Jesús Arameo

¿Qué significa “Hasta la consumación del mundo”?

09.12.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

Estoy leyendo unas palabras fundamentales de Jesús: aquellas en las que anuncia que estará con nosotros hasta la consumación del mundo (Mt 28:18-20):

 

ܐܶܬ݂ܺܝܗܶܒ݂ ܠܺܝ ܟ݁ܽܠ ܫܽܘܠܛܳܢ ܒ݁ܰܫܡܰܝܳܐ ܘܒ݂ܰܐܪܥܳܐ (…) ܘܗܳܐ ܐܶܢܳܐ ܥܰܡܟ݂ܽܘܢ ܐ݈ܢܳܐ ܟ݁ܽܠܗܽܘܢ ܝܰܘܡܳܬ݂ܳܐ ܥܕ݂ܰܡܳܐ ܠܫܽܘܠܳܡܶܗ ܕ݁ܥܳܠܡܳܐ ܐܰܡܺܝܢ

Palabra por palabra: Eṯîheḇ [ha sido dado] [para mí] kul [todo] shûlṭân [el dominio] bashmayyâ' [en los cielos] wëḇar°â' [y en la tierra] (…) wëhâ' [y he aquí que] 'ennâ' [yo] °amḵûn [con vosotros] 'nâ' [yo] kulhûn [todos ellos] yawmâṯâ' [los días] °ëḏammâ' lëshûlâmeh [hasta el fin, hasta la perfección, hasta la consumación] dë°âlmâ' [del mundo] 'ammîn [con seguridad, así sea]

Pero ¿cómo se dice en arameo la palabra “mundo”? El °âlmâ' es el mundo, pero no un mundo sólo espacial, sino también temporal, como cuando en castellano decimos “vas a tardar un mundo en hacer eso”. La raíz trilítera °-L-M en el arameo de Jesús es completamente fascinante. Las ideas de “mundo” (°âlmâ') y “eternidad” (l°âlam) se diluyen la una en la otra. En el Antiguo Testamento el término °ôlâm se usa 440 veces con el significado de “tiempo remoto” y “futuro ilimitado”, no necesariamente “eternidad”, aunque siempre en la órbita de lo temporal. Desde el siglo I d.C. se introduce el significado de “mundo” que es habitual en el hebreo medio, el arameo, árabe y etiópico.

A veces, en los evangelios, los conceptos de “mundo” y “eternidad” se entremezclan en un mismo versículo, y entonces la atmósfera de la predicación de Jesús se ilumina con una luz nueva, completamente misteriosa: «Quien aborrece su vida en este mundo (°âlmâ' hânâ'), la guarda para las vidas de la eternidad (ḥayye' dal°âlam)» (Juan 12:25). «Y (recibirán) en el mundo que viene (°âlmâ' dâ'te') las vidas de la eternidad (ḥayye' dal°âlam)» (Marcos 10:30). La raíz °-L-M en boca de Jesús contiene todos los secretos del mundo espiritual y de la eternidad material.

Mi impresión personal es que, para Jesús, las nociones de tiempo y espacio no estaban tan claramente separadas como para nosotros... Para un semita el mundo es lo eterno y la eternidad se manifiesta como mundo. La vida del mundo es la eternidad, así que no hay una eternidad fuera del mundo. Y precisamente por eso lo que promete Jesús no es “otro mundo” sino este mismo mundo –si bien renovado–, esta misma tierra: «Bienaventuranza para los humildes porque ellos heredarán la tierra» (Mateo 5:5). Sólo hay una tierra, y por eso es esta misma tierra la que heredan los bienventurados.

Pero, siendo verdad que para un semita lo absolutamente inmutable en su existencia es el mundo, también lo es que no podemos quedarnos en un entendimiento fríamente materialista, sin dimensión, plano, de lo que es el mundo, porque entonces tampoco estaríamos comprendiendo la profundidad espacio-temporal que da Jesús de Nazaret a este término, °âlmâ'. Entonces, “Hasta la consumación...” ¿de qué? ¿Del mundo o del tiempo? La consumación (SH-L-M) es, al mismo tiempo, consumación de mundo y tiempo; es el perfeccionamiento (SH-L-M) final de todo, el quedar completo (SH-L-M) de lo que estuvo en proceso. Jesús nos acompañará en ese proceso de la realidad hacia sí misma, por siempre.


Exégesis desde el arameo, el griego y el hebreo

08.12.18 | 20:08. Archivado en Acerca del autor

Acaba de salir una publicación conjunta de Xabier Pikaza y servidor, comentando desde estas tres lenguas (arameo, hebreo y griego) los pasajes evangélicos de los días festivos en la liturgia de la Iglesia católica. El hecho de centrarnos en la importancia de sus palabras en 1) la lengua que habló, 2) la lengua ritual del judío, y 3) la lengua de los manuscritos evangélicos, no restringe el uso de este libro a los filólogos o especialistas. Todo aquel interesado en sumergirse en la palabra de Jesús para amarle más es bienvenido. Ojalá os guste.


¿Dónde estuvo Jesús esos tres dias?

