de que Jesús haga esta última sâhdûṯâ' explica, a sus ojos, que el mundo le odie; porque una sâhdûṯâ' no es una mera opinión sobre algo, sino un juramento, algo que tiene tal fuerza que entra en el ámbito de lo divino, sin por ello abandonar el de lo humano. Es un hábitat compartido entre Dios y el hombre. De ahí la importancia dada en el Antiguo Testamento, y recordada en el Nuevo, de no hacer una “falsa sâhdûṯâ'”, lo que ha llegado hasta nosotros en la expresión un poco devaluada de “dar falso testimonio”.

En conclusión, en las lenguas semíticas, “testimoniar” y “ver” son realidades que van de la mano. En el versículo que comentamos, Juan dice: «Y quien vio dio testimonio» (Juan 19:35). También en la tremenda conversación entre Jesús y Nicodemo, en la que éste no acierta a comprender cómo es que tenemos que «ser engendrados desde la cabeza» (meṯîlâᶁû men dёrîsh) (Juan 3:7), Jesús acaba concluyendo: «¿Tú eres maestro de Israel y no sabes tú esto? En verdad, en verdad yo te digo: De lo que sabemos hablamos nosotros y de lo que hemos visto damos testimonio nosotros» (Juan 3:10-11).


El polvo del camino será convocado a Juicio

30.07.17 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Estoy leyendo Marcos 6:11. Jesús está enviando a sus discípulos a proclamar la Buena Noticia por los caminos. Y les dice:

ܘܟ݂ܽܠ ܡܰܢ ܕ݁ܠܳܐ ܢܩܰܒ݁ܠܽܘܢܳܟ݂ܽܘܢ ܘܠܳܐ ܢܶܫܡܥܽܘܢܳܟ݂ܽܘܢ ܡܳܐ ܕ݁ܢܳܦ݂ܩܺܝܢ ܐܢ݈ܬ݁ܽܘܢ ܡܶܢ ܬ݁ܰܡܳܢ ܦ݁ܶܨܘ ܚܶܠܳܐ ܕ݁ܰܒ݂ܬ݂ܰܚܬ݁ܳܝܳܐ ܕ݁ܪܶܓ݂ܠܰܝܟ݁ܽܘܢ ܠܣܳܗܕ݁ܽܘܬ݂ܗܽܘܢ ܘܰܐܡܺܝܢ ܐܳܡܰܪ ܐ݈ܢܳܐ ܠܟ݂ܽܘܢ ܕ݁ܢܶܗܘܶܐ ܢܺܝܚ ܠܰܣܕ݂ܽܘܡ ܘܰܠܥܳܡܽܘܪܳܐ ܒ݁ܝܰܘܡܳܐ ܕ݁ܕ݂ܺܝܢܳܐ ܐܰܘ ܠܰܡܕ݂ܺܝܢ݈ܬ݁ܳܐ ܗܳܝ

Palabra por palabra: wëḵul man [y cualquiera] dëlâ' [que no] nëqabbëlûnâḵûn [os acoja] wëlâ' [y no] neshmë°ûnâḵûn [os escuche] mâ' dënâᶂqîn [después que salientes]¤ 'ë(n)ttûn [vosotros] men [de] tammân [allí] peṣ(w) [sacudid] ḥel·lâ' [el polvo] daḇṯaḥtâyâ' [que (haya) debajo] dëreglaykûn [de las plantas de vuestros pies] lësâhdûṯhûn [para testificación de ellos] wa'mîn [y con seguridad] 'âmar-'nâ' [yo (soy) el que dice]¤ lëḵûn [a vosotros] dënehwe' [que habrá] niḥ [indulgencia] lasᶁûm [para Sodoma] wal°âmûrâ' [y Gomorra] bëyawmâ' [en el día] dëᶁînâ' [del Juicio] 'aw [más que] lamᶁî(n)ttâ' [para la ciudad] hây [esa]. En castellano plano: «Y todo aquel que no os acoja, y no os escuche, después que salgais vosotros de allí, sacudid el polvo de vuestros pies como testimonio de ellos, y con seguridad os digo que habrá más indulgencia para Sodoma y Gomorra en el Día del Juicio que para la ciudad esa».

