Feria de Santiago en Santander. Una corrida doblemente desgraciada y aburrida
26.07.08 @ 07:33:26. Archivado en Toros, Crónicas
El aterrador y, a la postre, no tan grave percance que sufrió Domingo López Chaves que tuvo el gesto de continuar en el ruedo hasta dar fin a su primer y pésimo oponente, terminó de arruinar la muy seria y desigual corrida de Fuente Ymbro. Un ya evidentemente ido Pepín Liria, tuvo que matar tres toros, dos de ellos – primero y sexto - los mejores del envío que, en sus manos, no se vieron o, al menos, suficientemente para disfrutar. Tal, el más claro que cerró la tarde con el que el murciano se acopló solo un poco más y terminó pegando un petardo con los aceros. Además, Luís Bolívar, que también fue alcanzado al entrar a matar y, por milagro sin mayores consecuencias, anduvo muy firme y solvente salvo con la espada frente al más terciado y viejo tercer toro del que todos esperamos diera bastante mejor juego del que dio, y luego se estrelló con el también proclive quinto, por asimismo arruinado tras chocar contra un burladero y partirse un pitón, como viene sucediendo con muchos toros cuyos dueños protegen con fundas sus cuernos para evitar que lleguen a la plaza en mal estado. Llegarán íntegros, pero ya está quedando más que demostrado que también reblandecidos.
Santander. Plaza de Cuatro Caminos. 25 de julio de 2008. Octava de feria. Tarde medio nublada con llovizna al final y casi lleno. Seis toros de Fuente Ymbro, bien presentados con un tercero que bajó en cuanto a volumen que no en trapío. Dieron muy desigual juego porque tres fueron muy malos y otros tres bastante mejores aunque con muy mala suerte. Dos de éstos, primero y sexto, por caer en manos de quien cayeron; y el que hizo de quinto por estrellarse violentamente contra un burladero y romperse un pitón. Pepín Liria (añil y oro): Estocada, pitos. Dos pinchazos y estocada, silencio. Pinchazo, media estocada y seis descabellos, silencio. Domingo López Chaves (encarnado y oro): Dos pinchazos y estocada pasando a la enfermería donde fue atendido de la cornada en el muslo izquierdo de 20 centímetros y del golpe torácico que había recibido en plena lidia. Luís Bolívar (grana y oro): Estocada saliendo prendido, silencio. Tres pinchazos y cuatro descabellos, silencio.
Con una general sensación de hastío terminó para mal esta corrida que tuvo más emoción por dentro, entre bastidores, que para los espectadores, en nada satisfechos con lo que ocurrió. Y es que las ya cansinas despedidas de Pepín Liria, visiblemente sin sitio ni con los indudables arrestos que mantuvo durante tantos años contra viento y marea hasta convertirse en héroe imprescindible en las corridas duras, están resultando insufribles. Sobre todo para los que las vivimos feria a feria. Es el riesgo que corren los adioses programados aunque, en contadas ocasiones, la escenificación acontezca más ruidosa y felizmente que ayer en esta plaza casi siempre fría.
Debió ser muy bonito y para los protagonistas inevitable y sumamente emocionante, por ejemplo, el brindis que López Chaves le hizo a un lloroso Liria de su faena al segundo toro, estando como estaba el salmantino. Ya gravemente herido como consecuencia de la terrible cogida que había sufrido en plena lidia cuando, distraído, le alcanzó sorpresivamente el toro y por poco le mata. Ese posterior y desde luego admirable permanecer en el ruedo visiblemente mermando de facultades, atado el muslo con un improvisado torniquete, la taleguilla destrozada mientras la sangre que brotaba la teñía de un rojo más oscuro que el de su natural color, el corazón latiendo a inaguantables pulsaciones y las palabras que intuimos pero, desde tan lejos, no oímos que Domingo dedicó a su compañero como homenaje a su enésimo adiós, fue el único gran momento de este festejo tan, a la postre, aburridísimo.
Esta desgracia, sumada a la desgraciada suerte que tuvieron tres de los toros de Fuente Ymbro – dos desaprovechados por Liria y otro destrozado contra un burladero y por ello arruinado – convirtieron el envío gaditano en aparentemente malísimo porque, los otros tres, resultaron dificilísimos por correosos y hasta muy peligrosos. Cosas del destino. Porque, si el primer y el sexto toro le hubieran correspondido al colombiano Luís Bolívar, otro gallo hubiera cantado y, a esta hora, muy posiblemente estaríamos celebrándolo.
No obstante, Bolívar volvió a demostrar quien puede ser con el enrevesadísimo segundo al que plantó cara con parecida determinación y solvencia como le vimos en Pamplona con las dos alimañas que mató de la horrible corrida de Cebaba. Hasta se dejó matar en la estocada a sangre y fuego con la que le dio fin al de Fuente Ymbro de ayer. Pero luego y, como he dicho, el quinto se partió un pitón y sus en principio buenas condiciones quedaron arruinadas y Bolívar no pudo reeditar lo anterior. Y como tampoco Liria logró finalizar limpiamente ni bien su más entonada faena al estupendo sexto, la tarde acabó si no como el rosario de la aurora, sí definitivamente desastrosa. Una pena. Que le vamos a hacer. Otro día será.
A esta feria le quedan por celebrar dos corridas y un postre con la de Beneficencia que yo no podré ver por cuestiones de urgente trabajo que me obliga a bajar hoy mismo hasta Sevilla en donde me quedaré unos días y, de paso, ver lo que ocurra en El Puerto de Santa María y en la feria de Huelva antes de regresar otra vez al Norte. Vitoria, San Sebastián, Bayona, Dax y Bilbao nos esperan en el inminente agosto. Y yo a ustedes más felices con lo que, ya mismo, vamos a hacer.
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José Antonio Estévez
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José Antonio del Moral
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