02.12.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

Estoy leyendo el pasaje en el que las santas mujeres se encuentran con un ángel dentro de la tumba vacía de Jesús, y la conversación que hay entre ellos. Pero hay algo que me extraña. Yo recuerdo haber leído en castellano el versículo de Marcos 16:6 de cualquiera de estas maneras:

(BLPH) Pero el joven les dijo: — No se asusten. Ustedes están buscando a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. Ha resucitado; no está aquí. Vean el lugar donde lo colocaron.
(BTX3) Pero él les dice: No os atemoricéis. Buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado. No está aquí, ha resucitado: Ved el lugar donde lo pusieron.
(DHH) pero él les dijo: —No se asusten. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el que fue crucificado. Ha resucitado; no está aquí. Miren el lugar donde lo pusieron.
(EUNSA) Él les dice: -No os asustéis; buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde lo colocaron.
(JÜNEMANN) Mas él díceles: «No os arrobéis: a Jesús buscáis, al Nazareno, al crucificado: resucitó; no está aquí; he aquí el lugar donde le pusieron.
(KADOSH) Pero él dijo: "¡No estén tan sorprendidas! Ustedes están buscando a Yahshúa de Netzaret, el que fue ejecutado en la estaca. ¡El ha resucitado, no está aquí! Miren el lugar donde le sepultaron.
(LBLA) Pero él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el crucificado. Ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar donde le pusieron.
(NT BAD) pero el ángel les dijo: —No se asusten. ¿Buscan a Jesús, el nazareno que fue crucificado? No está aquí, porque ha resucitado. ¿Ven? Allí lo habían puesto.
(NT BESSON) mas él les dice: No os asustéis. Buscáis a Jesús el nazareno, el crucificado; fué despertado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron,
(NTV) pero el ángel les dijo: «No se alarmen. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret,* el que fue crucificado. ¡No está aquí! ¡Ha resucitado! Miren, aquí es donde pusieron su cuerpo.
(NVI) —No se asusten —les dijo—. Ustedes buscan a Jesús el nazareno, el que fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí. Miren el lugar donde lo pusieron.
(RCB) Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.
(SRV) Más él les dice: No os asustéis: buscáis á Jesús Nazareno, el que fué crucificado; resucitado há, no está aquí; he aquí el lugar en donde le pusieron.
(TNM) Él les dijo: “Dejen de aturdirse. Ustedes buscan a Jesús el Nazareno, que fue fijado en un madero. Fue levantado; no está aquí. ¡Miren! El lugar donde lo pusieron.

“No está aquí”, “No está aquí”, “No está aquí”, “No está aquí” y “No está aquí”. Y más Biblias que consultemos más veces leeremos la misma frase. Unanimidad absoluta. Pero en arameo lo que dice es:

ܗܽܘ ܕ݁ܶܝܢ ܐܶܡܰܪ ܠܗܶܝܢ ܠܳܐ ܬ݁ܶܕ݂ܚܠܳܢ ܠܝܶܫܽܘܥ ܢܳܨܪܳܝܳܐ ܒ݁ܳܥܝܳܢ ܐܢ݈ܬ݁ܶܝܢ ܗܰܘ ܕ݁ܶܐܙܕ݁ܩܶܦ݂ ܩܳܡ ܠܶܗ ܠܳܐ ܗ݈ܘܳܐ ܬ݁ܢܳܢ ܗܳܐ ܕ݁ܽܘܟ݁ܬ݂ܳܐ ܐܰܝܟ݁ܳܐ ܕ݁ܣܺܝܡ ܗ݈ܘܳܐ

Palabra por palabra:[él] dên [entonces] 'emmar [dijo] lëhên [a ellas] lâ' [no] teḏḥëlân [temáis] lëyeshshû° [a Jesús] nâṣrâyâ' [el Nazareno] bâ°yân [buscadoras] 'ë(n)tên [vosotras] haw [ese] de'çdëqeᶂ [que fue crucificado] qâm [levantó, resucitó] leh [a él] lâ' [no] (h)wâ' [estuvo] tënân [aquí] hâ' [he aquí] dûkkëṯâ' [el lugar] 'aykâ' [donde] dësîm-(h)wâ' [fue puesto].

No dice “No está aquí” sino “No estuvo aquí”, tercera persona del masculino singular del tiempo perfecto de la raíz PEAL del verbo “ser”: “No estuvo, no ha estado”. Pero, vayamos paso a paso...

Antes de nada, el muchacho de la tumba les dice que no tengan miedo. Como el Ángel a María. El miedo impide la escucha. Y luego les dice a qué han venido; como si ellas no lo supieran. Como si lo hubieran olvidado: “Venís buscando al Nazareno, al que fue crucificado”. Tras de lo cual les dice qâm leh, y aquí sí hay diferencia entre las versiones que nos han llegado y la versión aramea. Pues qâm leh no significa “ha resucitado” sino “le resucitó”. ¿Quién? Dios, ¿quién si no? Dios ha resucitado a Jesús. Dios le “levantó” (Q-M) de entre los muertos. “He aquí el lugar en el que fue puesto, pero él no estuvo  aquí”. ¡Qué enigmática resulta esta última parte de la frase: lâ’ (h)wâ’ tënân: “No ha estado aquí”. ¿Dónde, por tanto, ha pasado los últimos tres días?, se preguntarían asombradas las santas mujeres... Y nos preguntaremos nosotros...


