Jesús Arameo

Sumergidos en el Aliento de Dios

14.10.18 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Guiados aún por el Espíritu, volvemos al pasaje del encuentro de Jesús con Juan el Bautista y ahora escuchamos sus palabras, refiriéndose a Jesús. Leemos en la Peshitta (Lc 3,16):

ܗܽܘ ܢܰܥܡܶܕ݂ܟ݂ܽܘܢ ܒ݁ܪܽܘܚܳܐ ܕ݁ܩܽܘܕ݂ܫܳܐ ܘܰܒ݂ܢܽܘܪܳܐ

[Él] na°meḏḵûn [os bautizará, os sumergirá] bërûḥâ' [en el Espíritu, en el Aliento, en el Aroma, en el Viento] dëqûḏshâ' [de lo sagrado, de lo santo] waḇnûrâ' [y en el Fuego]

Extrañas, extraordinarias palabras que dice Juan el Bautista, imposibles de entender si no consideramos que es un profeta y que los profetas dicen cosas que, a veces comprendemos y otras veces no podemos comprender, pero que siempre nos remueven hasta la entraña.

Lo primero que hemos de hacer es justificar nuestra traducción, dividiéndola en dos partes:

1) Él os sumergirá: En arameo, “bautizar” es “sumergir” (°-M-D). Si sólo trabajamos con la traducción “bautizar”, que no es la acepción primera de la raíz verbal, se nos está escapando mucho de la plasticidad de la frase. “Bautizar en el Espíritu Santo” no suena igual que “Sumergir en la Respiración de lo Santo, en el Aliento de lo Santo, en el Aroma de lo Santo, en el Viento de lo Santo”. Los profetas de Israel tratan de que “veamos” la Vida misma de Dios («Y verá toda carne mortal la Vida de Dios», Lucas 3:6 citando a Isaías 40:3-5), y el primer paso para ver y vivir esa Vida de Dios es sumergirnos en el mismo Espíritu (rûḥâ') que en el principio de la Creación sobrevolaba la superficie de las aguas (Gen. 1:2). Es importante recuperar el sentido original del verbo, porque, enseguida se nos va a decir en qué vamos a ser sumergidos, y la traducción puede pasar de tener sentido a no tenerlo, ya que el Espíritu Santo, sea lo que sea, no es algo en lo que podamos sumergirnos sino algo que se sumerge en nosotros. Pero quizá el problema está en dar por supuesta la traducción “Espíritu Santo” para el término rûḥâ' dëqûḏshâ'.

2) en el Aliento de lo sagrado: Estamos habituados a la traducción “Espíritu Santo”, aunque la traslación más aproximada al castellano de rûḥâ' dëqûḏshâ' sería, en todo caso, “El Espíritu de la santidad”. El adjetivo (qaḏûsh o qaḏish) no aparece una sola vez en la Peshitta aplicado al nombre común rûḥâ', cualquiera que sea la traducción que le demos a este último sustantivo (Espíritu, Viento, Aliento...). Ya hemos analizado en un capítulo anterior las connotaciones de la trilítera aramea Q-D-SH, que implica la existencia de una separación entre lo sagrado y lo profano. Es importante tenerlo muy presente para comprender las palabras de Juan. Pues lo que nos está diciendo es que Jesús va a sumergirnos en ese Espíritu, en ese soplo divino, que mantiene la separación entre Él y nosotros. No todo Espíritu (rûḥâ') es rûḥâ' dëqûḏshâ'. De hecho, si los seres humanos vivimos es porque Dios nos insufló su rûḥâ' ; es decir, que el Espíritu de Dios es algo intrínseco al ser humano. Pero rûḥâ' dëqûḏshâ' es otra cosa; es algo que pertenece al ámbito exclusivo de lo divino: eso de Dios que no comparte con la existencia. Y, así y todo, Juan dice que vamos a participar incluso de eso, que vamos a ser bañados y sumergidos en eso.


¿Qué es la rûḥâ' ?

Sin dejar aún el pasaje del Bautismo de Jesús, que empezamos hace un par de semanas, llegamos al versículo que pone fin a la escena (Marcos 1:12), y que dice:

ܘܡܶܚܕ݂ܳܐ ܐܰܦ݁ܶܩܬ݁ܶܗ ܪܽܘܚܳܐ ܠܡܰܕ݂ܒ݁ܪܳܐ

Palabra por palabra: Wëmeḥḏâ' [e inmediatamente] 'appeqteh [le arrastró] rûḥâ' [el Espíritu, el viento] lëmaḏbërâ' [al desierto].

