8ª de San Fermín en Pamplona. Emoción, variedad y buen toreo aunque sin grandes resultados
11.07.08 @ 21:23:27. Archivado en Toros, Crónicas
Cariñoso homenaje y emocionada despedida a Pepín Liria que cortó la oreja al mejor toro, el que abrió plaza, de una serísima y en su mayor parte deslucida corrida de Jandilla. Importante El Cid con su lote, sobre todo en su faena al quinto que desgraciadamente pinchó, perdiendo quizá las dos orejas. Y torerísimo El Fandi que cortó otra oreja del tercero y en banderillas armó la mundial, logrando concitar por primera vez en esta feria la entusiasmada atención de toda la plaza, incluidas las peñas que se volcaron con el granadino.
Pamplona. Plaza Monumental. Viernes 11 de julio de 2008. Tarde nublada, bochornosa y al principio ventosa con el llenazo habitual. Seis toros de Jandilla, de muy seria presencia y magníficamente armada con astifinos pitones. Salvo el muy bonito y bien hecho primero que fue bravo y noble aunque se vino muy menos como consecuencia de un perjudicial puyazo en la paletilla, los demás dieron juego desigualmente deslucido, destacando por más duraderos y manejables para la muleta el tercero y, sobre todo, el quinto aunque éste gracias a la pericia y entrega de su matador que le hizo romper a bueno por los dos pitones. El segundo, muy brusco y a menos, desarrolló peligro por el pitón derecho. El cuarto también desarrolló genio aunque éste por lo poco templado que anduvo quien los mató. Y el sexto, bravo en el caballo, se paró por completo a poco de iniciada la faena de muleta tras un brillante aunque costoso segundo tercio. Pepín Liria (blanco y plata con remates negros): Pinchazo arriba y media estocada, oreja cariñosa. Pinchazo hondo tendido y tres descabellos, silencio. El Cid (añil y oro): Estocada desprendida y dos descabellos, silencio tras algunas palmas. Cuatro pinchazos y estocada trasera, aviso y gran ovación con saludos. El Fandi (salmón y oro): Media desprendida en la yema, oreja. Pinchazo muy hondo sin soltar y estoconazo trasero desprendido, ovación clamorosa. Bien en la brega Antonio Caba y Alcalareño que también puso un buen par de banderillas como dos Antonio Casanova.
Cuanto aconteció ayer para bien, sucedió a golpe cantado. Una vez más, quedó claro que, cuando en una corrida participan figuras del toreo, a poco que se muevan los toros, el espectáculo está asegurado. No pocos temían que no iba a suceder así, pero uno que lleva muchos años en esto, aseguró en la tertulia matinal del apartado que, dado el cariño y la historia repleta de hazañas de Pepín Liria en Pamplona, su despedida sería por lo menos emocionante porque el cariño que la gente de aquí le tienen al murciano es tremendo y él no se iba a arrugar de ninguna manera en un escenario que siempre le había sido proclive incluso en tardes sin suerte ni aciertos. En cuanto a El Cid y dado su gris aunque premiada primera actuación, nos debía el desquite por lo grande. Además, seguro que el de Salteras lo sabía mejor que nadie. Imposible dudar que El Fandi echaría toda la carne en el asador y que, especialmente en banderillas, armaría el taco. Bueno, pues así fue y eso que los toros de Jandilla no respondieron totalmente a las expectativas.
La corrida de Borja Domecq con dos toros con el hierro de su hijo, Vegahermosa, tuvo impecable aunque desigual presentación y a pesar de no dar el juego que tanto echamos de menos aquí después de la memorable de hace no muchos años, al menos se movió salvo el sexto en el último tercio porque se paró por completo. El solo hecho de tener que ponerse delante de unas reses tan impresionantemente agresivas y astifinas valió la mitad del precio de la entrada. Un respeto, señores, a los toreros que vienen cada año a Pamplona sin necesidad de hacerlo porque, ya me dirán qué afecta tal asusencia a algún que otro figurón no querer nunca o casi nunca venir a Los Sanfermines. Nada, aunque yo lo pueda utilizar para su demérito y lo diga, como todo lo que digo, porque me da la gana, puedo hacerlo y al que le pique que se arrasque.
En cuanto a anunciados y compartidos sentimientos se refiere, los prolegómenos del festejo fueron emocionantísimos cuando, una vez terminado el paseíllo y mientras Pepín Liria atravesaba el ruedo hacia las barreras de sol en medio de los gritos que corearon “¡Peeepín-Peeepín¡” a toda la orquesta que los mozos pamplonicas son capaces de entonar como en ninguna otra plaza del mundo, miembros de todas las peñas bajaron a ofrecerle un recuerdo para que no olvidara nunca su última corrida en Pamplona y, uno a uno, le abrazaron y besaron al tiempo de darle el pañuelo con el escudo de cada peña. ¡Menuda vitrina va a poder hacer Pipín con todo ello¡.