“Consumar” y “entregar” son el mismo verbo

25.11.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

Algún ángel sabio dirige nuestra mirada en el día de hoy a un momento estremecedor de los Evangelios. Son las últimas palabras de Jesús, tal como lo cuenta Juan 19:30. En la Peshitta leemos:
 
 

ܝܶܫܽܘܥ ܐܶܡܰܪ ܗܳܐ ܡܫܰܠܰܡ ܘܰܐܪܟ݁ܶܢ ܪܺܫܶܗ ܘܰܐܫܠܶܡ ܪܽܘܚܶܗ

 
Palabra por palabra: Yeshshû° [Jesús] 'emmar [dijo] hâ' [he aquí] mëshal·lam [consumado, cumplido, acabado, pacificado, saneado, entregado] wa'rken [e inclinó] rishsheh [su cabeza] wa'shlem [y entregó, y pacificó] rûḥeh [su espíritu]. En castellano plano: «Jesús dijo: “Ya está consumado”, e, inclinando la cabeza, entregó su espíritu»
 
Son sus últimas dos palabras: la primera de las cuales no significa prácticamente nada, y la segunda de las cuales lo significa todo. La primera, hâ' (“He aquí”); la segunda: mëshal·lam, participio pasivo en la forma pael de una de las raíces más extraordinarias de las lenguas semíticas. La raíz S-L-M es común a todas las lenguas semíticas (acadio, ugarítico, púnico-fenicio, hebreo, arameo, siríaco, árabe, etiópico…) y el esfuerzo por establecer un sentido último no puede sino compartirse con todas estas lenguas. Resumiendo la cuestión, y a partir de una indagación en el cognado hebreo shâlôm, Jenni y Westerman concluyen: «Como significado básico de la palabra se indica casi siempre la idea de totalidad». Encontramos suficientes pruebas de ello tanto en hebreo como en arameo:
 
· «Y fue terminada toda la obra» (1 Reyes 7:51)
· «Entonces este Sesbasar vino y puso los cimientos de la casa de Dios, la cual está en Jerusalem, y desde entonces hasta ahora se edifica, y aún no está concluida» (Esdras 5:16)
· «Y los días de tu duelo habrán concluido» (Isaías 60:20)
· «Todo Judá será deportado, enteramente deportado» (Jeremías 13:19)
· «Alzarás allí un altar a Yahweh, tu Dios, un altar de piedras no trabajadas por el hierro, o sea, piedras enteras » (Deuteronomio 27:6).

Hay aquí un curioso juego de palabras, que sólo se capta desde el arameo, y que podría suponer una redacción original en arameo de algún evangelio de donde Juan haya bebido para redactar este pasaje. En el evangelio griego de Juan se nos dice:

Ἰησοῦς εἶπε· Τετέλεσται, καὶ κλίνας τὴν κεφαλὴν παρέδωκε τὸ πνεῦμα

(«Jesús dijo: “Está consumado”, e, inclinando la cabeza, entregó su espíritu»). Son dos los verbos que se usan para “consumar” y “entregar”... ¡Pero en arameo es el mismo verbo!
 
Yeshshû° 'emmar hâ' mëshal·lam wa'rken rishsheh wa'shlem rûḥeh
 
No puede ser casualidad. En arameo, el Evangelista que sea (no Juan, sino el que redactara por vez primera este pasaje) está haciendo que sus propias palabras (“y entregó su espíritu”) resuenen con las de Jesús (“Ya está consumado”). 
 
Pero todavía podemos remontar más lejos el asunto de estos verbos de raíz SH-L-M. La última palabra de Jesús, mëshal·lam, es algo más que una palabra cuajada de sentido. Jesús cierra con ella el ciclo de su vida pública. Pero ¿Recordamos cuál fue la primera palabra de su vida pública? La recoge Marcos 1:15. Después de una larga presentación de su vida y su persona, Jesús, por fin, abre la boca y ¿qué dice? shëlem [acabó] leh [para él (para el ser humano)] çaḇnâ' [el tiempo] wamṭâṯ [y llegó] malkûṯâ' [el Reino] da'l·lâhâ' [de Dios]. ¿Ha sido puro azar que la primera palabra de Jesús (en Marcos) y la última palabra de Jesús (en Juan) sean de la raíz SH-L-M? Lo dejamos a criterio del lector.
 


Presentación del libro en Madrid este viernes 23 a las 19:00

22.11.18 | 12:00. Archivado en Acerca del autor

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Datos en https://www.traficantes.net/actividades

¡Estais todos invitados!


De una traducción a otra se pierde la berëḵâ'

18.11.18 | 12:00. Archivado en Esencial para entender a Jesús

He recibido un par de emails preguntándome de qué Biblia he sacado el versículo con que acababa el post de la semana anterior [Mateo 5:44 que Jesús diga: «Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, dad la berëḵâ' a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen»], porque en las Biblias en castellano que estos lectores manejaban aparecía citado de otra manera y más breve:

(BLPH) Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen.
(BTX3) pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen;
(DHH) Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen.
(EUNSA)  Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan,
(JÜNEMANN) Yo, empero, dígoos, amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen;
(LBLA)  Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen,
(NT BAD)  Pero yo digo: ¡Ama a tu enemigo! ¡Ora por los que te persiguen!
(NTV) Pero yo digo: ¡ama a tus enemigos! ¡Ora por los que te persiguen!
(NVI)  Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen,
(RCB) Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen;
(TNM)  Sin embargo, yo les digo: Continúen amando a sus enemigos y orando por los que los persiguen.