Y nos planteamos ahora, ¿qué es esto de la rûḥâ'? Sabemos que la rûḥâ', que suele traducirse “el Espíritu”, es de Dios y sólo de Dios. La rûḥâ' puede estar –y está- en nosotros, y mientras está, vivimos; pero no es nuestra. Esta rûḥâ' es el origen mismo de la Vida, de toda vida; a un tiempo, la vida del universo y la del ser humano. Leemos en el Evangelio de Juan: «Es la rûḥâ' la que hace vivir» (Jn 6:63). La rûḥâ' pertenece a Dios pero vivifica al ser humano mientras se mueve dentro de sus dimensiones. Por eso, para un semita, “morir” es exhalar la rûḥâ' (en arameo), la rûaḥ (en hebreo), el rûh (en árabe):
 
«E, inclinó su cabeza, y entregó su rûḥâ'» (Juan 19:30)
 
De la misma manera que resucitar es recuperar la rûḥâ':
 
«Volvió la rûḥâ' de ella y al instante resucitó» (Lucas 8:55)
 
Este dato ayuda a interpretar algunos momentos de la vida de Jesús reflejados en los evangelios. Por ejemplo, en la Peshîṭtâ leemos que cuando Jesús llegó a la región de Ḏalmânû los fariseos se le acercaron con malicia pidiéndole una señal:
 
«Exhalando su rûḥâ', les dijo: "¿Por qué pide esta generación una señal ('âtâ')?"» (Marcos 8:12)
 
Literalmente, “exhalando su rûḥâ'” es “muriendo”. La tristeza, la incomprensión, la soledad es una forma de muerte, porque es un modo de vaciamiento de rûḥâ'.

Es decir, que en la cosmovisión semita el ser humano vive porque lo anima el Espíritu de Dios, y su desaparición supone la muerte. Por consiguiente, la vida es inmanente a la existencia sólo en la medida en que Dios lo es. La forma material con la que nos es más fácil imaginar esa vida de Dios que todo lo anima es el viento, que se dice en arameo con la misma palabra (rûḥâ'), y de hecho la Revelación está jugando con esta polisemia. Por ejemplo, Jesús dice en Juan 3:8 rûḥâ' °atar dëṣâḇiâ' nâshbâ'; a nosotros nos llega en las traducciones al uso «El Espíritu sopla donde quiere», aunque también podría haberse traducido «El viento sopla donde quiere».


El agigantamiento de Cristo

30.09.18 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Seguimos, como la semana pasada, en el Bautismo de Jesús, pero pasamos del Evangelio de Mateo al de Marcos. El versículo Mc 1:10 me parece extraordinario para meditar juntos:

 

ܘܡܶܚܕ݂ܳܐ ܕ݁ܰܣܠܶܩ ܡܶܢ ܡܰܝܳܐ ܚܙܳܐ ܕ݁ܶܐܣܬ݁ܕ݂ܶܩܘ ܫܡܰܝܳܐ ܘܪܽܘܚܳܐ ܐܰܝܟ݂ ܝܰܘܢܳܐ ܕ݁ܢܶܚܬ݁ܰܬ݂ ܥܠܰܘܗ݈ܝ

 
Palabra por palabra: Wëmeḥḏâ' [E inmediatamente] dasleq [que surgió] men mayyâ' [desde las aguas] ḥëçâ' [vio] de'stëḏeq(w) [que se habían rasgado] shëmayyâ' [los cielos] wërûḥâ' [y el Espíritu] 'ayḵ yawnâ' [como una paloma] dëneḥtaṯ [que descendía] °ëlaw(hy) [sobre él]. En castellano plano: «E inmediatamente que surgió desde las aguas vio que se habían rasgado los cielos, y el Espíritu como una paloma que descendía sobre él».

Divido el comentario en tres partes:

1) E inmediatamente que surgió desde las aguas: Una de las claves de interpretación de este pasaje desde el arameo es el amplio abanico de traducciones que puede tener cada uno de los términos usados por el Evangelista. Veamos, por ejemplo, cómo la raíz verbal S-L-Q es muy rica en significados: “surgir, brotar, elevarse, viajar a lo alto”, todos cuyos significados son aplicables al texto. Porque Jesús surge de las aguas, brota de las aguas, se eleva desde las aguas, y viaja hacia lo alto, como el Ascenso Celeste de un chamán iniciándose en el mundo superior. Por eso Jesús necesitaba del bautismo de Juan, como ya dijimos en el capítulo anterior. Jesús no está haciendo una pantomima ante el pueblo para hacerse el humilde, recibiendo algo de Juan que no necesita. Juan es el maestro iniciático de Jesús, el guía en las regiones elevadas.

