10ª de San Fermín en Pamplona. Padilla y Rafaelillo, a hombros con una impresionante miurada fiel a su fama y leyenda
13.07.08 @ 22:45:49. Archivado en Toros, Crónicas
Otro insólito e inesperado acontecimiento tuvo lugar ayer en estos Sanfermines - más feria del toro que desde hacía mucho tiempo - con el triunfo que, por partida doble, obtuvieron el jerezano y el murciano aunque ambos con distinta suerte en sus respectivos lotes y mediante diferentes maneras de lograrlo. Padilla, utilizando su indudable oficio, mas los recursos y efectos teatrales que le son propios por sus muchas tablas que incluso exageró en su faena al quinto con el que anduvo por bajo de sus posibilidades. Rafaelillo, por el contrario, sin ninguna concesión a la galería, por lo serio, a puro huevo. Y los dos, al fin y al cabo jugándose el pellejo de manera espeluznante a la hora de matar. También El Fundi pudo dar una vuelta al ruedo gracias a otra estocada a sangre y fuego que le costó una cornada en el glúteo. El de Fuenlabrada no tuvo opción a ningún lucimiento con el lote más difícil - casi imposible - de una muy bien presentada y variopinta corrida de Miura que cumplió sobradamente en el caballo, tuvo gran y, en algunos casos, enrevesada movilidad, transmitió como en sus mejores tiempos para bien o para mal, y en la que un toro, el precioso berrendo en cárdeno quinto, se dejó torear como hacía años no veíamos aunque Padilla anduvo más pendiente de la galería que de hacer las cosas bien como debió y no hizo.
Pamplona. Plaza Monumental. Domingo 13 de julio de 2008. Décima de feria. Tarde fresca y progresivamente soleada con el llenazo habitual. Seis toros de Miura, muy bien presentados en espectacular variedad de capas y muy en tipo de la ganadería. Sobrepasó los 600 kilos de media y muy armado en varia aunque abundante cornamenta. Todos cumplieron con los montados aunque algunos manseando. De entre los manejables, destacó el quinto que resultó bastante noble. Y de entre los difíciles, el primero que resultó prácticamente imposible. El Fundi (amapola y oro): Metisaca, pinchazo en el chaleco, otro pinchazo hondo a paso de banderillas y estocada casi entera caída saliendo perseguido, silencio. Estoconazo de entrega saliendo prendido e imperceptiblemente corneado en el glúteo, ovación y vuelta. Juan José Padilla (tabaco y oro con cabos fuscia): Estocada trasera volcándose, oreja. Estoconazo trasero, oreja, petición injustificada de otra y vuelta apoteósica. Rafaelillo (marino y oro): Estoconazo de total entrega a costa de un arriesgadísimo volteretón, oreja. Estocada casi entera, oreja. Padilla y Rafaelillo salieron a hombros por la Puerta del Encierro. Y El Fundi, intervenido de una cornada de diez centímetros en el glúteo.
Siempre se ha dicho que la diferencia que hay entre el teatro y las corridas de toros es que, sobre las tablas del escenario, los actores pueden morir de mentira, y sobre el ruedo arenado de las plazas, los toreros hasta morir de verdad. Tal diferencia es la que justificó el triunfo de Juan José Padilla que ayer cortó dos orejas en parte por lo valiente que estuvo y en parte gracias a su teatralidad que, a veces y sobremanera con el mejor toro de la tarde, el quinto, rozó el histrionismo y el ridículo hasta el punto de que muchos espectadores de sombra rechazaron tanta e inapropiada zarabanda.
Muchos lo rechazaron, en efecto, pero no los miles de espectadores que, sobre todo, en sol, se mostraron tan encantados con la indudablemente espectacular actuación del jerezano, que incluso solicitaron una segunda oreja a todas luces inmerecida. Y digo inmerecida porque el toro con que llevó a cabo tantas payasadas fue el mejor de la por lo demás difícil aunque en esta ocasión realmente emocionante e interesante corrida de Miura.
Hacía mucho tiempo que los toros de esta histórica y legendaria divisa no daban el juego que les hicieron tan famosos, tanto para bien como para mal. Llevábamos años aguantando reses que, aún siendo peligrosas y hasta imposibles, no lo trasmitían al tendido por su falta de fuerza, de casta y, sobre todo, de movilidad. Lo eran, pero solo los toreros lo notaban aunque no como ayer cada vez que alguno de los que anduvieron por el ruedo, tanto los matadores como los subalternos, pretendieron quedarse quietos, torear en serio, bregar con determinante firmeza, o banderillear como mandan los cánones.