Efectivamente, voy a compartir con ustedes un secreto bien triste. La palabra de Jesús en arameo dice una cosa y en griego dice otra, que puede acercarse más o menos a la palabra en arameo. Si se traduce del griego al latín, ya tenemos un nuevo cambio. Y si, para leerla en castellano, los traductores han recurrido a la traducción latina de la palabra griega, entonces ya ni Jesús sería capaz de reconocer su palabra original. Este es el caso del versículo de Mateo 5:44.

Nuevo Testamento griego:
ἐγὼ δὲ λέγω ὑμῖν, ἀγαπᾶτε τοὺς ἐχθροὺς ὑμῶν, εὐλογεῖτε τοὺς καταρωμένους ὑμᾶς, καλῶς ποιεῖτε τοῖς μισοῦσιν ὑμᾶς καὶ προσεύχεσθε ὑπὲρ τῶν ἐπηρεαζόντων ὑμᾶς καὶ διωκόντων ὑμᾶς (Traducción aproximada: «Mas yo os digo: (1)Amad a vuestros enemigos, (2)bendecid (eulogos) á los que os maldicen, (3)haced bien a los que os aborrecen, y (4)orad por los que os ultrajan y os persiguen»).

Traducción de la Vulgata en latín:
Ego autem dico vobis diligite inimicos vestros, benefacite his qui oderunt vos et orate pro persequentibus et calumniantibus vos. (Traducción aproximada: «Pero yo os digo: (1)Amad a vuestros enemigos, (2)haced bien (benefacite) a los que os aborrecen, y (3)orad por los que os persiguen y os calumnian»). 

La mayoría de las Biblias católicas y algunas protestantes:
«Pues yo os digo: (1)Amad a vuestros enemigos y (2)rogad por los que os persigan».
 
De un idioma a otro el versículo ha ido reduciéndose: de cuatro mandatos de Jesús en griego a tres en latín, y de tres en latín a dos en castellano. Podemos discutir –y lo haremos– si la berëḵâ' es o no el eulogos griego (eu: buena; logos: palabra; literalmente, “elogiar”) o si es el benefacite latino (bene: bien; facite: hacer; literalmente, “beneficiar”), lo que no se puede discutir es que en las versiones actuales del Evangelio los cuatro mandatos de Cristo han sido reducidos a dos, eliminando cualquier alusión a la berëḵâ' .

La penosa verdad es que ninguna de las palabras de este maltrecho versículo en nuestro idioma asume la traducción del original arameo: «da la berëḵâ' a quien te maldice». Desde un punto de vista semita, supone una gran pérdida la eliminación de la palabra original berëḵâ' en un pasaje en el que fue mencionada, es decir, donde fue convocada. Pero es aún más grave el malentendido que acaba produciéndose en el mensaje: porque dar la berëḵâ' a quien te maldice, te aborrece o te persigue no es amarlo –que sería masoquismo– sino curarlo, recuperarlo para la especie humana, hacer que deje de ser o de comportarse como un demonio.


¿Qué es la berëḵâ' en arameo?

11.11.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

Hoy vamos a estudiar una de las palabras que dirige el pueblo a Jesús cuando entra triunfal en Jerusalem (estamos en Marcos 11:9). Le dice la gente a Jesús:
 
 

ܐܽܘܫܰܥܢܳܐ ܒ݁ܪܺܝܟ݂ ܗ݈ܽܘ ܕ݁ܳܐܬ݂ܶܐ ܒ݁ܰܫܡܶܗ ܕ݁ܡܳܪܝܳܐ

Palabra por palabra: 'Ûsha°nâ' [Hosanna] bërîḵ [bendito] (h)û [él = es] dâ'ṯe' [viniente, el que viene] bashmeh [en el nombre de él] dëmâryâ' [del Señor]. En castellano plano: «Hosanna, bendito el que viene en el nombre de Él, del Señor».

Cada una de estas palabras serían dignas de estudio, pero hoy quiero centrarme en ese adjetivo bërîḵ que hemos traducido -tal vez un poco a la ligera-“bendito”. De hecho, la berëḵâ' en arameo, berâkâ en hebreo, baraka en árabe, es una realidad algo más compleja que lo que se entiende por “bendición” en nuestro idioma.

La berëḵâ' es un concepto trascendental en la cosmovisión semita y, por esa misma razón, en la forma concreta en que Jesús comprendía la realidad. La raíz del término (B-R-K) aparece en todas las lenguas semíticas. Probablemente, el antecedente más remoto que podemos encontrar es en ugarítico, donde resulta evidente el significado primario de “dotar de energía vital”, pues se usa en paralelo a la raíz M-R-R, “robustecer”.