2) vio: Y Jesús vió. De esta raíz (Ḥ-Ç-') ya hemos hablado en un post anterior, y ya dijimos que no sólo significa “ver con los ojos o ver con el corazón”, sino también “comprender, darse cuenta”. ¿Qué comprende Jesús tras su bautismo?

3) que se habían rasgado los cielos: Se da cuenta de que se habían rasgado los cielos, que se habían roto en dos... ¡Qué signo tan impresionante! El cielo de antes de la inmersión de Jesús no es el cielo de después. Es un cielo en el que se ha abierto una grieta por la que se va a filtrar algo ensencial al mundo de los seres humanos. La Creación ya experimentó en el principio de los tiempos un rompimiento de las aguas, en aguas de arriba y aguas de abajo. El firmamento es la separación que hay entre las aguas de arriba y las aguas de abajo: «Y dijo ’Elohim: Haya firmamento [literal. “expansión”] en medio de las aguas (ham-mâyim) y separe las aguas de las aguas (mayim ben lâ-mâyim)» (Gen 1:6). No es casual el parecido entre los términos arameos “aguas” (mayyâ') y “cielos” (shëmayyâ' ), ambos siempre en plural. Y, ahora, con el bautismo de Jesús, con su inmersión en las aguas de abajo se rompen las aguas de arriba. Hay una poesía interior a todo este versículo que no acierto a verbalizar, pero que puede percibirse a poco que escuchemos cómo resuenan estas palabras en nuestro interior, palabras que también en nostros causan un rompimiento y por las que también se filtra algo divino. Algo que el Evangelista llama “El Espíritu”.


El Bautismo de Jesús fue "bello y sabroso"

23.09.18 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Hoy toca comentar un pasaje maravilloso. El del Bautismo de Jesús por Juan el Bautista. Lo recordamos brevemente: Jesús va al Jordán a que lo Bautice Juan y se lo pide. Juan le contesta que cómo va a ser eso, que es él el que debe ser bautizado por Jesús. Y Jesús le responde (Mt 3,15):

 

ܫܒ݂ܽܘܩ ܗܳܫܳܐ ܗܳܟ݂ܰܢܳܐ ܓ݁ܶܝܪ ܝܳܐܶܐ ܠܰܢ ܕ݁ܰܢܡܰܠܶܐ ܟ݁ܽܠܳܗ ܟ݁ܺܐܢܽܘܬ݂ܳܐ

Palabra por palabra: Shëḇûq [permite, perdona, desata] hâshâ' [ahora] hâḵanâ' ġêr [porque así] yâ’e' [hermoso, sabroso, apropiado] lan [para nosotros] danmal·le' [que completamos] kul·lâh [toda ella] ki'nûṯâ' [la justicia, la honestidad, la perfección].

Vamos a estudiar la contestación de Jesús en cuatro partes:

1)  Permite ahora: La raíz verbal SH-B-Q, que es la que se usa para el perdón, y para el permiso, y para liberar algo, para abandonar o repudiar, es la que ahora está usando Jesús. Esta primera palabra de Jesús debió de ser ya muy desconcertante para Juan: “Perdona”. Juan quiere hacer un gesto de cortesía o de humildad ante Jesús, pero Jesús no se lo acepta. Porque iniciarse con alguien no es someterse a esa persona. Todo es mucho más natural: unos maestros inician a otros. Juan y Jesús simplemente estan siguiendo un mismo camino; un camino que ha comenzado Juan mucho antes que Jesús. Tampoco Jesús está mostrando su humildad, como se ha interpretado tradicionalmente, porque Jesús en ese momento (hâshâ') necesita a Juan. Algo busca Jesus de Juan cuando le pide la iniciación del Bautismo; aunque nosotros no sepamos qué le está dando Juan a Jesús. No es un gesto de cara a la galería ni un acción vanal. En ese momento Jesús necesita eso de Juan. Necesita vincularse con él, y vincularse con el desierto. Y por eso se lo pide, no se lo ordena ni nada parecido. Hemos leído versiones en castellano en las que en este pasaje Jesús se comporta como un bruto, ordenando a Juan que haga lo que le dice y que se deje de excusas y titubeos. Pero Shëḇûq hâshâ' hâḵanâ' ġêr yâ’e' lan danmal·le' kul·lâh ki’nûṯâ' no es un arrogante «Déjame en paz» ni un gélido «Así debe hacerse». Jesús habla al Bautista con mucha dulzura. Nunca hubiera sido capaz de ser tan desagradable con un hombre bueno y justo como Juan, que además era su primo, diciéndole algo como lo que leemos en algunos Evangelios: «Déjame ahora, así es como debemos cumplir nosotros toda justicia» (EUNSA), o «¡Déjalo así por ahora! Es menester que cumplamos lo que Dios ha dispuesto» (BLPH). Jesús era una persona delicada y nunca habría destruido la hermosura de este momento que están viviendo él y su primo con una orden seca y cortante. Está claro que, sin el arameo, algo de la personalidad de Jesús se nos está escapando; y algo fundamental.