Me quedo meditando la frase «sacudid el polvo de vuestros pies como testimonio de ellos». ¿Qué significa? En arameo ese “como testimonio de ellos” aparece como lësâhdûṯhûn. Es decir, el polvo de las sandalias de los lugares que no han recibido a los apóstoles da testimonio [sâhdûṯâ'] en el Día del Juicio contra aquellos que no han sido hospitalarios. El gesto que han de hacer los apóstoles rechazados es completamente mágico. La tradición judía posterior conservó la capacidad de las cosas materiales de testificar contra la gente el Día del Juicio. Nos llega, a través de Martin Buber, cómo en cierta ocasión un tzadik (un hombre justo) que iba de camino con sus jasidim se detuvo en la casa de un judío para celebrar la shabat. Era una casa maloliente y se fueron de ella a buscar otro sitio. A mitad de camino el tzadik dijo que debían volver a la casa porque «los muros de esa casa le estaban convocando a juicio por haberlos avergonzado públicamente». Y en otra ocasión, un tzadik convocó a una mesa como testigo a su juicio personal tras esta vida. (Buber, M. Cuentos jasídicos. 4 vols. Barcelona: Paidós, 1983-1993).

¿Cómo oímos este pasaje en nuestra infancia y cómo podemos leerlo hoy día en las Biblias al uso? Voy a dividir las traducciones en dos. A) Las que, a mi juicio, desvirtúan lo que Jesús quiso transmitir, y B) Las que, no desvirtuándolo, pierden el sabor original de sus palabras.

[A] A mi juicio, pierden completamente el sentido del original las traducciones que suponen que el gesto se hace para concienciar a los que han despreciado a los discípulos que están sentenciados:

(NT BAD) sacúdanse el polvo de los pies y váyanse. Con esto les estarán diciendo que los abandonan a su suerte.
(NTV) sacúdanse el polvo de los pies al salir para mostrar que abandonan a esas personas a su suerte.
(KADOSH) entonces al irse, sacudan el polvo de sus pies como advertencia a ellos.
(DHH) salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies, para que les sirva a ellos de advertencia.
(NT BESSON) marchándoos de allí, sacudid el polvo de debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos.
(JÜNEMANN) saliendo de allá, sacudid el polvo el debajo de vuestros pies en testimonio a ellos.
(SRV) saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, en testimonio á ellos.
(TNM) al salir de allí sacudan el polvo que está debajo de sus pies, para testimonio a ellos.
(BTX3) al salir de allí sacudid el polvo de la planta de vuestros pies, para testimonio a ellos.

[B] No pierden completamente el sentido, pero desaparece el matiz de que es el polvo el que tiene que dar testimonio en el Juicio (y no los discípulos mismos que han sido afrentados):

(NVI) al salir de allí sacúdanse el polvo de los pies, como un testimonio contra ellos.
(RCB) saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, en testimonio contra ellos.
(LBLA) al salir de allí, sacudid el polvo de la planta de vuestros pies en testimonio contra ellos.
(EUNSA) al salir de allí sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos.
(BLPH) márchense de allí y sacudan el polvo pegado a sus pies, como testimonio contra esa gente.


Más cambios de nombres

23.07.17 | 12:00. Archivado en Esencial para entender a Jesús

El post de la semana pasada acabó con el momento en que Jesús decide llamarle a dos de sus discípulos “Hijos de la Ira”. Los cambios de nombre, en el caso de Jesús a sus discípulos, no obedecen a guiños de ternura entre íntimos, ni a formas amables de corrección fraterna, sino que forman parte de una iniciación. Recibir un nuevo nombre, por parte de Jesús, es un don precioso que no todos los discípulos consiguieron. Otro de los que lo logró fue Pedro. Leemos en Marcos 3:16

ܘܫܰܡܺܝ ܠܫܶܡܥܽܘܢ ܫܡܳܐ ܟ݁ܺܐܦ݂ܳܐ

Palabra por palabra: wëshammî [y nombró] lëshem°ûn [a Simón] shëmâ' [el nombre] ki'ᶂâ' [“Piedra”]. En castellano plano: «Y nombró a Simón con el nombre “Piedra”». El sentido simbólico de este nuevo cambio de nombre queda claro en Marcos 12:10

ܘܳܐܦ݂ܠܳܐ ܟ݁ܬ݂ܳܒ݂ܳܐ ܗܳܢܳܐ ܩܪܰܝܬ݁ܽܘܢ ܕ݁ܟ݂ܺܐܦ݂ܳܐ ܕ݁ܰܐܣܠܺܝܘ ܒ݁ܰܢܳܝܶܐ ܗܺܝ ܗܘܳܬ݂ ܠܪܺܫܳܐ ܕ݁ܙܳܘܺܝܬ݂ܳܐ