En el Antiguo Testamento encontramos esa fecundidad divina que los judíos llamaban berâkâ en animales (Génesis 1:22, Dt. 7:13), en momentos de tiempo (el sábado, Génesis 2:3, Éxodo 20:11), en cosas materiales (la casa, el campo, el trabajo, la cosecha…). Aparece con frecuencia en paralelo a la raíz B-R-K toda una serie de verbos como “hacer fecundo, numeroso” (Génesis 17:20 y passim) o “dar vida” (Deuteronomio 30:16).

Todo esto hay que tenerlo en cuenta cuando queremos entender este pasaje, en el que la gente convoca la berëḵâ' sobre Jesús. Y más aún en otros pasajes evangélicos que, de otro modo, quedan diluidos. Por ejemplo, es fundamental para entender en Mateo 5:44 que Jesús diga: «Mas yo os digo: Amad a vuestros enemigos, dad la berëḵâ' a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen». Amar a un enemigo que te persigue es algo que puede hacerse desde la cercanía o desde la distancia, e igualmente orar por él; pero no se puede trasmitir la berëḵâ' sin un contacto físico, sin el roce de las manos, del cuerpo, sin mirarse a los ojos, sin la cercanía del otro.


La complacencia de Dios en hebreo y arameo

Ya van varias semanas en torno al Bautismo de Jesús, lo sé. Al parecer, no puedo o no quiero abandonar ese Jordán desde el que nace Jesús transformado en Cristo. Ahora me doy cuenta que no dije nada de esas palabras de Dios que se oyen desde el cielo cuando acaba de descender sobre Jesús el Espíritu de lo Santo en forma de paloma: 

 

ܐܰܢ݈ܬ݁ ܗ݈ܽܘ ܒ݁ܶܪܝ ܚܰܒ݁ܺܝܒ݂ܳܐ ܕ݁ܒ݂ܳܟ݂ ܐܶܨܛܒ݂ܺܝܬ݂

  

Palabra por palabra: A(n)t [Tú] (h)û [él = eres] ber(y) [mi hijo, mi criatura] ḥabbîḇâ' [querido] dëḇâḵ  [que contigo, que en ti, que por ti] 'eṣṭëḇîṯ [he sido complacido]. En castellano plano: «Tú eres mi Hijo querido, en quien me he complacido» (Lucas 3:22)

Quiero centrarme ahora en la cuestión de la complacencia: «en ti me he complacido». ¿Cómo es que Dios se complace en algunas de sus criaturas? ¿En cuáles y por qué?

La palabra aramea que se usa para esta “complacencia” (querer, deseo, voluntad) es ṣeḇyânâ', de la raíz  Ṣ-Ḇ-'. Y Dios dice que se complace en Jesús no sólo con ocasión de su Bautismo (Mt 3:17, Mc 1:11, Lc 3:22), sino también más tarde en la transfiguración del Tabor (Mt. 17:5). Y es así porque Jesús vive para hacer la voluntad del Padre. La propia palabra ṣeḇyânâ' es muy querida por Jesús; si leemos el Evangelio de Juan vemos que en tres versículos llega a decirla hasta cuatro veces:
 
(BTX3) Pues he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y ésta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que me ha dado, no pierda Yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día postrero (Jn 6:38-40)
 
Incluso Jesús llega a contestarle a sus discípulos (cuando le preguntaron por qué no comía)  que su comida era cumplir el deseo de Dios (Jn. 4:34). No es de extrañar que en el Padrenuestro, la oración que Jesús nos enseñó, aparezca desde el principio este deseo de cumplir el deseo de Dios: nehwe' seḇyânâḵ (sea/será tu deseo) 'aykannâ' dëḇashmayyâ' (así como en los cielos) 'âᶂ ba'r°â' (también en la tierra).

En la Biblia en hebreo aparece a menudo esta complacencia de Dios, aunque con otra raíz verbal distinta: רָצוֹן  (râtsôn). El sustantivo en sí no tiene carga moral ni es exclusiva de lo divino, al igual que ocurría con la palabra aramea seḇyânâ'. Los significados van desde “favor, buena voluntad” (Pro. 14:9, Pro 14:35), “deseo, gusto” (Sal 145:19), “algo que es agradable” (Pro 10:32), hasta “capricho, desenfreno”, por ejemplo en Gen. 49:6 donde podemos leer: «¡Jamás quiero estar presente en el lugar de sus reuniones! Pues cuando estaban enojados mataron gentes, y por puro capricho (râtsôn) les rompieron las patas a los toros».
 
Tenga o no tenga carga moral el término hebreo en sí mismo, por supuesto que la guía de los justos es la complacencia de Dios. Y en la Torá y el Tanaj tenemos suficientes datos para saber cómo hemos de buscar con nuestras acciones ese placer de Dios:
 
(LBLA)  He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo, mi escogido, en quien mi alma se complace. He puesto mi Espíritu sobre El; El traerá justicia a las naciones (Isa. 42:1)
 
En este versículo la complacencia de Dios se focaliza en el ser humano que trae la justicia a las naciones. Por eso, Dios se complace en unos seres humanos y no en otros:
 
(BTX3) YHVH se complace en los que lo temen, los que con ansia esperan en su misericordia (Sal. 147:11)
 
Y un apunte más, que encontramos en 1 Cro. 29:17:
 
(BTX3) Yo sé, Dios mío, que Tú escudriñas los corazones, y te complaces en la rectitud.
 
