Feria de Santiago en Santander. Lecciones de José María Manzanares
21.07.08 @ 22:49:31. Archivado en Toros, Crónicas
La primera, perfecta por sabia y templada aunque para la mayoría intrascendente por su obligada sobriedad, la dio con el tercer toro de El Pilar, un animal cinqueño muy basto, silleto y de horrible conformación que no debió ser embarcado ni, por supuesto, podía dar juego. La segunda tuvo lugar como cierre del festejo frente al único ejemplar bien hecho y noble del envío salmantino aunque, por escaso de fuerza, hubo que construirla de menos a muy más, logrando que el toro durara lo que, en manos menos precisas, no hubiera sido posible. Ninguna de las dos, sin embargo y a pesar de rematarlas bien con los aceros, fue premiada como merecieron por un público absolutamente ignoto, una banda de música silente y una presidencia tan reglamentarista como insensible. Por eso solo cortó una oreja el de Alicante aunque, para los pocos entendidos que había en la abarrotada plaza, quedaran para el recuerdo del todavía muy joven aunque ya consumado maestro del toreo. En lo demás, la corrida resultó tan difícil como complicada hasta el punto de poner a prueba la destreza de los toreros sin que un impreciso y a veces desconfiado Cid lograra destacar salvo en su saludo sedoso por verónicas y en dos bien ligadas y hondas tandas por redondos al primero, mientras El Fandi, como siempre sensacional en banderillas y ayer más por lo poco que se prestaron sus toros en esta suerte, se mostró desigualmente empeñoso y valiente en sus faenas de muleta – inadecuada la del enrevesado segundo toro y más centrado en la del quinto – que cerró con dos estoconazos contundentes.
José Antonio del Moral
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