Palabra por palabra: wâ'ᶂlâ' [y tampoco] këṯâḇâ' [el escrito] hânâ' [este] qëraytûn [leísteis] dëḵi'ᶂâ' [que la piedra] da'slî(w) [que repudiaron] bannâye' [los constructores] [ella] hëwâṯ [llegará a estar] lërishâ' [a la cabeza] dëçâwîṯâ' [de la esquina]. En castellano plano: «¿Y tampoco leísteis la Escritura (que dice) que “la piedra que repudiaron los constructores llegará a ser la piedra angular”?». Correspondiendo a este término arameo, çâwiṯâ', la tradición de los sufíes acostumbra llamar al lugar donde se reúnen “esquina” (çawîya), tal vez porque se originaran en los rincones de las mezquitas. De alguna manera, Jesús está haciendo lo mismo que los sufíes, con muchos siglos de antelación: manifestando (con una parábola muy dura) que su comunidad será algo nuevo que se va a ir formando como un aparte desde dentro de la sinagoga judía. Esta piedra que es Simón es la que hará de cabeza: rishâ' no sólo significa “principio temporal” (Mc 1:1, 13:8), sino también significa la persona principal, “el cabeza” (Mc 3:22)]. Sin los dobles sentidos del arameo, el lenguaje de Jesús queda empobrecido y algo del mensaje se pierde.

Estos nuevos nombres que reciben los discípulos les ubican en la nueva iglesia que está constituyéndose y les abren puertas a dimensiones que hasta entonces les estaban vedadas. Hay una prueba de ello en Marcos 16:7. Cuando las santas mujeres se encuentran en la tumba vacía con el ángel que les anuncia que Jesús ha resucitado, este ángel les dice 'El·lâ' [más bien] çel·lên [idos] 'emmarên [decid] lëṯalmîᶁaw(hy) [a sus discípulos] walḵi(')ᶂâ' [y a “Piedra” = Pedro] dëhâ' [que he aquí que] qâᶁem [anticipante] lëḵûn [a vosotros] laglîlâ' [a Galilea]. En castellano plano: «Así que idos. Decidle a sus discípulos, y a “Piedra” que he aquí que irá a Galilea anticipándose a vosotros». El ángel llama a Simón exactamente como le llamaba Jesús, “Piedra” (ki'ᶂâ'), porque el nombre que Jesús te da (en este nuevo bautismo que es iniciarse en su camino con seriedad) lo saben hasta los ángeles.


La sacudida de la hemorroísa

16.07.17 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

La semana pasada estudiamos la preciosa frase que Jesús le dice a la hemorroísa. Volvamos atrás, al momento en que la mujer nota que se ha curado, porque hay un término arameo que no quiero que nos pase desapercibido. Marcos 5:29 reproduce así la escena:

ܘܡܶܚܕ݂ܳܐ ܝܶܒ݂ܫܰܬ݂ ܡܥܺܝܢܳܐ ܕ݁ܰܕ݂ܡܳܗ ܘܰܐܪܓ݁ܫܰܬ݂ ܒ݁ܦ݂ܰܓ݂ܪܳܗ ܕ݁ܶܐܬ݂ܰܐܣܝܰܬ݂ ܡܶܢ ܡܚܽܘܬ݂ܳܗ

Palabra por palabra: wëmeḥᶁâ' [e inmediatamente] yeḇshaṯ [se secó] më°înâ' [la fuente] daᶁmâh [de su sangre] wa'rġëshaṯ [y sintió una sacudida] bëᶂagrâh [en su cuerpo] de'ṯa'syaṯ [que fue sanada] men [de] mëḥûṯâh [su enfermedad]. En castellano plano: «Y enseguida se secó la fuente de su sangre, y sintió una sacudida en su cuerpo porque fue curada de su enfermedad». ¡Sintió una sacudida en su cuerpo! La raíz verbal R-G-SH (sentir tormentosamente) la conocemos ya desde el versículo 3:17 de Marcos, donde Jesús pone a Santiago y Juan el sobrenombre de «Bënay Rëgesh», esto es, “Hijos de la Ira”:

ܘܰܠܝܰܥܩܽܘܒ݂ ܒ݁ܰܪ ܙܰܒ݂ܕ݂ܰܝ ܘܰܠܝܽܘܚܰܢܳܢ ܐܰܚܽܘܗ݈ܝ ܕ݁ܝܰܥܩܽܘܒ݂ ܣܳܡ ܠܗܽܘܢ ܫܡܳܐ ܒ݁̈ܢܰܝ‌ܪܓ݂ܶܫܝ ܕ݁ܺܐܝܬ݂ܰܘܗ݈ܝ ܒ݁ܢܰܝ ܪܰܥܡܳܐ