Por tanto, según el Tanaj, los que traen la justicia a las naciones, los que tienen temor de Dios y los que son rectos causan deleite a Dios. Y, de entre ellos, el más amado por Dios fue y es Jesús.


¿Cómo seremos bautizados en fuego?

28.10.18 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

He recibido una pregunta de un lector habitual, y la agradezco profundamente, pues de lo contrario no habría podido investigar la cuestión y no estaría ahora pudiéndola compartir. Hace dos semanas estábamos leyendo el versículo de Lucas 3:16 en que el Bautista dice a sus discípulos, refiriéndose a Jesús Hû na°meḏḵûn bërûḥâ' dëqûḏshâ' waḇnûrâ' [Él os bautizará (os sumergirá) en el Espíritu (en el Aliento, en el Aroma, en el Viento) de lo sagrado (de lo santo) y en el Fuego]. Yo hice mi comentario lo mejor que supe o que pude; pero olvidé por completo que había un final de versículo: «Y en el fuego».

ܘܰܒ݂ܢܽܘܪܳܐ

La pregunta de mi atento lector es: “¿Cómo seremos bautizados en fuego?”. Efectivamente, Juan el Bautista no sólo dice que Jesús nos sumergirá en ese Aliento divino que Dios mantiene a salvo de la existencia. Ahora añade que también nos sumergirá en el fuego. El fuego, esa realidad a la que están destinados los réprobos, que Juan acababa de mencionar en el versículo anterior, y que vuelve a citar en el siguiente:

Mat 3:10 Y ya está puesta el hacha a la raíz de los árboles, de modo que todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.

Mat 3:11 Yo ciertamente os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene después de mí es más poderoso que yo, cuyas sandalias no soy digno de llevar. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Mat 3:12 Tiene su aventador en la mano y limpiará bien su era. Recogerá su trigo en el granero y quemará la paja con fuego inextinguible.
 
No es posible que Juan no tenga presente que el fuego es el dolor que amenaza a los réprobos cuando dice que Jesús nos bautizará en el fuego. Y, a pesar de eso, lo dice: los réprobos irán al fuego y vosotros seréis bautizados en el fuego. ¡Qué dos frases tan tremendas, puestas una al lado de la otra! En realidad, no es Juan, sino Dios el que dice lo que quiere decir, a través de Juan. Y lo que quiere decir es que Jesús para hacernos partícipes de la Vida de Dios va antes a quemar de nosotros todo aquello que se resiste a la vida eterna. Este pasaje no se entiende sin estudiar antes el resto de la Torá y el Tanaj. En toda la Biblia se dice una y otra vez que Dios se nos hace manifiesto como fuego (Gen 15:17), que su Gloria tiene la apariencia de un gran incendio (Ex 24:17) y sus mismos efectos (Ex 19:18), que su Trono es de fuego y las ruedas que lo portan son de fuego (Dan 7: 9), que de su presencia brotan ríos de fuego (Dan 7: 10), y que él ha hecho ángeles de los vientos y servidores de las flamas de fuego (Sal. 104:4).
 
Un profeta no puede dejar de transmitir la palabra de Dios, porque es como si quisiéramos encerrar un fuego en una cárcel de huesos (Jer. 20:9). Las palabras de Dios en boca de un profeta son fuego que quema a los malvados como si fueran leña (Jer. 5:14). Dios mismo dice que su palabra es fuego:
 
«¿No es mi palabra como fuego, dice YHWH, y como un martillo que rompe la piedra en pedazos?» (Jer 23:29)
 
El Evangelista Juan nos dirá en el Apocalipsis que los ojos del Hijo del Hombre son como llamas de fuego (Ap. 1:14, 2:18). Y el mismísimo Jesús revela que ha venido a traer fuego a la tierra (Lc 12:49: «He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!»). Por tanto, ¿por qué nos iba a extrañar que el Bautista anuncie que Jesús, a modo de bautismo, nos sumergirá en el fuego?
 
Las palabras del Bautista de que Jesús nos bautizará en el fuego, y las palabras de Jesús de que viene a traer fuego a la tierra, no se entienden sin antes haber leído a Malaquías:
 
Mal 3:2 ¿Y quién soportará el día de su venida? ¿Y quién permanecerá cuando Él se manifieste? Porque Él es fuego de fundidor, y lejía de lavadores.

Mal 3:3 Y se sentará para refinar y purificar la plata, y purificará a los hijos de Leví, y los acrisolará como el oro y la plata...
 
El agua de Juan lava los pecados; el fuego de Jesús purifica los corazones.


Haceos cargo del Espíritu Santo

21.10.18 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Sin dejar el tema del Espíritu, ¡qué hermoso el pasaje del encuentro de Jesús con sus discípulos que narra Juan en el capítulo 20 versículos 19 a 23! En cualquier Biblia la encontraremos contada más o menos así:

«Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en eso entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Y, hablando así, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.  Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo...»