2) que sea así de hermoso: Aunque Juan no comprenda por qué debe hacerse así, Jesús le pide que deje que las cosas fluyan de ese modo (como fluyen las aguas ante las que se encuentran), e introduce en su ruego, no una explicación, sino un argumento seguramente inesperado para Juan. Jesús le dice que hacerlo así “va a ser hermoso”, que “va a ser una experiencia sabrosa”, que “va a ser apropiado”, que encaja como un guante en lo que demanda la situación. Juan es un gran profeta y no hay duda de que sabe que nuestras acciones en el mundo construyen su belleza, pero ¿en dónde reside la belleza, el sabor, la perfección de que Jesús sea bautizado por Juan y no al contrario? Jesús no llegó nunca a decirlo, o no fue registrado por escrito, pero podría ser que lo hermoso fuera acabar con eso de quién es superior y quién es inferior. El Reino de Dios viene, justamente, a subvertir esa lógica de lo que está por encima y lo que está por debajo. Juan, ese hombre endurecido por el sol y el ayuno, habría esperado de Jesús cualquier sutileza teológica o tal vez una respuesta que esgrimiera alguna maravillosa interpretación de la Torá, pero no la sencillez de un «vamos a hacerlo así de bonito». Y, ante esta sencillez de Jesús, no tiene argumento que oponer.

3) para nosotros: Este lan («para nosotros») es muy importante, porque incluye a Juan en la belleza de lo que va a suceder, en la belleza que van a fabricar entre los dos. El bautismo de Jesús por parte de Juan va a ser hermoso, hermoso para todos, para el mundo, para la Historia de la Salvación, pero, ante todo, lo va a ser para ellos dos. Pero, “¿Por qué va a ser hermoso para nosotros?”, podría haberle preguntado Juan; y eso sí lo contesta Jesús: porque amamos la Justicia, porque “completamos” la Justicia.

4) que somos los que completamos la justicia por entero: Ya hemos visto en un versículo anterior la raíz verbal “completar” (M-L-'), que es tener parte en una inundación (mële'â'). Y, como si no fuera bastante, Jesús le añade kul·lâh (“toda ella”): “completarla toda ella”, es decir, inundar por completo de Justicia el mundo. Este bautismo va a ser toda una revolución en el modo humano de entender la Justicia. No basta con hacer las cosas justas o perfectas, sino que la Justicia necesita completarse con la Belleza. Porque la Justicia sin Belleza es menos Justicia. En qué sentido los que aman la Justicia experimentarán el Bautismo de Jesús como algo hermoso, es algo que queda como un secreto entre Juan y Jesús.


¿Qué es la sabiduría para un arameo?

16.09.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

Estoy leyendo ese pasaje de Lucas 2:52 que dice:

 

ܝܶܫܽܘܥ ܕ݁ܶܝܢ ܪܳܒ݂ܶܐ ܗ݈ܘܳܐ ܒ݁ܩܰܘܡܬ݂ܶܗ ܘܰܒ݂ܚܶܟ݂ܡܬ݂ܶܗ ܘܰܒ݂ܛܰܝܒ݁ܽܘܬ݂ܳܐ ܠܘܳܬ݂ ܐܰܠܳܗܳܐ ܘܰܒ݂ܢܰܝܢܳܫܳܐ

Yeshshû° dên [por eso Jesús, pero Jesús] râḇe' [agrandante] (h)wâ' [fue] bëqawmëṯeh [en su estatura] waḇḥeḵmëṯeh [y en su sabiduría] waḇṭaybûṯâ' [y en gracia] lëwâṯ [hacia, junto a] 'Al·lâhâ' [Dios] waḇnaynâshâ' [y los hijos de los hombres].

Más o menos todas las Biblias que consultemos nos lo traducirán: «Pero Jesús iba creciendo en estatura, en sabiduría y en gracia a los ojos de Dios y de los hombres». Esta traducción puede matizarse, pero básicamente es lo que el texto evangélico quiere decir. Lo que ahora me planteo es “qué es la sabiduría”. Ya sé que todos podríamos contestar esta pregunta, y muchas de las respuestas serían maravillosas. Pero me gustaría saber qué respondería un semita; alguien que se haya educado en arameo, en hebreo o árabe.