Palabra por palabra: walya°qûḇ [y a Jacobo = Santiago] bar çaḇëᶁay [hijo de Zebedeo] walyûḥannân [y a Juan] (')aḥḥû(hy) [el hermano de él] dëya°qûḇ [de Jacobo = Santiago] sâm [nombró] lëhûn [a ellos] shëmâ' [el nombre] bënayrëgesh(y) [Bnay Rgesh] di'yṯaw(hy) [que es] bënay ra°mâ' [“Hijos del trueno”]. En castellano plano: «y a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, el hermano de Santiago, les nombró con el nombre “Bënay Rëgesh”, esto es, “Hijos del trueno”». El Evangelista se equivoca: En arameo, bnay-Rgesh significa “Hijos de la Ira”, no “Hijos del trueno” (bnay-ra°mâ).


No se puede poner más ternura en seis palabras

09.07.17 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Estoy releyendo en el Evangelio de Lucas el impresionante pasaje de Jesús y la hemorroísa, esa mujer enferma que, sin permiso, se acercó y tocó las ropas de Jesús, convencida de que tan sólo eso la curaría, y escucho a Jesús cómo le dice:

ܐܶܬ݂ܠܰܒ݈݁ܒ݂ܝ ܒ݁ܪܰܬ݂ܝ ܗܰܝܡܳܢܽܘܬ݂ܶܟ݂ܝ ܐܰܚܝܰܬ݂ܶܟ݂ܝ ܙܶܠܝ ܒ݁ܰܫܠܳܡܳܐ

La frase de Jesús, tal como se traduce en los Evangelios en castellano, ha quedado fijada en «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz”». En arameo, lo que dice Jesús es: 'Eṯla(b)ḇy bërat(y) haymânûtek(y) 'aḥyatek(y) çel(y) bashlâmâ'. Veamos término a término la diferencia entre lo que nos ha llegado y lo que Jesús pudo decir:

1) En primer lugar en arameo aparece una palabra importantísima, 'Eṯla(b)ḇy. 'Eṯla(b)ḇy podría traducirse por un más que sobrio “ánimo” pero, si quisiéramos respetar el sabor auténtico de su raíz (L-B-B), este “ánimo” debería estar enriquecido con algo semejante a cuando en nuestra lengua decimos “échale corazón”, porque lebbâ' significa "corazón". Y esta palabra se ha perdido en la traducción de casi todas las versiones católicas y protestantes que hemos consultado.

2) En segundo lugar, el tema de la “salvación” aquí no tiene papel alguno. La hemorroísa no ha ido a Jesús a buscar la salvación de su alma sino a curarse, a volver a vivir como una persona normal. Y por eso Jesús le dice “tu fe te ha dado vida ['aḥyatek(y)]”, usando la raíz verbal de ḥayyâ' (vida).

3) En tercer lugar, la palabra “fe” podría valer o no, dependiendo de qué estemos entendiendo por “fe”. Si pensamos que la fe es esa virtud sobrenatural por la que aceptamos una serie de dogmas que nos son requisito para la salvación, esto nada tiene que ver con la haymânûtâ' de la que habla Jesús. La haymânûtâ' es la seguridad que nos afianza en la existencia y que sólo puede estar enrraizada en Dios.

4) En cuarto lugar, la traducción “Hija” no puede contener los matices de la palabra que Jesús está usando cuando dice bërat(y). En arameo, la palabra bratâ' es muy íntima y entrañable; significa “hija, pequeña, bolita, huevo, baya, semilla”. Aunque en arameo, como en cualquier otro idioma, cada palabra deba traducirse del modo que mejor se adecue al contexto, todo aquello que el término connote y que no produzca estridencias en la mente del que lo escucha se permite como una especie de telón de fondo que resalta el perfil de lo que se presenta en primer plano.

En resumen, 'Eṯla(b)ḇy bërat(y) haymânûtek(y) 'aḥyatek(y) çel(y) bashlâmâ' ejemplifica bastante bien la cantidad de ternura que Jesús es capaz de poner en tan sólo seis palabras. Contrasta la repulsión que la enfermedad de esta mujer despierta en una sociedad como la de Jesús con la cercanía, el cariño y el respeto que él demuestra por la mujer: le elogia la seguridad en Dios que tiene, le recomienda que le siga poniéndole corazón a las cosas, y le llama “mi bratâ'”, aunque era una perfecta desconocida. Hay un universo de frialdad entre «Hija, tu fe te ha salvado» y «Le echaste corazón, niña mía, tu firme seguridad (en Dios) te ha dado vida».