Me centro en este versículo 20, que en arameo aparece levemente distinto:
 
 

ܢܦ݂ܰܚ ܒ݁ܗܽܘܢ ܘܶܐܡܰܪ ܠܗܽܘܢ ܩܰܒ݁ܶܠܘ ܪܽܘܚܳܐ ܕ݁ܩܽܘܕ݂ܫܳܐ

 
Nëᶂaḥ [sopló] bëhûn [en ellos] we'mar [y dijo] lëhûn [a ellos] qabbelu [haceos cargo, asumid, recibid] rûḥâ' [el espíritu, el viento] dëqûdshâ' [de lo sagrado]

Así que la rûḥâ' que Jesús insufla, para que los discípulos puedan cumplir con su misión, es algo más concreto que la rûḥâ' que recibió Âdam y que da vida a cada uno de nosotros, y se le llama rûḥâ' dëqûdshâ', y la traducción que le hemos dado ha sido “Espíritu de lo sagrado”. Propiamente, no “Espíritu Santo”; el adjetivo (qadûsh o qadish) no aparece una sola vez en la Pёshiṯtâ’ aplicado al Espíritu. Vamos de nuevo a interpretar el Evangelio desde el Evangelio. ¿Cuándo se usa esta expresión y para significar qué? En el Evangelio de Marcos vemos que se cita en cuatro ocasiones la expresión rûḥâ' dëqûdshâ':
 
Marcos 1:8 – «Yo os he sumergido en el agua; él, sin embargo, os sumergirá en la rûḥâ' dëqûdshâ'». Es el Bautista el que habla y, por sus palabras, parece que rûḥâ' dëqûdshâ' es una nueva forma de bautismo.

Marcos 3:29 – «Sin embargo, quien quiera que blasfeme contra la rûḥâ' dëqûdshâ' no habrá para él perdón por la eternidad…». Jesús acaba de recibir una terrible calumnia por parte de los escribas de Jerusalem: «Belzebú está en él, y con el príncipe de los demonios expulsa a los demonios». Jesús interpreta que los escriban han blasfemado contra la rûḥâ' dëqûdshâ', puesto que es gracias a esta fuerza de Dios por lo que él puede expulsar demonios y curar enfermedades. Tenemos, por tanto, en este pasaje, la clave de cómo se manifiesta en el mundo humano la rûḥâ' dëqûdshâ'. Por eso, los discípulos necesitan que Jesús resucitado les insufle la rûḥâ' dëqûdshâ' para poder cumplir su misión, de exorcisar y sanar.

Marcos 12:36 – «Pues él, David, dijo con la rûḥâ' dëqûdshâ'…». Es Jesús el que habla y, por sus palabras, colegimos que la rûḥâ' dëqûdshâ' es la inspiración divina por la que habla el profeta.

Marcos 13:11 – «Y cuando se os acerquen para entregaros, entonces, no os precipitéis ni os preocupéis de qué hablaréis, y no penséis, sino que hablad lo que os sea dado (decir) en ese momento. Pues no fuisteis vosotros los que hablasteis sino la rûḥâ' dëqûdshâ' ». Exactamente igual que en el pasaje anterior, para hablar de Dios, Jesús entiende que debemos dejar hablar a Dios; y Dios habla a través de la rûḥâ' dëqûdshâ'.

Ahora ya sí tenemos los elementos para entender por qué los discípulos deben recibir (literalmente, asumir, hacerse cargo de) el Espíritu de lo Sagrado, hacerle sitio dentro de ellos. Recibir la rûḥâ' dëqûdshâ' es una forma de bautismo que nos convierte en exorcistas de los demonios que campan a sus anchas por el mundo, en portadores de la palabra divina, en sanadores de nuestro mundo.


Sumergidos en el Aliento de Dios

14.10.18 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Guiados aún por el Espíritu, volvemos al pasaje del encuentro de Jesús con Juan el Bautista y ahora escuchamos sus palabras, refiriéndose a Jesús. Leemos en la Peshitta (Lc 3,16):

ܗܽܘ ܢܰܥܡܶܕ݂ܟ݂ܽܘܢ ܒ݁ܪܽܘܚܳܐ ܕ݁ܩܽܘܕ݂ܫܳܐ ܘܰܒ݂ܢܽܘܪܳܐ

[Él] na°meḏḵûn [os bautizará, os sumergirá] bërûḥâ' [en el Espíritu, en el Aliento, en el Aroma, en el Viento] dëqûḏshâ' [de lo sagrado, de lo santo] waḇnûrâ' [y en el Fuego]

Extrañas, extraordinarias palabras que dice Juan el Bautista, imposibles de entender si no consideramos que es un profeta y que los profetas dicen cosas que, a veces comprendemos y otras veces no podemos comprender, pero que siempre nos remueven hasta la entraña.

