Puerto de Santa María. Los dones divinos de Manzanares compensaron una corrida impresentable
28.07.08 @ 09:41:10. Archivado en Toros, Crónicas
Por lo que a trapío de refiere, el envío de Juan Pedro Domecq no debió ser aprobado por escandalosamente anovillado y sin apenas pitones. Y por juego, solo un toro – el más pequeño, por cierto – justificó la celebración del festejo por su gran bravura y extraordinaria calidad. Con éste vimos una de las faenas más maravillosas de nuestra vida a cargo de un José María Manzanares en estado celestial porque al sexto, otro toro algo más cuajadito - como los de la segunda mitad de la corrida, - lo “hizo” con rápida maestría y volvió a torearlo de manara sencillamente colosal. De éste último cortó dos orejas porque lo mató de estupendo volapié, pero al anterior lo pinchó perdiendo otras dos aunque el público – solo media entrada – le obligó a dar una vuelta al ruedo clamorosa. A Enrique Ponce, otra vez más sin suerte, se le vio algo desmoralizado. Y en maestro a El Juli aunque desacertado con la espada con el único de su lote que medio pudo obligar.
José Antonio del Moral
autor
Contacto