Jesús amaba las palabras

02.07.17 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Jesús amaba las palabras. Y siempre que él las necesita las encuentra ahí, como un ejército de ángeles, para defenderle. ¡Qué ceguera tendrían algunos de sus contemporáneos respecto a la figura de Jesús como para tratar de atraparle precisamente con palabras! Leemos en Marcos 12:13

ܘܫܰܕ݁ܰܪܘ ܠܘܳܬ݂ܶܗ ܐ݈ܢܳܫܳܐ ܡܶܢ ܣܳܦ݂ܪܶܐ ܘܡܶܢ ܕ݁ܒ݂ܶܝܬ݂ ܗܶܪܳܘܕ݂ܶܣ ܕ݁ܰܢܨܽܘܕ݂ܽܘܢܳܝܗ݈ܝ ܒ݁ܡܶܠܬ݂ܳܐ

O sea, wëshaddar(w) [y enviaron] lëwâṯeh [a su lado] 'nâshâ' [personas] men [de] sâᶂre' [los escribas] wëmen dëḇêṯ herrâwᶁes [y de los que son de la casa de Herodes] danṣûᶁûnây(hy) [que le capturaran] bëmelṯâ' [con la palabra]. En castellano plano: «Y enviaron a su lado (al de Jesús), a algunos de los escribas y gente de Herodes, para que le atraparan con la palabra». Imaginemos a esas primeras comunidades de cristianos escuchando estas palabras del Evangelista... ¿Qué pensarían? Precisamente a los escribas, que eran los encargados de proteger la Revelación, se les envía para capturar “con la palabra” (bëmelṯâ') a la Palabra (Juan 1:1), a la Revelación audible que es Jesús. Y así poder matarle. Justamente, los escribas ayudando a matar la Revelación.


Con los endemoniados (o con Satán) no se dialoga

25.06.17 | 12:00. Archivado en Esencial para entender a Jesús

Veíamos la semana pasada cómo se expresaba el endemoniado de Cafarnaum. Hoy nos ocuparemos de Jesús; de cómo Jesús se comporta ante un endemoniado. En primer lugar, Jesús no tiene nada que decirle al endemoniado; éste no es dueño de sí, y por tanto Jesús no se dirige a él sino al demonio que lo habita. Y con el demonio (o los demonios) que hay dentro del ser humano, tampoco dialoga Jesús. Simplemente le o les ordena. Siempre el tiempo verbal que usa Jesús ante un endemoniado es el imperativo: «Calla tu boca y sal de él» (Mc 1:25, Lc 4:35), «Sal del ser humano» (Mc 3:8), «Sal de él y ya no entres en él» (Mc 9:25), «Marchad» (Mt 3:8).

Los demonios a veces elogian a Jesús y se postran ante él. Pero éste no les responde a lo que le dicen o a lo que le preguntan. Jesús ni acepta el elogio ni lo desmiente, porque eso sería ya entrar en diálogo con él. Obsérvese cómo Jesús actúa siempre de esta manera:

1) En Cafarnaum (ya lo vimos la semana pasada):

DEMONIO- «¿Qué a nosotros, y a tí?... Jesús, el de Nazaret... Viniste para destruirnos... Conocedor yo a ti... ¿Quién tú? El santo de Él, de Dios». Palabra por palabra: mâ' [qué] lan [a nosotros] wëlâḵ [y a ti] yeshshû° [Jesús] nâṣrâyâ' [el nazareno] 'eṯayt [viniste] 
lëmawbâᶁûṯan [para destruirnos, para nuestra perdición] yâᶁa°-'nâ' [el que conoce, yo] lâḵ [a ti] man [quién] 'a(n)t [tú = eres] qaddîsheh [su santo] da'lâhâ' [de Dios].
RESPUESTA DE JESÚS- «Calla tu boca y sal de él». Palabra por palabra: sëḵûr [calla] pûmâḵ [tu boca] wëᶂûq [y sal] menneh [de él]

2) En Gadara:

DEMONIO- «¿Qué a mí y a ti, Jesús, la criatura de Él, de Dios, el Altísimo. Conjurante yo a ti, por Dios, que no me atormentes». Palabra por palabra: mâ' [qué] lî [a mí] wëlâḵ [y a ti] yeshshû° [Jesús] bëreh [su hijo, su criatura] da'lâhâ' [de Dios]1 mëraymâ' [el Alto] mawme' [juro, conjuro, exorciso]2 'nâ' [yo] lâḵ [a ti] ba'lâhâ' [por Dios] dëlâ' [que no] tëshanqan(y) [me atormentes]. No pasemos por alto la raíz verbal utilizada por el endemoniado: Y-M-' significa “jurar, conjurar, exorcisar”. Las traducciones ‒habituales en castellano‒ “te ruego, te imploro, te suplico” son una importante desvirtuación del texto. En realidad, lo que está tratando de hacer el endemoniado con Jesús, paradójica inversión de lo demoniaco, es un exorcismo.
RESPUESTA DE JESÚS- «Sal del ser humano». Palabra por palabra: pûq [sal] men [de] barnâshâ' [el ser humano].