Lo primero que hemos de hacer es justificar nuestra traducción, dividiéndola en dos partes:

1) Él os sumergirá: En arameo, “bautizar” es “sumergir” (°-M-D). Si sólo trabajamos con la traducción “bautizar”, que no es la acepción primera de la raíz verbal, se nos está escapando mucho de la plasticidad de la frase. “Bautizar en el Espíritu Santo” no suena igual que “Sumergir en la Respiración de lo Santo, en el Aliento de lo Santo, en el Aroma de lo Santo, en el Viento de lo Santo”. Los profetas de Israel tratan de que “veamos” la Vida misma de Dios («Y verá toda carne mortal la Vida de Dios», Lucas 3:6 citando a Isaías 40:3-5), y el primer paso para ver y vivir esa Vida de Dios es sumergirnos en el mismo Espíritu (rûḥâ') que en el principio de la Creación sobrevolaba la superficie de las aguas (Gen. 1:2). Es importante recuperar el sentido original del verbo, porque, enseguida se nos va a decir en qué vamos a ser sumergidos, y la traducción puede pasar de tener sentido a no tenerlo, ya que el Espíritu Santo, sea lo que sea, no es algo en lo que podamos sumergirnos sino algo que se sumerge en nosotros. Pero quizá el problema está en dar por supuesta la traducción “Espíritu Santo” para el término rûḥâ' dëqûḏshâ'.

2) en el Aliento de lo sagrado: Estamos habituados a la traducción “Espíritu Santo”, aunque la traslación más aproximada al castellano de rûḥâ' dëqûḏshâ' sería, en todo caso, “El Espíritu de la santidad”. El adjetivo (qaḏûsh o qaḏish) no aparece una sola vez en la Peshitta aplicado al nombre común rûḥâ', cualquiera que sea la traducción que le demos a este último sustantivo (Espíritu, Viento, Aliento...). Ya hemos analizado en un capítulo anterior las connotaciones de la trilítera aramea Q-D-SH, que implica la existencia de una separación entre lo sagrado y lo profano. Es importante tenerlo muy presente para comprender las palabras de Juan. Pues lo que nos está diciendo es que Jesús va a sumergirnos en ese Espíritu, en ese soplo divino, que mantiene la separación entre Él y nosotros. No todo Espíritu (rûḥâ') es rûḥâ' dëqûḏshâ'. De hecho, si los seres humanos vivimos es porque Dios nos insufló su rûḥâ' ; es decir, que el Espíritu de Dios es algo intrínseco al ser humano. Pero rûḥâ' dëqûḏshâ' es otra cosa; es algo que pertenece al ámbito exclusivo de lo divino: eso de Dios que no comparte con la existencia. Y, así y todo, Juan dice que vamos a participar incluso de eso, que vamos a ser bañados y sumergidos en eso.


¿Qué es la rûḥâ' ?

Sin dejar aún el pasaje del Bautismo de Jesús, que empezamos hace un par de semanas, llegamos al versículo que pone fin a la escena (Marcos 1:12), y que dice:

ܘܡܶܚܕ݂ܳܐ ܐܰܦ݁ܶܩܬ݁ܶܗ ܪܽܘܚܳܐ ܠܡܰܕ݂ܒ݁ܪܳܐ

Palabra por palabra: Wëmeḥḏâ' [e inmediatamente] 'appeqteh [le arrastró] rûḥâ' [el Espíritu, el viento] lëmaḏbërâ' [al desierto].

Y nos planteamos ahora, ¿qué es esto de la rûḥâ'? Sabemos que la rûḥâ', que suele traducirse “el Espíritu”, es de Dios y sólo de Dios. La rûḥâ' puede estar –y está- en nosotros, y mientras está, vivimos; pero no es nuestra. Esta rûḥâ' es el origen mismo de la Vida, de toda vida; a un tiempo, la vida del universo y la del ser humano. Leemos en el Evangelio de Juan: «Es la rûḥâ' la que hace vivir» (Jn 6:63). La rûḥâ' pertenece a Dios pero vivifica al ser humano mientras se mueve dentro de sus dimensiones. Por eso, para un semita, “morir” es exhalar la rûḥâ' (en arameo), la rûaḥ (en hebreo), el rûh (en árabe):
 
«E, inclinó su cabeza, y entregó su rûḥâ'» (Juan 19:30)
 
De la misma manera que resucitar es recuperar la rûḥâ':
 
«Volvió la rûḥâ' de ella y al instante resucitó» (Lucas 8:55)
 
Este dato ayuda a interpretar algunos momentos de la vida de Jesús reflejados en los evangelios. Por ejemplo, en la Peshîṭtâ leemos que cuando Jesús llegó a la región de Ḏalmânû los fariseos se le acercaron con malicia pidiéndole una señal:
 
«Exhalando su rûḥâ', les dijo: "¿Por qué pide esta generación una señal ('âtâ')?"» (Marcos 8:12)
 
Literalmente, “exhalando su rûḥâ'” es “muriendo”. La tristeza, la incomprensión, la soledad es una forma de muerte, porque es un modo de vaciamiento de rûḥâ'.

Es decir, que en la cosmovisión semita el ser humano vive porque lo anima el Espíritu de Dios, y su desaparición supone la muerte. Por consiguiente, la vida es inmanente a la existencia sólo en la medida en que Dios lo es. La forma material con la que nos es más fácil imaginar esa vida de Dios que todo lo anima es el viento, que se dice en arameo con la misma palabra (rûḥâ'), y de hecho la Revelación está jugando con esta polisemia. Por ejemplo, Jesús dice en Juan 3:8 rûḥâ' °atar dëṣâḇiâ' nâshbâ'; a nosotros nos llega en las traducciones al uso «El Espíritu sopla donde quiere», aunque también podría haberse traducido «El viento sopla donde quiere».


Domingo, 9 de diciembre

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