En arameo, “sabiduría” se dice ḥeḵmëṯâ', del verbo ḥëḵam “ser capaz”. En el Eclesiástico 24:5-6 leemos una autopresentación de la Sabiduría difícilmente igualable en cualquier texto de otra cultura: «Yo salí de la boca del Altísimo, primogénita antes que toda criatura. Yo hice brotar en los cielos una luz indefectible y como niebla cubrí la tierra entera». Pero en el mundo semita, la “sabiduría” no es puro saber teórico, sino que tiene un sentido muy práctico. Es aquello de que está dotado el buen “médico”, el buen “gobernante” o el buen “juez” (en árabe: al-ḥakîm, al-ḥâkim y al-ḥakam). Algunos tratadistas árabes han definido la ḥikma como “la capacidad para diferenciar entre lo que beneficia y lo que perjudica, entre lo justo y lo injusto” (Abû Sa’id Muhammad Hâdimî); lo contrario no es la incultura, sino la estulticia (balâdat). Es por esta sabiduría por la que somos expertos en algo («no escuchará la voz del hechicero experto en hechizos», dice el Salmo 58:5); por la que tenemos arte en lo que hacemos («lleno de arte para hacer toda obra en bronce», refiere 1 Re 7:14); por la que actuamos con astucia («actuemos astutamente no sea que sigan multiplicándose», leemos en Ex 1:10). Como cuando Jesús dijo que los hijos de las tinieblas actúan más astutamente (ḥakkîmîn) que los hijos de la luz (Lc 16:8). Así que Jesús crecía en todo eso: en arte, en habilidad, en sabiduría práctica, en conocimiento del mundo, y en astucia.


Después de un ángel viene una resurrección

09.09.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

Estamos en el sueño de José, ese sueño en el que aparecía un ángel (Mateo 2:13). Y leemos:
 
 

ܐܶܬ݂ܚܙܺܝ ܡܰܠܰܐܟ݂ܳܐ ܕ݁ܡܳܪܝܳܐ ܒ݁ܚܶܠܡܳܐ ܠܝܰܘܣܶܦ݂ ܘܶܐܡܰܪ ܠܶܗ ܩܽܘܡ ܕ݁ܒ݂ܰܪ ܠܛܰܠܝܳܐ ܘܠܶܐܡܶܗ

 
'Eṯḥëçî [fue visto] mal·la’ḵâ' [el enviado] dëmâryâ' [del Señor] bëḥelmâ' [en el sueño] lëyawseᶂ [por José] we'mar [y dijo] lêh [a él] qûm [levanta] dëḇar [guía, toma] lëṭalyâ' [al niño] wële'mêh [y a su madre]...

Voy a centrarme en el verbo que hemos traducido “levanta” (Q-M). Desde luego que significa “levanta”, pero también “resucita”. En árabe, en hebreo y en arameo, “resucitar” se dice de varias maneras, pero una de las raíces que comparten todas las lenguas semitas para expresar esta idea es Q-M. Cuando Jesús resucita a la hija de Jairo (Marcos 5:41, Lucas 8:54) o al joven de Naím (Lucas 7:14), en todas las versiones de los evangelistas, en arameo, se emplea esta raíz verbal: wë'mar lâh ṭëlîtâ' qûm(i) («Y le dijo: “Niña, resucita”», Mc 5:41), o wâ'mar °laymâ' lâk 'âmar 'nâ' qûm («Y dijo: “Muchacho, a ti te digo yo: resucita”», Lucas 7:14).

A veces, la fuerza de ese imperativo (qûm) se trivializa en las traducciones:
 
1)    En el anuncio a María de su embarazo (Lucas 1:38-39) leemos: «Y el ángel dejándola se fue. En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa...».
2)    En el anuncio a José para que acepte a María pese a su embarazo (Mateo 1:23-24), leemos: «…Y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado».
3)    Y en el anuncio a José para que vuelva de Egipto (Mateo 2:20), leemos: «Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y ponte en camino de la tierra de Israel».

No es, por tanto, extraño, que en nuestras biblias aparezca traducido el pasaje que estamos comentando (Mateo 2:13-14): «El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y huye a Egipto».
 
El tema es importante, y lo comprendemos claramente cuando lo aplicamos a los pasajes de la resurrección de Jesús (Mateo 27:6-7; Marcos 16:5-9; Lucas 24:4-7; Juan 20:11-18), donde unos ángeles se aparecen en la tumba vacía anunciando que Jesús “se ha levantado”. Levantarse es resucitar y resucitar es levantarse. Si te despiertas del sueño, resucitas; si te pones de pie, resucitas; si te pones en camino, resucitas. Y, si resucitas, despiertas del sueño de la muerte, te levantas de la pasividad de tu vida anterior, te pones en camino a la búsqueda de más Vida.
 