Sólo hay una excepción en los cuatro Evangelios; una sola vez que Jesús diga a un demonio algo que no sea un imperativo. Y es la frase: «¿Cuál es tu nombre?» [Mc 5:9, wësha'leh (y le preguntó) 'aykanâ' (cómo) shëmâḵ (tu nombre)]. Porque Jesús necesitaba saber el nombre del demonio para expulsarlo. Para expulsarlo.

Respecto a las tentaciones en el desierto (Mt 4:1-11), que recogen una apariencia de diálogo entre Satán y Jesús, si nos fijamos bien, Jesús no expresa una sola palabra suya. Todo lo que dice es de la Torá. No es un diálogo de Jesús con Satán sino un choque de Satán contra la Torá. La Torá es la protección de Jesús ante Satán.


El modo de hablar de los endemoniados

18.06.17 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Estoy leyendo Marcos 1:24, el pasaje del encuentro de Jesús con un endemoniado en la sinagoga de Cafarnaum. El endemoniado dice a Jesús:

ܡܳܐ ܠܰܢ ܘܠܳܟ݂ ܝܶܫܽܘܥ ܢܳܨܪܳܝܳܐ ܐܶܬ݂ܰܝܬ݁ ܠܡܰܘܒ݁ܳܕ݂ܽܘܬ݂ܰܢ ܝܳܕ݂ܰܥ ܐ݈ܢܳܐ ܠܳܟ݂ ܡܰܢ ܐܰܢ݈ܬ݁ ܩܰܕ݁ܺܝܫܶܗ ܕ݁ܰܐܠܳܗܳܐ

Me fijo en una cuestión menor, propiamente filológica, aunque interesante para meterse en la piel de Jesús (al verse acosado dentro de una sinagoga por este hombre poseído). El Evangelista ha reproducido perfectamente el modo de hablar de un endemoniado. Vemos que éste no construye una frase coherente, sino que habla como interrumpiéndose a sí mismo: empieza de forma brusca, con elusión del verbo, pasa luego del desafío al halago, de un sujeto “nosotros” a un sujeto “yo”, usando siempre frases cortas y de ritmo "eléctrico"... La traducción literal (es decir, a la que hay que tender) diría algo así como: «¿Qué a nosotros, y a tí?... Jesús, el de Nazaret... Viniste para destruirnos... Conocedor yo a ti... ¿Quién tú? El santo de Él, de Dios». Palabra por palabra: mâ' [qué] lan [a nosotros] wëlâḵ [y a ti] yeshshû° [Jesús] nâṣrâyâ' [el Nazareno] 'eṯayt [viniste] lëmawbâᶁûṯan [para destruirnos, para nuestra perdición] yâᶁa°-'nâ' [el que conoce - yo] lâḵ [a ti] man [quién] 'a(n)t [tú = eres] qaddîsheh [el santo de él] da'l·lâhâ' [de Dios].

No es la primera ni la única vez que Jesús va a ser elogiado por un endemoniado. Y Jesús ¿cómo reacciona? Siempre del mismo modo. Buscad los pasajes evangélicos y lo deduciréis por vosotros mismos. Quien no tenga tiempo de hacerlo, que espere a que la próxima semana haga un análisis palabra por palabra desde el arameo de dichos pasajes y saque mis propias conclusiones.


¿Qué es la tentación?

11.06.17 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

Estamos acostumbrados a rezar el Padrenuestro diciendo “no nos dejes caer en la tentación” y ni siquiera nos planteamos qué palabra aramea pudo usar Jesús. Vamos a analizar el Padrenuestro palabra por palabra, Dios mediante, desde el domingo 27 de agosto al domingo 24 de septiembre, pero, como respuesta a la pregunta de un fiel seguidor de este blog, anticipo el asunto de “la tentación”.