Y a muchos se nos saltaron las lágrimas sin poderlo resistir. Luego, Pepín anduvo como en tantas otras buenas ocasiones con el primer toro. El más bonito del envío y el mejor de la corrida, pese a lo mucho que le afectó el puyazo que le pegaron en la paletilla por donde sangró abundantemente, perdiendo el fuelle que había tenido en su espectacular salida. Hoy no voy a entrar en detalles ni quiero decir nada en contra de Pepín por ser un día tan especial para su persona. Además, al entrar a matar, el toro le tiró un derrote y le partió por la mitad el labio superior sin que el torero casi se diera cuenta de que le había roto la mismísima geta. Oiga, que eso mismo nos pasa a usted o a mí y nos pasamos al menos dos semanas en la cama. ¿O no? La oreja, entonces y a pesar de un previo pinchazo, cayó de inmediato y Liria la paseó encantado. Luego fue ya otra cosa con el cuarto porque este toro tuvo genio y se puso peor a medida que transcurrió una faena muy a la defensiva y enganchada que devino a lo imposible y no hubo nada.
Y ayer, y que oigan otros, tan pronto después de haberle criticado anteayer y de haberme criticado algunos a mí por hacerlo, me encandiló El Cid con sus dos toros aunque su más lucida faena al quinto no fuera como las mejores de Madrid del pasado San Isidro. Y no lo fue porque tampoco el segundo toro y ni siquiera el quinto fueron como aquél de los inmensos naturales. Sin embargo, la segura disposición de Manuel Jesús y su consciente y creciente entrega fueron más patentes que en su tarde anterior. Tanto con el brusco y muy corto de viajes segundo como con el quinto al que, por cierto, toreó maravillosamente templado en el recibo de capa y enseguida con la muleta en los medios, primero con la derecha, después con la zurda y yendo siempre de menos a más ajuste porque el toro mejoró mucho y hasta rompió a excelente gracias a lo bien que lo llevó El Cid por abajo, prendido en la panza de su magistral y hondísima muleta. Tanto Manuel por lo que hizo en la plaza como yo ahora que escribo, nos reconciliamos como no podía ser de otra manera. ¿Veis hombres de poca fe como los grandes toreros saben poner las cosas en su sitio y tapar la boca a tantos tontos como hay en esto? Pues eso. Lástima que la estocada que le pegó al segundo, aunque no fuera perfecta, no hubiera sido la llave que, muy probablemente, le habría servido para salir a hombros por el callejón del encierro tras desorejar al quinto que es lo que denería haber ocurrido de no haber pinchado tanto. la oavción que le pegaron después de ser arrastrado el toro fue de campeonato.
Y uno que también vino ayer a Pamplona para traspasar el callejón del encierro fue El Fandi y, si no lo consiguió, fue porque el impresionante colorao sexto se paró totalmente después de recibirlo en los medios de hinojos con tres derechazos templadísimos, dejando que aquel tren armado con tan terribles y astifinos pitones le llegara desde las tablas donde estaba hasta sus mismísimas ingles sin que la cara ni el gesto del torero se alteraran lo más mínimo aunque, antes, a El Fandi también y por poco le saca el gaznate de cuajo el tercer toro al colocar su segundo par de banderillas. Un par de punto y a parte porque, una vez más, tengo que decir y lo digo en su honra y a la mía, que El Fandi es el matador de toros que, en esta especialidad, más facultades, más poder, más intuición y conocimientos, más temple, más variedad, más sorprendente espectacularidad y más poderío ha tenido y continúa teniendo en el segundo tercio de toda la historia del toreo, se pongan como se pongan sus pertinaces detractores. Son los públicos los que lo dicen y lo proclaman cada tare a donde vaya y lo reconocen entusiasmados y en pie como ayer el de la plaza de Pamplona que, por primera y única vez es esta feria, se concitaron al unísono, incluidos cuantos abarrotaban los tendidos y la inmensa grada de sol, para ovacionar a David Fandila tras sus extraordinarios y memorables intervenciones con los garapullos.
En sus dos toros, anduvo sobrado además de variado con el capote. En los recibos con largas de rodillas, en la templanza de sus lances a la verónica, en los galleos para llevarlos al caballo, en su precisa y lucida brega, y el los quites porque El Fandi no suele perdonar ni uno. Y al tercer toro, que no tuvo ninguna clase aunque se movió pese a lo mucho que había sangrado y galopado, le entendió con la muleta buscándole las vueltas con fácil donosura e inequívoca torería aunque sin ajuste en este caso porque procedía dejarlo a su aire; ni, por supuesto, sin arte, que es lo único que le falta al granadino porque, si lo tuviera... En fin, que lo pasamos muy bien ayer aunque sin grandes resultados. Emoción, variedad y buen toreo. Gracias a los tres toreros.
Comentarios:
De El Fandi no opino porque nunca me ha gustado su toreo tan electrico y para la galeria, como un castillo de fuegos artificales.
Y Pepin, pues que aunque no es mi devocion como torero, debenos admitir que es un ejemplo de profesional, honrado como la madre que lo pario y que a salido a morir todas las tardes.
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José Antonio del Moral
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