Hay que cuidar que la trascendentalidad de la raíz verbal Q-M no se pierda en las traducciones. No basta con que la Revelación nos hable de “ponerse de pie”, de “ponerse en camino”, de “despertarse del sueño”, o de “levantarse”. Se trata de recordar que sin ángeles no hay resurrección, y que con ángeles no puede sino haber resurrección.


Los corazones rotos en arameo

02.09.18 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

En el post que dedicamos al hígado y al corazón llegábamos a la conclusión de que el corazón es ese centro inteligente de donde sacamos nuestra fuerza y nuestro ánimo. Vamos ahora a un curioso pasaje del Evangelio donde aparece mencionado el corazón, a ver si podemos aportar algo nuevo.

En Lucas 4:18 Jesús se ha puesto en pie en la sinagoga y está leyendo del Tanaj el pasaje de Isaías (Isaías 61:1-2) en el que dice «El espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido para albriciar a los indigentes, para curar los corazones rotos...».

¿Qué es esto de tener “el corazón roto”? Por todo lo que hasta ahora hemos explicado ya sabemos que no tiene nada que ver con el desamor. El adjetivo twîr al que se refiere Jesús es una palabra aramea que presenta leves variedades de significado en el tiempo y en la geografía dignas de ser conocidas: en el arameo de Galilea tenía el significado de “roto”. En el arameo literario de los Targumim judíos podía significar “roto, derrotado, afligido”. En siríaco significará también “afligido” y “frágil”. Asimismo, “frágil” es el sentido que se le da en el arameo bíblico de Daniel. El aramaico de los Targumim palestinenses y el hebreo de Babilonia se inclinarán por darle el sentido de “quebrado”.

En resumen, tener el corazón roto, desde un punto de vista semita, es no comprender nada; para el ser humano, tener roto el órgano del entendimiento es estar completamente desahuciado del mundo y de la sociedad, vulnerable a las acechanzas de unos y otros. Dios, por boca de Isaías primero, y luego de Jesús, se dirige y convoca a aquellos que sufren porque no comprenden la realidad en la que viven.


Ver la vida de Dios

26.08.18 | 12:00. Archivado en En arameo "sabe" mejor

Con lo que ya aprendimos en el post anterior, tal vez podamos acometer la interpretación de algún versículo más. Estoy pensando, en concreto, en esa curiosa expresión que encontramos en Lucas 3:6. Éste, hablando de la predicación de Juan el Bautista y citando a Isaías (40:3-5), escribe: «toda carne mortal verá la vida de Dios».

ܘܢܶܚܙܶܐ ܟ݁ܽܠ ܒ݁ܣܰܪ ܚܰܝܶܐ ܕ݁ܰܐܠܳܗܳܐ

¿Qué significa “ver la vida de Dios”? Me gustaría tener más conocimiento teológico para poder entenderlo primero y explicarlo después. Lo que sí puedo decir es que, de nuevo, como en el post anterior, estamos usando la raíz verbal Ḥ-Ç-', que no significa sólo “ver con los ojos”, sino también “ver con el corazón”, y en este sentido “comprender, darse cuenta”. Con lo que, cuando Lucas dice “ver la vida de Dios”, también quiere decir “comprender la vida de Dios”, esto es, tomar conciencia, hacerse consciente de la vida de Dios.


Luz nueva sobre una bienaventuranza bien conocida

19.08.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

Es bien conocida la bienvanturanza que dice:

ܛܽܘܒ݂ܰܝܗܽܘܢ ܠܰܐܝܠܶܝܢ ܕ݁ܰܕ݂ܟ݂ܶܝܢ ܒ݁ܠܶܒ݁ܗܽܘܢ ܕ݁ܗܶܢܽܘܢ ܢܶܚܙܽܘܢ ܠܰܐܠܳܗܳܐ

En arameo (palabra por palabra): Ṭûḇayhûn [Bienaventuranza de ellos] la'ylên daḏḵên [los que han sido purificados] bëlebbëhûn [en sus corazones]; dëhennûn [que ellos] neḥçûn [verán] la'l·lâhâ' [a Dios] (Mateo 5:8).

La lectura habitual en las Biblias traducidas al castellano coinciden básicamente con la traducción que hemos dado. Pero debemos considerar dos datos nuevos que permiten una segunda lectura del versículo:

1) El primero ya se dio en el post de la semana pasada: el corazón, para los semitas, es el órgano de la comprensión.