El sentido que se da en arameo, y que da el mismo Jesús, a la palabra “tentación” [nesyûnâ'] es “prueba, situación difícil”. No tiene un contenido específicamente religioso, ni tiene que ser Satán el que nos ponga a prueba. Es decir, toda tentación es nesyûnâ', pero no todo nesyûnâ' es tentación. Desde luego que, en los Evangelios, Satán pone al ser humano en nesyûnâ' (Mt 6:13, 26:41, 4:1...); pero también la gente nos pone en situación de nesyûnâ'. Por ejemplo, Jesús se queja muy a menudo de que le están poniendo en esta situación (Mt 16:1, Mt 19:3, Mt 22:18, Mt 22:35, Mc 8:11, Mc 10:2, Mc 12:15, Lc 10:25, Lc 11:16, Lc 20:23, Jn 8:6). Traducir “¿Por qué me tentáis?” no tiene sentido. Porque no están queriendo que Jesús peque, sino ponerlo en un apuro. Un nesyûnâ' (¡sustantivo masculino!) es una experiencia que nos pone a prueba en todos los sentidos, también en nuestra paciencia y nuestro saber estar. Muchas veces, los escribas y fariseos querían desesperar a Jesús, enfadarlo, dejarlo en ridículo; esto es nesyûnâ'. Otras muchas pruebas de la vida (hambre, frío, necesidad de cualquier tipo) también son nesyûnâ'. Cuando Jesús les dice a sus discípulos en Lc 22:28 que tendrán un lugar en el Reino porque han pasado con él muchas pruebas y dificultades, la palabra que usa es nesyûnay (plural).

Si nesyûnâ' significara “tentación”, siempre y sin más matices, nos encontraríamos con el absurdo de que en Juan 6:6 es Jesús el que pone en tentación a Felipe al preguntarle cómo iban a alimentar a más de cinco mil personas, sabiendo él de sobra que iba a hacer un milagro:

ܗܳܕ݂ܶܐ ܕ݁ܶܝܢ ܐܶܡܰܪ ܟ݁ܰܕ݂ ܡܢܰܣܶܐ ܠܶܗ

Palabra por palabra: hâᶁe' dên [pero ésta] ᵓemmar [dijo] kaᶁ [mientras] mënasse' [(es) el que pone a prueba, el que experimenta, el que examina] leh [a él]. En castellano plano: «Pero estas palabras dijo para ponerlo a prueba». No para tentarle ¿Verdad?


Dios tiene Nombres

04.06.17 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Esta es la tercera semana que comentaremos algún aspecto del Magnificat. Vamos a fijarnos en que cuando habla María en los Evangelios (de las pocas veces que los Evangelistas nos transmiten palabras de ella) no dice simplemente “Dios”. Porque Dios tiene infinitos nombres, y María conoce muchos de ellos.

Observemos en el Magnificat cómo sólo llevamos oídos cuatro versículos (Lucas 1: 46-49) y María ya ha nombrado a Dios de cinco maneras diferentes:

ܘܶܐܡܪܰܬ݂ ܡܰܪܝܰܡ ܡܰܘܪܒ݂ܳܐ ܢܰܦ݂ܫܝ ܠܡܳܪܝܳܐ ܀
ܘܚܶܕ݂ܝܰܬ݂ ܪܽܘܚܝ ܒ݁ܰܐܠܳܗܳܐ ܡܰܚܝܳܢܝ ܀
ܕ݁ܚܳܪ ܒ݁ܡܽܘܟ݂ܳܟ݂ܳܐ ܕ݁ܰܐܡܬ݂ܶܗ ܗܳܐ ܓ݁ܶܝܪ ܡܶܢ ܗܳܫܳܐ ܛܽܘܒ݂ܳܐ ܢܶܬ݁ܠܳܢ ܠܺܝ ܫܰܪܒ݁ܳܬ݂ܳܐ ܟ݁ܽܠܗܶܝܢ ܀
ܕ݁ܰܥܒ݂ܰܕ݂ ܠܘܳܬ݂ܝ ܪܰܘܪܒ݂ܳܬ݂ܳܐ ܗܰܘ ܕ݁ܚܰܝܠܬ݂ܳܢ ܘܩܰܕ݁ܺܝܫ ܫܡܶܗ ܀

Literalmente: Lucas 1:46 - we(')mraṯ [Y dijo] maryam [María] mawrëḇâ' [declarante de la inmensidad] naᶂshy [mi persona] lëmâryâ' [para El Señor]. Lucas 1:47 - wëḥeḏyaṯ [Y se alegró] rûḥ(y) [mi Espíritu] ba(')l·lâhâ' [en Dios] maḥyân(y) [mi Maḥyânâ']. Lucas 1:48 - dëḥâr [que miró] bëmûḵâḵâ' [en la humildad] da(')mṯeh [de su sierva] // hâ' gêr [por eso, he aquí que] men [desde] hâshâ' [ahora] ṭûḇâ' [bienaventuranza] nettëlân [darán] [para mí] sharbâṯâ' [las generaciones] kulhên [todas ellas]. Lucas 1:49 - da°ḇaḏ [que obró] lëwâṯ(y) [hacia mí, junto a mí] rawrëḇâṯâ' [grandes (cosas)] haw [ése] dëḥaylëṯân [que (es) Fuerte] wëqaddîsh [y Santo (es)] shëmeh [su nombre].