El Fundi, habitual banderillero entre los matadores de esta especialidad, desistió de hacerlo con sus dos toros, a la postre imposibles para torearlos sereno y templado. De ahí que, tras pegar un sainete a la hora de matar al peligrosísimo que abrió plaza que no había pasado una sola vez y, en vista que sus dos colegas ya llevaban cortada una oreja cada uno, el de Fuenlabrada, tras no poder hacerle casi nada lucido al cuarto, se tiró a matar como un desesperado jabato, por lo que resultó dramáticamente revolcado y herido aunque, de momento, se tragó la cornada sin hacer la más mínima señal de dolor. Y sin ni siquiera tocarse, como si no le hubiera pasado nada, emprendió una vuelta al ruedo de esas que solo el que la da sabe por qué la está dando. ¿Verdad que fue así, Pedro Pablo?
Aunque no se puede negar que Juan José Padilla anduvo ayer al tope de sus posibilidades – fue tremendo en todo y todo lo vendió con el entusiasmo y la arrolladora simpatía que le caracterizan – no todo lo que hizo fue correcto. Impresionaron las nada menos que cuatro largas cambiadas de rodillas con que recibió al segundo, las chicuelinas del quite, los tres pares de banderillas que colocó haciéndolo todo él porque el toro nunca se le vino al torero de tanto que esperó, su persistencia en muletear por el lado derecho por donde le toro le avisó varias veces de cornada, su empeño al natural sin que lograra ligar más que dos y, a duras penas, los de pecho, y su entregado espadazo a sabiendas de lo terrible que sería tener que pasar por el pitón que ya había podido matarle a él. Hasta ahí, la oreja que le dieron nadie pudo ponerla en entredicho.
Pero sí la del excelente quinto porque, una cosa es dejarse llevar por el incondicional entusiasmo de los espectadores en nada y por nada entendidos y, sobre todo, buscando el más efusivo y típicamente jaranero de las peñas, y otra abusar de ello hasta caer en la chabacanería y en lo ridículo. Juan José Padilla suele cometer estos arrebatos cada vez que encuentra incondicional eco en el público y se pasa, como ayer, mil pueblos, sin duda llevado de su efusiva y por nada acomplejada personalidad. Pero una cosa es peinarse como Jack el Destripador y vestir un terno estrafalario, y otra desplantarse una y mil veces como un payaso imitándose a si mismo. Eso puede ser divertido en el teatro, pero en una plaza de toros y con una corrida de Miura, no es admisible por mucho que a los de sol les volviera tarumbas.
Ese quinto toro fue bueno y habría merecido la pena que Padilla le hubiera toreado en serio, no más pendiente de la galería que de hacer las cosas bien. Y menos mal que en banderillas se esmeró en dos pares de poder a poder y en otro al violín, y que con la espada repitió un toma y daca heroico, porque, si no... Esta vez la presidencia estuvo en su sitio y la segunda oreja no cayó.
Pero ayer hubo quien intentó y hasta consiguió hacerse notar en su derroche de valor desde la seriedad. El pequeño más grande que ahora mismo tenemos en el escalafón que no es otro que Rafaelillo, siempre dispuesto al todo por el nada y, ayer, por fin, reconocido como héroe y triunfal matador de campanillas gracias a dos actuaciones tan sinceras, tan desprovistas de cualquier subterfugio, tan en serio toreras que no hubo más remedio que premiarlas como mereció sin discusión.
Rafaelillo lleva años queriendo abrirse paso y hacer camino más de rosas en este espinoso y casi imposible andar por el toreo de los que solo pueden matar esta clase de corridas. Y ayer, por fin, pudo salir a hombros en una plaza y en una feria tan importante como la de San Fermín en Pamplona. Su sobria heroicidad, su espiritual elegancia en comportarse tan desnudo de efectismos, sabiéndose incapaz de hacer lo que no siente. Solo, más solo que nunca consigo mismo y ante dos toros tremebundos, únicamente dueño de su seco valor y de su tan duramente aprendido oficio, el mérito que tuvo fue incuestionable precisamente por cómo había logrado triunfar quien le precedió en esta escena trágica y tan de verdad. ¡Enhorabuena, torero, y que la suerte no te abandone nunca más¡
Coda.- Acabo de enterarme que el Jurado de la Casa de Misericordia ha concedido el premio a la mejor corrida ex-equo a las corridas de El Ventorrillo y de Miura. No estoy en absoluto de acuerdo. Todos hemos celebrado que la corrida de Miura fue la más en Miura de los últimos años, pero de eso a igualarla con la por todo magnífica de El Ventorrillo, es una barbaridad y una bofetada a los dueños de este último hierro. ¿Estamos locos o qué?. Eso que han hecho los del mencionado jurado es equivocar al personal de medio a medio.
Comentarios:
Antidelmoralista
Antonio León que descanses en paz, amigo y Maestro.
Sara
Por cierto ¿Porque no se lidian en Madrid?. Despues del petardo de la Isidrada con ganaderías infumables que a nadie interesan salvo a los empresarios por su bajo coste, por cierto otro año mas renovada Taurodelta. !Que Dios nos coja confesados!.
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José Antonio del Moral
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