2) El segundo se refiere a la raíz verbal Ḥ-Ç-', que no significa sólo “ver con los ojos”, sino también “ver con el corazón”, y en este sentido “comprender, darse cuenta”. Por ejemplo, en Daniel 2:8 leemos: «Vosotros habéis comprendido (Ḥ-Ç-') que mi decisión es firme». En consecuencia, “ver”, en arameo, también es “comprender”.

Así pues, esta bienaventuranza no sólo significa «Bienaventuranza para ellos, los que han sido purificados en sus corazones, porque ellos verán a Dios», sino «Bienaventuranza para ellos, los que han sido purificados en sus corazones, porque ellos comprenderán a Dios».


Pensar con el corazón y amar con el hígado

12.08.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

La semana pasada comentamos el pasaje en el que el evangelista Lucas decía “María guarda todas estas cosas, y las interpreta (P-Ḥ-M) en su corazón” (Lucas 2:19). María puede interpretar con el corazón porque el corazón está hecho para meditar. Hay más textos en los Evangelios en los que queda claro que el corazón sirve para pensar. Incluso usando otras raíces verbales que también significan “pensar”. Por ejemplo:

Lucas 5,22: «¿Qué caviláis (Ḥ-SH-B) en vuestros corazones?»

Mateo 13,15: «Y con el corazón entiendan (S-K-L)»

El corazón en arameo se dice lebbâ', correspondiente al árabe lubb y el hebreo lebb o lebâb, con el significado orginal de “núcleo, semilla”, y –en sentido figurado– “el significado oculto, la esencia de una cosa”. Es lo contrario de la cáscara, y de ahí el dicho popular árabe: «¡Escoge el lubb y arroja la cáscara!». En árabe, el verbo labba-yalubbu significa “abrir y sacar el hueso de la fruta”. El corazón es el centro. Lebbâ' es el término que poéticamente usa Jesús cuando dice que va a estar enterrado tres días: «Así estará el Hijo del Hombre en el corazón (lebbâ') de la tierra tres días y tres noches» (Mateo 12:40).

Nosotros -los occidentales- amamos con el corazón; pero para los semitas el corazón no era la sede del amor sino la de la inteligencia. Nuestra inteligencia está en el cerebro, la de los semitas en el corazón. Es importante poner cada palabra en su contexto cultural y cada personaje en su mundo, para poder entenderlo mejor y así poder amarlo mejor.

En un estudio excepcional de la lengua hebrea (El libro de José o sobre el lenguaje arcano) escribía en 1571 Benito Arias Montano: «El hígado es el órgano del amor y de los sentimientos apasionados, como está escrito: “Hasta que una saeta le traspase el hígado” (Prov 7:23). Y “Mi hígado fue derramado en la tierra por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo” (Lam 2:11)».

Por todo ello, no nos sorprende escuchar a Job decir a Dios: «Tú has cerrado su corazón a la razón» (Job 17:4). Es cierto que, tanto entre los hebreos como entre los árabes, encontramos expresiones relativas a lo afectivo que se atribuyen directamente a otros órganos. Por ejemplo, leemos en Proverbios 23:16: «Se regocijarán mis riñones». Pero el órgano por excelencia de los afectos es el hígado. Todavía hoy en Marruecos una madre le dice a su niño como expresión de cariño: “Yâ, kibdi” (“Ay, hígado mío”), o escuchamos en las canciones populares de amor «Tú me has roto el hígado».

Así que Jesús, y María, y los apóstoles, y Moisés, y Muhammad..., todos ellos semitas, amaban con el hígado.


María, exégeta

05.08.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

Me sorprende el verbo que usa Lucas en el pasaje 2:19, hablando de María, porque no se emplea nunca más en los cuatro evangelios. Voy a empezar por el principio. Lucas acaba de describir los acontecimientos sobrenaturales que rodean el nacimiento de Jesús, cómo se aparece un ángel a los pastores y cómo éstos van a ver al niño. Tras de lo cual, Lucas escribe:

ܡܰܪܝܰܡ ܕ݁ܶܝܢ ܢܳܛܪܳܐ ܗ݈ܘܳܬ݂ ܟ݁ܽܠܗܶܝܢ ܡܶܠܶܐ ܗܳܠܶܝܢ ܘܰܡܦ݂ܰܚܡܳܐ ܒ݁ܠܶܒ݁ܳܗ

Maryam [María] dên [entonces, así que] nâṭrâ'-(h)wâṯ [guardadora-fue] kulhên [todas ellas] mel·le' [palabras, cosas, asuntos] hâlên [estas] wamᶂaḥmâ' [e interpretadora] bëlebbâh [en su corazón]