En resumen: en el primer versículo del Magnificat le llamó Mâryâ' [El que impera, El Señor]; en el segundo versículo le llamó 'Al·lâhâ' [nombre genérico: Dios], y Maḥyânâ' [Dador de Vida]; y en el cuarto versículo añade Ḥaylëṯân (Fuerte) y Qaddîsh (Santo). Lo que está haciendo María, en voz alta, es un Recuerdo de los Nombres de Dios. Dios no deja de manifestarse y nunca se manifiesta igual; cada modo en que se nos manifiesta es un Nombre de Dios. La persona que tiene intimidad con Él sabe dirigirse a Dios con el Nombre apropiado para cada momento.

Una de las cosas que más extraña a los judíos y a los musulmanes cuando leen las Biblias traducidas a las lenguas vernáculas es la ausencia de los Nombres de Dios. Desde el Génesis al Apocalipsis las traducciones de sus Nombres todas son "Dios". No importa que se nos hable de Elohim, de Yahweh, de Shadday, Adonay, Hashem,..., todos acaban traduciéndose "Dios". Pero, si haciendo así, no se perdieran matices ¿por qué los transmisores de la Revelación se habrían molestado en nombrar a Dios con distintos Nombres? Los que aman, afinan en nombrar las cosas en cada instante del modo más adecuado. Porque conocen la cortesía que cada momento requiere.


María está resucitando

28.05.17 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

El segundo versículo llama la atención porque habla de “mi espíritu” (con mayúsculas o sin mayúsculas, porque en arameo no existen las mayúsculas). Veíamos que una traducción convencional vertía en español: (BTX3) “Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador”.

¿Por qué dice María “mi rûḥâ'”? Los arameo-parlantes no hablan de la rûḥâ' de nadie. ¡La rûḥâ' es de Dios! Está en el ser humano, como en el resto de las criaturas, dándole vida por un tiempo; pero no pertenece a nadie. ¿Nunca, nunca hablan los arameo-parlantes de la rûḥâ' de nadie? Sí. Muy poco (nueve veces entre los cuatro Evangelios), pero sí. ¿Cuándo? Sólo cuando se trata de lo que a una persona le hace vivir o lo que le hace morir. Se usa, por ejemplo, cuando alguien está expirando (Juan 19:30, Lucas 23:46, Mateo 27:50) o cuando alguien está resucitando (Lucas 8:55). Y, fuera de eso, tan sólo sentimientos muy fuertes en los que la vida está en juego. Por ejemplo, la tristeza, cuando es muy honda, se dice que afecta a la rûḥâ' (Marcos 8:12, Juan 11:33, Juan 13:21). No hay un sólo caso en todos los Evangelios en arameo que se use la palabra rûḥâ' aplicada a una criatura y que esa criatura no se vea entre la Vida y la Muerte, sin término medio. O está muriendo, físicamente o de pena; o está volviendo a la Vida, como vuelve un muerto tras una resurreción. Sin embargo, María no dice en este segundo versículo Y se alegró mi naᶂshâ' (mi persona, yo misma) en Dios mi maḥyânâ', sino Y se alegró mi espíritu en Dios mi maḥyânâ'. ¿Es que acaso estamos ante una excepción? ¿El capricho o la incultura de una mujer que no sabe usar correctamente las palabras sagradas? ¿O, quizá, se está hablando también de morir o resucitar?

En la última palabra del versículo está la respuesta; la que equivocadamente se traduce “Mi Salvador”. Porque Dios, como “Salvador” no tiene nada que ver con volver a la vida (y mucho menos con morir); tiene que ver con “liberar”, “romper ataduras”. Pero ¿qué palabra aramea está pretendiendo traducir “Salvador”? Maḥyânâ'. Literalmente, “El que da la Vida”, de la raíz de ḥayyâ' (vida). Ah, ahora sí; ahora sí comprendemos por qué María dice “mi rûḥâ'” y no “mi naᶂshâ'”. No ha dicho “mi naᶂshâ'”, mi yo, mi persona, porque no quiere hacer una reafirmación de sí misma; dice “mi rûḥâ'” porque quiere hablarnos, sin ningún género de dudas, de la auténtica Resurrección de la que está siendo objeto. Pero, si no lo leemos en arameo, todo desaparece como por obra de magia.


Miércoles, 16 de agosto

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