Me fijo en la forma verbal mëᶂaḥmâ': tercera persona femenino singular del participio activo del verbo peḥam (interpretar). Es el mismo verbo que aparece en I Cor 2:13, donde Pablo nos dice: «[hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu], interpretando (P-Ḥ-M) lo espiritual con palabras espirituales»:

ܘܰܠܪܽܘܚܳܢܶܐ ܪܽܘܚܳܢܝܳܬ݂ܳܐ ܡܦ݂ܰܚܡܺܝܢܰܢ

Walrûḥâne' rûḥânyâṯâ' mëᶂaḥmînan

María intérprete de los signos; María exégeta. Y vuelvo a lo que dije al comenzar el post... En los cuatro Evangelios, este verbo no se usa ni una sola vez más aplicado a nadie más que a María. Ni siquiera respecto de Jesús.


En arameo no dice "Para los hombres de buena voluntad"

29.07.18 | 12:00. Archivado en Sólo se entiende en arameo

Abro los Evangelios por el pasaje del nacimiento del niño Jesús. Y escuchamos cómo los ángeles dicen (Lucas 2:14):

 

ܬ݁ܶܫܒ݁ܽܘܚܬ݁ܳܐ ܠܰܐܠܳܗܳܐ ܒ݁ܰܡܪܰܘܡܶܐ ܘܥܰܠ ܐܰܪܥܳܐ ܫܠܳܡܳܐ ܘܣܰܒ݂ܪܳܐ ܛܳܒ݂ܳܐ ܠܰܒ݂ܢܰܝ ܐ݈ܢܳܫܳܐ

En las Biblias que tenemos en castellano (traducidas desde el griego o el latín) lo que piden los ángeles es de los más variopinto:

(NVI) Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad.
(TNM) Gloria en las alturas a Dios, y sobre la tierra paz entre los hombres de buena voluntad.
(KADOSH) ¡En el más alto cielo, gloria a Yahweh! ¡Y en la tierra, Shalom entre las personas de buena voluntad!
(BLPH) ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que gozan de su favor!
(DHH) ¡Gloria a Dios en las alturas! ¡Paz en la tierra entre los hombres que gozan de su favor!
(EUNSA) Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres en los que Él se complace.
(NTV) Gloria a Dios en el cielo más alto y paz en la tierra para aquellos en quienes Dios se complace.
(LBLA) Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes El se complace.
(RCB) ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de Su complacencia!
(BTX3) ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz entre los hombres de su elección!
(JÜNEMANN) Gloria en lo más excelso a Dios, y sobre tierra paz en hombres de beneplácito.
(NT BESSON) ¡Gloria en las alturas a Dios, y sobre la tierra paz, en los hombres benevolencia!
(NT BAD) ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra para los que procuran agradarle!

Pero en arameo lo que han dicho los ángeles es (Palabra por palabra): Teshbûḥtâ' [Gloria] la'l·lâhâ' [a Dios] bamrawme' [en las alturas] wë°al [y sobre] 'ar°â' [la tierra] shëlâmâ' [paz] wësaḇrâ' [y esperanza] ṭâḇâ' [buena] laḇnay [para los hijos de] 'nâshâ' [los hombres].

Los ángeles expresan su deseo; proyectan su voluntad de que las cosas sean de un modo. Cuando ese deseo se refiere a Dios lo llamamos “alabanza”, porque el deseo de una criatura respecto de Dios no puede cambiar a Dios; cuando ese deseo se refiere a los seres humanos, o a cualquier otra criatura, lo llamamos “oración”, porque ese deseo puede cambiar la realidad sobre la que se proyecta. Estamos acostumbrados a oír que los ángeles “alaban”, pero solemos olvidar que los ángeles también “oran”. Y, en este caso, rodeando al niño Jesús, están pidiendo a Dios por los seres humanos.

Y digo “por los seres humanos”; no por “algunos seres humanos”. En la Peshitta no aparece la distinción “para los hombres de buena voluntad” o “para los hombres en que Dios se complace” o “para los hombres de su elección” o “para los hombres que procuran agradarle”, como vimos antes. Lo que se nos dice en la Peshitta es “paz y esperanza buena para los hijos de los hombres”. Por tanto, para todos. Tengan o no buena voluntad, sean objeto o no de la complacencia de Dios, procuren agradarle o no.

Por tanto, en la versión aramea de la Biblia no hace falta la exégesis que tienen que hacer muchos biblistas para explicar que el que los ángeles pidan algo para unos seres humanos (la paz) no supone que pidan lo contrario para otros (la guerra).


Viernes, 19 de octubre

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